Cuidados-Personas-Compasión: Espiral y Círculo

Queridos amigos:

La vida no es lineal, sino en círculo. Asimismo, crecer es un proceso en espiral. Es así en lo macro y en lo micro, en lo tangible y en lo sutil. Y así  fue también en las #3JHUCI.

La primera mesa, moderada por María Ángeles Prieto, socióloga, enfermera y profesora de la EASP, estuvo dedicada a la experiencia del paciente en la UCI y fue directa al corazón de los asistentes. El testimonio de Carmen Prieto (expaciente de UCI del Hospital de Montilla, Córdoba), Aroa López (Enfermera de urgencias, Hospital Universitario Vall d´Hebron, Barcelona)  y Esther Peinado (Madre de Héctor y estudiante de enfermería, Hospital Universitario La Fe, Valencia) fundió a toda la sala en una sóla Alma.

Comparto con vosotros el módulo que ya está disponible gracias a Proyecto HU-CI. Os animo  a escuchar la experiencia de estas tres mujeres valientes y  a conectar con el poder de la resiliencia. Un gran aprendizaje para todos, porque sin duda, todos hemos sido, somos o seremos pacientes en algún momento de nuestra vida.

Carmen, Aroa, Esther y  el pequeño Héctor, que vive en la Luz y en el Amor,  atravesaron un verdadero desierto y fue su inagotable determinación la que logró la alquimia de transformar ese montón de arena en el que parecían hundirse sin remedio, en tierra fértil, en cambios visibles y tangibles en los cuidados.

Escucharlas es imprescindible para todos los que nos dedicamos a cuidar, ¡Tenemos tánto que aprender de ellas! Del mismo modo, es fundamental para los estudiantes que os estáis formando y que estáis empezando a contactar con el mundo sanitario ya desde vuestras primeras prácticas.

Al mismo tiempo, os invito a escuchar las ponencias del módulo dedicado a la Compasión en la HUCI. Moderados por Gabi Heras – Médico Intensivista y creador del Proyecto HU-CI, Gonzalo Brito – Psicólogo Clínico, Enric Benito – Oncólogo y Paliativista,  y una servidora,  creamos una conferencia coral sobre el cuidado  compasivo. Un placer y un honor participar en esta mesa tan preciosa y tan necesaria.

Y conectando con el incio del post, deciros que este módulo, que tenía un propósito explícito, vio elevado su sentido, si cabe, gracias a las semillas que generosamente sembraron Carmen, Aroa, Esther y Héctor el día anterior.

En estas terceras jornadas dedicadas a la humanización de la sanidad no hubo principio ni tampoco hubo final, sino más bien una concatenación de personas y experiencias. Un círculo creador de vida que podéis disfrutar visitando el Canal HUCI tube.

Estad preparados, eso sí, porque son contenidos que os harán sentir, que os harán pensar, que os harán vibrar. Pura inspiración e impulso.

Feliz viaje a ese espacio personal, silencioso e íntimo donde las vivencias, ajenas al tiempo, nos transforman para resurgir más libres, más sabios, más ligeros, con el Alma expandida en forma de una hermosa espiral. El proceso interminable de aprendizaje, metamorfosis y crecimiento interior que es vivir.

Gracias de corazón a Proyecto HU-CI y a todos los que hicisteis posible las #3JHUCI.

Abrazos para todos,

Elena Lorente Guerrero

 

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“El viaje definitivo”: cuidados paliativos visibles

Queridos amigos:

El viaje definitivo es un precioso documental sobre cuidados paliativos. Pacientes, familiares, voluntarios y profesionales de la salud de los diferentes servicios específicos de las Islas Baleares protagonizan este documento vivo que visibiliza la atención y los cuidados al final de la biografía sin que esto signifique necesariamente, últimos días.

El viaje definitivo nos brinda la oportunidad de entrar en la dinámica de trabajo de los equipos multidisciplinares que atienden a los enfermos y a sus familiares, y así conocer de cerca qué son los cuidados paliativos, a quién van dirigidos, cuándo y con qué objetivos.

Al mismo tiempo, el testimonio de pacientes y familiares nos acerca con naturalidad, serenidad, gratitud y esperanza al proceso de vivir y morir. Gracias por alumbrar el camino.

Me hace especial ilusión compartir este documental generoso, necesario y verdadero porque algunos de sus protagonistas fueron compañeros durante mis prácticas de enfermería. Un abrazo para todos y en especial para el equipo de cuidados paliativos del Hospital General y del ESAD. Lo que aprendí con vosotros, sigue vivo y me acompaña.

Y por supuesto, un abrazo grande y luminoso para ti, Enric Benito, que te colaste por las rendijas del sueño…

Vivir es llegar y morir es volver – Lao Tse

Elena Lorente Guerrero

 

 

Re-imaginando la experiencia de la muerte con Gabi Heras en TEDxValladolid, por Bárbara Salas

Queridos lectores,

Cuando Elena supo que iba a ir al lab interactivoRe-imaginando la experiencia de la muertecon Gabi Heras, me propuso escribir una entrada en su blog narrando mi experiencia; las líneas que siguen son el testimonio de mi paso por TEDxValladolid, y de mis sentimientos y reflexiones durante la jornada. Gracias, Elena, por darme la oportunidad de compartir con tus lectores mis vivencias.

Mi asistencia al Lab “Re-imaginando la experiencia de la muertecon Gabi Heras fue una sucesión de lo que algunos llaman “casualidades”. Originalmente mi billete de regreso a Inglaterra, donde estoy estudiando medicina, lo tenía reservado para el domingo 25 de Septiembre. Gabi me había invitado a asistir a su lab en TEDxValladolid; un lab particularmente interesante para mí debido a mi pasión por los cuidados paliativos y los temas relacionados con el final de la vida. Pero teniendo en cuenta que Valladolid está lejos de Vitoria, donde viven mis padres, el viajar tan lejos el día antes de coger el avión no parecía factible. Por eso lo aparté de mi mente, convencida de que ya habría otras oportunidades para encontrarnos.

Pero semanas después, una compañera me dijo que en realidad las clases no comenzaban lunes 26 (como indicaba el calendario), sino el miércoles 28. Nada más saber eso llamé a British Airways con la intención (aunque con casi nulas esperanzas) de cambiar el billete, e increíblemente y sin cargos extra ni problema alguno el cambio del domingo al martes fue posible. Esa serie de “casualidades” me permitió asisitir al TEDxValladolid, y conocer así finalmente a Gabi.

Nada más llegar, me fijé en un panel enorme en el que ponía repetidamente “before I die I want to…” (“antes de morir quiero…”), seguido de una línea en blanco a completar por los participantes. “Before I die I want to become a physician”, pensé. (Antes de morir quiero ser médico). Con eso en mente, y con ganas de dedicar dos horas a reflexionar sobre uno de los temas que más me fascinan, me dirigí hacia el primer piso del LAVA, donde se celebró el Lab.

Entramos en una salita pequeña con sillas que recolocamos en forma de “U”, y comenzamos presentándonos: 22 participantes, mayoritariamente profesionales de la salud, que habíamos llegado allí movidos por razones diversas entre las cuales constaba el “interés por el tema”, “el miedo a la muerte”, “la curiosidad” o “las ganas de aprender”. El ambiente era de expectación y entusiasmo, y aunque algunos parecían estar vigilantes, todos esperábamos con ganas ver cómo se iba a desarrollar la sesión.

Tras una breve presentación personal, pasamos a reflexionar sobre la muerte y sobre cómo deseamos morir. Gabi nos invitó a escribir en post-it palabras que describieran el “cómo”, “cuándo”, “dónde” y/o “con quién” de nuestro propio final, que luego pegamos en una pared: “la pared de la muerte”. Diría que prácticamente todos los que estábamos allí expresamos nuestro deseo de morir “sin dolor” y “sin sufrir”, “en casa” (o “no en el hospital”), “rodeados de amor” y “en paz”.

Gabi sugirió, con razón, que lograr muchos de estos deseos depende en gran medida de nosotros mismos, pero para ello es esencial que nos tomemos el tiempo suficiente para considerar nuestras preferencias, así como los lugares o situaciones que nos gustaría evitar si fuera posible. Y como no sabemos cuándo llegará nuestro final, hemos de transmitir a los que queremos esas voluntades. Así éstas podrán ser respetadas en caso de que no estemos en condiciones de poder comunicarnos.

La segunda parte del lab consistió en la reflexión sobre el vivir: transición natural, ya que pensar sobre cómo deseamos finalizar “nuestra biografía” (en palabras de Gabi) está íntimamente relacionado con cómo vivimos nuestro día a día. Meditamos sobre aquellas cosas que deseamos hacer antes de fallecer, y luego bajamos al hall a llenar de ideas y aspiraciones el panel enorme que había capturado mi atención desde el principio, y que constituiría la “pared de la vida”. Desde “visitar Noruega” hasta “vivir sin miedo”, pasando por “escribir un libro”, “cumplir mi proyecto de vida”, “dar sentido al sufrimiento”, o (¡cómo no!) “humanizar la sanidad”, poco a poco todos plasmamos nuestros deseos y aspiraciones.

Este ejercicio nos ayudó a darnos cuenta de que no sabemos cuándo encontraremos la muerte, y que por tanto hemos de vivir en el presente tratando de lograr nuestros sueños sin caer en la tentación de dejar todo para “más tarde”. Porque quién sabe: quizás no haya un “más tarde”.

En resumen, el lab fueron dos horas de reflexión fascinantes que nos permitieron parar y darnos cuenta de lo que verdaderamente importa en el vivir y en el morir. Personalmente, el tener la oportunidad de conocer a Gabi, quien irradia bondad, honestidad, cercanía e integridad, fue una suerte y un honor.

Ojalá todos, al igual que yo, tengamos nuevas oportunidades que nos permitan avanzar juntos no sólo en la humanización de la muerte, sino también y fundamentalmente de la sanidad en su conjunto.

Y sin duda creo que mi asistencia no fue una sucesión de “casualidades”, sino que pasó porque tenía que pasar.

Bárbara Salas

Estudiante de Medicina y Cirugía, Universidad de Newcastle (Inglaterra)
Teóloga por la Universidad de Oxford (Inglaterra)

La pecera de Raquel: Una historia de UCI y Vida

De tots els Colors-  Bringing Colour to NursingTodos seremos pacientes en algún momento de nuestra vida. Es inevitable. Con la enfermedad surge la eterna pregunta ¿Por qué a mi? Justo en ese instante se abre la entrada al laberinto sin salida de la no respuesta.

Algunas personas, en algún momento del viaje, son capaces de trascender el ¿Por qué? y enfocarse en el ¿Para qué a mi? Una puerta a la libertad de ser,  al sentido,  a la resiliencia y para algunos, como Raquel Nieto, a la generosidad de poner todo el aprendizaje vivido al servicio de los demás. ¡Admirable!

De repente, con 41 años, a Raquel le cambió la vida. La muerte le rondaba de cerca robándole el aire día a día, minuto a minuto. Necesitaba otro pulmón para poder vivir. Pasó 99 días ingresada en una Unidad de Cuidados Intensivos. Noventa y nueve días o lo que es lo mismo, 2.376 horas sola en su pecera, peleando, como ella misma dice, no a muerte sino ¡A VIDA!

La historia de Raquel, su experiencia de Uci, de Amor y de Vida es el hilo conductor del video resumen de las #2JHUCI. Un documento audiovisual sensible, precioso que hilvana algunos de los mejores momentos de las jornadas. ¡Un regalazo!

Gracias de corazón a Gabi Heras a Proyecto HU-CI y a Jordi Alcalá de Kitte Runners Films.

H-Abrazos,

Elena Lorente Guerrero

 

 

 

 

Próxima estación: #humaniza

De tots els Colors- Bringing Colour to NursingDe pequeña solía viajar en metro con mi padre. Me fascinaba ir en el primer vagón. Casi de puntillas, con la nariz pegada al cristal junto a la cabina del conductor, hacía todo el trayecto atenta a la vía. Mi padre siempre se ponía detrás de mi pendiente de que no me fuera al suelo en el primer vaivén. Cuando no había suerte y aquel rincón estaba ocupado, si había algún asiento libre, nos sentábamos cogidos de la mano. Yo no callaba en todo el trayecto, mi padre me escuchaba cariñoso y atento.

Agustín, mi padre, me enseñó con su ejemplo. Era rara la vez que conseguía acabar el trayecto sentado porque siempre había ocasión para levantarse y ceder el asiento. Así fue como mi padre me enseñó a estar atenta, a ser respetuosa y amable.

Cuando se hizo mayor y los demás empezaron a cederle su asiento, mi padre todavía se sentía  capaz de aguantar de pie. Fueron pocas las ocasiones en las que aceptó el ofrecimiento, y nunca viniendo de una mujer. Para los hombres de su generación eso hubiera sido de lo más descortés. Además, en el fondo, le hería un poco… Todavía no, ya llegará…

Hace poco mi padre me regaló un “momento metro” precioso. Recuerdo la fecha porque es de las que no se olvidan. Era jueves, 26 de mayo de 2016, sobre las 8 de la mañana e iba sentada camino de las II Jornadas de Humanización de los Cuidados Intensivos #2JHUCI. Estación a estación el vagón se fue llenando de gente desconocida, la mayoría de ellos con la mirada pegada a una pantalla, y los menos a la página de un libro.

En una de las estaciones subió un señor rozando los 80 años, elegante. Se activó el resorte invisible y antes de darme cuenta ya estaba de pie ofreciéndole mi asiento. Me contestó muy amable, con una sonrisa, dándome las gracias y diciéndome que de ninguna manera permitiría que una mujer joven le cediera su asiento, que aún estaba en forma.

Sonriéndole contesté: “Me recuerda usted a mi padre” y ¿sabe qué? que si usted no se sienta, yo tampoco”.

Me sonrió también y de ese modo se inició una conversación natural, preciosa entre dos desconocidos. Me contó que vivía en Canadá, emigró siendo muy joven y allí había vivido toda su vida. Se casó y tuvo hijos. Me contó sobre la vida allí y que había venido a Barcelona para pasar una semana visitando a la poca familia y amigos que le quedan.

Le conté un poco sobre mí y la vida en Escocia, y nos pareció una curiosa coincidencia que los dos estuviéramos de visita en Barcelona en el mismo momento. Me contó también que le hubiera gustado venir con su mujer, pero tiene demencia, y un viaje así era impensable. No le gusta dejarla sola, aunque por supuesto va a estar bien cuidada. Pero hacía tiempo que él necesitaba unos días de descanso y con 80 años no tendría muchas más oportunidades de volver a su Barcelona natal. Contento pero también añorado, aquí estaba.

Me dijo que todo el mundo le aconsejaba que llevara a su mujer a una residencia porque cuidarla era mucho trabajo para él, pero que no tenía ninguna intención de hacerlo. “Hemos vivido toda la vida juntos, la conozco como nadie ¿Quién la podría cuidar como yo? Me ayudan, claro,  estaremos en casa, los dos juntos, hasta el final”.

En ese punto ya nos habíamos bajado del metro. Hubiéramos seguido hablando pero nuestros caminos se separaban allí. Nos miramos a los ojos y reconocí en su mirada la dulzura verde azulada de mi padre. Nos despedimos con una sonrisa, un apretón de manos, y una presentación formal: “Per cert… em dic Emili”. Nos deseamos una feliz estancia en Barcelona. Le di las gracias por la conversación, y le mostré mi admiración por su amor leal y verdadero hacia su esposa.

Seguí mi camino conmovida, emocionada por la magia de un encuentro fugaz, inesperado y humano. Conforme iba avanzando por el pasillo mi corazón sonreía. Gracias por este trayecto juntos, papá!

La amabilidad y la “H” están en todas partes, incluso en las más inesperadas. Vivir con “H” nos transforma, nos mejora.

De esta manera tan sencilla y tan humana empezó el primer día de un encuentro maravilloso, de una historia de amor interminable que guardo para siempre en la memoria del corazón

Abrazos,

Elena Lorente Guerrero

 

Historia del Elefante azul, por Maricruz Martínez Loredo

Era un día como todos los días. Los pacientes iban y venían por el servicio de Urgencias del hospital, unos en mejor estado que otros, y los otros intentando poner en práctica las indicaciones recibidas para poder sentirse mejor.

De repente, se escucha un -“AAAAHHHH”- exclamado con gran asombro, que provenía de la sala de espera. Todos salieron con prisa para ver qué sucedía.

Y ellos también quedaron asombrados. Un hermoso Elefante Azul estaba sentado en la sala de espera, se había lastimado la trompa trabajando en una obra.

No lo hicieron esperar, ya que la hemorragia iba en aumento y era necesario realizar la sutura cuanto antes. Y todos estaban encantados de atender a un paciente tan simpático pero a nadie se le escapaba que el color era muy extraño y se miraban mutuamente poniendo “caras raras”…. hasta mofándose a causa de su color.

Por el tamaño del paciente, hubo que pedir ayuda a otros médicos y enfermeras, para poder coser la herida al mismo tiempo, y al entrar y ver al paciente todos murmuraban en vos baja preguntando acerca de su color. Asi y todo se pusieron manos a la obra y unos comenzaron por un borde y los otros por el extremo opuesto.

Al cabo de dos horas la hemorragia y la herida ya estaban controlados, pero decidieron que el paciente quedara ingresado, al menos para observarlo durante 24h.

Don Elefante Azul, aceptaba todas las indicaciones, la mayoría no las entendía pero obedientemente realizaba todo lo que le decían.

Fue algo difícil acomodarlo a gusto en la habitación, ya que sus dimensiones eran muy grandes.

Todo marchaba sobre ruedas hasta que finalmente unos de los médicos, dijo :

-“Es imposible que el color de don Elefante sea azul. Aquí está sucediendo algo raro”-

Y fue a hablar con él.

Don Elefante le explicó que siempre había tenido ese color. Que recordaba poco de su niñez  pero que nunca había tenido ningún problema a causa del color.

El médico, muy docto, lo miró seriamente y le confirmó que esto no podía aceptarlo por lo cual  dejó indicación estricta de lavar al paciente con desinfectantes para comprobar que esto no era propio de un elefante.

Esponja y manguera en mano, marcharon las enfermeras a duchar reiteradamente al paciente.

Don Elefante Azul, lo pasaba muy bien con estos remojones, aunque los desinfectantes le picaban algo en la nariz, donde tenía la herida. A los elefantes les gusta mucho bañarse y jugar en el agua, y las enfermeras jugaban con él haciéndole cosquillas, para que se mantuviera alegre, pero le entristecía la mirada de aquél médico…..era como si en verdad quisiera hacerlo de otra forma, sentía en su forma de mirarlo hostilidad hacia él.

Pasaron las 24h, pasaron las limpiezas y don Elefante…..continuaba…….azul.

Volvió el médico, al día siguiente acompañado de un grupo de médicos, quienes asentían con tono serio que había que insistir en ese tratamiento, a pesar que don Elefante afirmaba que él estaba bien y que siempre había sido así.

Nuevamente las enfermeras, comenzaron con el “ritual del baño” pero esta vez don Elefante estaba más triste, y no lograban hacerlo reir. Sentía que los médicos no lo querían, que no comprendían su estado.

A la mañana siguiente, entraron en su habitación su médico y otros más. Don Elefante ya no sólo seguía azul sino que ahora estaba triste, muy triste y se sentía muy mal.

El médico repitió nuevamente su explicación y recalcó que esto no podía continuar asi, que tenía que colaborar en su recuperación. A esta altura don Elefante se puso a llorar, él no sólo no sabía qué hacer, sino que más no podía colaborar.

Y pasó otro día, otra noche…..y todo iba a peor.

Al terminar esa mañana la visita de los médicos, hubo uno que no compartía la opinión del resto del equipo. Entonces fue a la habitación de don Elefante y le dijo:

-“Don Elefante, no lo tome a mal, su Médico en realidad quiere su mejoría, pero no sabe muy bien cómo hacerlo, pero sabe una cosa? Yo le creo, estoy seguro que su color es éste y que además le sienta muy bien. Veo que su salud es buena, la herida está muy bien y entonces tendría que animarse.” Al oir estas palabras don Elefante abrió los ojos y rodeó con su trompa al Médico que le hablaba (asi es como demuestran cariño los elefantes), le sonrió de oreja a oreja, que ya es bastante y le prometió que al día siguiente estaría mucho mejor.

Efectivamente, al día siguiente lo encontraron muy feliz, y tranquilamente le dijo a su Médico que ya que su herida estaba bien, decidía que era hora de volver a su casa tuviera el color que tuviera.

Con tal planteo y tal decisión, no pudieron negarle nada, asi que le dieron unas recomendaciones y lo citaron para una posterior revisión. Don Elefante Azul emocionado le guiñó el ojo al médico que había conversado con él.

Don Elefante Azul se despidió de sus enfermeras, que no tenían ningún problema con su color, las saludó rodeándoles por la espalda con su trompa, y se marchó muy feliz.

Pasados unos días, nadie recordaba ya a don Elefante Azul, pero de repente apareció una tortuga en urgencias, con una fractura en su caparazón y era una tortuga……..roja!!! Y comenzaron de nuevos los rumores, las risitas…..y las duchas con desinfectantes!!!

Cada uno es del color que es, es del país que es, y de la familia que es. Por más que nos empeñemos en “fregar al otro” para cambiarlo, el otro seguirá siendo quien es.

Lo importante es lo que cada uno crea de si mismo, lo entiendan los demás o no, aunque siempre necesitemos del apoyo y estímulo que nos da el ser aceptado por otros.

 

 

De “Cuentos para mis pacientes”; libroCUIDANDO VIDAS

Maricruz Martínez Loredo

Enfermera

Martita quiere polvo de estrellas, por Maricruz Martínez Loredo

Es ésta una historia real que puede servir de ejemplo para darnos cuenta que, muchas veces, la mejor medicina la llevamos dentro.

Marta tenía once años cuando le diagnosticaron una insuficiencia renal. Seguramente, había nacido con alguna malformación que no había sido detectada a tiempo y ahora tenía poca solución. Llegó al hospital con su madre, después de un largo viaje, ya que vivía en una alejada zona fuera del pueblo donde se encontraba el hospital.

Su color pálido, a pesar de ser morena, sus ojitos y sus manos hinchadas eran muy evidentes y demostraban, a simple vista, lo que le estaba sucediendo. De modo que deciden ingresarla y colocarle el tratamiento correspondiente, pero pasaban los días y Martita no mejoraba. Su situación era cada vez más crítica. No había en esos momentos muchos recursos para solucionar su problema, no había servicio de Diálisis y ella empeoraba.

Su carácter tranquilo y dispuesto le ayudaba a soportar aquella situación, y su mamá no se separaba de ella y la atendía continuamente. No sabiendo ya qué hacer, y para darle ánimos, una enfermera le llevaba todos los días “polvito de estrellas”. Simplemente, sacaba de su bolso la polvera del maquillaje y, con aspavientos, se lo ponía a Martita en la cara, diciéndole:

–Anoche, cuando salieron las estrellas, les robé un poco de polvo para ponerlo en la cara de Martita. ¡Mira qué lindo te queda! ¿A que está muy linda? –y Martita, que se lo creía y no se lo creía…, se reía con aquella ocurrencia y se divertía un ratito– Además –continuaba la enfermera–, esto le va muy bien a las niñas que están mal de los riñones, ¿a qué te sientes mejor? –y, desde luego, Martita decía que sí.

Un día, aquella enfermera no fue a su trabajo y Martita comenzó a sentirse peor. Le costaba respirar más que otros días: algo no iba bien. Fue sintiéndose cada vez peor y comenzó a pedir su “polvo de estrellas”. Durante mucho tiempo, aquella enfermera la visitaba todos los días, pero aquel día no aparecía. Martita se puso a llorar, ella no estaba bien y su polvo de estrellas no llegaba. Su madre la abrazaba y trataba de consolarla, pero no había manera.

Le colocaron una mascarilla de oxígeno porque casi no podía respirar. Pasó así toda la noche, intentando respirar y reclamando su polvo de estrellas. A la mañana siguiente, Martita estaba muy desmejoraba, apenas abría los ojos y no le quedaban ya fuerzas, estaba agotada por el esfuerzo de intentar respirar, y entonces llegó la enfermera. Martita, al escucharla, abrió los ojos y, con un hilo de voz, pidió:

–¡El polvo de estrellas!

A la enfermera se le llenaron los ojos de lágrimas, porque enseguida comprendió la situación. Corrió hasta su bolso, sacó la pequeña polvera que un día le regalaran para el Día de la Madre, fue rápido junto a Martita y le colocó en la carita su polvo de estrellas. Martita sonrió y… se convirtió en un angelito.

Allí quedó en su camita, con la carita hinchada por su enfermedad y maquillada con su polvito de estrellas….

Aquella enfermera no podía hacer nada para que Martita recuperara la salud, pero sí pudo hacer algo muy importante: acompañarla en la salida de este mundo para que lo hiciera con serenidad, porque eso sí estaba en sus manos.

La verdadera magia la llevamos dentro, en algún rincón del corazón. Tendremos a nuestra disposición muchos remedios, medicamentos y tratamientos, pero la verdadera alegría interior que hace florecer desde dentro, sólo es posible de corazón a corazón.

De “Cuentos para mis pacientes”; libro “CUIDANDO VIDAS

Maricruz Martínez Loredo

Enfermera