LA CURACIÓN DESDE LA PERSPECTIVA DE EDWARD BACH. (V)

Obras completas del Doctor Edward Bach.


CÚRESE USTED MISMO

(Publicado por C.W.Daniel Co., 1931)

Una explicación de la causa real y de la curación de la enfermedad.

Capítulo cinco

Debido a que la carencia de individualidad (es decir, el permitir la interferencia con la personalidad que impide cumplir los mandatos del Ser Supremo) es de tanta importancia en la producción de la enfermedad, y dado que ésta suele inciarse muy temprano en la vida, pasemos ahora a considerar la verdadera relación entre padres e hijos, maestros y discípulos.

En lo fundamental, el oficio de la paternidad consiste en ser el medio privilegiado (y, desde luego, el privilegio debe ser considerado divino) que permite al Alma entrar en contacto con este mundo por el bien de su evolución. Apropiadamente entendido, es probable que no haya para la humanidad oportunidad más grande que ésta, ser el agente del nacimiento físico de un alma y tener el cuidado de la joven personalidad durante los primeros años de su existencia en la tierra.

La actitud de los padres debería ser, globalmente, dar al recién llegado todos los consejos espirituales, mentales y físicos de que sean capaces, reconrdando siempre que el pequeño es un alma individual que ha venido al mundo para obtener su propia experiencia y conocimientos, a su manera, según los dictados de su ser superior, y que hay que darle toda la libertad posible par que se desarrolle sin impedimentos.

El oficio de la paternidad es un servicio divino, y debería ser respetado como tal, o incluso más que cualquier otra tarea que tengamos que desempeñar. Siempre tenemos que tener presente que nada deberá ser pedido a cambio al niño, pues sólo consiste en dar, y sólo dar, suavidad, amor, protección y guía hasta que el alma se haga cargo de la joven personalidad.

Deberá enseñársele, desde el principio, independencia, individualidad y libertad, y hay que animar al niño, tan pronto como sea posible, a pensar y obrar por sí mismo. Todo control paterno debe quedar poco a poco reducido conforme se vaya desarrollando la capacidad de valerse por sí mismo y, más adelante, ninguna imposición o idea falsa de deber filial debe obstaculizar los dictados del alma del niño.

La paternidad es un oficio de la vida que pasa de unos a otros, y es en esencia un consejo temporal de guía y protección durante un breve período que, transcurrido un tiempo, debería cesar en sus esfuerzos y dejar al objeto de su atención libre de avanzar solo.

Pero recuérdese que el niño, de quien podemos tener el cuidado temporal, puede ser un alma mucho más grande y anterior que la nuestra, quizá espiritualmente superior a nosotros, por lo que el control y la protección deberán limitarse a las necesidades de la joven personalidad.

La paternidad es un deber sagrado, temporal en su carácter y que pasa de generación en generación. No comprende nada que no sea servicio y no hay obligación de retorno por parte del joven, ya que éste debe ser libre de desarrollarse a su manera, y prepararse todo lo posible para cumplir el mismo oficio unos pocos años más tarde. (…)

Los padres deberían guardarse particularmente contra cualquier deseo de moldear la joven personalidad de acuerdo a sus propias ideas o deseos, y deberían refrenarse de ejercer algún tipo de control indebido o de reclamación de favores a cambio de su deber natural y privilegio divino de ser el medio de ayuda a un alma para que ésta tome contacto con el mundo. Y cualquier deseo de controlar o conformar a la joven vida por motivos personales es una forma terrible de codicia que no deberá ser consentida nunca, porque si arraiga en el joven padre o madre, con los años se convertirán en auténticos vampiros. Si hay el menor deseo de dominio, habrá que comprobarlo desde el principio. Debemos negarnos a ser esclavos de la codicia, que nos impulsa a poseer a los demás. Debemos estimular en nosotros el arte de dar, y desarrollarlo hasta que lave toda huella de acción adversa.

El maestro deberá tener siempre presente que este oficio consiste únicamente en dar al joven una guía y la oportunidad de  aprender las cosas del mundo y de la vida, de forma que el niño pueda absorber el conocimiento a su manera, y si se le da la libertad, instintivamente elegirá lo que sea necesario para el éxito  de su vida. He aquí, de nuevo, porque no debe darse otra cosa que un cariñoso cuidado y guía que permita al estudiante obtener el conocimiento que requiere.

Los niños deberían recordar que el oficio de padre, como emblema del poder creativo, es divino en su misión, pero que no implica restricción en el desarrollo  ni obligaciones que puedan obstaculizar la vida y el trabajo que les dicta su alma. Es imposible estimar en esta presente civilización el sufrimiento callado, la restricción de las naturalezas y el desarrollo de caracteres dominantes que produce el desconocimiento de este hecho. En casi todas las familias, padres e hijos se construyen prisiones por motivos enteramente falsos y una equivocada concepción de la relación entre padres e hijos. Estas prisiones apresan la libertad, coartan la vida, evitan el desarrollo natural y traen infelicidad a todos los implicados, desarrollando desórdenes mentales, nerviosos e incluso físicos que afligen a las personas, provocando un muy amplio promedio de las enfermedades de nuestro tiempo.

Nunca se recalcará los suficiente sobre el hecho de que cada una de las almas encarnadas en este mundo está aquí con el específico propósito de obtener experiencia y comprensión, para perfeccionar su pesonalidad en pos de esos ideales que subyacen en nuestra alma. No importa cuál sea nuestra relación con los demás: marido y mujer, hermano, hermana, padre e hijo, o maestro y hombre, todos atentamos contra nuestros semejantes si obstaculizamos por motivos de deseo personal la evolución de otra alma. Nuestra obligación es obedecer los dictados de nuestra conciencia, y esto nunca nos llevará a ejercer domino sobre otra personalidad. Dejemos que cada uno recuerde que su alma ha dispuesto para él una labor en particular, y que a menos que la realice, aunque no sea consciente de ello, dará lugar a un conflicto inevitable entre su alma y su personalidad, conflicto que necesariamente provocará desórdenes físicos.

Es cierto que un individuo puede dedicar su vida a otro, pero antes de hacerlo debe estar absolutamente seguro de que ésta es una orden de su alma, y de que no ha existido ningún tipo de sugestión de una persona dominante, o falsas ideas de deber mal entendido. Que recuerde también que venimos a este mundo para ganar batallas, para adquirir fuerza contra quienes quieren controlarnos, y para avanzar hasta ese estado en el que pasamos por la vida cumpliendo nuestro deber tranquila y sosegadamente, no impedidos ni influenciados por ningún ser viviente, guiados con serenidad por la voz de nuestro yo superior.

Para muchos, la principal batalla que habrán de librar serán en su hogar, donde antes de lograr la libertad para obtener victorias en el mundo, tendrán que liberarse a sí mismos del dominio y control adversos de algún familiar cercano.
Cualquier individuo, adulto o niño, cuya parte de o bra en esta vida es liberarse del control dominante de otra persona, deberá recordar los siguiente:

primero, que a su pretendido opresor hay que considerarle de la misma manera que se considera a un rival deportivo, como una personalidad con la que estamos jugando al juego de la vida, sin el menor asomo de amargura, y hay que pensar que de no ser por esa clase de rival, no tendríamos oportunidad de desarrollar nuestro propio valor e individualidad.

y en segundo lugar, que las auténticas victorias de la vida vienen del amor y el cariño, y que en tal contexto no hay que usar ninguna fuerza, cualquiera que ésta sea; pues desarrollando firmemente nuestra propia naturaleza, sintiendo compasión, cariño, y a ser posible, afecto – o mejor, amor – hacia el rival, con el tiempo podremos seguir con tranquilidad y seguridad la llamada de la conciencia sin permitir la menor interferencia.

Aquellos que son dominantes requiren mucha ayuda y consejos para poder realizar la gran verdad universal de la unidad y para entender la alegría de la fraternidad. Perderse estas cosas es perderse la auténtica felicidad de la vida, y tenemos que ayudar a eas personas en la medida de nuestras posibilidades. La debilidad por nuestra parte, que permite a éstos extender su influencia, no les ayudará en absoluto; una gentil negativa a someternos a su cntrol y un esfuerzo porque entiendan la alegría de dar, les ayudará a ascender el empinado camino.

La obtención de nuestra libertad, el logro de nuestra individualidad e independencia requerirá en muchos casos una gran dosis de valor y fe. Pero en la horas más oscuras, y cuando el éxito es totalmente inaccesible, recordemos siempre que nuestras almas sólo nos procuran tareas que somos capaces de llevar a cabo, y que con nuestro propio valor y nuestra fe en la divinidad interior, la victoria llegará para todos aquellos que perseveran en su esfuerzo.

* * *

Queridos lectores:

Después de un tiempo de silencio…, reanudo la actividad del blog con este nuevo capítulo de  “Cúrese usted mismo”” de Edward Bach. Probablemente este texto en particular, llega en el momento más oportuno…

Bach continúa haciendo hincapié en la importancia de desarrollar nuestra individualidad. Nos habla, y tengamos presente la fecha del texto…,  de la misión de los padres y madres como maestros y guías que acompañan a los hijos/as en su crecimiento respetando los dictados de su Alma, ayudándoles a dearrollar sus propias cualidades con Amor y sin coacción.

Nos recuerda también que, en muchas ocasiones,  los hijos son verdaderos maestros para sus padres y madres, y prioriza la necesidad de no someternos a las personalidades dominantes,y manipuladoras que lejos de desear nuestro bien, viven centradas en el egoísmo.

La familia, sea cuál sea su estructura, es el nucleo donde los niños aprenden, crecen y se desarrollan como personas, donde adquieren principios y valores que van germinando en su interacción con el resto de la comunidad.

Este texto de Bach y su reflexión, me han conectado con los acontecimientos vividos en las últimas semanas, con la movilización de miles de jóvenes y no tan jóvenes que, a día de hoy, están ejerciendo su individualidad de manera solidaria. Están mostrando sus valores y  reclamando explicaciones y soluciones a aquellos que guiados por el deseo de poder, nos han estado dominando  para mantener un sistema insostenible, que beneficia a unos pocos a expensas del esfuerzo de muchos.

Por fin nos estamos convenciendo de nuestro poder transformador. La sociedad ha madurado, estamos evolucionando…


<Det tots els Colors>: Elena Lorente Guerrero.

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