Hay personas que tocan nuestra mirada y nos descubren el punto exacto de enfoque

EL TEMPS

No més incerta de tan vehement

la sorpresa amb què aculls la llum que esclata

rera el mirall opac i els cortinatges

angoixants i feixucs d’aquest llarg temps de prova.

És així com la vida expressa el seu

misteri i en referma la bellesa.

L’entreteixit del temps no mostra cap

fissura, flueix sempre, ineluctable.

Tot és perfecte i just dins el seu àmbit.

MIQUEL MARTÍ I POL

* * *

Hace ya casi un año. Los recuerdos y el cariño permanecen intactos. Este post, en memoria de Elisabeth, estaba pendiente.

Tras un goteo de minutos, horas, días y largos meses que sumaron años, Elisabeth liberó su Alma de la prisión en la que se había convertido su cuerpo. Y lo hizo con la misma discreción con la que vivió el último capítulo de su vida atrapada en la densa red de la demencia.

Después….. silencio,  una sonrisa de paz, de reconciliación con la vida y esa imagen tan hermosa que nos legó E.Kübler-Ross: la mariposa que una vez liberada de la crisálida, deja atrás el sufrimiento y vuela libre, completa, sana.

Hay personas que tocan nuestra mirada y nos descubren el punto exacto desde donde enfocar para ser capaces de ver con nitidez lo que aparentemente es un plano borroso.  Elisabeth además de tocarnos, se entregó completa e incondicionalmente. Su voluntad, su dignidad estaban en manos de los demás. Así de simple, así de crudo.

Poco a poco, uno a uno, se fueron desconectando los  cables verbales y no verbales que le permitían comunicarse; con la crueldad añadida de que entendía perfectamente todo lo que ocurría a su alrededor. Su cuerpo se convirtió en un muñeco de trapo, inexpresivo, incapaz de sostenerse por si mismo, ni de controlar el más mínimo movimiento. Llegamos a conocerla tan bien que aprendimos a descifrar los códigos al principio y sencillamente a intuir hacia el final, si tenía sed, si tenía hambre, si sentía picor o dolor, si tenía frío o calor, si estaba triste o tenía miedo.

Así transcurrieron los últimos meses de su vida, literalmente en manos de los demás, 24 horas al día, día tras día, sin más opción ni alternativa que la de abrir su corazón y confiar. En muchas ocasiones, su confianza debió ir acompañada de una gran comprensión y aceptación bondadosa y generosa de todos los que tuvimos el privilegio de conocerla y cuidarla.

Depositó en nosotros su vida y su dignidad. Dependía de nosotros ser merecedores de ese regalo, de esa gran responsabilidad que nos obligaba, como un aguijón, a reflexionar y a revisar continuamente nuestra relación con ella y los cuidados.

Los maestros se presentan en la vida bajo los disfraces más insospechados, aquellos que con toda seguridad les hacen pasar fácilmente desapercibidos. Y así, sin más, nos enseñan la primera lección de todas: estar atentos.

Entre otras muchas cosas, el Amor fue el camino para cuidar a Elisabeth. Y sin lugar a dudas, el Amor fue su respuesta.

GRACIAS

“La lección final es aprender a amar y a ser amados incondicionalmente”. E. Kübler-Ross

Abrazos,

Elena Lorente Guerrero

 

 

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