* Entrevista a ALÍCIA GUIDONET, Enfermera y Doctora en Antropología Social: Crisis alimentarias en contextos de abundancia.

Entrevista realizada por <De tots els Colors>: Elena Lorente Guerrero.


Alícia Guidonet Riera es Enfermera por la E.U.I. Santa Madrona y doctora en Antropología social por la Universitat de Barcelona. Su trabajo en la actualidad se desarrolla en el campo de la docencia y la investigación de los fenómenos asociados a la alimentación contemporánea y la comprensión de la salud en nuestras sociedades.

Acaba de publicar ¿MIEDO A COMER? CRISIS ALIMENTARIAS EN CONTEXTOS DE ABUNDANCIA. Icaria Editorial.

ALÍCIA GUIDONET RIERA:

La alimentación es una expresión más de nuestra sociedad fragmentada. Hay una ruptura con nuestro deseo más interno: realizarnos, abrirnos al mundo y amar. Pero el mensaje es de esperanza.


¿Cómo surgió tu interés por la enfermería?

Yo creo que mi interés por la enfermería estuvo muy relacionado con una vocación por curar a los demás. Eso  era de lo que era más consciente en principio, pero inconscientemente yo creo que también para humanizar, y este segundo interés fue el que posteriormente me hizo alejar de la enfermería o al menos de la enfermería hospitalaria.

Cuando hice la carrera de enfermería yo era muy joven, tenía 17-18 años. Yo era una persona muy, muy sensible y muy joven, con lo cual esta sensibilidad tan fuerte me hizo sufrir bastante durante los estudios, en el sentido de que exponerme al sufrimiento humano en aquel momento, me desbordaba.

Cuando acabé la carrera y me puse en contacto con el ambiente hospitalario vi que no podía humanizar. En aquel momento no era consciente, hasta tiempo después que lo he podido ir racionalizando. Esas ganas de curar y  humanizar me resultaban muy difíciles en el ambiente hospitalario, porque era un ambiente muy tecnificado, en el que tenía muy poco tiempo para dedicarle a la persona, muy medicalizado, en el que todo se convertía en un cuidado muy técnico y en algunos casos, muy frío. Te convertías prácticamente en una máquina que dispensaba medicamentos, o alimentos, y claro, todo junto: mi juventud, mi sensibilidad y mi incapacidad para aceptar en aquel momento aquello, me hicieron pensar que la enfermería no era lo mío.

  • ¿Qué ocurrió entonces?

Me fui alejando, alejando… fui buscando alternativas, en principio la alternativa más fácil podía ser dedicarte a la enfermería comunitaria, un trabajo en el que sí podías tener más contacto con la persona, pero no me acababa de satisfacer tampoco,  porque yo tenía muchas ganas de estudiar, de formarme, de continuar abriéndome campos y, como la alimentación siempre me ha interesado mucho, intenté hacer la carrera de dietética. En aquel momento había muy pocas escuelas y yo de la carrera de enfermería tenía una nota muy discreta. No puede entrar en el CESNID, la Escuela de Santa Coloma, cosa de la que luego me he alegrado mucho.

Aquellas cosas de la vida, una puerta se te cierra, pero se te ha de  cerrar porque se te abre otra y es por aquí por donde tienes que tirar. Fue cuando casualmente me enteré que existía una materia que se llamaba Antropología, que yo hasta ese momento desconocía. Descubrí que era un segundo ciclo y que podía acceder con mi carrera de enfermería.

Primero me fijé en <antropología de la alimentación>, porque buscaba cursos relacionados con la alimentación, había hecho un curso de dietética, etc.  pero cuando descubrí la ciencia antropológica me apasionó, ya que empecé a tocar aspectos relacionados con lo cultural, lo social y lo histórico.


  • ¿Qué significó el descubrimiento de la Antropología en tu vida?

Fue como un estallido, porque descubrí todo este mundo. Cuando hice la asignatura <antropología de la salud>, y >antropología aplicada a la salud> entendí porqué no me llenaba la enfermería, entendí que la enfermería que estábamos haciendo hasta aquel momento era muy biologicista y muy reductora, nos estábamos dedicando casi exclusivamente a tratar enfermedades, órganos, y con unos aspectos curativos muy reductores, o al menos era lo que yo había sido capaz de percibir hasta el momento.

La antropología de la salud me enseño que existen factores sociales, culturales e históricos que inciden en la comprensión y desarrollo de la enfermedad, en el proceso enfermedad-salud, en el proceso de curación. Esto me abrió un campo y me reconcilió conmigo misma, con la profesión y con mi vida casi! porque entendí: <por eso no me gustaba! Era eso!>

Además tuve la suerte de tener una profesora muy buena, fantástica!, que se llama Cristina Larrea que ha estado durante mucho tiempo en América Latina haciendo trabajo de campo, era una profesora que, explicaba las cosas con mucha pasión, fue  muy impactante.


  • Seguiste estudiando y te doctoraste.

Continuaba muy interesada en la alimentación y en el estudio y acabé haciendo mi tesis doctoral sobre alimentación pero teniendo en cuenta aspectos de salud, la hice sobre la percepción del caso de las vacas locas. Ahora acaba de salir publicada, lo cual me llena mucho por todo aquel trabajo… estuve cuatro años con una beca pre-doctoral. Aquella fue una etapa fantástica de mi vida, fueron cuatro años en los que me dediqué exclusivamente a la investigación.

Entré en la universidad, en un grupo de investigación, con todo lo que supone…el mundo universitario es muy duro, sobre todo cuando eres becario. Se te exige mucho trabajo y se te ofrece una situación laboral precaria… pero lo cierto es que disfruté mucho, pude estudiar, leer muchísimo, pude hacer muchas entrevistas, hablar con mucha gente, y llegar a comprender el hecho alimentario contemporáneo. Toqué además muchos temas relacionados con salud, porque mi hipótesis de trabajo era precisamente que este caso estalló porque había una preocupación social relacionada con la industrialización y la mundialización de la alimentación, pero que desde instancias políticas (gubernamentales, cuerpo médico…) este fenómeno social se había intentado reducir y trasladar al ámbito estrictamente sanitario. Lo que en principio era una percepción de riesgo muy elevada se acabó convirtiendo en una apreciación, por parte de instancias públicas, de un riesgo absolutamente despreciable.. era casi imposible contagiarse…pero el fondo, del problema no era este, era otro:  una crítica social muy fuerte hacia los procesos alimentarios contemporáneos que tenemos.

Tuve la oportunidad de ir cuatro meses a la Universidad de Glasgow a estudiar con un grupo que analiza la construcción de la noticia y sus efectos, el Mass Media Glasgow Group…  porque en el caso de las “vacas locas”, los medios de comunicación jugaron un papel muy importante. Y luego, tuve la oportunidad de trasladarme seis meses en París, y trabajar con con el grupo de estudios de alimentación que dirige el sociólogo francés Claude Fischler, en el CNRS.

Eso fue muy importante para mí, me abrió mucho las perspectivas, me permitió ponerme en contacto con el mundo cultural e intelectual del momento.

  • Inicias una nueva etapa…

Acabó esta etapa y encontré trabajo en la Universidad de Vic, que es donde me encuentro actualmente. Tenía la posibilidad de trabajar en la Rovira i Virgili, o bien aceptar una beca postdoctoral y marcharme dos años a París. Pero estas vías no me acabaron de interesar, porque, además de una situación personal en aquel momento que me aconsejaba ir a Vic, estas dos propuestas suponían continuar como becaria, de lujo, pero becaria.

Por el contrario, la Universitat de Vic me ofrecía una plaza como profesora titular, una estabilidad que en aquel momento yo necesitaba. Entrar en la Escuela de Ciencias de la Salud me ha permitido reencontrarme con la antropología de la salud, que es un campo que ahora me está interesando bastante, además de la alimentación.


  • Estás a punto de irte a Méjico…

Ahora he pedido una beca de movilidad para irme a México cuatro meses.

El proyecto inicial era trabajar temas de alimentación, concretamente, con productos ecológicos. Recoger experiencias de productores de productos ecológicos… Me interesa contrastar cómo el consumo de productos ecológicos  en una ciudad como la nuestra, en una parte del mundo en el que predomina el bienestar,  impacta en países de América Latina. México es un país productor de productos ecológicos que  exporta principalmente a EEUU… En estos países, una de las motivaciones para consumir ecológicos es  lograr un plus de salud, y este consumo crea un impacto en países como México, donde la agricultura y la vida de las comunidades locales ha estado determinada durante siglos por las demandas de la parte más rica del planeta…

Trabajaré con un grupo especializado en antropología médica, en el CIESAS (Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social),  que precisamente trabaja de una manera bastante crítica el concepto de salud que existe hoy en día: la incidencia o el impacto del modelo médico hegemónico, que es el “occidental”, en países en los que predominan otros modelos, como los de América Latina. Se trata de analizar la estructura de poder que está detrás del modelo médico hegemónico.

Últimamente, mis intereses personales están dirigiéndose hacia el estudio, por un lado, del fenómeno de la salud desde un punto de vista holístico, no solamente biológico, y por otro lado, hacia el acompañamiento de personas, no ya como enfermera, sino como enfermera y antropóloga, y como persona que profundiza en su vida espiritual. Me interesa introducir este aspecto en la comprensión de la salud.


  • ¿Desde dónde cultivas tu espiritualidad?

Desde el cristianismo, estoy haciendo unos ejercicios espirituales en la vida cotidiana. Son unos ejercicios Ignacianos, de S. Ignacio de Loyola. El año que viene quiero hacer un post-grado en acompañamiento espiritual que hacen jesuitas conjuntamente con Blanquerna y la Fundación Vidal y Barraquer que es una fundación que trabaja básicamente aspectos de psicología y psiquiatría.

Estoy pensando en ir dirigiendo mi trayectoria profesional hacia el acompañamiento espiritual en hospitales, que no estaría ni mucho menos reducida al cristiano, sino que también al acercamiento hacia otras comprensiones de Dios, o simplemente, al acompañamiento a  personas que pueden no creer en Dios, pero que como seres humanos que son, tienen esa dimensión espiritual.

Todavía no tengo ningún espacio para hacerlo, es un deseo… cerraría un ciclo: primero ir al hospital, salir del hospital con esa sensación de “yo no puedo humanizar, no puedo curar a estas personas porque lo que me rodea me lo impide”, toda la trayectoria en antropología de la salud…y ahora…es lo que me gustaría desarrollar después de todo este viaje, que es como un viaje de vuelta al principio… y como cuando vuelves de un viaje ya no eres la misma… pienso que ahora podría volver al hospital con este conocimiento más global del ser humano. Estoy en este momento de deseo, pero sin querer abandonar el mundo académico, sino trabajar más lo empírico, para después revertirlo en el mundo académico.


  • La docencia es también tu gran vocación.

Soy docente en la Escuela de Ciencias de la Salud de la Unviersitat de Vic y doy clase de materias que tratan aspectos relacionados con la sociedad, la cultura y la salud.

Me gusta mucho la docencia, es también una gran vocación. Me llena mucho el hecho de saber que tienes personas delante y que tu puedes hacer que estas personas crezcan, se desarrollen, confíen más en ellas mismas, sean más creativas, sobre todo, que sean más críticas…

Falta concienciación en nuestra sociedad tan consumista e individualista, y seductora… en la que es muy fácil caer en esta espiral de ir haciendo, ir consumiendo, e irte perdiendo, perdiendo por el camino, y de repente despertarte y pensar ¿pero qué estoy haciendo?

Los contenidos, adquirir conocimientos es un valor relativo, puedes tener menos conocimiento, pero profundizarlo más. Vivimos en la sociedad de la hipercomunciación e hiperinformación, y esto también es una trampa, porque nos confunde mucho.

En mis clases, más que transmitir conocimientos, lo que pretendo es ayudar a los jóvenes a ser autónomos y críticos…pero veo que les cuesta, para ellos es un gran salto.


  • ¿Qué opinas de la sociedad actual?

Por un lado somos una sociedad que cuida muy poco sus aspectos espirituales. Lo que estamos haciendo  hoy en día también es caer en el consumismo espiritual, en el self-service espiritual, hacemos como con la alimentación, siempre lo comparo con la alimentación que es el ámbito donde más he profundizado: El lunes comemos sushi, el martes pizza y el miércoles pan con tomate y butifarra de Vic. A nivel espiritual pienso que también estamos entrando en esta especie de self-service: un poco de budismo, un poco de sufismo, un poco de cristianismo, hacemos un cóctel y a ver qué sale. Pienso que de lo que se trata es de conectar con tu interior teniendo unas raíces claras.

También pienso que somos una sociedad bastante acomplejada de nuestras raíces culturales, en el sentido que vamos a buscar en el budismo muchas veces lo que ya tenemos en nuestra propia religión, en nuestra propia cultura religiosa… lamentablemente, en ocasiones la parte más oscura de nuestras prácticas religiosas pesa más que la parte más  positiva. Todo esto me preocupa bastante, porque en general pienso que estamos en una cultura del self-service y de montarnos nuestra identidad  en base a crear esta especie de  puzzle extraño, ya sea alimentario, religioso, espiritual, laboral, sentimental, o de relaciones familiares, y pienso que estas prácticas afectan a nuestro bienestar: nos están fragmentando, somos una sociedad muy fragmentada, somos personas con identidades muy fragmentadas. Pienso que nos está haciendo mucho daño, y esto, unido a los valores que predominan en la sociedad: la productividad, la mercantilización de todo, el trabajo como máxima que  otorga identidad, el deseo de poder, dinero, posesiones materiales o personales…

En relación a la salud, nuestra sociedad le está dando la espalda a la enfermedad, que forma parte de nosotros como seres humanos… todo lo que sea envejecimiento, enfermedad, fragilidad, son aspectos que se dejan de lado. Estar sanos implica conseguir un ideal de salud, belleza, delgadez, juventud, productividad… Esto paradójicamente nos está enfermando.


  • ¿Qué propones para conseguir la coherencia entre alimentación, salud, cultura y espiritualidad?

Salud, cultura y espiritualidad… creo que hay una esperanza que está muy unida al hecho de que somos una sociedad envejecida y pienso que esto nos puede, a largo plazo, ayudar… porque el incremento de las personas mayores nos puede aportar otros valores: la gente mayor es menos competitiva, menos productiva, tiene una experiencia de la vida que le hace relativizarlo todo. Quizá no se apunta a esta cultura de la inmediatez en la que estamos sumergidos, está más acostumbrada al esfuerzo, a saber que a lo mejor ha de esperar diez años para cumplir un deseo. Esto puede ser un signo de esperanza.

La alimentación es una expresión más de la fragmentación social, porque tenemos abundancia alimentaria, disponibilidad económica, una constante seducción vía publicidad, medios de comunicación… la gente joven lo está sufriendo, porque los contextos familiares han cambiado mucho respecto a los que pudimos vivir nosotros. Entonces existían responsables de las tareas alimentarias, generalmente mujeres, y hoy en día la gente joven se encuentra, por un lado, sola en cuanto a referentes sobre cultura alimentaria, y al mismo tiempo, con una nevera rebosante de comida y una televisión donde constantemente se envían mensajes sobre qué comer y qué cuerpo tener.

Hay una ruptura con nuestro deseo más interno. El deseo del ser humano es realizarse, desplegarse, poder abrirse al mundo, y sobre todo amar…yo creo que hemos venido al mundo a amar, y todo esto es como si lo estuviésemos escondiendo con toda esta seducción materialista y de satisfacción de deseos inmediatos, productos de consumo,  bien sea comida, sexo.., Todo esto nos aleja de nuestro ser más profundo como humanos.

Hay esperanza gracias a todas las personas que trabajan acompañando, educando, promoviendo valores…ciertamente, lo escabroso, lo negativo, siempre es más visible. Una vez le oí decir a una persona… me resultó muy curioso… que el ser humano está llamado a realizar la bondad, y que por eso precisamente nos llama tanto la atención la maldad, porque estamos llamados hacia lo contrario.

Ecología- Cultura-Conciencia y Poder. ¿Qué opinas al respecto?

El consumidor de productos ecológicos es muy diverso y en determinados ámbitos este consumo puede representar una práctica de prestigio. Recuerdo a alguien que decía que para él o ella ir a comprar un producto ecológico era un acto exótico, como ir a comer a un restaurante japonés…

Hay quien come productos ecológicos para preservar el medio ambiente, la salud, o porque supone un consumo contrario al sistema alimentario industrial… pero hay personas que sufren porque producir esto les puede suponer una desestructuración a nivel de comunidad, o el tener que estar produciendo en un sistema de monocultivo (como por ejemplo, el caso del café o chocolate…). En definitiva, analizar el mundo de la alimentación ecológica es una tarea muy compleja, porque muchas veces hay personas que consumen estos productos ecológicos y pueden no ser conscientes de muchos factores que se les pueden estar escapando, como por ejemplo, de dónde vienen (si son locales o no…) y el posible impacto medioambiental de su distribución…

Determinadas tiendas venden productos como ecológicos, pero resulta que  proceden de países lejanos, como Chile, con lo cual, pueden ser son biológicos, es decir, no están tratados con pesticidas. Pero, desde mi punto de vista, no son tan ecológicos, porque si vienen de Chile, hay un impacto medioambiental importante… no son manzanas de Lleida, son manzanas de Chile… pero la gente las compra, quizá también por esta inconsciencia.

Y esto caracteriza nuestra sociedad, la inconsciencia, precisamente por eso, porque es una sociedad muy compleja, hay muchas redes de poder y realmente creo que no llegamos a todo, a no ser que estés muy concienciado porque has trabajado mucho un tema,  o porque has tenido acceso a mucha información… hay personas que compran ecológicos, y piensan que “lo hacen bien”, pero cuando vas hacia atrás, y ves todas la cadena, a lo mejor resulta que no es un acto tan positivo, por ejemplo, para el medio ambiente o para determinados productores…

Y después está el hecho cultural, hay prácticas, como tomar café, que forman parte de tu cultura, estás acostumbrado y culturalmente es difícil de romper, pero detrás de este consumo hay todo un mundo muy complejo…hoy en día vivimos en una sociedad tan compleja, que tomar una decisión muchas veces se convierte en todo un acto intelectual y de dilema moral.

  • Hay grupos de poder no político, pero con gran impacto social, que lanzan mensajes del tipo: “no compres productos procedentes de “x” país o que venden en “x” establecimientos porque fomentas la explotación” … ¿Las familias mileuristas tienen que gestionar su dinero, sus recursos para poder realizar compras responsables, justas y además conseguir llegar a fin de mes…? Doble moral y traslado de la responsabilidad.

Estas situaciones forman parte del hecho de vivir en una sociedad tan compleja como la nuestra. Hace cuarenta años esta posibilidad de elección tan grande no existía, porque no existía una sociedad globalizada como la nuestra, y las familias con menos recursos compraban donde podían. Todo y con eso, creo que el poder es inherente al ser humano y en toda sociedad existe: si nos vamos a una tribu de la Amazonia probablemente también encontraremos redes de poder, aunque se manifestarán de una forma diferente. Por otro lado, nuestra sociedad hace unas décadas se caracterizaba por una estructura mayor…entonces, la incoherencia no es tan visible, las personas cumplen sus trayectorias vitales con una homogeneidad mayor…Nuestra sociedad parece que promueve la libertad, y es cierto que no hay tantas presiones sociales… Hemos ganado en autonomía, pero también hemos ganado individualismo, fragmentación e incoherencia…


  • ¿Qué opinas sobre la Globalización?

La globalización, tal como se está desarrollando, supone una nueva forma de colonialismo. Se imponen modelos de salud, de cultura…modelos hegemónicos, y esto nos daña a todos. El fondo es siempre el mismo: poder, dinero, prestigio…

  • Alguna otra reflexión que desees compartir con nosotros…

Hago un análisis de una sociedad enferma como consecuencia del desarrollo de todos estos valores tan poco humanos, pero por otro lado, el mensaje es de esperanza, el deseo de trabajar y luchar para que esto se pueda contrarrestar con otras actitudes.


<De tots els Colors>: Muchas gracias Alícia por ayudarnos a reflexionar sobre temas tan cotidianos y actuales.  ¡Feliz viaje  y hasta la vuelta!



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One thought on “* Entrevista a ALÍCIA GUIDONET, Enfermera y Doctora en Antropología Social: Crisis alimentarias en contextos de abundancia.

  1. arcoirisdan 26/02/2010 / 23:23

    Queridos amigos: Os invito a compartir un vídeo, que fue filmado en mi intervención en el encuentro de educadores que tuvo lugar en Barcelona, con motivo de los talleres dirigidos por Noemi Paymal sobre Pedagogía 3000. Su título es “Educar más allá de las creencias: liberando al corazón”. A ver qué os parece…
    La dirección para acceder a él es: 

      Felices encuentros. Un cordial abrazo
                                          Carlos González
     P.D  Temática del vídeo:
    ¿Cómo puede un maestro empoderar a sus alumnos? O lo que es lo mismo:
    ¿Dónde está nuestro poder para cambiar las cosas que no nos gustan, para cumplir nuestros sueños….? ¿Por qué no podemos aplicar todo lo que hemos aprendido en seminarios y talleres? ¿Qué nos impide como educadores enseñar de otra manera? ¿Qué pasa con nuestro valor…? ¿A qué tememos y por qué…?
    No existe la cobardía, sino los obstáculos al valor
    Esos obstáculos están en nuestras creencias, muchas veces invisibles para nosotros mismos. Reconocerlas y saber jugar con ellas es la clave para ceder el poder al corazón, y conseguir el empoderamiento de nuestros alumnos o hijos.
    Para más información:
    http://www.ladanzadelavida12.blogspot.com/

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