Javier Expósito y sus “Juegos de empeño y rendición”, el nuevo desafío para el Alma

Queridos Amigos:

Nuestro poeta y escritor de referencia, Javier Expósito Lorenzo vuelve a desafiarnos con Juegos de empeño y rendición, su nuevo libro.

La presentación será el próximo 29 de septiembre a las 20h en la Librería Los Editores (C/ Gurtubay 5, Madrid) y contará con la presencia de Daniel Restrepo, directivo del sector de la Acción social y escritor y del músico, Suria Pombo. 

Por si alguno duda de que Javier nos reta y pone a jugar a nuestra Alma, con su permiso, compartimos el texto de la contraportada.

“¿Por qué te empeñas?
Porque soy yo…
Pues deja de ser tú…”

Querido lector, ¡es hora de quitarse la máscara! Acabas de comenzar
tu juego de empeños y rendiciones. Vas a emprender un viaje
interior en el que necesitarás valor, y del que no vas a quedar
indemne. Entrarás por un laberinto de espejos en los que, quizá, te
reconozcas, y del que sólo podrás hallar la salida si aciertas a seguir
tu propio hilo de Ariadna a través de las sincronías. ¿No lo sabías?
Esta vida es un juego que nos tomamos demasiado en serio, y en el
que a cada empeño de nuestro ego, se sucede una rendición,
consentida o no.

Javier Expósito nos invita a una aventura literaria y espiritual
insólita, en la que luz y sombra, acción e inacción, femenino y
masculino, juegan a fusionarse de principio a fin en un continuo
diálogo con el corazón y el alma del lector. Ya en la desembocadura,
dejados a lo que venga, las Siete Leyes de la Rendición dan sentido
para surfear las olas de la vida en un homenaje a la sabiduría
milenaria de los maestros egipcios.”

La polaridad de la vida encarnada es el eje sobre el que gira la obra de Javier Expósito, una búsqueda incansable del Santo Grial que se ve expresada tanto en sus libros como en su próximo proyecto,  “Audiolibros, Palabras para sanar: joyas de la sabiduría sagrada“, con el que junto al músico Suria Pombo, desea hacer cercana y asequible a todos los públicos la sabiduría ancestral. Aquí os dejamos un pequeño adelanto: https://suriapombo.bandcamp.com/album/dhammapada-2

Estamos encantados Javier y desde aquí además de felicitarte, te agradecemos de corazón las palabras para sanar que nos regalas en tu blog Almario de palabras, alimento para el Espíritu. http://www.fjavierexpositolorenzo.es/ @FJexpositoloren

¡Te deseamos todo lo mejor!

 

juegos-de-empeno-y-rendicion-libro

Abrazos,

Elena Lorente Guerrero

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Gabi Heras y el lenguaje del corazón: La Revolución de la Emoción

Queridos Amigos:

El Foro Premios Albert Jovell 2016 fue el evento donde el pasado mes de Junio Gabi Heras nos emocionó de nuevo con su maravillosa ponencia LA REVOLUCIÓN DE LA EMOCIÓN. Ahora que ya está disponible y además con subtítulos en inglés, es un honor compartirla con vosotros.

Ya sabés que no hay secreto en Gabi, ni trampa ni cartón, tampoco trucos de ilusionista. Su magia reside en algo tan simple, tan humano, y  tan valiente como es abrir el corazón y desnudar el Alma para hablar de lo que nos une a todos.

Hace un tiempo, conversando con él, le dije que sea cual sea el lugar o las personas a las que se dirija, todos conectamos de inmediato con su mensaje porque Gabi tiene el don de hablar con el único y verdadero idioma universal que existe.

“El Lenguaje del Corazón”, me dijo.

Simplemente hermoso ¿Verdad? Disfrutad de esta profunda reflexión sobre la vida y la muerte, sobre el Amor y la Compasión, sobre el  Cuidado de lo Invisible

Seguimos aprendiendo  de ti tu hermoso mantra para la vida:

LO QUE NO SE DA, SE PIERDE –

gabi-heras-la-revolucion-de-la-emocion

¡Gracias Gabi!

Abrazos,

Elena Lorente Guerrero

 

Septiembre de Luz, Septiembre Wonder con TEDxValladolid

Queridos Amigos:

Septiembre viene cargado de luz, emoción y conocimiento. Coincidiendo con el 130 aniversario del nacimiento de Edward Bach, el próximo 24 de septiembre se celebrará el gran evento TEDxValladolid 2016 que de manera voluntaria y altruista organiza Belén Viloria, a quien pronto tendremos el placer de conocer en profundidad.

Este año TEDxValladolid se organiza en torno a una idea: WONDER,  una celebración de la vida:

Preguntarse, preguntarse y preguntarse, querer siempre saber más, cuestionarse todo, …. WONDER … Dejarse maravillar y asombrarse por la vida … WONDER, … y reflexionar sobre todo lo observado y vivido… WONDER, es lo que nos lleva constantemente como humanidad a avanzar, a no conformarnos, a descubrir y a ir más allá.

El Programa es una auténtica maravilla. Está  lleno de actividades donde tú también eres el protagonista,  y co-creador de tu experiencia WONDERDescubre aquí el programa.

Este año además vuelve Gabi Heras quien, después de haber puesto en pie al público con su charla “El cuidado de lo invisible en 2015  y haber incendiado más de 33.500 corazones desde entonces, sigue adelante con la Revolución de la Emoción. 

¿Te atreves a re-imaginar la experiencia de la muerte? Esta es su propuesta para el LABs interactivo:

 Fotografía cedida por Gabi Heras para Detotsselscolors

TEDxValladolid LAB “Re-imaginemos la experiencia de la muerte” con Gabi Heras.

“Un tema normalmente tabú, del que no se suele hablar y por tanto tampoco pensar, ni decidir tranquilamente y con anterioridad sobre cómo, si tenemos ocasión, nos gustaría vivir este paso cuando es algo inevitable para todos e inherente a la vida y cuando estadísticamente la mayoría de nosotros moriremos en hospitales o instituciones, lugares diferentes a nuestra casa.

Este LAB con Gabi Heras será precisamente para dedicarnos a nosotros mismos un poco de tiempo a analizar, reflexionar y proponer ideas de cómo nos gustaría vivir esta experiencia.”

Desde aquí os animo a participar de TEDxVAlladolid 2016, una experiencia maravillosa llena de luz, emoción y conocimiento, porque sólo desde la emoción se puede aprender.

Abrazos,

Elena Lorente Guerrero

 

 

 

 

 

 

Vive en directo “La Revolución de la Emoción” con Gabi Heras, mañana en el Foro de Premios Albert Jovell 2016

Queridos Amigos:

Mañana se celebrará en la Universitat Internacional de Catalunya la II Edición del Foro de Premios Albert Jovell, un evento en el que Salud y Ciencia se escriben con A de Afectividad, E de Efectividad y sin duda, con H de Humano.

Podéis consultar aqui el programa del evento y además vivirlo en directo de 10h a 14h a través de streaming pinchando AQUÍ.  La grandeza y el legado del médico y humanista Albert Jovell siguen vivos en todos los que de un modo u otro trabajan en la misma sintonía, por y para las personas con ilusión, inspiración, y compromiso.  ¡No os lo podéis perder!

A las 11:10h Gabi Heras-Proyecto HU-CI nos hablará del Modelo AFECTIVO-Efectivo en su ponencia “La Revolución de la Emoción“. Gabi ya nos incendió el Alma con “El Cuidado de lo Invisible” en su TEDxValladolid, y mañana sin duda, volverá a hacerlo.

Ya sabéis, Gabi va directo al corazón con sencillez,  humildad, y profundidad. Citando al gran poeta Miquel Martí i Pol, tiene el don de hablarnos con las palabras del día a día, con palabras que tienen que ver con Conocer y Amar.

Querido Gabi, mañana TODOS estaremos contigo, en presencia y en espíritu. Sigue adelante bajando el cielo a la tierra, inspirándonos, caminando los pasos que ya están escritos con A de Amor y con H de Humano.

Abrazos,
Elena Lorente Guerrero

Gabi Heras, Proyecto HU-CI y #Humaniza conquistan el corazón de Barcelona

De tots els Colors- Bringing Colour to NursingQueridos Amigos:

#Humaniza depende de ti, de mi, de todos los que vibramos con la “H” que gracias a Gabi Heras y a Proyecto HU-CI ha dejado de ser una letra muda.

Paso a paso, ponencia a ponencia, entrevista a entrevista, la revolución de la emoción está despertando muchos corazones. Fuimos testigo de ello en Jaén, durante la tercera jornada de evidencia, e-salud e innovación en salud y cuidados. Os dejo aquí la ponencia de Gabi que como siempre inspira, provoca y nos inunda de Amor.

Y es que Proyecto HU-CI y la H de #Humaniza son imparables. Gabi Heras y el cuidado de lo invisible conquistaron el corazón del periodista Miguel Castro Uceda que se implicó con #humaniza dirigiendo la magnífica entrevista entre Alfonso Bassave y Gabi Heras para A punto con la 2 – Proyectos solidarios – Humanizar las UCI; un precioso regalo de Reyes que puedes ver AQUÍ.

Y ayer Miguel nos regaló la segunda entrevista, tan bella, sensible y comprometida como la primera. Gabi Heras nos volvió a emocionar con su luz,  LUZ de la que nunca se apaga, y cambia el mundo.

Hubo algo más que  a mi  personalmente me llamó la atención y me conmovió; los ojos de Miguel Castro eran una ventana abierta, el brillo y la sonrisa desbordaban su mirada. El Alma en llamas se le escapaba por los ojos… pura vida.

Aquí os dejo el enlace de la entrevista. ¡A disfrutar!

En llamas estuvo también ayer la ciudad de Barcelona celebrando los premios HUMANIZAR del Centro de Humanización de la Salud, entregados en la Fundación Pere Tarrés. Proyecto HU-CI recibió el premio HUMANIZAR por iniciar un sano contagio promocionando la humanización en las UCI. Desde aquí, ¡Muchas Felicidades a todo el equipo!

Premios humanizar

Y el incendio en Barcelona sólo acaba de empezar. Estamos a menos de un mes de las #2JHUCI II Jornadas de Humanización de los Cuidados Intensivos que se celebrarán los próximos 26 y 27 de mayo.

Si vibras en sintonía con la H aún estás a tiempo de inscribirte. Ya sabéis que es un encuentro abierto a todo el mundo, no sólo a los profesionales sanitarios, porque #humaniza depende de todos, depende de ti.

Me despido con una des las frases que acompañaron la infancia de los de mi quinta. “No se vayan todavía…, ¡aún hay más!”.  Más, mucho más, nos espera con Gabi Heras y Proyecto HU-CI. Teniendo claro el Norte… llegaremos hasta el Infinito… y ¡más allá!

Abrazos y Feliz fin de semana,

Elena Lorente Guerrero

 

 

 

 

Entrevista a Joe Taylor, Enfermero Psiquiátrico Comunitario en Wester-Ross, Escocia: “Tenemos que conectar estrechamente con las personas. Estar ahí para ellas. Esa es la Esencia de la Enfermería “.

Es un reto para mi presentaros a Joe Taylor, Enfermero Psiquiátrico Comunitario con un amplísimo bagaje. Joe es el tipo de Enfermero con el que a todos nos gustaría trabajar para aprender de él cada día. Conocimientos, habilidades, experiencia, delicadeza y sentido común, ¡Casi nada!

Joe trabaja en las Comunidades de las Tierras Altas escocesas acompañando a personas con demencia y a sus familiares, ayudándoles a hacer frente a los desafíos del día a día.

Es un placer darle voz para conocer su trabajo con personas con demencia. Al mismo tiempo, nos brinda la oportunidad de conocer una realidad diferente a la nuestra, y el rol fundamental de las Enfermeras especializadas en Salud Mental.

Nos habla también de los cambios en los servicios de salud mental a lo largo de los años, de cómo han ido evolucionado acercándose a la gente,  a la atención comunitaria, que es donde transcurre la vida real.

Disfrutad de Joe y de su naturalidad para hablar toda una vida dedicada al cuidado de los demás, una carrera gratificante, una vida con sentido.

Soy Enfermero Psiquiátrico Comunitario. Incialmente el trabajo en Wester Ross estaba orientado a cualquier persona mayor de 65 años que tuviera un problema de salud mental. Pero esto cambió hace poco  y he pasado  trabajar con personas con demencia o sospecha de demencia. Cubro la totalidad de Wester Ross en Escocia.
 
Mi trabajo consiste en valorar a la persona que siente que tiene un problema, o si su familia nota que puede haber un problema y decide consultar. Generalmente visitan a su médico de familia que se pondrá en contacto con nosotros. Hago una valoración  y dependiendo de lo que encuentro, se inicia el proceso de diagnóstico. Christine McCallum, Trabajadora de Enlace en Demencia, participa tan pronto como puede, muy a menudo antes del diagnóstico, por lo que tenemos preparado el paquete completo de cuidados tan pronto como nos es posible.
 
  • ¿Qué ocurre después de que un persona es diagnosticada de Demencia?
 Ser diagnosticado de demencia es un gran problema, un enorme problema para las personas, hay muchas cosas en las que pueden necesitar ayuda. Puede ser que necesiten apoyo emocional, mucha comprensión y mucho que aprender tanto la persona con demencia, como la familia, marido, esposa, hijos que van a cuidar de su ser querido. Apoyo, asesoramiento en torno a las finanzas, las cosas legales, tratamiento, pronóstico. La gente suele preguntar: “¿Cuánto tiempo voy a vivir?Hay tantas cosas que la gente puede necesitar.
  • Acompañar y tranquilizar es fundamental.
 En cierto modo es un trabajo difícil de explicar porque aunque puedas idear en tu cabeza lo que vas a hacer, obviamente, trabajando con personas hay cosas surgen de la nada, te piden ayuda con cosas que no anticipaste, a veces hay que ayudarles a afrontar graves crisis.
 
  • ¿Qué desean los familiares de personas con demencia?

Las familias quieren cuidar a la persona con demencia durante el mayor tiempo posible, quieren que se queden en casa tanto como posible y hacer todo lo que esté en su mano para cuidarlos. Así, una gran parte de nuestro trabajo consiste en ayudar a que lo hagan, pero la naturaleza de la demencia hace que los cambios sean a veces dramáticos y los requisitos de cuidado de la persona cambia muy rápidamente. Las familias siguen haciendo todo lo posible para manejar la situación, pero puede hacerse evidente que ha dejado de ser una opción realista.

Así que a veces lo adecuado es negociar con la familia acerca de cuáles son los cuidados más adecuados para su familiar y probablemente el consejo que damos es el consejo que en realidad no quieren oír. “Debo decirle que la atención que necesita su ser querido está más allá de sus posibilidades en este momento, sé que quiere continuar cuidándole pero usted se está agotando, la cantidad de tiempo que le exige actualmente ya no corresponde a una perspectiva realista.” Eso es muy difícil de decir porque no quieren  escucharlo.

 
De todos modos, me he dado cuenta de que la gente quiere saber la verdad, la realidad de lo que está pasando. Quieren saber a que se enfrentan, cuáles sonn los desafíos, no con crueldad por supuesto, pero sí con amabilidad y de tal forma que lo puedan entender. Intento ayudar a la gente a afrontar la realidad de su situación.
 
Hace años Enfermería tendía a ser más paternalista, como si nosotros supiéramos más, tratando de proteger a la gente, y ese tipo de cosas. Pero ya no actualmente, se trata de ayudar a la gente a hacer frente a lo que está ocurriendo.
 
Por otro lado, a veces los cuidadores se sienten  bastante aliviados cuando les decimos que las cosas deberían cambiar. Sienten que tienen permiso para dejar de estar pendientes las 24 horas del día.
 
  • Nos cuentas que son muchos los retos a los que se enfrenan las personas con demencia y sus familiares, y probablemente de vez en cuando tendrás que darles malas noticas ¿Cuáles son tus fortalezas, tus habilidades para hacerlo?

Se me da bien comprender la situación desde el primer momento, tengo mucha experiencia, he hecho este trabajo durante muchos años y eso ayuda. Probablemente comprendo a las personas que están pasando por este tipo de situación.

Me importa lo que hago y creo que los demás se dan cuenta de ello, lo cual  realmente ayuda porque cuando hablo con ellos están más predispuestos tanto a escuchar como a hablar ya que notan que me intereso sinceramente.

Soy muy bueno escuchando a las personas e interpretando lo que intentan decir cuando a veces les cuesta hacerlo. Naturalmente, poner  en palabras los pensamientos y los sentimientos sobre la situación que están viviendo puede ser difícil para ellos, y es mi trabajo ayudarles a hacerlo.

Christine Mccallum: “Jose se pone a trabajar en el caso tan pronto como alguien manifiesta un problema, o si hay una crisis. Jose es muy honesto y cuidador.”

Intento tratar a las personas como los seres únicos que son y no como alguien con una etiqueta relacionada con salud mental. No intento de rescatar a nadie con el objetivo de mejorar las cosas, porque no se trata de eso. Tienes que desarrollar una forma de pensar para poder seguir adelante con tu trabajo, pero es muy gratificante.

  • Cuidados centrados en la persona y en la familia.

, se trata de tratar a las personas como personas. Si se trata a las personas como seres humanos con sentimientos, con opiniones, la relación es más constructiva.

Creo que lo hacemos bien. Christine y yo nunca tratamos a la persona con demencia de forma aislada, trabajamos con la familia siempre que podemos. Los familiares no nos dicen: “No sabemos lo que está pasando, nadie nos lo ha explicado”. Siempre les mantenemos informados y participan en las decisiones.

Ciertamente estamos atentos a la salud mental de la familia. Sabemos que los cuidadores son muy propensos a los problemas de salud mental debido a la tensión mantenida a la que están sometidos.

Les aconsejamos, nos aseguramos de que los cuidadores hagan descansos, aunque sean cortos, de tan sólo una hora, y obviamente alargándolos más a medida que pasa el tiempo. A menudo, darse esos descansos es muy difícil para los cuidadores  porque sienten que deben ser ellos los que cuiden todo el tiempo de su familiar, nadie lo hará tan bien como ellos, lo cuál es probablemente bastante cierto, pero si los cuidadores no descansan de vez en cuando, se agotarán y entonces si que puede derrumbarse todo.

Les ayudamos a manejar su propia ansiedad, comprobamos si las personas están deprimidas, ese tipo de cosas. Afortunadamente aquí, Andre du Plessis y Helen Robertson, nuestros trabajadores sociales, son extremadamente serviciales y muy comprensivos con las necesidades de las personas. Esto hace que el trabajo sea mucho más fácil ya que tienden a involucrarse desde el principio, y eso es bueno.

Una de las ventajas de trabajar en comunidades tan pequeñas es justamente el tamaño de la población. No estamos tratando con miles y miles de personas, grandes comunidades donde la gente puede desaparecer. Trabajamos con un número de comunidades rurales, aldeas, o incluso comunidades más pequeñas que una aldea, donde nadie es anónimo, oímos hablar de la gente, la gente sabe de nosotros, no suele perderse nadie en el olvido.
 
  • Vivir en una comunidad pequeña tiene las ventajas que mencionas. Sin embargo, al mismo tiempo, puede ser difícil en términos de estigma para las personas que no llevan bien todo lo relacionado con la demencia, o cuando en algún momento, no pudiendo ocultar más la situación, necesitan ingresar en una residencia. ¿Cómo enfocas esos aspectos?

Hablamos con cualquier miembro de la familia que quiera hablar y escuchar, los niños de la familia, por ejemplo. Cuanta más gente entienda lo que está pasando, mejor será para la persona con demencia.

Es difícil de predecir, ¿verdad? Algunas personas cuando van a una residencia mejoran enormemente debido a que reciben apoyo continuamente, el aspecto social de los cuidados también ayuda, siguen adelante con su vida.  Sin embargo, las personas que han vivido solas o sólo con otra persona durante toda su vida, de repente se encuentran en una situación comunitaria lo cual supone mucho trabaajo de adaptación.

  • Cuando llega el momento y la persona con demencia necesita 24 horas de cuidados en una residencia. ¿Seguís acompañando y cuidando a los familiares?

Sí. Tratamos de mantener el apoyo durante el tiempo que lo necesiten y mientras podemos. Una vez más, tener a Christine en el equipo hace que todo esto sea mucho más factible.

Nosotros no vamos con una especie de paquete de aprendizaje estándar para las personas, no creo que esa se la mejor manera de hacerlo. La gente ya posee de antemano sus propias habilidades. Creo que tiene que ver más con ayudar y apoyar a las personas para que puedan encarar los problemas a medida que se presentan.

Podemos tratar de prepararles para lo que pueda venir, pero las cosas surgen de la nada, de no sabes dónde, y la gente se asombra, se sorprende, y ese es un buen momento para enseñarles cómo hacer frente a esas circunstancias particulares.
 
Una vez más, una de los aspectos que siempre emergen en la atención a la demencia es que todo el mundo tiene que adaptarse constantemente porque no es una condición que se mantenga estable, cambia continuamente, por lo que la atención y los retos para las personas con demencia también cambia todo el tiempo.
Por lo tanto, el cuidador nunca puede anticiparse para hacer frente a cada problema que pueda surgir, es imposible. Esa es otra razón por la que necesitamos estar en contacto, para mantener canales de comunicación abiertos y poder apoyarlos cuando lo necesiten, bien sea por un problema de incontinencia, un aspecto particular de la conducta o de comunicación.
  • En ocasiones las personas pueden olvidarse de sus fortalezas, de como solían hacer frente a los problemas.
A veces es fácil que los cuidadores se puedan sentir abrumados por una sucesión de problemas. Podemos ayudar a las personas a concentrarse en áreas concretas sobre las que puedan tener alguna influencia.
 
Una de las cuestiones sobre demencia es que a veces no existe una solución, no hay un modo eficaz de encarar  un problema concreto de comportamiento, eso es algo difícil de aceptar para la gente. Por ejemplo, muy a menudo voy a hogares de ancianos y residencias para aconsejar sobre aspectos particulares de comportamiento. Revisamos todo lo que han estado intentando y a veces, no hay una solución, y la gente tiene que seguir haciendo lo que puede. No es culpa suya.
 
  • Háblanos de tu trayectoria profesional. ¿Por qué quisiste ser  enfermero? ¿Por qué te has dedicado a la salud mental?

Nací y crecí en el Gloucestershire rural, el quinto de cinco hijos. Mi madre y mi padre no tenían demasiados estudios y nos animaron mucho a que nosotros lo hiciéramos mejor. No fui un gran estudiante en la escuela, tenía capacidad pero no demasiado interés en nada en particular a parte de la literatura y el futbol, me hice fan del Chelsea y 50 años después, lo sigo siendo.

 
Cuando dejé la escuela no tenía una idea clara sobre mi futuro. Me formé como un maestro, ya que me pareció buena idea, y me gustó mucho, pero nunca encontré un trabajo fijo. Trabajé durante unos años en los tribunales de justicia en Inglaterra, pero sabía que eso no era lo mío. Me gustó no estudiar por un tiempo, pero al cabo de unos tres años pensé en que me gustaría formarme como Enfermero especializado en salud mental. No sé realmente porqué, sonaba interesante y quería una construir una trayectoria profesional. Como profesor aprendía a poner las ideas en palabras y se me daba bien escuchar, así que tal vez podía ser una buena opción para mi.
 
Tenía 26 años, me formé en Hereford, Inglaterra. En aquellos días la escuela de enfermeríaJoe formaba parte de los grandes hospitales, así que la formación estaba conectada al hospital. Pasé por muchos servicios,  la mayoría en el hospital. Tuve mi primera experiencia en Enfermería Comunitaria en el segundo año y me gustó, esto es lo que quiero hacer.
 

Quería trabajar como Enfermero Psiquiátrico Comunitario (EPC) tan pronto como pudiera y después de trabajar en planta durante 6 meses, lo solicité. Me quedé en ese trabajo durante 18 meses. Pude promocionar profesionalmente y acepté un trabajo en el este de Cumbria, Kirkby Stephen, una pequeña ciudad del tamaño aproximado de Ullapool, donde nunca había habido un EPC antes. Esto fue hace más de 30 años, cuando la idea de que hubiera servicios de salud mental comunitarios justo empezaba.

Cuidé a personas con todo tipo de enfermedad mental, problemas con drogas y alcohol, demencia, todo. Fue una experiencia fantástica, teniendo en cuenta que trabajé por mi cuenta, sin ayuda, durante nueve años. Para entonces, otros servicios llegaron a la zona y el servicio de salud mental evolucionó.
 
Me dediqué a la gestión durante algunos años dirección de equipos y gestión de unidades de salud mental. Estaba muy contento de volver a la enfermería clínica, en la costa oeste de Cumbria, en un lugar llamado Millom. Estuve allí durante 4 años, construí un nuevo equipo, pero finalmente sentí que quería un cambio.
 
Para entonces mis hijos ya eran mayores, yo tenía 50 años, podría retirarme a los 55 y siempre había querido trabajar en las Highlands. Surgió una oportunidad de trabajo como asesor para aconsejar a un equipo de dirección y a los equipos comunitarios pero no resultó ser un buen trabajo. La gente era muy hospitalaria y amable, pero los gestores, algunos de los altos directivos por lo menos, pensaban que sabían más que yo sobre salud mental y mi consejo era la mayoría de las veces ignorado.
 
Los gerentes locales fueron mucho más receptivos e hicimos buenas cosas juntos. No había disfrute ni satisfacción en el trabajo así que tan pronto como pude me fui a trabajar con el equipo de Salud Mental Comunitaria en Skye y Lochalsh, y más tarde en Wester Ross también. Volví a  donde pertenecía.
 
Con 55 años, después de 30 años de servicio, me jubilé, pero regresé a tiempo parcial como asesor contratado por un año. A los 6 meses me dijeron que no habría más fondos al final del año, pero afortunadamente para mí, mi trabajo actual quedó vacante en Wester Ross y tuve la suerte de empezar a trabajar aquí en octubre de 2010.
 
Joe tienes una imagen completa de como ha ido evolucionando la atención a la salud mental de las personas y lo necesario que es seguir invirtiendo en investigación y mejorar en recursos y apoyo.
  • ¿Qué desafíos nos plantea la demencia?
Históricamente en el Reino Unido los servicios de salud mental han recibido pocos recursos, ha sido siempre la Cenicienta de los servicios. La mayor parte de nuestro dinero todavía se gasta en hospitales, mientras que prácticamente todos los problemas de salud mental están en la comunidad. Necesitamos camas de hospital, por supuesto, pero una buena atención y recursos suficientes en la comunidad mantienen a la gente fuera del hospital.
 

Hay cosas muy importantes que han mejorado mucho. Cuando vuelvo la vista atrás, al inicio de mi carrera comparándolo con ahora, las cosas han cambiado enormemente. Cuando empecé teníamos salas de hospital llenas de personas con demencia, esas unidades ya no existen. Existe un mayor entendimiento de la demencia, pero todavía dependen de tener suficientes recursos tanto económicos como humanos para hacer el trabajo.

 
La función del médico de cabecera es importante. Nuestro trabajo, nuestro día a día está en estrecha colaboración con los médicos y con las familias. Muy a menudo nuestro trabajo es estar justo en el hueco que existe entre el punto de vista del médico y el de los familiares de la persona con demencia. Interpretamos ambos puntos de vista para asegurarnos de que todo el mundo comprende lo que está pasando.
 
Hasta hace muy poco tiempo formábamos parte del equipo de salud mental comunitario en la atención a adultos junto con la parte de adicciones, drogas y alcohol. Históricamente ha sido así porque la demencia no estaba en la agenda de nadie. Sin embargo, la estrategia sobre demencia en Escocia deja claro que la demencia es cosa de todos, no sólo los servicios de salud mental.
 
Como profesionales especializados en demencia nos daba la impresión de estar demasiado aislados dentro del equipo de salud mental. Para ser más eficaces lo verdaderamente necesario es integrarnos mucho más estrechamente con los trabajadores sociales, las enfermeras comunitarias, los médicos y el sector de la beneficencia. Ahí es donde las personas que se ocupan de la demencia y sus familias pasan más tiempo, así que tenemos que estar allí también. Nuestra relación con los colegas siempre fue buena, pero ahora es mucho mejor.
 
Por lo tanto, ahí es donde estamos ahora, mucho más cerca de la comunidad, de las personas,  en lugar de estar dentro del Equipo de Salud Mental Comunitario, un gran cambio. Lo es especialmente para mi por mi larga experiencia, 30 años trabajando en Equipos de Salud Mental Comunitaria empleando mucho tiempo y energía en la construcción y el desarrollo de los mismos. No obstante, las cosas cambian rápidamente, de modo que tenemos que asegurarnos de adaptarnos para no quedarnos atrás.
 
  • ¿Qué aconsejarías a las Enfermeras noveles ahora que justo empiezan su carrera profesional?

Que sean pacientes con ellas mismas. Es un trabajo difícil, en realidad no empiezas a aprender hasta que estás trabajando, cometiendo errores y haciendo cosas bien. Así que tengan pacienci. Que no se dejen deslumbras por las últimas teorías maravillosas, que pueden funcionar por un tiempo, puedes aprender algo útil de ellas, pero lo esencial del trabajo no cambia.

 
Nuestro éxito como enfermeras tiene que ver con que las personas sepan que nos importa lo que les pasa, de ahí nace el verdadero beneficio que obtienen de la enfermería. La gente sabe No estoy sólo afrontando este enorme problema, alguien me entiende y está haciendo todo lo posible para ayudarme. A veces hay mucho que podamos hacer mucho por ellos, pero la gente lo comprende y lo acepta.
 
Y también, las enfermeras que empiezan no deberían sentirse culpables por cometer errores. Siempre se cometen errores, no pasa nada, siempre que aprendamos de ellos. Cuando trabajé como director nunca fui duro con las personas cuando cometían un error, lo era si no se esforzaban, si no intentaban mejorar o si eran vagos.
 
Como parte de mi trabajo como consejero de salud mental tuve que investigar las muertes inesperadas o incidentes, así que tuve que entrevistar a enfermeras y revisar los registros de Enfermería y pude comprobar que las personas hacían todo el tipo de cosas que se suponía que tenían que hacer e, invariablemente, la gente lo había hecho todo lo mejor que estaba en su mano. Jamás encontré ninguna actuación negligente. En ocasiones las enfermeras podrían haber hecho mejor las cosas, pero nunca negligencia.
 
Cuando tratas a adultos con enfermedad mental se dan suicidios e intentos de suicidio, eso causa un gran impacto emocional en las enfermeras que están involucradas en el cuidado de esa persona. A menudo se sienten muy culpables, incluso a veces hasta el punto de llegar a pensar que si hubieran hecho algo diferente, ese suicidio se habría evitado. Esto puede ser así o no, pero mientras la enfermera haya cumplido con su deber correctamente, no debería haber reproches o  ser criticadas. Enfermería puede ser un trabajo muy duro, y las enfermeras somos nuestros peores jueces.
 
  • ¿Qué les dirías a las personas que cuidan de un ser querido con demencia?
No trates de asumir todo el cuidado por tu cuenta. Es un trabajo enormemente difícil para la familia. Acepta un poco de ayuda, las enfermeras, los médicos y los trabajadores sociales quieren ayudar, no tomar el relevo.

Trata de no ser demasiado duro contigo mismo. Eres un ser humano, y te equivocarás algunas veces. Es natural, es normal. No te olvides de que estás bajo  una gran presión, sé amable contigo mismo.

La persona a la que estás cuidando morirá antes que tú probablemente, de modo que todo esto terminará en algún momento,  pero tu vida no termina con la demencia, hay un después.
 
  • Una recomendación en una frase para alguien que acaba de ser diagnosticado de demencia.

Siempre les digo: ahora tienes un diagnóstico, pero disfruta de tu vida, haz todo lo que puedas durante el tiempo que puedas. No pierdas tu tiempo, ve de vacaciones, gasta tu dinero, ¡haz lo que quieras!

  • Joe, estás a punto de jubilarte ¿Cuáles son sus planes?

Voy a jubilarme en marzo. Estoy deseando que llegue, he sido enfermero durante tanto tiempo, 36 años es mucho tiempo. Simplemente se convierte en parte de tu identidad, no sólo eres persona, eres enfermero también. No ejerceré la enfermería después de que mi colegiación finalice a finales de marzo, pero no voy a estar “fuera de la foto, colaboraré como asesor en demencia para Alzheimer Escocia,  sólo cuatro días al mes.Tengo muchos intereses fuera del trabajo, correr,  la fotografía, el fútbol, la lectura. Estoy deseando ver más a mis hijos, están todos en Inglaterra.

  • ¿Qué ha aprendido después de toda una vida cuidando a los demás?

He aprendido que, aunque puede ser un trabajo difícil, no debería ser complicado. Las personas son personas, tienen necesidades muy similares donde quiera que se encuentren.

He aprendido que la gente tiene el poder de sorprenderme y enseñarme humildad constantemente con su coraje y su fortaleza, con su altruismo y su honestidad. No todo el mundo saca lo mejor de si mismo en los momentos difíciles, pero la mayoría lo hacen.

He aprendido a centrame en las cosas importantes, en cómo se sienten las personas en lugar de desviar mis energías en tareas que hagan que parezca que estoy ocupado.

He aprendido que está bien no saberlo todo, la gente no espera eso. Esperan ser escuchados, ser tratados como un igual.

He aprendido que nunca he dejado de aprender, y es por eso que he durado tanto tiempo, porque me he mantenido interesado.

  • ¿Qué es para ti la Enfermería?

Se trata de estar con las personas, presencialmente. El contacto cara a cara es enormemente beneficioso, es lo que la gente quiere y a lo que responden. Eso es lo que trato de ofrecer y es la esencia de la enfermería.

, las habilidades y los conocimientos son necesarios, pero tenemos que estar con las personas tan cerca como sea posible, por supuesto debes seguir siendo profesional, pero aún así conectar tan estrechamente como sea posible. De eso trata la Enfermería. Si no puedes hacer eso, diría que es mejor que se escoja otro trabajo.

  • ¿Qué nos recomendarías para mantenernos mentalmente sanos?

Nada ingenioso, me temo.

Todo con moderación, pero vuélvete loco de vez en cuando.

Afronta las cosas, no las pospongas, es una pérdida de tiempo.

Si se presenta una oportunidad y no hay ninguna buena razón para no hacerlo, hazlo. La vida gira en torno a cambios y oportunidades.

Ayuda a los demás, pero no olvides ayudarte a tí mismo.

  • ¿Te gustaría compartir algo más con nosotros?

Sí. Estoy al final de mi carrera y, naturalmente, estoy reflexionando sobre las muchas personas que he conocido con las que he trabajado.

A tantos valientes pacientes y a sus familias que, sencillamente, lo hicieron lo mejor que pudieron, tenéis todo mi respeto.

Profesional y personalmente he estado influenciado por algunos colegas maravillosos a lo largo de los años. Una de las alegrías de esta carrera es que siempre he trabajado con algunos colegas excepcionales, algunas personas siempre han destacado para mí. Podría nombrar a personas de todas las disciplinas, pero voy a nombrar a Enfermería,  personas que  me han influenciado mucho.

La responsable de planta en mi primer trabajo en Hereford fue Barbara Maddy. Ella fue dura e inflexible, sólo se podía hacer lo mejor por sus pacientes y  defendía sus intereses hasta el final ante los altos cargos directivos, los espcialistas, no le importaba. Sólo selecciona el mejor personal disponible para su planta, y cualquier persona que no estuvviera a la altura era trasladada rápidamente a algún lugar menos exigente. El resultado final fue una unidad bien organizada, donde la gente se mejora rápidamente. Mi personalidad es diferente a la de Barbara, pero ella fue una influencia importante en mi desarrollo, y lo sigue siendo hoy en día.

Colin Abbott, Enfermero Psiquiátrico Comunitario (EPC), fuimos colegas en Humberside, solamente trabajamos juntos durante un año más o menos, pero lo aprendí todo acerca de ser un EPC de él. Él era muy profesional y también profundamente compasivo. Era lúcido, a veces personalmente vulnerable, pero siempre afrontaba los retos directamente, sin eludirlos. Mi año con Colin me preparó para asumir el reto de mi trabajo en solitario en Cumbria. Nos mantuvimos en contacto hasta su muerte repentina de un par de años después. Él era un hombre excepcionalmente modesto, y tenías que trabajar con él para darte cuenta del fantástico Enfermero que era.

 
Una de las alegrías de ser un Enfermero Psiquiátrico en la Comunidad es trabajar con un compañero. Eso no ocurre mucho en las Highlands, donde los equipos suelen ser pequeños y multitarea. Colin Abbott destaca, al igual que Tony Hill, un enfermero a quien recluté y enseñé, y que finalmente tomó mi trabajo en Cumbria cuando me trasladé. Éramos como agua y aceite, pero hicimos una gran alianza. La gente hablaba conn él cuando no podían hablar conmigo y viceversa. Tony falleció hace un par de años y le echo de menos.
 
Por último, Christine McCallum ha sido mi compañera durante los últimos tres años, recordándome con éxito, diariamete, que dos cabezas piensan mejor que una.
Hay tantos otros, pasados y presentes, que no tengo tiempo de mencionar, pero ha sido un  privilegio trabajar con ellos.
 
* * *
 
De tots els Colors- Bringing Colour to NursingQueridos amigos:
 
Joe contestó con un si directo a mi invitación para entrevistarlo. Quiso que lo hiciéramos de la manera más sencilla y natural posible, y así fue. Nos reunimos en casa y Christine vino también. Pasamos la mañana escucándole y bebiendo te. Fue muy gratificante, un placer.
 
Joe es el tipo de persona totalmente despreocupada en demostrar lo bueno que es en lo que hace,  y tampoco le va aparentar. Así que Christine y yo  tuvimos que empujarle suavemente para que hablara de sí mismo, de cómo los demás confían en él y se sienten seguros con su asesoramiento profesional y sus cuidados.

I
ntenta estar físicamente presente para sus pacientes cuando surge un problema en el que puede ayudar. Eso marca una gran diferencia para las personas con demencia y sus familiares, especialmente en esta tierra tan hermosa donde las aldeas están muy alejadas unas de otras, y algunas prácticamente aisladas. Una verdadera tranquilidad en este camino frágil e incierto que es la demencia.

Muchas Gracias Joe, y también a ti, Christine. Estoy encantada. Es un placer que ambos forméis parte de la familia del blog.

Querido Joe, te deseo todo lo mejor. Que disfrutes de una feliz jubilación, aunque nos aseguraremos de seguir aprendiendo de ti. Abrazos,
 
 
Elena Lorente Guerrero

Entrevista a José Miguel Sunyer, Doctor en Psicología, Grupoanalista: “La salud mental depende, en buena medida, de la calidez y la calidad de las relaciones humanas. Las personas nos hacemos las unas a las otras”.

¿Por dónde empezar para presentaros a José Miguel Sunyer? Su amplia experiencia clínica, gestora, docente e investigadora en el ámbito de la psicología es inabarcable en pocas líneas.

Miquel, como le solemos llamar en el ámbito cercano profesional, es Doctor en Psicología por la UAB, especialista en psicología clínica y en psicoterapia grupal. Lleva muchos años dedicado a esta última, concretamente desde el ángulo grupoanalítico. Actualmente su labor se centra en el desarrollo del grupoanálisis en España, favoreciendo la creación de grupos de trabajo, seminarios y programas formativos.

Aunque desconocida para muchos, Miquel nos explica que la perspectiva grupoanalítica ayuda a la comprensión de las relaciones humanas, generalmente complejas. El grupo se enriquece con la aportación de cada miembro, y transforma las experiencias individuales en crecimiento grupal. Un planteamiento muy interesante para todas las profesiones que se basan en el trabajo en equipo.

Partiendo de la premisa de que somos seres sociales, y por tanto en continua relación con los demás y con el entorno, Miquel crea respuesta a respuesta, un testimonio que es una auténtica obra de arte.

  • Cuéntanos Miquel, ¿Qué es la Psicoterapia analítica grupal?

Hola, Elena, ante todo, agradecerte esta oportunidad. No voy a negar que me gustan estas situaciones, por lo que voy a intentar no defraudarte en demasía. Y seguramente por razones de edad, se agradecen mucho este tipo de reconocimientos.

Tengo que admitir, ya de entrada, que muchas de las ideas que aparecerán se corresponden a lo que publiqué en mi texto del 2008: psicoterapia grupoanalítica de grupo. La construcción de un conductor de grupos. Madrid: Biblioteca Nueva. Me gusta escribir y normalmente lo hago en todos mis seminarios formativos creando y recreando, a partir de la experiencia, textos destinados fundamentalmente a los alumnos de esos seminarios. Parte de este trabajo lo puedes ver en mi web: www.grupoanalisis.com

Mira, la pregunta es acertada e interesantísima porque, posiblemente sin darte cuenta, introduces buena parte de la complejidad de esta fórmula psicoterapéutica y, desde mi punto de vista, apuntas a un tema complicado cual es el nombre que damos a las cosas. No tengo por olvidar a una secretaria que tuve durante un corto período que ante mi oferta a que usara los diccionarios que le ponía a su alcance, me dijo: No entiendo, doctor, por qué hacemos tan complicado el lenguaje. Si todos sabemos lo que es una casa, ¿para qué emplear otras como vivienda, apartamento, piso, domicilio…? Como comprenderás, Elena, mi asombro y mi desconcierto fueron enormes ya que, por mucho que todas ellas puedan hacer referencia al lugar en el que uno vive, está claro que no es lo mismo una cosa que otra. Hubo una ministro que incluso llegó a hablar de “solución habitacional”. Todo un poema.

En tu pregunta introduces tres palabras: psicoterapia, analítica y grupal. La palabra psicoterapia tiene más de doscientos años: fue introducida por Reil en 1803, o sea, hace tiempo. Si por psicoterapia consideramos que es aquella intervención profesional que va dirigida a abordar lo que comúnmente se llama “patología mental”, (que es por donde la orientaba el bueno de Reil) vamos por buen camino. Me gusta diferenciar terapia de psicoterapia. La primera abarca más, a mi modo de ver, que la segunda que es más restrictiva por cuanto que el término que proviene del griego therapós, alude al hecho de acompañar, dar apoyo, cuidar a quien lo precisa; en tanto que psicoterapia dirige esa ayuda a los aspectos psíquicos de una persona: sería como el acompañamiento a la psique del otro; y me parece que eso conlleva una cierta conceptualización de eso que llamamos psique.

La palabra analítica tiene su controversia. Si acudes a esa enciclopedia virtual que consultamos buena parte de la población y pones la palabra “psicología analítica”, te dirige, como es lógico, a los desarrollos que realizó Jung. Y si bien es verdad que hay quien con la palabra analítica hace referencia a psicoanalítica, me gusta diferenciar las cosas. Jung realizó importantísimos y particulares avances en la comprensión del ser humano, y de su separación de Freud nos hemos podido beneficiar con una forma de comprender al ser humano diferente a la visión del padre del psicoanálisis. Para mí, pues, psicología psicoanalítica no es lo mismo que psicología analítica. Como tampoco son lo mismo, psicoterapia analítica o psicoterapia psicoanalítica.

Claro, cuando ya introduces la palabra grupal ahí abres un melón complicado de comer. Porque siguiendo mis planteamientos, ¿te refieres a psicoterapia psicoanalítica grupal o a psicoterapia analítica grupal? La primera parte de la pregunta me lleva a pensar en Freud y la teoría psicoanalítica, mientras que la segunda me dirige a Jung… ¡Menudo follón! Sí, porque dentro del terreno de la psicoterapia psicoanalítica grupal deberíamos dirigirnos a autores como Wolf, Schwartz, Slavson o incluso Bion y Ezriel o Anzieu, Kaës… cuando en realidad creo que me preguntas por alguien que bautiza a su forma de trabajar como grupoanálisis. Y que es dónde me ubico en estos momentos de mi vida y desarrollo profesional.

Ciñéndome a la pregunta y centrándome en lo que para mí es el trabajo grupal con tintes psicoterapéuticos, el grupoanálisis, te diré que por psicoterapia grupoanalítica entiendo aquella intervención profesional, aquel proceso psicoterapéutico que se realiza en grupo, considerando que lo que ahí se trabaja es lo que sucede entre todos los integrantes del grupo, incluido el conductor. Como verás he introducido modificando tu pregunta, un término nuevo: grupoanalítico. Claro que ahora nos deberíamos esforzar en definir este término, ¿no?

En cualquier caso, y antes de pasar a otra pregunta, quisiera aclarar que lo que podríamos llamar terapia grupoanalítica es aplicable a una infinidad de situaciones como puede ser la supervisión de un equipo, el trabajo que se puede realizar con el personal de enfermería de cuidados paliativos, o con profesionales que no estén vinculados a la salud mental. Es decir, no deberíamos ceñirla de forma exclusiva a la patología mental, sino a desarrollar grupalmente una forma de entender lo que sucede pudiendo incluir en esta comprensión los aspectos individuales, grupales y sociales del ser humano en cualesquiera de los ámbitos en los que podemos trabajar.

  • Entonces, ¿Qué es el grupoanálisis?

Mira, es una palabrita que está de moda; al menos en España. Ya sabes que aquí tenemos la tendencia a tomar palabras que nos suenan bien y que tienen un cierto glamur, una cierta modernidad. Lo que está bien y… no tan bien porque confunde. En realidad es el análisis de las personas que integran un grupo incluido su conductor y realizado por el mismo grupo. La palabrita de marras tiene dos orígenes bien dispares, siendo difícil precisar si los derechos de autor los tiene una persona u otra. Uno de los lugares de origen se sitúa en América y proviene de un psiquiatra denominado Trigant Burrow.

Poco se conoce de él (ya se encargan los poderes profesionales en apartar a quien es un tanto molesto), pero tras venirse a Europa con toda su familia para formarse en Psicoanálisis y buscar una cercanía con el propio Freud a quien conoció anteriormente en América, regresó ahí y comenzó a ejercer el psicoanálisis siendo una persona de reconocido prestigio por aquel entonces. Fue capaz de llegar a la conclusión de la importancia que tenía la relación materno filial y detectó cómo a través de esa relación, el bebé adquiere un montón de elementos (normogénicos y patogénicos) vinculados con experiencias que tuvieron los padres antes de su nacimiento. Posiblemente estimulado por muchos otros autores, puso mucho interés en profundizar en la relación que se establecía entre el paciente y el psicoanalista hasta que se encontró con un paciente muy inteligente: Clarence Shields. Este buen hombre le cuestionaba acerca de la contradicción existente entre los planteamientos conceptuales del propio Burrow y la posición física que se establecía en la relación psicoanalítica (sabéis que en psicoanálisis el paciente se coloca tumbado en un diván en tanto que el profesional se sienta fuera del alcance de la mirada del paciente, para evitar la contaminación proveniente del cruce de miradas). Esa crítica le llevó (atrevido nuestro Burrow) a cambiar la posición y a sentarse cara a cara. Y de ahí a organizar un grupo y desarrollar lo que en principio denominó grupoanálisis. Posteriormente cambió el término por el de filoanálisis para enfatizar el elemento transmisor generacional.

La otra persona a quien también corresponde la paternidad del término es S. H. Foulkes. Este psiquiatra de origen alemán, huido por el avance de las tropas de Hitler y refugiado en Inglaterra era psicoanalista y llegó a ser responsable del Instituto Psicoanalítico de Frankfort. En tierra inglesa tuvo que reconstruir su vida profesional y, posiblemente por la influencia que obtuvo de N. Elias (un sociólogo muy interesante por sus ideas respecto al ser humano y su vinculación con lo social) inició su trabajo con pacientes a los que reunía en un grupo. Lo que ahí observó fue algo que le sorprendió: que en las conversaciones normales entre estos pacientes y él mismo, aparecía una enorme cantidad de material personal y que, a través de ese material y de poderlo hablar y compartir, se observaban mejorías notables en ellos. A ese método lo denominó group analysis, es decir, grupoanálisis.

Que ¿cómo podríamos definirlo? Pues el análisis que realizan las personas que están en un grupo de lo que le sucede a cada quien incluyéndose en este análisis al propio profesional que se define como conductor del grupo. Y conductor no tanto como el conductor de un autobús o coche que dirige al grupo a un lugar, sino en el sentido de director de una orquesta: es quien trata de que cada componente extraiga lo mejor de sí mismo para conseguir que la orquesta interprete una buena melodía.

  • Ya situados en terreno grupoanalítico, me parece muy interesante tres aspectos: el término “proceso”, que lo que se trabaje sea más que la suma de lo que aporta cada integrante del grupo, y que el conductor no sea un mero observador sino parte activa del grupo y por tanto, vulnerable. ¿Cómo podrías aclararme esto?

Sí, en la primera pregunta introduje la idea de proceso. Un proceso ¿qué es? Podríamos definirlo como el conjunto de elementos y fases que determinan un fenómeno, ¿de acuerdo? Si hablamos de procesos psicoterapéuticos estaríamos haciendo referencia al conjunto de elementos, de fases, de cosas que van sucediendo a lo largo de un tiempo y que determinan la mejoría de uno o varios pacientes. Pero esto no es tan raro, ¿no? Porque cuando hacemos una paella o una simple tortilla de patatas, ese hacerla es un proceso: seleccionamos las patatas, las cortamos, tomamos varios huevos… eso es algo que puede se llamado proceso. Lo que sucede es que cuando hablamos de malestar físico o psíquico, cuando nos situamos en el terreno de la salud, nos olvidamos de la necesidad de los procesos y queremos que nuestra salud se instale casi de forma mágica. Como si el profesional fuese un brujo, un mago que por arte de birlibirloque nos devolviera la salud que habíamos perdido. ¿Suena raro que en pleno siglo XXI esperemos que los profesionales de la salud, personal de enfermería, médicos, psicólogos, terapeutas…, sean brujos o magos, ¿verdad? Es entendible, pero suena a raro. Y se entiende porque no nos gusta encontrarnos mal, tener un dolor cualquiera, sentirnos tristes, impotentes ante el sufrimiento personal o del otro… es cierto. Es raro o al menos no muy frecuente encontrarse con pacientes (personas que padecen) que tengan la paciencia, la esperanza y la sensatez como para coparticipar de un proceso que en muchas ocasiones es largo. Todos, todos toleramos mal la frustración de ver que todos los procesos de curación o de sanación piden su tiempo y que no hay más que eso: aceptar el proceso que ello conlleva.

Mira, Elena, podríamos pensar que el primer elemento “antigrupal” proviene de esa impaciencia, de la frustración que conlleva ver que las cosas no funcionan ni por arte de magia ni son procesos de microondas. Esa impaciencia que la vemos en todo (estamos en un momento social en el que se busca la inmediatez en todo, en internet, en la pastilla mágica, en las gotitas de no sé qué planta, en el propio móvil…) acaba siendo un elemento antigrupal. Pero hay otros. Por ejemplo, ¿a mí qué me importa lo que le suceda al otro? Y es cierto, claro. En realidad, a nadie le importa lo que le sucede al otro. Y por esto no queremos ni oír hablar de un tratamiento grupal. Mira, me viene a la mente una anécdota procedente de la India y Pakistán, creo. Le preguntan a un sabio, ¿qué es el infierno? Y les dice: mirad, imaginaros –les dice a quienes le preguntan –que estamos en un círculo y en medio del mismo se encuentra una fuente con abundante comida. Cada uno de los que están ahí sentados dispone de una cuchara con un mango enormemente largo con el que puede llegar a dicha fuente. Y estando ahí, cada uno de ellos toma la cucharada, pero… no pueden llevársela a la boca ya que la longitud del mango se lo impide. Así se desesperan ya que pudiendo comer, no se llevan bocado a su boca. Esto es el infierno. ¿Y el cielo? -le preguntan. Pues el cielo es casi igual pero la diferencia es que cada uno da de comer al otro, de forma que todos se alimentan de la fuente común.

Pues eso mismo es el grupo: darnos de comer mutuamente para que todos, todos, salgamos beneficiados. Porque en el fondo, más allá de que el sufrimiento lo posee cada uno y cada uno debe hacerse cargo del mismo, cuando podemos salir de nuestro egoísmo y compartimos nuestras historias con los demás, nuestro dolor va desapareciendo. ¿Magia? No, humanidad. Pero algo más: los demás son como mentes auxiliares que ayudan a elaborar eso que a uno le preocupa, aportando desde otros ángulos, aspectos que a uno mismo no se le ocurren. Y por esto es importante el trabajo grupal (independientemente que le llamemos terapia o psicoterapia), ya que nos permite comprender lo que nos pasa a partir de comprender a los demás y ser comprendidos por ellos. Es a través de ese vernos a partir de cómo nos vemos en los demás, como cada uno va aumentando su conocimiento y control de sí mismo. Así de simple, así de complicado: los otros en uno.

  • ¿Qué  hace el conductor del grupo?

Bueno, todo esto precisa de un profesional que, desde la distancia que proviene de su propia formación y experiencia, va conduciendo a quienes forman el grupo con el fin de potenciar sus efectos terapéuticos y psicoterapéuticos. Lo que sucede es que, como su presencia también influye en la dinámica del grupo, debe ser capaz de poder ponerse a la vista de los demás y ponerse, en la medida que ello tiene sentido, a la disposición de los demás para clarificar todo aquello que proviene de su propia influencia y, disminuir, de esta forma, los elementos iatrogénicos de toda intervención grupal. Aquí, además, se introduce un término muy rico en el campo grupoanalítico: mutualidad. Todo lo que nos sucede a los humanos es producto de aspectos fallidos de la mutualidad con los demás. Bien porque uno no sabe jugar a la mutualidad, bien porque los demás no saben ser ni sentirse mutuos. La mutualidad, ese arte que conlleva entender que lo de uno afecta al otro y viceversa, esa mutualidad también incluye al propio conductor.

Recuerdo una anécdota: en uno de los muchos grupos formativos en los que he participado o que he podido coordinar, al conductor le sonaron las tripas. Debió ser estruendoso porque todos le señalaron el hecho. Él se negó, una y otra vez, a que “sus tripas habían sonado”. Ese simple hecho, dañó al grupo.

El conductor es una persona al que también se le remueven los intestinos por cosas que pasan en el grupo. Su reconocimiento supone no sólo “humanizarlo” sino facilitar que los demás miembros del grupo puedan pensar sobre qué pasa cuando al conductor se le mueven las tripas. Y suenan.

  •  ¿Cómo se organiza un grupo de psicoterapia?

Contestar a esta pregunta es fácil, porque la formulas a nivel general. Pero igual no es tan fácil porque, ya que antes hablabas de proceso, tendremos que pensar que tal organización también es un proceso. Si no lo fuera, con decirle a la secretaria del servicio de psiquiatría, o al responsable del departamento de admisión de una unidad de día o de un centro de rehabilitación que a los diez primeros los citara para un grupo, ya habría bastante. No hace falta que os diga que, si fuese así, no os arrendaría las ganancias. Gracias a Dios las cosas no son así y requieren un proceso.

Hay una idea semejante a la de proceso y es la de función. La tomo de Bion quien en un texto breve y delicioso la viene a describir como el conjunto de operaciones mentales conscientes e inconscientes dirigidas a un fin determinado. Imagina, Elena, que quieres festejar algo importante. Por ejemplo, las bodas de plata de un matrimonio, o sea, sus veinticinco años de andar juntos y comprometidos. Quiero pensar que a poco cariño que les tuvieras, buscarías una fecha en la que pudieran estar presentes, te pondrías en contacto con sus familiares y amigos, decidirías si tal celebración se va a hacer al mediodía o de noche, buscarías un restaurante o un local en el que hacer la fiesta, elegirías un menú, organizarías algo y buscarías la forma de plasmar esta efeméride mediante un regalo. Y eso requiere tiempo. Seguramente más de una noche sin dormir. Requerirá negociar tiempos, lugares, momentos… Pues bien, todos los procesos mentales que están implícitos es a lo que llamo, siguiendo a Bion, función.

Ciñéndome a la organización de un grupo, cinco son las funciones que me parecen básicas para tal fin; o dicho de forma más correcta. La función organizativa de un grupo puede descomponerse en cinco aspectos o subfunciones: la función convocante, la higiénica, la verbalizadora, la conductora y la teorizante. Y las he denominado así porque creo que nos resultará fácil comprender las complicaciones que tiene que sortear cualquier organizador de grupo que se considere tal.

  • ¿Podrías explicar la primera?

La función convocante. La primera cosa que tiene que tener claro es por qué y para qué quiere hacer un grupo de psicoterapia. Es decir, tiene que tener en mente los objetivos y las razones por las que plantea tal convocatoria. Es más, este punto no solo lo debería tener claro el profesional que quiere organizarlo, sino que debería poderlo hablar y discutir con su superior jerárquico incluyendo ahí, si fuera posible, al responsable económico del lugar en el que trabaja. Y esto que parece una tontería no lo es: en la medida que tenga el sostén de la estructura se garantiza una mayor estabilidad en la vida del grupo.

Me imagino que hay tantos porqués como convocantes existen en la faz de la tierra. ¿Por qué uno organiza un grupo? Puede ser que se quiera experimentar una nueva forma de abordaje profesional, u ofrecer a los pacientes una experiencia emocional correctora suficientemente potente, o se quiera reforzar las conductas normogénicas de los integrantes del grupo, o favorecer el desarrollo de pautas de conducta que alivien determinados síntomas, o por querer ayudar a que los pacientes adquieran nuevas formas de entender lo que les pasa y el por qué les pasa, o por puro placer personal y profesional. Mira, esta retahíla de porqués, me parece interesante. Podríamos pensar en otros porqués más personales de cada uno; pero ahí no me voy a meter, claro.

Junto a los porqués hay unos para qués. Pero sobre todo hay unos pocos “para qué no” organizamos un grupo. Esos noes vienen encabezados por “no se organizan para ahorrar dinero”, “para hacer más rentable la actividad profesional”, “para atender a más personas en menos tiempo”, “para disminuir las listas de espera”, y cosas semejantes. Ahí habrá que ayudar al gestor económico a entender que la rentabilidad es fundamentalmente social, que el atender a más personas representa no solo un esfuerzo añadido, sino que supone que las consecuencias de tal atención repercuten en mayores grupos familiares pero no disminuye el tiempo de tratamiento (si acaso lo alarga), que la disminución de las listas de espera es un problema de disponer de más recursos y personal y no que éste se convierta en una máquina de hacer churros. Este es un tema muy, pero que muy delicado.

Aclarados los porqués y los para qués, tenemos la cuestión de a quien se convoca. Porque en función de a quien convocamos, de a qué tipo de pacientes ofrecemos un tratamiento grupal, el tipo de grupo deberá ser más terapéutico que psicoterapéutico o no. Y, decidido esto, hay que pasar a la convocatoria en la que deberemos poder trabajar con los convocados algunos de los porqués y para qués que han alimentado la decisión de crear ese grupo y para esta persona.

Es importante que esta parte del proceso, la función convocante, quede bien establecida y suficientemente clara ya que en sus zonas oscuras, en aquellos aspectos que no han quedado suficientemente claros anidarán los elementos antigrupales que pueden llevar al traste nuestro esfuerzo.

  • Veo que es más complejo de lo que me imaginaba, ¿Y las demás funciones?

 La función higiénica. Esta parte del proceso constitutivo de un grupo guarda relación con las normas de funcionamiento, los horarios, el lugar en el que van a tener las sesiones, el ritmo de las mismas y su duración, la confidencialidad de lo que se habla, la restricción de los contactos fuera de las sesiones de los miembros del grupo, la normativa del uso de los móviles y de los mensajes de texto, correos electrónicos y todo el amplio espectro de las comunicaciones entre los pacientes.

Así, deberemos ser claros con la importancia en la asistencia y puntualidad (asistencia y puntualidad obligatorias, así como la duración de las sesiones –entre hora y cuarto y hora y media), la estabilidad del horario y calendario de las sesiones (día fijo, a ser posible, y siempre la misma hora), el ritmo (mejor semanal que quincenal o mensual), el compromiso de no divulgar lo que se dice en las sesiones, el recordar que no es un grupo de amistad sino de trabajo, y establecer una normativa respecto a los teléfonos y el uso de los mensajes que pueden acabar constituyendo un grupo paralelo fuera del control de lo que sucede en el grupo.

Otra es La función verbalizadora. Mira, Elena, sabes bien que a un grupo se viene a hablar. ¿y de qué se habla? En principio de todo, de todo lo que nos atañe como individuos y como grupo. De lo que nos pasa a cada uno fuera y durante las sesiones. De todo. Y esto, en principio es fácil, ¿verdad? Pero la realidad nos dice que no lo es. Porque si bien en un principio hablar de lo que “nos ha pasado o nos está pasando” es relativamente fácil, cuando ya hemos hablado de ello y sigue estando ahí el dolor, la preocupación o la ansiedad… ¿de qué hablamos? Y es justo ahí donde se inicia el proceso de tratamiento; precisamente ahí. Porque es cuando comienzan a aparecer diferencias, situaciones de tensión entre unos y otros, momentos de placer y de dolor compartido. Situaciones que requieren el desarrollo de la empatía y constatar que no siempre suele estar presente. Momentos en los que uno tiene que olvidarse de sí para ponerse en la piel del otro y entenderlo desde esa posición.

La cuarta es La función conductora. Parecerá sencillo pero la conducción requiere, fundamentalmente, mucho arte. Se trata de ayudar y hacer los posibles para que se instale un sistema de relación (muy relacionado con las características y experiencia del conductor y de ahí su nombre: patrón), un patrón relacional que sea terapéutico y psicoterapéutico. Tener la habilidad para sostener los silencios y los momentos emotivos, las tensiones y las situaciones de placer, los tiempos de evasión grupal y los de contacto con aspectos muy íntimos de todos y cada uno de los miembros del grupo. Facilitar la emergencia de consejos e incluso la incorporación de técnicas que ayuden a aliviar la tensión o a evitar la repetición de modelos de comportamiento y de pensamiento patogénicos. Y al tiempo, posibilitar la comprensión de los mecanismos psíquicos que se activan como forma de evitar o aliviar la ansiedad a costa, en muchas ocasiones, de un aumento de la patogenia en vez de caminar hacia la normogenia.

Finalmente, La función teorizante. Eso es crucial. Todo lo que sea incrementar nuestro bagaje conceptual profundizando en los diversos autores que nos ayudan a entender el funcionamiento del denominado “aparato psíquico”, poder articular conceptualmente lo que sucede en el grupo, a las personas tanto individual como colectivamente, con el conjunto de aportaciones conceptuales de los autores de referencia, es crucial si lo que queremos es hacer una tarea profesional que diste de ser solo una experiencia puntual. Esa función debe articularse con la asistencia a seminarios, espacios de supervisión, y el desarrollo de la habilidad de escribir como forma casi elemental de elaboración conceptual básica.

Me ha gustado mucho esta “lección” conceptual. Los lectores interesados en profundizar más al respecto podéis consultar:

Miquel, lo que nos cuentas me hace pensar en los equipos multidisciplinares de servicios como urgencias, cuidados paliativos, cuidados intensivos donde cada vez más los profesionales están demandando formación en habilidades para cuidar la dimensión emocional de los pacientes y al mismo tiempo, estrategias para la gestión de las propias emociones.

  • Según tu experiencia clínica y docente en salud mental ¿Qué programa formativo básico sobre psicoterapia de grupo desde el enfoque grupoanalítico podría ayudar a médicos, enfermeras, trabajadores sociales, terapeutas ocupacionales, …?

Me divierte la idea de “estrategias de gestión de las propias emociones”. Da la sensación de que hay un sujeto que podría ser el Yo que tiene que desarrollar “estrategias de gestión de…” unas cosas llamadas emociones que deben venir de algún otro lugar, que no le pertenecen. Para mí es conceptualmente inimaginable. Entiendo lo que se quiere decir, pero no veo como entenderlo conceptualmente.

Trasladando la idea al segundo párrafo, allá donde formulas la pregunta, parece que volvemos a encontrarnos con lo mismo: unos “profesionales” que tienen que aprender a gestionar unas “emociones” que deben estar situadas en los pacientes. Pero la realidad es otra; o más compleja. El Yo es quien siente y, paralelamente a la metáfora, los profesionales sienten aquello que a los pacientes se les activa y que, de forma inevitable, trasladan al propio profesional. Esto habla de una cosa muy simple pero al tiempo compleja de explicar: hablamos de mecanismos de defensa y, en este caso concreto, de dos. El de la identificación proyectiva y el de la identificación introyectiva. Y voy a tratar de explicarlo, aunque no sé si seré capaz de hacerlo de forma suficientemente pedagógica teniendo tan poco espacio para ello.

Primero decir que se denominan mecanismos de defensa porque son procedimientos que desarrolla el Yo para aliviar la ansiedad que siente. Pero al tiempo son mecanismos de comunicación, ¿de acuerdo?

Imagínate que voy a… Sevilla, y tomo un taxi. El taxista me da conversación (lo que suele ser agradable) y detecta por mi acento que soy catalán, por ejemplo. Y por hacer una gracia me dice, ¡ah!, Ud., es catalán, ¿verdad?, o sea del Barça, ¡un culé! La verdad es que no sabe que no me gusta para nada el futbol y menos el Barça. Entonces, como no tolero que me atribuyan “ser del Barça”, arremeto y le digo, ¡y Ud., un palanganas!, ¡todos Uds., son unos palanganas. Imaginemos que aquí acaba la carrera y el tema. Pero… ¿por qué le dije que era un palanganas? Porque me picó y porque me parece que la palabra palangana es denigrante. ¿Y porqué me picó? Porque al llamarme del Barça y culé me sentí mal, como si todo mi Yo se transformara en eso que rechazo de plano. O sea, que dentro de mí se ha “introducido” una idea (a eso le llamamos introyección) y me he identificado con ella (identificación introyectiva porque me identifico con lo que se ha introyectado). Y herido por esta idea (el buen hombre muy posiblemente no tenía ni idea que a mi, ser culé era lo peor que se me puede llamar), le lanzo otra de dimensiones iguales o mayores si cabe, ¡palangana! Es decir, le atribuyo (proyecto) una cualidad que para mi me parece de categoría tan mala o peor que la de ser culé. Es más, identifico al colectivo como palangana (identificación proyectiva)

Más allá de que te ruego que te fijes en las palabras subrayadas, piensa ahora, Elena, en la situación clínica: trabajando con pacientes es inevitable recibamos comentarios no siempre agradables, o actitudes, miradas… que de forma “mágica” parecen colocarse en nosotros (introyección mía, proyección del otro) y reaccionamos ante ello porque nos parece intolerable (identificación). Es decir, en la relación asistencial siempre o casi siempre están presentes los mecanismos de identificación proyectiva e introyectiva. Y hay que aprender a “no entrar al trapo”, a controlar ese mecanismo y reconvertirlo en algo útil para el paciente (y a la postre, útil para nosotros). Y esto es más duro, más hiriente cuando estamos ante un grupo de pacientes. Y esto enlaza con la pregunta.

La formación supone, como poco, el poder transitar por un período más o menos adaptado a las realidades asistenciales en el que con un profesional formado en el tema grupal (y preferentemente de la orientación grupoanalítica) los miembros del grupo vayan pudiendo vivenciar estos aspectos y constatar cómo reaccionan ante ellos. Este programa de mínimos, requeriría unas cien horas en las que la combinación de aspectos vivenciales, conceptuales y de supervisión permiten acercarnos a una base mínima suficiente.

Agradezco tu respuesta, tomar conciencia de qué dificulta la comunicación y las relaciones humanas es imprescindible. Importa no sólo sentir las emociones sino darles significado, aprender de ellas y como dices, reconvertirlas en algo útil.

  • ¿Qué aprendizaje personal destacarías de tu amplia experiencia como psicólogo? ¿Qué te sigue sorprendiendo del ser humano?

 ¡Buf, qué difícil me lo pones! No sé si he aprendido mucho porque tengo la constante sensación de que hay muchas cosas que aprender y eso no me facilita pensar en lo que “he aprendido”, ¿sabes? Me sigue costando mucho tolerar la estupidez, la falta de rigor en muchas personas, las pocas ganas que tenemos en facilitar la vida a los demás. Me sigue enfadando mucho la palabrería, la constante preocupación por la imagen que da uno, y cómo se venden esas imágenes para aparentar que se es lo que realmente no son cuando están realmente distantes de ello. No puedo con ello, ciertamente. Me dirás, claro, que cómo puedo trabajar con esto que digo. Claro, pero es que en cuanto me pongo en mi despacho y viene alguien para que le ayude en algo, lo que veo es alguien que busca salir de una situación en la que se ha quedado atrapado. Y ahí ya no puedo cabrearme. Entiendo su situación, y busco la manera para que pueda verse no tanto de otra forma, sino que pueda reírse un poco de sí mismo. Aligerar la carga. Quizás sea eso lo que he aprendido. A aligerar la carga que tiene el otro. No es mucho, lo sé; pero aligerar las cargas de quienes vienen con sufrimiento, aligerar las que presentan los profesionales que buscan una formación, todo ello me permite encontrar un cierto sentido al vivir. Y por aligerar no quiero decir banalizar, no. Aligerar es quitar hierro, aprender a compartir eso tan aparentemente ridículo que nos amarga la vida. No he visto patología que no mejore tras un trabajo de aligeramiento de cargas.

Y lo que me sigue sorprendiendo… la capacidad que tenemos todos los humanos para hacernos daño. La tendencia a destruir en vez de construir. Y ver, eso sí me sorprende y admira, que, en medio de ese fragor de peleas, de destructividad, hay quien es capaz de interesarse por los demás, por las cosas… eso me sorprende y no puedo dejar de admirar a esas personas desconocidas pero reales que con un aparentemente no hacer nada, están ahí. Que siempre están ahí. Conocer a alguien que tiene ese don, esa capacidad de pensar en el otro, en procurar su bienestar… eso me sorprende mucho y lo admiro como a lo que más. Y hasta lo envidio porque me gustaría ser capaz de tener esa habilidad. Me gustan mucho los niños y los mayores. Sobre todo, porque veo en ellos eso que es tan genuino, tan lejos de lo competitivo, de la demostración de la apariencia. Eso lo admiro. Tengo en mente alguna persona que tiene ese don, y la verdad es que no puedo más que sentirme agraciado de conocerla.

  •  Qué maravilloso poder aligerar la carga del que sufre, ¿Poco? ¡Eso es mucho! Porque… ¿Qué es lo que cargan las personas? ¿Qué es lo que hace sufrir al ser humano?

La idea es bonita, sí. Otra cosa es que lo consiga realmente, que no sea más una fantasía que me hago para satisfacer o justificar mi propia actividad. Eso, en realidad, sólo lo pueden decir las personas que he atendido a lo largo de los últimos cuarenta años. Quizás lo más doloroso es constatar aquello del refrán, en casa de herrero cuchillo de palo, ¿sabes? A veces a uno le gustaría que eso que me resulta relativamente fácil y cómodo hacer con terceras personas, poderlo hacer con los tuyos. Y eso no siempre es fácil.

Me preguntas sobre lo que carga o lo que nos hace sufrir… Desde el marco conceptual en el que profesionalmente me he formado, diríamos de forma rápida que es la insatisfacción en poder obtener el placer de hacer lo que a uno le gusta, o el malestar y la rabia que derivan de las frustraciones… no voy a decir que no, claro. ¿Pero es eso? No lo tengo tan claro.

Todas las personas estamos interconectadas con los demás. Esto es totalmente evidente en el círculo familiar primario, madre-hijo, hijos-padres-hermanos… Nos hacemos a partir de estos vínculos que nos moldean y al tiempo nos permiten moldear a los demás. Es como si cada célula social (cada individuo) ejerciera un poder sobre los demás y los demás sobre cada una de ellas. Es algo constantemente recíproco. Y en ese moldearnos nos topamos con momentos en los que hay algo que se rompe, o que amenaza con romperse. Hay momentos en los que la amenaza, real o fantaseada, de que el vínculo con la o las personas que son básicas para cada uno, pudiera romperse. Esa amenaza es terrible y genera un miedo, un pánico enorme. De hecho, los desencuentros con el otro no dejan de ser pequeñas o grandes amenazas al vínculo. Un comentario, una desavenencia, una amenaza, un desafecto… y muchas otras cosas más, ponen en peligro, real o de forma fantaseada, algo que es básico para cada uno de nosotros: el vínculo con los seres queridos y con nuestro entorno. En ocasiones esos desencuentros son vividos con una intensidad excesiva y nos lleva a pequeños desarrollos que podríamos llamar “psicopatogénicos” (es decir, potencialmente generadores de sufrimiento). Y cuando estos desencuentros son habituales, el sujeto trata de buscar una salida que no siempre es la más adecuada. De ahí la psicopatología individual y social. Es decir, las amenazas al vínculo con el otro son lo que nos hacen sufrir.

  • Con tantos pacientes como has tratado, con tantas personas a las que ayudaste, si vuelves la vista atrás ¿Qué sientes que ha sido lo más difícil para ti, lo más complejo de abordar, lo más duro de afrontar?

Lo que me ha resultado más duro (y ha pasado varias veces) es cuando un niño o un chaval va mejorando y esas mejoras conllevan cambios en sus relaciones en casa. Entonces los padres deciden interrumpir el tratamiento aduciendo que o “ya es suficiente” o “ya va mejor en el cole”, quebrando el proceso iniciado. Me ha resultado duro (y creo que me seguirá resultando) no solo por tratarse de un menor sino porque conseguir que confíe en el profesional suele ser el resultado de un trabajo importante y, cuando se interrumpe la relación se tira por la borda el trabajo que ese chaval ha realizado para aceptar confiar en alguien: a partir de ahí, le costará volver a confiar en alguien. Recuerdo un chaval que a pesar de la dura problemática que presentaba (los padres pasaban olímpicamente de él), consiguió mejorar en sus estudios e reiniciar el hábito a escribir poesía. Eran poesías que a mi me parecían una maravilla. Y él se sentía escuchado y apoyado. Hasta que un día, sin más el padre me deja un mensaje interrumpiendo el tratamiento. No me pude ni despedir. Casos así, varios en mi vida profesional.

Pasa también en otras situaciones, en parejas, por ejemplo. Comienzas a trabajar y a establecer una buena relación de confianza, de espontaneidad. Consigues que la pareja vaya abordando cosas que no siempre son fáciles de hablar en otros entornos y un día, por lo que sea, interrumpen el trabajo realizado. O situaciones en las que ella le maltrata y te das cuenta de la manipulación, y al final se interrumpe el tratamiento por inasistencia de la pareja. O porque “sus horarios lo hacen difícil”. Nunca he rechazado realizar una psicoterapia por razones económicas, y así me va. Nunca. Este punto suele ser siempre una negociación que respeta la realidad del paciente. Creo que los profesionales de la salud tienen un deber social y ético. Ya sé que me dirán que estoy en el mundo real, sí. Prefiero trabajar una hora más que cobrar lo que alguien no puede pagar.

Todas estas son situaciones de mucha impotencia, y contactar con este sentimiento es duro porque no hay nada más duro que ver que no puedes hacer nada más, que no te dejan hacer nada más. Ver que el miedo a “estar sano o estar mejor” a veces es mayor que el seguir igual como se está. Eso es duro; al menos para mí. Hay muchos casos en mi experiencia, y esto me duele porque veo las capacidades del otro y… sus miedos (o los de su entorno)

¡Durísimo! un trabajo personal de respeto y aceptación incondicional del otro impresionante. Yo que iba a preguntarte qué te han enseñado los pacientes…

  • Tú eres cuidador Miquel, eso está clarísimo. De entre todas las profesiones vinculadas con la salud ¿Por qué psicólogo o para qué psicología? ¿Qué te atrajo de la profesión? A día de hoy ¿Qué te sigue apasionando?

Agradezco tus palabras, pero no me considero tal. Intento cuidar como me imagino que hace la mayoría de la gente o la de los profesionales del ramo. Otra cosa es que lo consigamos, o que siempre tengamos la misma consideración. Tengo la suerte de haberme encontrado con muchos profesionales de la “psi”: enfermeros, auxiliares, psiquiatras, psicólogos, y todos, todos los que he conocido se esfuerzan en cuidar. Cierto es que de todo hay en la viña del Señor, pero la inmensa mayoría son gente que cuida. Y que se gana la vida haciendo esto. Porque, aunque a veces no se nos ve así, esto más allá de los elementos de vocación que pueden estar presentes en algunos casos, esto es una profesión, una forma de ganarnos las alubias, los garbanzos. No somos seres especiales. Y todo nuestro entrenamiento, todos los espacios de supervisión van dirigidos a mejorar la forma de cuidar al otro, a los compañeros y… si podemos a nosotros mismos.

La elección de esta profesión… te reirás. Iba para ingeniero agrónomo y diversas circunstancias que no vienen al caso me llevan a verme trabajando en Bilbao, en el Servicio de Psiquiatría del Hospital de Basurto. Y entonces me dije: si estás aquí, ¿por qué no estudias psicología? Estaba casado y tenía ya mi primera hija. Ella, mi mujer y mis otros dos hijos tuvieron que “soportar” un padre que trabajaba y estudiaba al mismo tiempo. Sé que no ha sido nada fácil para ellos, en espacial para mi mujer. Y siempre se lo he agradecido y estoy en deuda con ella. Al principio podía haberme reintegrado en los estudios de ingeniería, claro. A veces parece que una fuerza que va más allá de uno te conduce hacia unas circunstancias u otras. Y ya puestos… pues habrá que convertir ese trabajo en algo que me llene, ¿no? Y poco a poco fui queriendo eso que hacía, fui reconvirtiendo mi trabajo en mi vocación. Y eso que creo que es lo que todos debiéramos hacer, me ha proporcionado un guión para la inmensa mayoría de cosas que hago. Creo que cualquier persona, si es capaz y encuentra la forma de convertir el trabajo en algo que le aporta cosas, que le estimula, que le posibilita crear, consigue algo más: dejar de ver el trabajo como una carga. A mi me gusta trabajar. Y creo que la vida, toda la vida, no tiene sentido sin el trabajo. Si no tuviéramos un trabajo, ¡habría que inventarlo!

Más que gracia, me produce un profundo respeto. Hay que ser muy sensato, muy sabio para vislumbrar que es lo que la vida espera de ti y no al contrario, confiar en esa fuerza que es más grande que uno mismo, y lanzarte a por ello sin garantías. Me encanta además que tu historia no sea el típico cuento de hadas vocacional, creo que nos regalas un gran aprendizaje, hacer de tu labor una vocación de vida, amar lo que haces.

  • ¿En qué proyectos estás trabajando actualmente? ¿Cuáles son tus ilusiones?

Me haces unas preguntas que no sé por dónde salir. Mira, suena a populachero, sí pero mi principal proyecto es seguir trabajando a pesar de la jubilación. Entiendo que a la gente le guste jubilarse. Y que haya profesiones que incapaciten tanto física como psíquicamente a alguien que la sociedad deba compensarles mediante una buena jubilación. Pero dicho esto, también sé que la jubilación debiera ser algo optativo, elegible a partir de una edad determinadas pero no obligatorio. Entiendo que haya quien argumente que si no nos jubilamos, los jóvenes no pueden entrar en el mercado de trabajo. No lo creo, pero respeto la opinión. Si pienso desde mi, la jubilación de la Universidad la descapitaliza. No por mí, sino porque jubilando a personas en activo y con ganas de seguir peleando por la vida, con experiencias clínicas y organizativas variadas, la universidad (como cualquier otra empresa) se descapitaliza. O sea, quiero seguir trabajando, quiero seguir ganándome las alubias y quiero, sobre todo, seguir siendo útil a quien lo necesite. Pero es que hay algo que suena a “populismo” y te prometo que no lo es: si la sociedad (a través de, entre otras, mi familia, los míos) me ha dado la oportunidad de aprender de este oficio, creo que es deber de uno retornarlo a la sociedad. Por esto me gusta enseñar, supervisar, organizar cursos…

¿Proyectos? Dejando a un lado este que te he dicho, hay algo que acaricio desde hace tiempo. Sabes que me gusta el tema de lo grupal y que he dedicado muchos años a la formación de profesionales en este terreno. Y me gusta pensar desde este ángulo del pensamiento que llamamos grupoanálisis. Pues bien, quiero seguir creando seminarios, programas formativos y, en la medida de lo posible, Institutos que puedan equipararse a otros Institutos europeos. Institutos que no solo formen, sino que sirvan de trampolín para que quienes van viniendo y llegando, puedan despegar, puedan desarrollar sus proyectos grupales desde esta perspectiva. Y que estos institutos puedan ofertar también espacios de tratamiento bien concertando servicios o proponiendo estructuras propias. Y con todo ello, contribuir para que los profesionales de mi país, España (quinientos años tiene ya), puedan sentirse orgullosos de todo lo que somos capaces de hacer. Mira, durante los últimos seis años he ido manteniendo contacto con otros Institutos europeos (somos unos cuarenta), y no veo nada en lo que puedan darnos lecciones. Bueno, una cosa sí: su cariño hacia sus propios conciudadanos, a su propio país. Eso lo admiro. Todavía seguimos arrastrando la decadencia del siglo XVIII-XIX, las guerras civiles y todo el tralará. Este es mi proyecto y mi ilusión. Contribuir a que nos sintamos orgullosos de nuestros desarrollos profesionales y los podamos mostrar sin arrugarnos

  • Pues es fantástico que podamos seguir contando contigo de manera creativa y activa. Necesitamos que los psicólogos estéis presentes no sólo en los servicios de salud mental, sino en los centros de atención primaria, en los hospitales (servicios de urgencias, cuidados intensivos, unidades de larga estancia, etc.). Esto lo tenemos claro muchos profesionales de la salud, también pacientes y familiares. Falta que esta idea cale en los gestores ¿Qué les dirías?  ¿Cuál sería la propuesta?

Mira, Elena, los elementos antigrupales no se sitúan solo en el grupo sino en el contexto social. Estamos en un momento muy delicado ya que los elementos económicos, vistos a corto plazo, invitan a buscar soluciones fáciles, rápidas y eficientes. En estos momentos no hay una conciencia social, grupal, que lleve a los responsables políticos y económicos a apostar por las ventajas de considerar que si se atiende a lo grupal se acortan los problemas. Mi experiencia me indica que, a pesar de que, por ejemplo, no hay una “evidencia científica” que afirme que la supervisión del trabajo de unos profesionales mejora su trabajo, la realidad (posiblemente no científica) es que gracias a esa supervisión, los profesionales pueden atender a sus pacientes de forma más creativa, evitando que las cargas inherentes al propio trabajo contamine la actividad asistencial. Pero esto es ampliable a una gran cantidad de lugares asistenciales: atención a los profesionales de urgencias, de intensivos, etc., se beneficiarían, eso no lo dudes, de las ventajas de poder discutir entre ellos de los casos clínicos, de las ansiedades que diariamente se cuelan en su trabajo, del mantenimiento de una mayor capacidad de pensar y elaborar lo que atienden día a día. No se trata de hacer psicoterapia, sino de limpieza de quirófano.

Si hablásemos de máquinas, su mantenimiento estaría incluido en el costo de la misma. Si una mejor atención a los pacientes y sus familiares, si la mejora de la capacidad de los profesionales de un hospital o de un centro de salud dependiera de una máquina y ésta requiriera de un mantenimiento semanal, ahí estaría un presupuesto para ello. Sé que tras una operación se limpian los quirófanos. ¿Por qué? Por la posible presencia de bacterias que pueden poner en peligro la vida de otros pacientes. Pero curiosamente, cuando se habla de evitar que las cargas derivadas de las ansiedades, temores, dudas y una gran cantidad de elementos que nacen de la relación asistencial con pacientes de todo tipo, no disponemos de dinero para ello. O cuando los profesionales se pagan su propia supervisión y su propia formación continuada. O cuando… no son máquinas, claro. Incluso alguien me “espetó” que lo hacían por vocación.

Tuve una gerente con la que discutía un día acerca del trabajo de los psicólogos. Estaba yo en un Hospital de Día con pacientes graves. Andaba ahí solo, sin apoyo de nadie. Y le comenté la dureza que supone estar durante varias horas con pacientes de patología tan grave por la cantidad de elementos tóxicos que, inevitablemente, vertían sobre mí. Y me dijo. Más duro es trabajar en una mina. No lo olvidaré nunca. Esa persona era incapaz de entender nada del trabajo de una unidad de la que era gerente.

Mira, los psicólogos somos más necesarios de lo que se cree. Claro que dirán que según las estadísticas, corresponde a tantos por población. Pero estos números, siendo orientativos, no alcanzan a valorar toda la función que hace aquel profesional de la salud que ha dedicado muchos años tras los estudios universitarios a formarse en una orientación y a dominar unas técnicas. ¿Por qué no hay más psicólogos trabajando en las unidades de cáncer, de patología renal o en las mismas maternidades? ¿Y en el campo de la justicia, es que ahí los reclusos o incluso los mismos jueces no precisarían de un profesional que les ayudase a realizar su labor con mayor equilibrio psíquico? ¿Y los partidos políticos? No acabaríamos la lista…

  • ¿Qué nos recomendarías para cuidar de nuestra salud mental? 

Pues, a ver cómo te lo explico. La salud mental no es un tema exclusivamente individual; es colectivo. Depende no solo de aspectos genéticos que facilitan o inhiben muchas de las respuestas que los individuos tenemos al entorno y a nosotros mismos, sino de los millones de estímulos que provienen de las personas que nos rodean. Las personas nos hacemos las unas a las otras. Y en este hacer al otro, vamos contribuyendo a que la forma cómo esta persona se enfrenta a las demandas de su entorno y con las de las personas con las que vive y se relaciona, sea una u otra. Buena parte de esta tarea es inconsciente, no organizada ni mantenida desde la razón y la consciencia. Nuestra salud mental, la de las personas y la de los grupos humanos, depende mucho de la calidad y calidez de nuestras relaciones. Ahí está buena parte de la respuesta.

La calidez y la calidad de estas relaciones proviene de la capacidad con la que entendemos a quienes nos rodean y nos entendemos nosotros mismos. Conocernos y conocer a los demás significa saber de ellos, entenderlos y quererlos. Pero esto no es fácil. Aprender a diferenciarnos de los demás y al tiempo ser capaces de estar y sentirnos vinculados a ellos, es complejo. Afecta y atañe a muchísimos aspectos individuales que deben poder entenderse y aceptar.

Si fuésemos capaces de establecer espacios grupales en los que poder entendernos, ganaríamos mucho. Lugares en los que, bajo la conducción de especialistas en el tema, poder hablar, sentir, pensar y comprendernos. Espacios grupales que debieran poder desarrollarse en las escuelas, en los lugares de trabajo, en los espacios políticos… ¡hay tantos lugares en los que los profesionales de la salud podrían contribuir a la salud mental antes de que aparecieran señales de patología!

Lamentablemente nuestros representantes políticos nos usan para otra cosa, pero nunca o muy pocas veces, para mejorar la salud mental de los ciudadanos. En alguna ocasión he tenido la osadía de comentarle a algún líder político que nos necesita (y el bien que conseguiríamos hacer a nivel social); pero la callada por respuesta fue todo. Es más, recuerdo haber enviado a varios dirigentes políticos de nuestro país el libro que desde mi intenta contribuir sobre lo social. Tan solo dos me contestaron agradeciendo el regalo. Creo que ni ellos ni nadie más lo leyó.

Actualmente estamos viviendo la llamada “crisis de los refugiados” o cómo la historia se repite. El libro que publicaste de Vamik Volkan “Psicología de las sociedades en conflicto: diplomacia, relaciones internacionales y psicoanálisis” es una gran ayuda para coprender las relaciones y los conflictos entre los pueblos.

  • ¿Deseas compartir algo más con nosotros?

No me tientes, Elena, no me tientes. Muchas cosas me gustaría poder compartir pero sé que debo limitar mi presencia. Ahora bien, si fuésemos capaces de pensar en el otro más que en uno mismo, si fuésemos capaces de levantar el pie del acelerador y darnos tiempo para estar, para compartir (aunque sean los silencios) con los demás… si fuésemos capaces de estar con nuestros chavales, nuestros peques… creando cosas, desarrollando su creatividad y espontaneidad, si fuésemos capaces de contribuir a su educación no pensando solo en su progreso personal sino también en el colectivo, otro gallo cantaría. Pero… soy un poco pesimista. ¿Cuántos años de existencia de la humanidad nos ha llevado a donde estamos? A penas hemos bajado del árbol. Los elementos destructivos están ahí y es muy difícil contrarrestarlos. En intentarlo estamos muchos.

  • ¿Quién es Miquel en Esencia?

¿No será una pregunta trampa, ¿verdad? No sé. He intentado ser buen marido, padre y abuelo. Quizás también un buen hermano, hijo y nieto. También buen profesor y profesional. No tengo tan claro haberlo conseguido; más bien creo que quedó en el intento. Bueno, eso ya te lo dirán otros, cuando las negociaciones con la Parca (que espero vayan más lentas de lo que pueda querer ella) hayan concluido.

* * *

De tots els Colors- Bringing Colour to NursingQueridos Amigos:

Me siento afortunada por todo lo que me he aprendido con Miquel durante el intercambio de preguntas, respuestas, comentarios, retoques, mejoras y sugerencias. Y por las risas que también me ha regalado. Da gusto aprender de un Maestro tan humano, tan grande y tener la oportunidad de compartirlo con vosotros.

Habréis notado que Miquel ha puesto el alma en la entrevista, se palpa desde el primer párrafo. Ha dedicado tiempo, trabajo, energía y lo ha hecho con la entrega, el compromiso y el entusiasmo que le caracterizan. Sólo puedo añadir:

Querido Miquel, gracias de corazón por regalarnos este material que es un tesoro,  una lección magistral y un ejercicio de “terapia de reflexión”, que buena falta nos hace.  Nos planteas muchas preguntas y las respuestas, la capacidad de mejorar las cosas depende de cada uno de nosotros.

Tus palabras son al mismo tiempo, inspiración y reto. En nuestra mano está relacionarnos de forma más consciente, más respetuosa, más sana, y sabia, y de ese modo nutrir y transformar los grupos sociales y los equipos profesionales de los que todos, sin excepcción, formamos parte.

Miquel, te deseo lo mejor, sigue trabajando como a ti te gusta, compartiendo, enseñando tantas cosas necesarias y buenas. Abrazos, y ¡bienvenido a la familia del blog!

Elena Lorente Guerrero