Entrevista a DOLORES RAIGÓN, Doctora en Ingeniería Agrónoma y Catedrática de la UPV: “El sistema actual (convencional) de producir alimentos es insostenible por la gran dependencia de recursos fósiles y por sus consecuencias en salud y medio ambiente”

Queridos Amigos:

Es un placer presentaros a Mª Dolores Raigón Jiménez, Doctora en Ingeniería Agrónoma por la Universidad Politécnica de Valencia (UPV), Catedrática del área de Edafología y Química Agrícola, Profesora en la Escuela Técnica Superior de Ingeniería Agronómica y del Medio Natural (ETSIAMN) y Presidenta de la Sociedad Española de Agricultura Ecológica.

Lola Raigón es una de las mayores expertas en nuestro país sobre producción ecológica. Investiga sobre biodiversidad, calidad de los alimentos ecológicos vs convencionales y su efecto sobre la salud.

Lola es una mujer cercana y amable que nos ofrece una clase magistral en forma de entrevista. Todo el conocimiento que pone a nuestra disposición nos ayuda a estar mejor informados, y a ser más conscientes para que nuestras decisiones de compra sean más responsables, saludables y sostenibles con la sociedad y con el medio ambiente. Es fundamental y es urgente…

 

  • Vamos a empezar por el principio porque todavía existe confusión. Alimentos ecológicos, biológicos, orgánicos ¿Son lo mismo?

La producción ecológica en Europa, y por tanto en España, se encuentra regulada por el Reglamento (CE) 834/2007, y otros reglamentos de aplicación. Estos reglamentos que controlan la producción ecológica son de uso en todos los Estados miembros de la Unión Europea.

En España existen competencias delegadas en materia de Agricultura a las Comunidades Autónomas, y son éstas las que recogen los Reglamentos europeos y cada una de ellas particulariza los objetivos y principios, normas generales de producción, y además define las posibles formas en las que se puede llevar a cabo la certificación o régimen de control, que lo puede realizar la propia administración autonómica, empresas vinculadas a la administración o empresas privadas que finalmente tienen que rendir cuentas a la administración central ya a Bruselas.

Todos los productos que se pongan en el mercado haciendo uso de los términos “ecológico”, “biológico”, “orgánico” o sus acrónimos “bio” y “eco”, han de estar certificados y están amparados por la Normativa de producción ecológica, y las diferencias en los términos es debida exclusivamente a las diferentes lenguas de la UE, así los alemanes y españoles adoptamos el término ecológico y eco, OKO, los franceses el término biológico y bio, y en la gran mayoría de los países el término orgánico, pero todos los productos etiquetados con estos términos en alimentación están protegidos por la normativa europea y son términos protegidos y deben de responder a un único sistema de producción, limpio sin el empleo de sustancias químicas de síntesis.

  • ¿En qué consististe la alimentación ecológica?

Cuando hablamos de agricultura, ganadería y transformación, y por tanto alimentación ecológica, tenemos que indicar que se trata de un sistema productivo cuyos objetivos principales son:

1) trabajar con los ecosistemas de forma integrada;

2) mantener y mejorar la fertilidad de los suelos;

3) producir alimentos libres de residuos químicos;

4) utilizar el mayor número de recursos renovables y locales;

5) mantener la diversidad genética del sistema y de su entorno;

6) evitar la contaminación resultante de las técnicas agrarias;

7) permitir que los agricultores realicen su trabajo de forma saludable.

Así que la alimentación ecológica es un concepto muy amplio que recoge los objetivos de producir y consumir de forma equilibrada. Cuando consumimos alimentos ecológicos, de forma directa estamos consumiendo alimentos equilibrados que van a contribuir a la nutrición equilibrada. Pero de forma indirecta estamos influyendo en el medioambiente, la mitigación de cambio climático, la salud, la cultura, los valores, la biodiversidad, etc…es decir todos los atributos en los que la producción ecológica repercute.

  • ¿Cuáles son los beneficios de la alimentación ecológica para la salud?

Principalmente creo que los beneficios para la salud se centran en:

1) La carga química (pesticidas, antibióticos, nitratos, aditivos alimentarios) disminuye o no existe.

2) Los alimentos contribuyen con mayor densidad nutricional.

3) Se disminuyen los impactos ambientales en la producción y por tanto se contribuye a la salud ambiental.

Así, los alimentos ecológicos producidos mediante técnicas ecológicas, tienen que cumplir con el reglamento de producción y ello implica que no se pueden utilizar sustancias químicas de síntesis, como biocidas o fertilizantes químicos de síntesis, por ello en la composición de los alimentos no se incluyen residuos de fitosanitarios, ni de otros tóxicos, como los nitratos acumulados en algunos alimentos de origen vegetal, como lechugas, espinacas, etc.

Por otro lado, cuando hablamos de alimentos de origen ganadero, hay que considerar que la producción animal debe de cumplir también la normativa y ello implica el bienestar animal, la alimentación ecológica de los animales y la limitación en el uso de medicamentos, antibióticos, etc., por lo que los alimentos obtenidos no van a presentar en la carne, leche y sus derivados, residuos de medicamentos ni sustancias secundarias de los mismos, que pueden ser perjudiciales, a corto o largo plazo. Y además el empleo de aditivos alimentarios está limitado en la producción de alimentos ecológicos elaborados.

Destacar también que en diversos estudios se ha puesto de manifiesto que los alimentos ecológicos presentan mayor concentración nutricional (proteínas de alto valor biológico, vitaminas, minerales); en concreto:

-mayor concentración en proteínas (tanto en alimentos de origen animal como vegetal)

-mayor contenido vitamínico (en pimientos, frutos cítricos, tomates, etc.)

mayor contenido mineral (en coles, lechugas, espinas, etc.)

-mayor nivel de sustancias antioxidantes (en manzanas, frutas rojas, aceite de oliva, etc.)

  • ¿Qué impacto tiene la producción ecológica y la biodiversidad del cultivo en la sostenibilidad económica y medioambiental tanto local como mundial?

Hablar de agricultura ecológica es hablar de biodiversidad, como aspecto más significativo, ya que como propósito, en las granjas se deben integrar los sistemas agrícolas y ganaderos, lo que implica aumento de la diversidad; así mismo mantener la fertilidad de un suelo implica el incremento de los microorganismos del mismo, necesarios para los ciclos elementales de la materia orgánica, la sanidad vegetal debe realizarse a través del equilibrio del ecosistema, con técnicas como son la introducción de setos, que pueden contener fauna beneficiosa, o la implantación dentro de la misma parcela de técnicas de asociación y rotación de cultivos, o la introducción de variedades y razas ganaderas  autóctonas que le dan al territorio un considerable valor añadido.

  • ¿Cómo influye el empaquetado, la distribución del producto, el estilo de compra y la conservación de los alimentos ecológicos a nivel nutricional?

Todos los aspectos influyen en la comercialización de los alimentos ecológicos. Hace unos años cuando los alimentos ecológicos tenían menos presencia en España, el consumidor ecológico admitía cualquier formato, granel, frutas con taras, etc.

Hoy en día donde se aprecia una convencionalización de los alimentos ecológicos, los niveles de exigencia del mercado ecológico están prácticamente a la misma altura que los del mercado convencional, eso está haciendo que el circuito de la distribución está globalizando lo referente a los alimentos ecológicos, aunque existen excepciones, se mantienen las iniciativas de las eco-cestas, donde el consumidor compra directamente los productos al agricultora a través de diferentes formatos (distribución a domicilio, en la propia finca, en grupos de consumo, etc.

Otras iniciativas similares son los mercados de la Tierra, donde se recupera el antiguo concepto de mercado de alimentos y en estos escenarios, existe mayor flexibilidad. En cualquier caso, en todos los circuitos se deben cumplir las normativas de seguridad e higiene de los alimentos.

Estas cuestiones tienen una relativa influencia a nivel nutricional, siendo el factor más importante el momento óptimo de recolección, de manera que si en el modelo de eco-cestas, los alimentos vegetales se recolectan justa para configurar las cestas y distribuirlas, si se ha respetado ese momento de recolección, los niveles nutricionales serán los acordes con el alimento, a la par que los atributos sensoriales.

  • Pensando en la economía familiar, el precio de los alimentos ecológicos es caro comparado con el de los alimentos convencionales. ¿Qué le dirías a una familia a la hora de llenar la cesta de la compra?

Desgraciadamente, el precio de un alimento, viene marcado por factores muy alejados a la producción.

Una manera de incidir en el precio de los alimentos es intervenir en la cadena de distribución de los mismos, impulsando los circuitos cortos y los mercados de proximidad. Los alimentos ecológicos son caros dependiendo de donde se compren y cuales han sido los canales de distribución.

Pero lo más importante, es que deberíamos de ser capaces de establecer el precio de un alimento por unidad de nutriente, en lugar de por kg de producto. Me explico, si las necesidades de vitamina C son de 60 mg/día y el zumo de una naranja ecológica los contiene, no necesitamos exprimir dos naranjas convencionales para llegar a estas necesidades. Si la producción de lechugas convencionales contiene un 5% más de agua, son nutrientes de menos que se consumen.

Estos datos que el consumidor desconoce, alcanzan gran importancia cuando la falta de nutrientes se refleja en el estado sanitario, influyendo también en el coste familiar y social.

Por otro lado, nunca nos planteamos los costes indirectos que presenta la producción convencional y que algún día tendremos que pagar, como por ejemplo el coste medioambiental o el coste en salud.

Por estas razones la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura) recientemente ha realizado un estudio donde concluye que los alimentos ecológicos no son caros, que son caros los “no ecológicos”, ya que por 1 euro que hay que pagar por un alimento “no ecológico” hay que contribuir con el pago de otro euro (de las arcas sociales) para subsanar los efectos sobre la salud, más otro euro (de las arcas sociales) para subsanar los problemas medioambientales derivados de la agricultura convencional.

  • Actualmente tenemos muchos conocimientos sobre la composición de los alimentos, qué nos aportan, y qué nutrientes necesitamos para vivir. En contraposición, vivimos un momento de exaltación de los sabores, las texturas, las técnicas de elaboración y presentación de los alimentos.

Efectivamente las técnicas analíticas y los avances en bromatología están en la línea de contribuir al conocimiento en la alimentación y la nutrición.

También es cierto que los hábitos alimenticios han cambiado, por el estilo de vida, y el consumo de alimentos frescos o sin procesar es cada vez más bajo y los alimentos procesados se consumen en mayor medida, y ello tiene un riesgo asociado alto, porque la manipulación de los alimentos procesados, en cuanto a texturas, colores e incluso sabores está implícita en la transformación, de igual manera que el incremento en algunas sustancias que el abuso en la ingesta puede ocasionar problemas en la salud, como puede ser el alto contenido el sal, azúcares refinados o grasas saturadas.

Esta tremenda actuación en los alimentos procesados, nos puede llevar a situaciones, como por ejemplo, comercializar un producto con sabor a yogur, que no contenga nada de yogur, pero que el sabor lo aporten otras sustancias químicas. Este procedimiento no está autorizado en ecológico, pero si se observa cada vez más una alta presencia de productos transformados ecológicos en el mercado.

En cualquier caso y según los últimos trabajos publicados, los alimentos ecológicos salen mejor valorados en la percepción sensorial, lo que significa que sabores, aromas, etc…se manifiestan en diferente medida en los alimentos ecológicos. Así en los alimentos frescos ecológicos, la mayor percepción de sabores y aromas está relacionada con las recolecciones en su momento adecuado, la mayor síntesis de compuestos bioactivos que influyen en el sabor y en el olor y el equilibrio global del alimento.

Y en los alimentos elaborados, porque el proceso de transformación no permite la incorporación de los aditivos alimentarios, que por un lado contribuyen a la distorsión del equilibrio natural de los sabores, y por otro lado, algunos presentan problemas para la salud.

  • Además de la familia, la escuela es fundamental en el aprendizaje y la adquisición de buenos hábitos de vida y en la promoción de los mismos. Algunas escuelas están empezando a ofrecer un menú basado en alimentos ecológicos, de proximidad y temporada. ¿Existe concienciación a nivel de políticas de salud/educación?

Existen pocas políticas (lo cual es de una ceguera social tremenda) que recojan la importancia que significa una alimentación coherente (ecológica, de temporada y de proximidad) en los colegios. En algunas iniciativas, se trata de incorporar la fruta o las legumbres, aunque no se indica qué tipo de fruta, de legumbre o con qué frecuencia.

Aunque también existen casos de éxito donde la fuerza de voluntad de las AMPAS han hecho posible la puesta en escena de modelos de comedor que recojan las características de ecológico, de temporada y de proximidad, en estos casos lo que se ha visto que funciona muy bien es cuando los colegios presentan cocina propia, y l@s cociner@s se implican en el proceso. Bueno no sólo l@s cociner@s sino tod@s l@s actores del colegio, asumiendo cada uno de ellos el rol necesario.

  • Traslado la misma pregunta a las políticas hospitalarias. Se destinan partidas presupuestarias a la adquisición de la última tecnología para el diagnóstico y el tratamiento de la enfermedad, lo cual está bien, pero se omite la importancia del tipo y la calidad de los alimentos y de la dieta como pilar fundamental de la salud y como parte del tratamiento de la enfermedad.

En el caso hospitalario la situación se complica muchísimo más, el tema de la diversidad de las dietas, los costes de la comida, las exigencias de la individualidad de algunos alimentos (galletas, pan, aceite, etc.) son factores que complican mucho la puesta en escena de alimentos ecológicos en los centros hospitalarios.

Existe una tarea pendiente que consiste en evaluar cuanta de esa comida hospitalaria se tira directamente a la basura, eso nos daría información de lo insostenible que es ese modelo.

Pero además de esos factores, a veces existen unas incoherencias en los alimentos, que dejan mucho que desear. Por ejemplo, cuando se encuentra jamón de york en dietas blandas, sin caer en la cuenta que estos alimentos vienen con una carga en nitratos/nitritos altísima, que es lo menos adecuado para un enfermo con problemas en el estómago.

Creo que en los hospitales falta mucha conciencia del tema alimentario.

  • ¿Dónde sitúas a España en cuanto a concienciación, producción y cultura ecológica? ¿Qué países son referentes? ¿Qué podemos aprender de ellos?

La gráfica que aparece abajo se corresponde con los datos de evolución de la superficie de cultivo ecológico en España (primer país de la Unión Europea en producción). Estos datos son la estadística que recoge el Ministerio de Agricultura respecto al año 2015, el 2016 todavía no ha sido publicado. En el 2015 se han alcanzado las cifras más altas y la previsión del 2016 siguen con tendencias crecientes. Por lo tanto, a nivel de la UE, España es el primer país productor, y quinto a nivel mundial.

A nivel de consumo, los datos también han sido muy buenos, ya que el consumo interno en el 2015 en España se ha situado entre los diez primeros países de mayor consumo de alimentos ecológicos.

Teniendo en cuenta que las cifras estadísticas presentan el desfase temporal, los datos oficiales del barómetro de consumo ecológico en España nos dicen:

Que el gasto total de alimentos ecológicos en España en 2015, ascendió a 1.500 millones de euros, existiendo un 24,5% de incremento, respecto al 2014, aunque en el total sólo significa un 1,51% del total del gasto alimentario.

De los 1.500 millones de euros, el 77% del total (1.154 millones de euros) se destinó a la compra de alimentos de origen vegetal, de los que 769 millones son frescos y 385 millones elaborados. El resto (23% del total, es decir, 344 millones de euros) se destinó al consumo de alimentos de origen animal, 210 millones de euros a fresco y 134 millones de euros a elaborados.

Estas cifras prometen ir creciendo en los siguientes años y posicionan a España no solo como país productor sino también como consumidor de alimentos ecológicos.

NOTA: En los años 2012, 2013 y 2014 se excluye de los totales el apartado “6 Otras superficies” para homologarlo con los datos de Eurostat de dichos años. Según la definición de Eurostat en esos años, en el apartado “6 Otras superficies (cultivos específicos)” se incluían las superficies correspondientes a: Terreno forestal y plan tas silvestres (sin uso ganadero), Rosa de Damasco, Árboles de navidad y otras superficies no incluidas en ningún otro lugar. En lo s datos de 2015 no se excluye ninguna superficie de forma expresa.

Lo que podemos aprender de algunos países del entorno es la apuesta política, con programas de investigación que pueda ayudar directamente a productores y a potenciar el consumo.

  • Me gustaría que nos explicaras los peligros para la salud de los productos fitosanitarios y químicos utilizados en el cultivo convencional de cereales, hortalizas, vegetales y en la alimentación del ganado, producción de carne y productos lácteos. ¿Cómo afecta a adultos,  bebés,  fetos y  niños?

Según el Informe de la Relatora Especial sobre el derecho a la alimentación, en la Asamblea General de enero de 2017 en Naciones Unidas, se cita textualmente…

La evolución tecnológica en la fabricación de plaguicidas, entre otras innovaciones en materia de agricultura, ha contribuido sin duda a que la producción agrícola haya logrado mantenerse al nivel de los incrementos sin precedentes en la demanda de alimentos. Sin embargo, ello se ha logrado a costa de la salud humana y el medio ambiente, y al mismo tiempo el aumento de la producción de alimentos no ha logrado eliminar el hambre en todo el mundo. La dependencia de plaguicidas peligrosos es una solución a corto plazo que menoscaba el derecho a una alimentación adecuada y el derecho a la salud de las generaciones presentes y futuras.”

Se cita que los plaguicidas peligrosos implican un costo considerable para los Gobiernos y tienen consecuencias desastrosas para el medio ambiente, la salud humana y la sociedad en su conjunto, afectando a diversos derechos humanos y sometiendo a determinados grupos a un mayor riesgo de ver vulnerados sus derechos.

La exposición a plaguicidas se ha vinculado al cáncer, a la enfermedad de Alzheimer y a la enfermedad de Parkinson, a trastornos hormonales, a problemas de desarrollo y a esterilidad.

Los plaguicidas también pueden tener numerosos efectos neurológicos, como pérdida de memoria o de coordinación o reducción de la capacidad visual o motriz.

Otros posibles efectos son, por ejemplo, el asma, las alergias y la hipersensibilidad. Con frecuencia estos síntomas son muy sutiles y la comunidad médica puede no reconocerlos como un efecto clínico de los plaguicidas.

Además, los efectos crónicos de los plaguicidas pueden tardar meses o años en manifestarse tras la exposición, lo cual plantea un desafío importante a la hora de tratar de exigir cuentas y acceder a un recurso efectivo, incluidas intervenciones preventivas.

A pesar de que ha quedado bien demostrado el grave riesgo que numerosos plaguicidas constituyen para la salud humana, estos siguen utilizándose. Aun en los casos en que se ha prohibido o limitado su uso, el riesgo de contaminación puede persistir durante muchos decenios, y los plaguicidas pueden seguir acumulándose en las fuentes alimentarias.

En muchos casos, los posibles efectos sobre la salud de un plaguicida no se estudian ampliamente antes de que este salga al mercado, algo particularmente cierto en el caso de los principios “inactivos” que se añaden para aumentar la eficacia del principio activo del plaguicida, que pueden no someterse a pruebas y que rara vez se reflejan en las etiquetas de los productos.

Tampoco se ha estudiado debidamente la combinación de efectos resultante de estar expuesto a múltiples plaguicidas a través de los alimentos, el agua, el suelo y el aire.

Los niños son el sector de población más vulnerable a la contaminación por plaguicidas, puesto que sus órganos no han terminado de desarrollarse y porque, por su menor tamaño, están expuestos a mayores dosis por unidad de peso corporal.

Los niveles y la actividad de enzimas clave para destoxificar los plaguicidas son mucho menores en los niños que en los adultos. Entre los efectos para la salud que guardan relación con la exposición a plaguicidas durante la infancia cabe mencionar problemas en el desarrollo intelectual, efectos negativos en el comportamiento y otras anomalías del desarrollo.

Nuevas investigaciones están poniendo de manifiesto que la exposición a plaguicidas, aun en niveles bajos, como por ejemplo como consecuencia de su deriva en el viento o de residuos en los alimentos, puede resultar muy perjudicial para la salud de los niños, alterando su desarrollo mental y fisiológico y provocando, posiblemente, una vida de enfermedades y trastornos.

Las mujeres embarazadas que están expuestas a plaguicidas corren mayor riesgo de sufrir abortos espontáneos y partos prematuros, y sus bebés, de sufrir malformaciones congénitas. Estudios han constatado regularmente la presencia de diversos plaguicidas en el cordón umbilical y las primeras heces de los recién nacidos, probando la existencia de una exposición prenatal.

La exposición puede transmitirse desde cualquiera de los progenitores. El período más crítico para la exposición en el caso del padre es tres meses antes de la concepción, mientras que cuando más peligrosa resulta la exposición de la madre es a partir del mes previo a la concepción y durante el primer trimestre del embarazo.

Datos recientes apuntan a que la exposición a plaguicidas de las mujeres embarazadas lleva aparejado un mayor riesgo de leucemia infantil, así como de otros tipos de cáncer, autismo y problemas respiratorios. Por ejemplo, los plaguicidas neurotóxicos pueden atravesar la barrera placentaria y afectar al sistema nervioso en desarrollo del feto, mientras que otros productos químicos tóxicos pueden incidir negativamente en su sistema inmunitario aún por desarrollar.

Los plaguicidas también pueden llegar al bebé a través de la leche de la madre, lo cual resulta particularmente preocupante, dado que la leche materna es la única fuente de alimento de muchos bebés y el metabolismo de estos no está lo suficientemente desarrollado como para poder combatir productos químicos peligrosos.

Los plaguicidas también pueden bioacumularse en los animales de granja como consecuencia de piensos contaminados. A menudo se aplican insecticidas a las aves de corral y los huevos, y a su vez la leche y otros productos lácteos pueden contener diversas sustancias por bioacumulación y almacenamiento en el tejido adiposo de los animales. Esto resulta especialmente preocupante, puesto que la leche de vaca es a menudo un componente básico de la dieta humana, sobre todo en los niños.

  • Los agricultores son uno de los colectivos más vulnerables a sufrir el efecto de los plaguicidas en la salud: cáncer, enfermedades del sistema nervioso y degenerativas. Sin embargo, agricultores y ganaderos justifican el uso de fitoquímicos para poder garantizar la explotación y la producción. ¿Qué alternativas se pueden ofrecer? ¿Interesan?…

Lo más importante es que los agricultores y ganaderos entiendan que lo más importante es mantener el equilibrio en el sistema, y bajo estas condiciones no es tan necesaria la aplicación de plaguicidas. Pongo un ejemplo, cuando se abusa de la fertilización nitrogenada de síntesis, se produce un crecimiento más intensificado de los brotes tiernos de las plantas. Estos brotes tiernos son una base del alimento de los pulgones, por lo tanto una consecuencia inmediata del desequilibrio en la fertilización, conlleva la presencia de una plaga, si las condiciones climáticas son adecuadas también. Por ello, la base del control está en las buenas prácticas fertilizantes.

En cualquier caso, en los últimos años las empresas han desarrollado una amplia gama de compuestos de naturaleza orgánica y no de síntesis que se pueden emplear en la sanidad vegetal, como extractos de aceites esenciales, etc. Estas sustancias naturales se están aplicando con éxito en agricultura ecológica y convencional, siendo ya una alternativa más respetuosa con el medio ambiente y con los propios agricultores, como aplicadores de las sustancias.

  • ¿Existe algún estudio comparativo sobre alimentación ecológica vs alimentación convencional vinculado con epigenética y salud?

La mayoría de los estudios consideran que la salud es la razón principal por la que los consumidores compran alimentos orgánicos. Es difícil evaluar el impacto en los seres humanos, sobre todo, teniendo en cuenta que el consumo de alimentos orgánicos está fuertemente correlacionado con varios indicadores de un estilo de dieta y vida saludable, que también influyen en el estado de salud. Estos indicadores incluyen una ingesta de mayor diversidad de alimentos, comparativamente alta de frutas, verduras y productos integrales y un bajo consumo de carne, menor incidencia de sedentarismo, etc.

Algunos estudios in vitro han demostrado una mayor actividad antimutagénica y antioxidante (Crinnion, 2010), así como una inhibición más eficaz de la proliferación de células cancerígenas por alimentos orgánicos en comparación con alimentos convencionales.

La mayoría de los experimentos con modelos animales de laboratorio alimentados ecológicamente han demostrado diferencias significativas en el peso, el crecimiento, la fertilidad, el estado hormonal y el estado inmunológico versus los alimentados convencionalmente (Roselli et al., 2012; Średnicka-Tober et al., 2015; Velimirov et al., 2010), corroborando que no se trata sólo de cadenas de causa-efecto simples, sino más bien del pluralismo de interacciones entre redes biológicas de los animales, siendo uno de los causantes de estas diferencias, el mayor valor nutricional de las dietas ecológicas (Chhabra et al., 2013).

En un estudio realizado a 3000 niños alimentados con productos lácteos orgánicos durante la infancia y cuyas madres consumían productos lácteos orgánicos durante el embarazo se demostró que los niños tenían menos alergias o menos casos de eccema que sus respectivos controles, concluyendo que el mayor contenido en ácidos grasos beneficiosos en la leche ecológica como la posible explicación biológica para este hallazgo (Kummeling et al., 2008).

En otro estudio realizado a 28192 madres noruegas primerizas, con el fin de evaluar las asociaciones entre el consumo de alimentos orgánicos durante el embarazo y el riesgo de preeclampsia (estado patológico de la mujer en el embarazo que se caracteriza por hipertensión arterial, edemas, presencia de proteínas en la orina y aumento excesivo de peso), se observó una reducción significativa en la prevalencia de la preeclampsia, en las madres que informaron consumo frecuente de hortalizas ecológicas, mientras que no se encontró asociación con las otras madres que manifestaron ingesta no ecológica (Torjusen et al., 2014), debido a la no exposición a los pesticidas, a la mayor presencia de metabolitos secundarios y a la influencia de las hortalizas ecológicas sobre la composición de la microbiota intestinal.

Otros estudios han reportado asociación de dieta ecológica con menor incidencia de linfoma no Hodgkin (Bradbury et al., 2014).

En otro estudio donde se analizó la interacción de la ingesta en el riesgo de enfermedad cardiovascular, se evaluaron parámetros biométricos en 150 varones sanos y 50 pacientes masculinos con enfermedad renal. Los resultados indicaron que la dieta ecológica redujo los factores de riesgo cardiovascular tanto en individuos sanos como en los enfermos (De Lorenzo et al., 2010).

Algunos argumentos científicos sugieren un fuerte papel protector de la frecuencia de consumo de alimentos orgánicos con respecto al riesgo de parecer diabetes tipo 2 e hipertensión en varones (Baudry et al., 2015) y al riesgo de sobrepeso y obesidad (Kesse-Guyoy et al., 2017), concluyendo que las pautas nutricionales deben ser revisadas en función de las prácticas agrícolas ejecutadas en la producción de alimentos.

Afortunadamente en los últimos años se estás mostrando evidencias de las repercusiones de la ingesta de los alimentos ecológicos sobre la salud.

  • Teniendo en cuenta la contaminación de los suelos ¿Es posible una agricultura 100% ecológica?

Es posible, aunque constaría un poco de tiempo. La normativa de producción ecológica obliga que el tiempo que deben pasar los suelos cuando hacen la transición de agricultura no ecológica a ecológica es de 2 a 3 años, dependiendo del cultivo. Además, durante el proceso de transición se van realizando análisis a los suelos para evaluar el nivel de eliminación de las sustancias tóxicas.

Estos procesos pueden estar regulados en dos o tres años, pero los niveles nutricionales de los suelos, sobre todo, los de materia orgánica, tardan mucho más en alcanzarse, por eso son procesos lentos. Pero es mucho más eficaz ir cambiando a modelos no contaminantes, que seguir contaminando los suelos, con la aplicación de plaguicidas.

  • Muchas de las variedades de vegetales y hortalizas son cruces que se han dado de forma natural a lo largo de los años. No son alimentos “puros”, silvestres. ¿Como afecta empezar a cultivar de forma ecológica una variedad concreta de una hortaliza? ¿Es sostenible cultivar tantas variedades de tomate, por ejemplo?

Con la aparición de la agricultura hace unos 10000 años se inició un proceso lento, pero continuado de domesticación de las plantas, que ha desembocado en los actuales recursos fitogenéticos que tiene la humanidad a su alcance. En este proceso evolutivo milenario, se calcula que el ser humano ha utilizado más de 8000 especies vegetales comestibles. Esta coadaptación ha estado determinada por la localización de estas especies, que han evolucionado condicionadas por diversas circunstancias, como son las condiciones de clima y suelo, el tipo de cultura y el desarrollo de la agricultura en los diferentes territorios.

Esta especificidad ha sido la clave para el mantenimiento de la diversidad genética, posibilitando a su vez que fuera incrementándose. Esta diversidad de especies y variedades, adaptadas a cada zona y de elevada heterogeneidad, han dotado de gran estabilidad a los agrosistemas, ayudando a superar las diferentes problemáticas y circunstancias adversas presentes en cada época y territorio, dotando a su vez de una gran estabilidad productiva a lo largo del tiempo.

Efectivamente, fruto del trabajo de los agricultores a lo largo de los últimos 10000 años, las variedades tradicionales surgen por el continuo esfuerzo de éstos en la mejora de sus cultivos, lograda gracias a la constante observación de las complejas interrelaciones entre el cultivo, su entorno ecológico y la sociedad y cultura cambiantes.

De este modo, las variedades locales han sido modeladas poco a poco en las sucesivas generaciones para responder a unas necesidades y exigencias de los consumidores (calidad organoléptica: textura, sabor, presencia, etc.), unos requerimientos productivos (resistencia a enfermedades y plagas, adaptación climática y edafológica, etc.) y unas premisas agroculturales (buena producción de semillas y fácil reproducción, adaptación a los sistemas de riego y fertilización tradicional, etc.)

De este modo, siglos de selección natural y artificial han dado lugar a un patrimonio de una riqueza considerable en cuanto a ecotipos distintos, tantos como lugares y culturas diversas los han aprovechado.

La historia y origen de estas variedades definen por lo tanto sus características actuales. De forma general, puede decirse que son variedades de elevada calidad organoléptica y especialmente adaptadas a sus zonas de cultivo, tanto al tipo de suelo, como al clima y a las patologías típicas de la zona (debido a los criterios de presión de selección que se ha ejercido sobre ellas).

La agricultura ecológica comparte de forma general el carácter de agricultura de bajos insumos con la agricultura tradicional de donde surgen las variedades locales, por lo que supone un marco idóneo para su recuperación. El uso de estas variedades no sólo es factible, sino deseable y aconsejable en muchos aspectos.

Por un lado, el incremento de la diversidad agrícola es un objetivo per se de la agricultura ecológica, ya que es el medio por el cual se obtienen las funciones de estabilidad, control biológico de plagas y enfermedades.

Además, el dirigir esta diversidad hacia el uso de variedades locales fomenta otro de sus principios, el de revalorización de los saberes locales y tradiciones que suponen una herencia cultural considerable y constituiría un paso hacia la recuperación por parte de los agricultores de su autosuficiencia.

A diferencia de las semillas convencionales, en su selección han primado entre otros la calidad organoléptica, cualidad que los consumidores de productos ecológicos valoran especialmente. Por otro lado, el uso de estas variedades sería especialmente deseable en este tipo de agricultura en la región del Mediterráneo.

Por el momento la mayor parte de semillas comercializadas proviene de otros países, siendo desarrolladas para su cultivo en condiciones y lugares muy alejados a las prácticas hortícolas ecológicas aplicables en el ámbito mediterráneo, disponiendo en la actualidad de muy poca semilla ecológica autóctona.

En este contexto, el agricultor podría producir su propia semilla ecológica a partir de variedades locales, que por su origen están especialmente adaptadas a las condiciones agroclimáticas de donde surgieron.

Por ello, la agricultura ecológica necesita como estrategia de desarrollo, como herramienta de trabajo la diversidad cultivada. Y el manejo de esa diversidad es el elemento sustancial y sustantivo que realmente imprime carácter a la producción ecológica, convirtiéndola en una opción realmente de futuro para la agricultura.

Esta estrategia debe fundamentarse en el manejo del agrosistema como una totalidad, creando un agroecosistema más complejo y diverso, y por tanto de menor riesgo. Y dentro de este agroecosistema, el papel de la biodiversidad cultivada, y en concreto la utilización de las variedades locales supone uno de las bases principales para su configuración.

Por ello, es importante cultivar con variedades locales en ecológico e incrementar el número de ecotipos o variedades que se empleen, bien de tomate, pimiento, lechugas y de cualquier especie cultivada.

  • ¿Qué opinas de los alimentos transgénicos?

En primer lugar, no existen alimentos transgénicos, existen cultivos transgénicos que provienen de semillas transgénicas o genéticamente modificadas, pero el término “alimentos transgénicos” no existe.

Los cultivos pueden someterse a ingeniería genética a través de las semillas (organismos modificados genéticamente (OMG)), en algunos casos el objetivo es que los propios cultivos produzcan los plaguicidas. Los cultivos genéticamente modificados afectan a la salud humana, a insectos beneficiosos, a los ecosistemas de los suelos y a la vida acuática.

Por ejemplo, se han desarrollado variedades transgénicas de soja y maíz que son capaces de producir endotoxinas de Bacillus thuringiensis (Bt) que actúan como insecticidas. Si bien el uso de cultivos de Bt ha permitido reducir la utilización de insecticidas sintéticos convencionales, los posibles riesgos que estos cultivos plantean siguen generando controversia.

El mejor ejemplo de esa controversia generada por los cultivos genéticamente modificados es el glifosato, principio activo de algunos herbicidas, como Roundup, que permiten a los agricultores destruir las malas hierbas pero no los cultivos.

Si bien estos plaguicidas se han presentado como menos tóxicos y persistentes que los herbicidas tradicionales, existe una considerable división de opiniones acerca del efecto del glicofosato en el medio ambiente: algunos estudios han señalado efectos negativos en la diversidad biológica, la flora y fauna silvestres y el contenido en nutrientes del suelo. También existen preocupaciones con respecto a la salud humana. En 2015, la OMS anunció que el glifosato era un potente carcinógeno.

En Europa, la normativa referente a los cultivos genéticamente modificados ejemplifica el principio de precaución. Si se sospecha que una medida o política corre el riesgo de ocasionar daños a la población o el medio ambiente, en ausencia de consenso científico la carga de la prueba recae en quienes adoptan dicha medida o política, que deberán demostrar que no es perjudicial, esto es un arma de doble filo, porque en muchos casos los informes los realizan las propias empresas y curiosamente el resultado es favorable.

Por el contrario, en los Estados Unidos de América, el mayor productor de cultivos genéticamente modificados, la normativa sobre este tipo de cultivos ha seguido, por lo general, el concepto de “equivalencia sustancial”, conforme al cual un alimento o cultivo nuevo se compara con uno ya existente y, si es considerado suficientemente similar, se lo engloba en la normativa vigente.

Teniendo en cuenta sus probables efectos graves sobre la salud y el medio ambiente, existe una necesidad urgente de adoptar una normativa holística basada en el principio de precaución, en todos los eslabones de la cadena alimenticia, para hacer frente al proceso de producción con modificación genética y otras nuevas tecnologías a nivel mundial.

  • Teniendo en cuenta la contaminación cruzada por la polinización, y la contaminación de las aguas. ¿Es posible un cultivo libre de transgénicos?

Es tremendamente peligroso, como ya se comprobó con los agricultores ecológicos de Cataluña, que han tenido contaminaciones cruzadas y se han visto obligados a descalificar sus producciones de ecológico. O el caso de un agricultor norteamericano que tuvo una contaminación cruzada y la casa de semillas lo acusó por el uso de un material protegido con patente, cuando él no lo había empleado.

Ejemplos de este tipo ponen de manifiesto los grandes intereses y las fuertes dependencias económicas que hay detrás de estas semillas biotecnológicas y el alto riesgo todavía no evaluado del uso de semillas transgénicas en alimentación y agricultura.

La posibilidad de estar libre de transgénicos es prohibir su cultivo, porque no podemos controlar el resultado de un gen introducido en el ambiente.

  • ¿Qué plataformas de consulta, información y apoyo recomendarías a los ciudadanos para tomar decisiones de compra más conscientes?

Ante el gran número de informaciones y desinformaciones existentes, lo que yo aconsejaría es que contrasten la información, que no se queden con una única fuente.

Hoy en día incluso las revistas de investigación de alto nivel de impacto están muy sujetas a voluntades económicas y por tanto el publicar en una revista puede estar sujeta a voluntades no siempre imparciales.

Por ello, creo que no se pueden recomendar una u otra plataforma de información, sino que se contraste la información recibida.

  • De todas las líneas de investigación que podías haber escogido ¿Qué te motivó a elegir la alimentación ecológica?

Pues imagino que el azar y la necesidad. El azar por tener la suerte de encontrarme en mi camino con compañeros que ya tenían estrategias de peso en el área de la agricultura ecológica, y que me pude incorporar a sus trabajos y comenzar a plantear los propios.

Y la necesidad de contribuir con cuestiones que muy pocos investigadores estaban tratando en aquel momento.

  • ¿En qué estás trabajando actualmente? ¿Cuáles son tus proyectos, tus ilusiones?

Seguimos trabajando con las comparativas de composición, en pimientos, en lechugas, tomates, etc. Estamos finalizando una tesis doctoral que está evaluando calidad en el jamón en función del origen de la carne y el sistema de secado, y como novedad, estamos analizando más tipos de carne y alimentos elaborados.

  • ¿Cuál sería el decálogo para que el alimento sea nuestra medicina y no nuestro veneno?

1)        Ser muy diversos a la hora de comer, incorporando las variaciones tradicionales y las razas autóctonas, mejor adaptadas a las condiciones locales y que van a proporcionar alimentos más equilibrados, y con sabores originarios.

2)        Incorporar al menos tres veces por semana las legumbres ecológicas y en la medida de lo posible mezcladas con cereales.

3)        Disminuir la ingesta de alimentos cárnicos y cuando se consuman éstos, que sean de máxima calidad y ecológicos.

4)        Consumir con criterios de temporalidad.

5)        Consumir con criterios de proximidad.

6)        Limitar el consumo de alimentos transformados.

7)        Limitar el consumo de azúcar refinado.

8)        Cuando se consuman alimentos transformados que éstos contengan poco contenido en sal.

9)        Cuando se consuman alimentos transformados que los ingredientes de éstos no superen el número de cinco.

10)      Disfrutar de los sabores y los valores nutricionales adecuados de los alimentos ecológicos, sabiendo que con ello se contribuye al bienestar propio, al de la familia y al del medio ambiente. Los alimentos ecológicos contribuyen a mantener el equilibrio natural y por lo tanto no abusan de los recursos, sabiendo que éstos van a estar disponibles para las siguientes generaciones.

  • ¿Te gustaría compartir algo más con nosotros?

Creo que deberíamos tener muy presente de que el sistema actual (convencional) de producir alimentos es insostenible, por la gran dependencia de recursos fósiles y por sus consecuencias, en salud y medioambiente. Así que, si queremos apostar por un futuro hay que tener presente que ese futuro significa agricultura ecológica ¡desde ya!

* * *

Querida Lola:

Muchas gracias por tu tiempo y tu generosidad. Es un gusto darte la bienvenida a la familia del blog.

Seguiremos con atención tu trabajo, con la ilusión y la esperanza puestas en que tu testimonio genere cambios visibles, tangibles y absolutamente esenciales para la salud de las personas, y la sostenibilidad del planeta.

Abrazos y ¡hasta pronto!

Elena Lorente Guerrero

 

 

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