El tapiz de Penélope

De tots els Colors- Bringing Colour to NursingJusto me siento a escribir este post y un recuerdo inesperado me transporta a mi infancia, a la etapa de primaria. Clase de matemáticas, sentada frente a un cuaderno estudiando el diagrama de Venn. Conjuntos y más conjuntos agrupando, compartiendo elementos.

Un paso sigue a otro paso. No es en línea recta que avanzamos sino siguiendo el contorno de un círculo, cosiendo puntada a puntada, la vida. Cosemos, descosemos, como Penélope tejiendo su eterno tapiz, hasta que el último aliento anuda y concluye la obra que es vivir.

Una tía de  mi padre, Felicidad, fue una de las mujeres que marcaron mi infancia. Inteligente, elegante, viajada, culta. Virtuosa bordadora, hacía volar sus dedos de tal manera que el encaje de bolillos parecía tener vida propia, parecía responder al hechizo de su varita mágica.

Ella me enseñó que para ver la belleza y la perfección de un bordado, tenía que fijarme no sólo en el anverso, sino también en el reverso. El reverso revela la puntada certera, los hilos sueltos, la pulcritud, el orden, la labor bien rematada.

Como Penélope, tejemos los anillos que conforman nuestra vida, conjuntos que se relacionan, se complementan, se unen, se separan, llenando el espacio invisible del gran círculo de la vida.

Como no hay palabra dicha que no nos toque caminar…las personas que cuidamos a personas vivimos situaciones que nos ponen en contacto con aspectos propios no resueltos, o lo que es más duro todavía, con aspectos que creíamos cerrados, zanjados, trascendidos y que de repente nos sacuden girando inesperadamente el tapiz, mostrando las puntadas flojas, los hilos sueltos…

De repente, inexplicablemente… un nudo se suelta, y nos toca como a Penélope descoser para volver a coser lo cosido. Nos toca pulir, sanar el reverso de nuestra vida.

Este es el desafío y el regalo que me hace una de las personas queridas a las que cuido. Dando sus últimas puntadas, revisando el reverso de su vida, lleva varias semanas poniéndome delante un espejo en el que a menudo se refleja mi madre. 

La vida tiene infinitas e insospechadas maneras de brindarnos la ocasión de trabajar la humildad,  de repasar las puntadas, de anudar de nuevo, de cerrar círculos. Es duro, duele, pero al mismo tiempo es una hermosa oportunidad de aprendizaje,  de crecimiento.

Gracias,

Elena

 

 

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