La ternura que sostiene el cielo

Tens poc temps,

flor menuda,

de la naixença a l’esplendor

i al marciment.

Curt és el teu viatge terrenal.

Tens un nom?

Potser sí.

Jo prefereixo creure

que la botànica t’ignora.

Ets la flor.

Ets la flor innominada,

filla de l’atzar i de la terra,

tendresa que sosté el cel.

Agustí Bartra

 

 – A la Teresa Turmo i la Natàlia Araujo, Infermeres, amb Amor –

Cada verano vienen a visitarnos nuestros tres sobrinos. Irrumpen en nuestras vidas como un torbellino de energía, de alegría, de ilusión y de risas. Sin obligaciones, sin tiempo, jugamos, disfrutamos, y aprendemos juntos contemplando por nuestra parte, maravillados y agradecidos, la luz blanca de su Alma.

Una noche, después de la cena, en lugar de sacar los juegos de mesa, de forma espontánea empezamos a hablar sobre la muerte y el morir. Un tema que les interesa y sobre el que tienen numerosas preguntas. Acurrucados alrededor de su tío, se partían de risa con sus historias sobre cómo quisiera él morir y el funeral que quería.

¡Y claro que se reían! Las imágenes que iban surgiendo no eran para menos. Sin embargo, de vez en cuando él les recordaba que, por mucho que rieran, todo lo que les estaba contando iba muy en serio.

Tras las risas, les preguntamos sobre sus inquietudes sobre la muerte, y sobre qué pensaban ellos qué sucedía al morir. Sin titubeos, nos contestaron que esto no se acaba aquí, que la vida continúa.

Y llegó la hora de irse a dormir. Como cada noche escogimos un cuento breve, de los que hacen pensar. Esa noche leímos la fábula “Ninfas y libélulas: explicando la muerte a los niños”, de Doris Stickney.  Conforme el cuento avanzaba, sus rostros se iban iluminando, reafirmando que la muerte forma parte de la vida, y que morir, como proceso transformador, tiene sentido.

Entre risas y reflexiones, mantuvimos una de las conversaciones más importantes, profundas y hermosas, de las que recordaremos toda la vida y que estos días además, me acompaña y me conforta. La apertura, la capacidad de asombro y de conexión con el presente de los niños son enseñanzas que nos ayudan a encajar las pérdidas.

Hace pocas semanas, Teresa y Natàlia desplegaron las alas y con su vuelo de libélula, ya forman parte de la ternura que sostiene el cielo.

Seguiremos adelante, viviendo encarnados, como ninfas, agradecidos por todo lo que nos enseñasteis, y manteniendo vivo vuestro recuerdo hasta que llegue para nosotros, el momento de la transformación y el reencuentro.

Con gratitud,

Elena Lorente Guerrero

 

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