La memoria del corazón

Una gaviota de las muchas que visitan el pueblo pesquero decidió construir su nido en lo alto de un árbol del jardín que rodea el centro para mayores; justamente la parcela frente a la habitación de Sam, ¡mejor elección imposible!

Sam es un amante de la naturaleza, su habitación está llena de libros de pájaros, de animales, de paisajes. Hasta no hace demasiado solía disfrutar de sus caminatas por la montaña, del piragüismo, y de cualquier actividad que implicara estar al aire libre.

Sam fue fotógrafo, escritor y artesano de la madera, entre otras cosas. Un hombre polifacético, enamorado de la vida, y un gran observador. Y lo sigue siendo; puede pasarse horas con sus prismáticos disfrutando de los detalles de la colina que se alza más allá del jardín. Últimamente sigue con devoción el ir y venir de la madre gaviota y su cría olvidándose por completo del resto del mundo.

Le encanta regar las plantas, y lo hace con gran cuidado y respeto. Desde hace dos semanas tiene un invernadero en el rinconcito del jardín que da a su sala de estar particular. Allí está haciendo crecer unas tomateras muy prometedoras. Hace poco me contó que cuando era joven solía cuidar de un huerto y cultivaba patatas. Después de mucho buscar consiguió encontrar una antigua fotografía en blanco y negro en la que un joven Sam posaba orgulloso en medio de un inmenso campo de patatas.

Sam pasa muchas horas entre sus libros y sus cajas de fotografías. Lo mismo sonríe por minutos contemplando unas crías de leopardo jugando con su madre que disfrutando de los recuerdos de juventud que le traen de vuelta las fotografías. Recuerdos a los que cada día le cuesta más poner nombre y fecha pero que siguen intactos en la memoria del corazón, la que perdura para siempre.

Se nota que es cuidadoso y cuidador, se conmueve con facilidad. Los pocos ratos que pasa en la sala de estar, aunque con un ojo pueda estar leyendo, mirando la tele o conversando con alguien, el otro lo tiene puesto en las dos residentes más vulnerables y en cuanto ve algo que le inquieta se levanta y nos busca por el edificio para avisarnos: “Estoy preocupado por aquella señora”.

Su virtud cuidadora también nos ayuda a incentivarlo cuando notamos que pasa demasiado tiempo aislado en su habitación ya que significa también que se habrá olvidado de tocar la comida. Suele pasarle cuando está más confundido de lo habitual o cuando se da cuenta de que la mente le está jugando una mala pasada. Sam solía participar activamente ayudando a recaudar fondos para la investigación de la demencia, y hay momentos en los que él mismo es consciente de lo que le pasa…

Una de las maneras más efectivas y amorosas de acompañar a Sam en esta fase de la enfermedad es recordándole cuánto le queremos y le necesitamos. Todos necesitamos sentirnos válidos, útiles, reconocidos, necesarios. Así que en cuanto le pedimos:

– Sam ¿Te importaría estar pendiente del teléfono y contestar si llaman? ¿Nos avisarás?

Si quisieras comer en la misma mesa que la señora R nos harías un favor, cuando le haces compañía está más animada y deja el plato limpio.

-¿Te importaría darle conversación a M? hoy está un poco apagada y seguro que con dos frases tuyas ya la tenemos riendo. Y sabe que es verdad porque todavía conserva sus dotes de conquistador.

Estas invitaciones bastan para que Sam de un salto de la butaca y nos pregunte:

¿Estoy presentable? ¿Sí? Pues si me acompañas voy para allá ahora mismo.

Y mientras le acompañamos siempre tiene una palabra, un cumplido de agradecimiento: – ¡Vosotras sois maravillosas!,  suele decir.

Lo verdaderamente maravilloso es ser testigo de cómo el amor incondicional y la compasión son más fuertes que la demencia. Será porque están escritos en el alma de Sam, porque le nacen del corazón libres de las interferencias de la mente.

Me siento profundamente agradecida a Sam que, sin saberlo, es mi maestro. Me ayuda a re-cor-dar:

  • Que la calidad emocional y espiritual de la última etapa de la vida no se improvisa, se cultiva con micro-dosis dosis diarias de satisfacción, felicidad y sentido.
  • Que mejor me pongo ya a liberar del móvil y la cámara los instantes de felicidad para que queden impresos para siempre. Que anote cuándo, dónde y principalmente con quien, porque algún día se convertirán en mis tesoros, alimento para el alma.
  • Que los gestos más sencillos son los que hablan de quienes somos, así que no hay tiempo que perder, ahora mismo es el mejor momento para cultivar el amor, la compasión, la generosidad y la gratitud.
  • Que entrene la capacidad de asombro, de ilusionarme y entusiasmarme con todo lo que sea generador de vida y que está aquí mismo, a mi alrededor.
  • Que vivimos interconectados y en comunión con la naturaleza y que vivir tiene sentido cuando es hacia fuera, al servicio de los demás.
  • Y finalmente, que la memoria del corazón es la más importante de todas porque nunca se pierde.

GRACIAS DE CORAZÓN!

 

Highand

Luz y Amor,

Elena Lorente Guerrero

 

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