Annie Maclean, ‘Nurse Ruadh’

En una de las esquinas más remotas del mundo y sin previo aviso, Annie Maclean (1872-1939) me miró a los ojos y me invitó a contar su historia.

El ferry partió del Norte de Uist a primera hora de la mañana. El fuerte temporal había amainado y pudimos zarpar, puntuales, rumbo a Harris. La mayoría de los asientos estaban vacíos. A mediados de octubre el turismo es  testimonial, y excepto nosotros, el resto de pasajeros eran gente de las islas.

Avistamos Harris con las primeras luces de la mañana. Ante nosotros la última de las Hébridas por explorar, la más grande de todas y nuestra isla vecina más cercana. Es imposible visitarlas todas. Situadas al oeste de Escocia,  las Hébridas suman un total de más de quinientas islas y sólo unas cien están habitadas. Se dividen en Hébridas interiores y exteriores. Esta clasificación, que atiende a motivos geográficos, resuena en el Alma adquiriendo otro significado más profundo a medida que las recorres. Sin pedir permiso, su latido te enfrenta con tu ser interior y con tu yo exterior.

La atmósfera cargada de  historia y tradición, la cotidianidad de la lengua gaélica sumadas a  la fuerza telúrica de Lewis y Harris se van colando por los poros de la piel, y cuando menos te lo esperas, esa roca indómita y llena de contrastes te ha atrapado para siempre. Harris destaca por la belleza pura y salvaje de sus playas, solitarias en esta época del año. Sin embargo, fue Lewis la que nos cautivó.

La vida allí siempre fue dura. Los avances han mejorado la calidad de vida de sus habitantes, por supuesto, pero nada allí es del todo fácil. La pesca es uno de sus principales recursos económicos junto con la cría de ganado, el turismo y la producción artesanal de tweed.

En los terrenos que se extienden a ambos lados de las carreteras se distingue la turba (peat), combustible natural que tradicionalmente calentaba los hogares y que todavía se sigue utilizando, aunque menos.  El peat se continúa extrayendo, apilando y conservando siguiendo métodos tradicionales. Los jóvenes, los adultos y los ancianos trabajan juntos garantizando así la transmisión del conocimiento, las costumbres, la cultura.

Las black houses son una auténtica joya y un vestigio de la dureza de la vida en la isla. Si bien parecen mucho más antiguas, se remontan a fines de 1800 y estuvieron habitadas hasta mediados de los 70. Las lámparas de aceite fueron reemplazadas por electricidad a partir de 1952, y en la década de los 60 la canalización del agua llegó a la aldea, aunque para el uso diario no disponían de agua corriente dentro de las casas y tenían que  ir a buscarla a la toma exterior.  Una de las últimas resistentes de la aldea rechazó todas las mejoras excepto una, el teléfono. A mediados de 1970 solo cinco residentes vívían allí.  Una de ellas se cayó fuera de casa, yendo a por agua y se fracturó la cadera. Eso la obligó a abandonar la aldea para mudarse a otra casa con mejores condiciones y facilidades.

El fuerte espíritu de comunidad fue fundamental para  la supervivencia de los habitantes de la isla. Actualmente ese espíritu sigue presente formando parte de la cultura y la vida cotidiana. La colaboración y la ayuda mutua es imprescindible para garantizar la calidad de vida  en un pedazo de tierra sujeto a una climatología que condiciona y determina el día a día.

Conforme vas conociendo la isla y su historia, da la impresión de que el paisaje  no ha cambiado demasiado en los últimos cien años. No hay superpoblación, salvo en los meses de invasión turística, y han sabido mantenerse alejados de la tentación del cemento…

Buenos accesos y carreteras bien asfaltadas, aunque la mayoría siguen siendo “single track” (carreteras estrechas donde sólo pasa un vehiculo aunque sean de doble sentido). Recorrer un corta distancia puede llevar su tiempo. Esos mismos caminos, hasta no hace tanto, se recorrían a pie.

Un descubrimiento inesperado fue el pequeño museo de Uig. Allí nos recibió Alistair Pratt, voluntario a cargo aquel día y a quien agradezco desde aquí su amabilidad. Nos hizo sentir como en casa y me dio permiso para traducir y compartir la historia de Annie.

El museo de Uig es una joya. Recrea la vida y las tradiciones de las gentes que vivieron allí a lo largo de los siglos. Desde el interior de un hogar vikingo, hasta la cocina de una black house. Fotografías, mapas antiguos, herramientas, y una sección dedicada la riqueza geológica y arqueológica de la isla.

Los archivos están a disposición de todo el mundo. Un lujo poder bucear por los documentos, las fotografías, y la genealogía. El archivo dedicado a emigración fue impactante.  Muchas familias, debido a la pobreza extrema en la que vivían, se vieron obligadas a emigrar a Canadá a principios del verano de 1851. Unas  1770 personas  abandonaron la isla.

Leímos los pocos documentos recogidos sobre educación, y como ya debéis suponer, mi gran interés era encontrar la carpeta dedicada a la sanidad y a cómo estaban organizados los cuidados en el pasado. Había poco material al respecto, pero el gran tesoro fue leer el documento sobre la vida de Annie Maclean.

Y esta es su historia:

Nurse Annie Maclean – Uig Museum

Annie Maclean nació en Crowlista (Isla de Lewis) en 1872. Era la quinta de los nueve hijos de Peter Macleanen y Janet Morrison. Hacia finales de 1890, Annie dejó su hogar para formarse como enfermera en Glasgow.

Parte de su formación práctica fue en una Institución para el cuidado de personas con enfermedad mental. En 1903 obtuvo su compentencia como enfermera de salud mental, y se cualificó para asumir funciones como “District nurse”.

En 1905 completó su certificación como matrona y aquel mismo año aceptó un puesto como District Nurse en el Oeste de Uig. (En Reino Unido es la enfermera que visita y trata a los pacientes en sus hogares. Trabaja en un area específica o en asociación con un centro de salud).

Durante nueve años trabajó en este amplio municipio cuyo censo en 1911 era de 4.462 habitantes. El Oeste de Uig se consideraba muy difícl por las malas carreteras y porque la única forma de desplazarse era a pie. En aquella época no se consideraba necesario ni asequible  proporcionar un medio de transporte que facilitase el desplazamiento. Muchas aldeas no tenían acceso por carretera lo cual aumentaba enormemente la dificultad de atender rápidamente a los necesitados. Sin embargo, la enfermera Maclean siempre estaba a punto para aliviar la enfermedad o el dolor de aquellos que la llamaban a cualquier hora del día o de la noche, y a pesar de las inclemencias del tiempo. (Annie Maclean es la enfermera con sobrecarga de trabajo que el Dr. Ross mencionó en su testimonio durante la Comisión Dewar en 1912).

Entre 1906 y 1915, Annie Maclean, mayormente conocida como Enfermera Ruadh, caminó con la ayuda de un bastón a lo largo y ancho de Uig para atender a los enfermos. Su disposición alegre para ayudar era una virtud que en muchos casos tenía más valor para los pacientes que la prescripción médica. Siempre estaba contenta y sus bromas ayudaban a los pacientes a olvidarse de su sufrimiento, por lo menos, durante un tiempo.

“Soportó muchas dificultades e inconvenientes, y el clima fecuentemente era húmedo y extremo. Las llamadas para solicitar su visita solían realizarse en las noches más oscuras y a menudo se acumulaban con el consecuente conflicto para poder atenderlas todas. … pero ella  atendía  de buena gana y con prontitud cada llamada, al máximo de su capacidad, sin escatimar nada y a menudo sacrificando su propio descanso y bienestar para  brindar ayuda y alivio a los enfermos y a los que sufrían.” Fragmento de una de las cartas que el Presidente del Comité de Enfermería del Oeste de Uig, Rev. Macnive, envió a Annie Maclean:

Durante el tiempo que fue enfemera en Uig, el médico más cercano estaba en Garynahine. La población en general era muy reacia a llamarle porque era muy caro, lo cuál significaba que la Enfermera Ruadh era a menudo la primera y la única en atender las emergencias. A juzgar por todos los elogios que acumuló tanto en su vida como en su muerte, Annie Maclean debió ser una notable y excepcional persona.

En 1915 el Rev. Macnive escribió estas palabras:

“Entraba en los hogares de enfermedad y dolor como un ángel de la misericordia, cuya presencia traía esperanza y consuelo. Era fuerte y firme, gentil y amable, luminosa y alegre”.

Ese mismo año Annie fue nombrada district nurse y matrona de Tarbert (Isla de Lewis y Harris). Los habitantes de Uig al saber que se marchaba, se entristecieron mucho. Se sentían enormemente agradecidos por todo lo que había ello por ellos.

El ministro de la iglesia, Alan Mackenzie (Baile na cille), le entregó una bicicleta bonita y de buena calidad. El pago de la bicicleta fue gracias a una donación anónima.

Al acto de despedida asistieron Lady Belper de la casa de Uig, sus dos hijas, Mrs Macrae y Miss Dorothy, Master Kenneth Macrae, Mrs Macleod de la Casa Ardroil, Mrs and Miss Macrae de la granja de Timsgarry, Mr and Mrs Macleod de la escuela de Crowlista, Mrs Mackinnon y miembros de la parroquia de Uig.

El ministro agradeció públicamente sus nueve años de servicio en el municipio. Parece ser que Annie se sintió tan abrumada que no pudo articular palabra, y pidió al ministro que hablara por ella.

Él se dirigió a los asistentes y dijo que Annie se sentia profundamente conmovida por la amabilidad mostrada y que a pesar de haber sido llamada a trabajar en otra area, ella nunca abandonaría el municipio de Uig. Annie también quiso que supieran que nunca contraería matrimonio para poder tener la libertad, sin trabas, de dedicar su tiempo a su trabajo.

Todo el mundió aplaudió. El ministro sugirió que su decisión tal vez seria difícil de mantener, y se apresuró a asegurarle que “podría llevar su bicicleta, como propiedad privada, a un estado de felicidad conyugal, si esto sucediera”.

Durante los siguientes 25 años Annie Macleanen fue la enfermera y la matrona de los habitantes de Tarbert.

Las dificultades geográficas a las que se enfrentó en Tarbert fueron mayores si cabe, que las de Uig. ¡La “bicicleta Uig” fue muy útil en Harris! Aquí, de nuevo, gracias a sus inusuales cualidades y a su disposcición para ayudar, se ganó el cariño de los habitantes de la zona.

Disfrutó de su trabajo. Los años fueron pasando, pero la Enfermera Ruadh siguió activa e incansable. Trabajó junto al Dr. Ross durante el largo período de treinta y tres años. Annie fue fiel a su palabra y nunca se casó. Dedicó toda su vida a cuidar de los enfermos.

La enfermería que ejerció en Tabert debió ser  de la misma excepcional calidad y  nivel que en Uig porque después de su muerte, el 25 de Diciembre de 1939, las gentes de Tarbert mostraron su tristeza y gratitud por su devoto servicio proporcionando una lápida inscrita para su tumba en el cementerio de Ardroil.

Su muerte, aribuída a una mala caída a principios de Septiembre, fue llorada por un amplio círculo de amigos en Uig, Harris, y en todas partes. Todos se sintieron un poco más pobres por su pérdida. El cariño de los habitantes de Uig y Harris por Annie, su enfermera, acompañó tras su muerte a sus hermanos y hermana.

 * * *

Uig, Photo by JM Solé

El museo de Uig trabaja en la recopilación de información sobre las enfermeras de Uig. Un lujo que honren la memoria de Annie Maclean, Nurse Ruadh, su enfermera.

Huellas de luz….

Elena Lorente Guerrero

 

 

 

 

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Un pensamiento en “Annie Maclean, ‘Nurse Ruadh’

  1. Os recomiendo “The Island Nurse” de Mary J. MacLeod, novela autobiográfica de lectura fácil y agradable que narra la vida y las visicitudes de una District Nurse en una de las Islas Hébridas (real pero de nombre ficticio) a principios de los años 70. Una historia conmodevoda, con toques de humor para los amantes de la novela costumbrista. Muy interesante para las Enfermeras. Bien podría haber sido la enfemera que recogió el testigo de Annie Maclean…
    https://www.penguin.co.uk/books/109/1091427/the-island-nurse/9781845967901.html

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