LA CURACIÓN DESDE LA PERSPECTIVA DE EDWARD BACH. (VI)

Obras completas del Doctor Edward Bach.


CÚRESE USTED MISMO

(Publicado por C.W.Daniel Co., 1931)

Una explicación de la causa real y de la curación de la enfermedad.

Capítulo seis

(…) “No tiene sentido ocuparse de los fracasos de la moderna ciencia médica, salvo dos excepciones; la destrucción es inútil si no levanta un edificio mejor, y como en medicina ya se han establecido las bases de un edificio más nuevo, concentrémonos en agregar una o dos piedras a ese templo. Tampoco sirve hoy una crítica adversa sobre el valor actual de la profesión; es el sistema lo que está profundamente equivocado, no los hombres, pues es un sistema donde el médico, tan sólo por razones económicas, no tiene tiempo para administrar un tratamiento tranquilo y pacífico, ni dispone del tiempo necesario para meditar y pensar cómo desarrollar la herencia de quienes dedican sus vidas a atender a los enfermos. (…)

Amanece sobre nosotros un nuevo y mejor arte de la curación. Hace cien años la homeopatía de Hahnemann fue el primer resplandor de la luz matutina después de una larga noche de tieneblas, y puede que desempeñe un gran papel en la medicina del futuro.

Además, la atención que se dedica actualmente a mejorar las condiciones de vida y establecer una dieta más pura y depurada es un avance hacia la prevención de la enfermerdad; y aquellos movimientos orientados a dar a conocer a la gente tanto la conexión entre los fracasos espirituales y la enfermedad como la curación que puede obtenerse por medio del perfeccionamiento de la mente, están abriendo el camino hacia la llegada de ese brillante amanecer cuya radiante luz hará desaparecer las oscuridades de la enfermedad.

Recordemos que la enfermedad es un enemigo común, y que cada uno de nosotros que conquiste un fragmento de ella está ayudándose no sólo a sí mismo sino también a toda la humanidad. Habrá que emplear una determinada, pero definitiva cantidad de energía antes de que su derrota sea completa; todos y cada uno de nosotros debemos esforzarnos para lograr este resultado, y aquellos que sean más grandes y fuertes tendrán no sólo que realizar su tarea, sino también ayudar a sus hermanos más débiles.

Como es natural, la primera forma de evitar que se extienda y aumente la enfermedad es dejar de cometer esas acciones que le dan más poder; la segunda, eliminar de nuestra naturaleza nuestros propios defectos. Una vez liberados, seremos libres para ayudar a los demás. Y no es tan difícil como pudiera parecer a primera vista; se espera que hagamos lo posible, y sabemos que esto es posible si cada uno de nosotros escucha los dictados de su alma. La vida no nos exige grandes sacrificios impensables: nos pide que efectuemos su recorrido con alegría en el corazón, y seamos una bendición para aquellos que nos rodean, de forma que si dejamos el mundo sólo una pizca mejor de lo que era antes de nuestra visita, hayamos cumplido nuestra misión.

(…) Las tareas de la vida, en todas sus ramas, desde la más baja hasta la más exaltada, deben ser realizadas, y el divino guía de nuestros destinos sabe en qué lugar colocarnos para realizarlas mejor; todo cuanto se espera que hagamos es cumplir bien y jubilosamente con ese cometido. Hay santos en las mesas de trabajo de la fábrica. (…) A nadie en esta tierra se le pide que haga más de lo que está a su alcance hacer, y si nos esforzamos por sacar lo mejor de nuestro interior, guiados siempre por el yo superior, se nos ofrecerá la posibilidad de lograr la salud y la felicidad.

Durante la mayor parte de los dos últimos milenios la civilización occidental ha pasado por una era de intenso materialismo, y se ha perdido en gran parte la conciencia de lado espiritual de nuetra naturaleza y la existencia, en una actitud mental que ha colocado a las posesiones mundanales, a las ambiciones, deseos y placeres por encima de las cosas reales de la vida. La verdadera razón de la existencia del ser humano en la tierra ha quedado ensombrecida por su ansiedad de obtener de su encarnación sólo bienes terrenales. (…)

La verdadera naturaleza de nuestro yo superior, el conocimiento de una vida previa y otra  posterior, aparte de la actual, ha significado muy poco, en lugar de ser la guía y el estímulo de cada una de nuestras acciones. Hemos tendido a rehuir las grandes cosas e intentado hacer la vida lo más cómoda posible, retirando lo suprafísico de nuestras mentes y dependiendo de los placeres terrenales para compensar nuestros esfuerzos. Así, la posición, el rango, la riqueza y las posesiones mundanales se han convertido en la meta de estos siglos; y como todas esas cosas son transitorias y sólo pueden obtenerse y conservarse a base de ansiedad y concentración sobre las cosas materiales, la verdadera paz interna y la felicidad de las generaciones pasadas han estado infinitamente por debajo de lo que corresponde al deber de la humanidad.

La verdadera paz de la mente y el alma está con nosotros cuando progresamos espiritualmente, y eso no puede obtenerse solamente con la acumulación de riquezas, por grandes que éstas sean.

Pero los tiempos están cambiando y hay muchas indicaciones de que la civilización ha comenzado a pasar de la era del puro materialismo al deseo de las realidades y verdades del universo.

El interés general y el rápido aumento que hoy se demuestra por el conocimiento de las verdades suprafísicas, el creciente número de quienes desean información sobre la existencia antes y después de la vida, el hallazgo de métodos para vencer la enfermedad por intermedio de la fe y técnicas espirituales, y la búsqueda de las antiguas enseñanzas y la sabiduría de Oriente, son signos de que la gente de hoy hay empezado a vislumbrar la realidad de las cosas.

Así, cuando llega el tema de la curación, se comprende que también éste tenga que ponerse a la altura de los tiempos y cambiar sus métodos apartándose del materialismo grosero y tendiendo hacia una ciencia fundada en las realidades de la verdad, y gobernada por las mismas leyes divinas que rigen nuestras naturalezas.

La curación pasará del dominio de los métodos físicos de tratamiento del cuerpo físico a la curación mental y espiritual que, al restablecer la armonía entre la mente y el alma, erradicará la auténtica causa de la enfermedad, y permitirá luego la utilización de medios físicos, si éstos fueran necesarios, para completar la curación del cuerpo.

Parece totalmente posible que, a menos que la profesión médica se dé cuenta de estos hechos y avance con el crecimiento espiritual del pueblo, el arte de la curación pasará a manos de las órdenes religiosas o a manos de los legítimos sanadores que existen en toda generación, pero que hasta ahora han vivido más o menos ignorados, impidiéndoseles seguir la llamada de su naturaleza ante la actitud de los ortodoxos.

Así pues, el médico del futuro tendrá dos finalidades principales en las que orientarse:

  • La primera será ayudar al paciente a alcanzar un conocimiento de sí mismo y señalarle los errores fundamentales que puede estar cometiendo, los defectos de su caracter que tenga que remediar, los defectos de su naturaleza que tenga que erradicar y sustituir por las virtudes correspondientes.

Semejante médico tendrá que haber estudiado profundamente las leyes que rigen a la humanidad y a la propia naturaleza humana, de forma que pueda reconocer en todos los que a el acuden, los elementos que causan el conflicto entre alma y personalidad. Tiene que poder aconsejar al paciente cómo restablecer la armonía requerida, qué acciones contra la unidad tiene que suspender y qué virtudes tiene que desarrollar necesariamente para limpiar sus defectos.

Cada caso requerirá un cuidadoso estudio, y sólo quienes hayan dedicado gran parte de su vida al conocimiento de la humanidad, y en cuyos corazones arda el deseo de ayudar, podrán emprender con éxito esta gloriosa y divina labor en pro de la humanidad: abrir los ojos al que padece e iluminarle sobre la razón de su existencia, inspirarle esperanza, consuelo y confianza que le permitan conquistar su enfermedad.

  • El segundo deber del médico será administrar los remedios que ayuden al cuerpo físico a recobrar fuerzas y permitan a la mente serenarse, ampliar su punto de vista y esforzarse en pos de la perfección, trayendo paz y armonía a toda la personalidad. Tales remedios se encuentran en la naturaleza, (…) algunos de éstos son conocidos y otros muchos son buscados actualmente por los médicos en diferentes partes del mundo, especialmente en nuestra madre la India, y no hay duda de que, cuando estas investigaciones se desarrollen más, recuperaremos gran parte de los conocimientos que se tenían hace dos mil años, y el sanador del futuro tendrá a su disposición los maravillosos remedios naturales, que fueron divinamente colocados para que el ser humano aliviara sus dolencias.

De este modo, la abolición de la enfermedad dependerá de que la humanidad descubra la verdad de las leyes inalterables de nuestro universo y de que se adapte con humildad y obediencia a estas leyes, trayendo así la paz entre su alma y su ser, y recobrando la verdadera alegría y felicidad de la vida.

Y la parte correspondiente al médico consistirá en ayudar al que sufre aconocer esa verdad, en indicarle los medios por los que podrá obtener la armonía, inspirarle con la fe en su divinidad que todo lo puede, y administrar remedios físicos que le ayuden a armonizar su personalidad y curar su cuerpo.”

***

Queridos Lectores:

Poco tengo que comentar de este capítulo de “Cúrese usted mismo”. Sigue  maravillándome la gran sensibilidad y clarividencia de Edward Bach…

El texto merece una lectura detenida para apreciar  los matices de algunos conceptos aparentemente simples… pero llenos de significado…

Los mejores deseos de salud y armonía para vuestras vidas,


<Det tots els Colors>: Elena Lorente Guerrero.

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