El Médico y el Paciente del futuro van de la mano, Dr. Edward Bach.

Una llamada a los colegas de la profesión médica.

“Después de muchos años de investigación, he descubierto que ciertas plantas tienen maravillosas propiedades curativas; y con la ayuda de éstas, un gran número de casos, que el tratamiento ortodoxo sólo podía paliar, son ahora curables.

Por tanto, las enfermedades venideras podrán ser tratadas y prevenidas en esa etapa en que la gente dice: <No estoy lo suficientemente mal como para ir al médico>.

Pero cuando obtengamos la confianza de los quenos rodean en que la enfermedad puede ser atajada en sus primera etapas, y por tanto, cuando seamos capaces de explicarles que en los casos más obstinados y crónicos hay una mejoría cuando se persevera con el tratamiento, nuestra obra se extenderá ampliamente. Porque tendremos un ejército de personas que vendrán a nosotros, días, semanas o meses antes de que, de otra manera, vean su salud desajustada; y segundo, los casos crónicos no sólo vendrán a nosotros cuando busquen alivio al dolor o a las molestias, sino que vendrán para continuar sus casos con la esperanza de obtener una sanación.

Las plantas mencionadas pueden ser utilizadas en conjunción con cualquier tratamiento ortodoxo, o añadidas a cualquier prescripción, y se apresurarán en asistir al tratamiento de todo tipo de casos, agudos o crónicos, para lograr un éxito mayor.

Llegará un tiempo entre nosotros en que la medicina ortodoxa no dará abasto con gran parte de las enfermedades de este país; y ése será el tiempo de obtener la confianza de la gente del pueblo, y de justificar nuestra noble llamada.

Las plantas son tan simples que cualquier estudiante de la naturaleza humana pude comprenderlas, y una de sus propiedades es que nos ayudarán a prevenir los asaltos de los males orgánicos cuando el paciente está en ese estado funcional que, incluso en enfermedades agudos o crónicas, con frecuencia los preceden.” EDWARD BACH. Título original: Letters & Miscellaneous Writings.

***

El paciente del mañana debe comprender que él, sólo él, puede lograr el alivio de sus males, aunque pueda recibir consejo y ayuda de un hermano mayor que lo asistirá en su esfuerzo.

La salud existe cuando hay armonía perfecta entre el alma, la mente y el cuerpo; y esta armonía, sólo esta armonía, es lo único que debe ser obtenido para lograr la curación.

En el futuro, ya no se sentirá orgullo de estar enfermo. (…). EDWARD BACH.

* * *

Queridos lectores:

En el post anterior E. Bach nos presentaba el hospital del futuro y la función del médico del mañana.

En esta carta a sus colegas Bach da protagonismo, ya entonces,  a la prevención de la enfemedad y a la promoción de la salud. Entiende que cuando la enfermedad da la cara, cuando aparecen los síntomas estamos justamente ante las etapas finales y no iniciales de un desequilibrio que se originó previamente. Y él mismo menciona, días, semanas, meses… cuando el paciente nota que no está bien, pero no lo suficientemente mal como para consultar con el médico.

Bach está señalando claramente lo que hoy entendemos como enfermedad subclínica, el conjunto de síntomas, de percepciones subjetivas sin evidencia objetiva, que el paciente vive y siente de forma única y propia. Esa sensación de “no sé que me pasa pero no soy el mismo de siempre”.

De Tots els Colors – Scotland

Las que probablemente van a consultar primero son mayoritariamente mujeres que, si no son víctimas del sesgo de género que impera en el sistema y que las etiqueta de depresivas y/o ansiosas y las manda a casa con un antidepresivo, tendrán “la suerte” de verse sometidas a unas cuantas pruebas diagnósticas que evidenciarán que todo está bien. Así que también tienen muchos números de irse a casa con un antidepresivo… 

http://www.inmujer.gob.es/areasTematicas/salud/publicaciones/Seriesdebartedocumentos/HOME.htm

Existen enfoques que contemplan esos desajustes en sus fases más prematuras. La homotoxicología los aborda, también la oligoterapia, y por supuesto, los cambios en el estilo de vida que promueve el criterio naturista que no busca otra cosa más que devolver la homeostasis poniendo en marcha la fuerza curativa del organismo, lo que los griegos llamaban la Vis Medicatrix Naturae.

¿Y que aporta Bach? Para él la enfermedad es el resultado de un conflicto entre lo que él denomina”el yo espiritual, o ser superior” (el alma) y el “yo mortal” que no es más que la personalidad, el ego. Cuando la personalidad vive en consonancia con los dictados de su Alma el resultado se refleja en forma de salud. Lo contrario abona el terreno, en su alusión más homeopática, a la enfermedad.

De Tots els Colors – Highlands

Por otro lado, Bach supo anticipar lo que hoy en día es una realidad, mucha gente busca otras formas de entender y afrontar lo que le está pasando. Hasta hace unos años había una fractura entre la medicina alopática y “las otras”… pero afortunadamente, esto está cambiando. Hoy la población está reclamando el acceso a otros enfoques que entiendan, trabajen y se centren en la persona, en el ser único e irrepetible que tienen delante, no en otro caso más de “enfermedad X”. Y que además, desde el respeto y la comprensión de ese ser único ofrezcan tratamientos personalizados menos agresivos, menos invasivos y con menor toxicidad.

También están reclamando terapias, pautas de vida que sean respetuosas con lo que cada cual se sienta afín y que en definitiva, van a promover la adherencia terapéutica.

Que lo pidan y que lo exijan como un servicio más de la Sanidad Pública está bien, para mí es el lugar natural donde deberían estar presentes para que el acceso sea posible para todos y no para unos cuantos que se lo pueden pagar.

No quiero entrar en este post en temas de regulación, etc.. no ahora…  Pero lo que está claro es que los pacientes están tomando las riendas, se están empoderando como anticipó Bach y si nos gusta decir que han de ser responsables de su salud y participar de ella, pues seamos honestos y demos respuesta a su demanda, ampliemos las posibilidades.

…Y vuelvo a Bach quien claramente busca la comunión entre su nuevo enfoque y el convencional. Los remedios florales pueden utilizarse junto con cualquier tratamiento ortodoxo ya que actúan como facilitadores. Nos recuerdan el estado natural de equilibrio emocional para que el organismo, por resonancia y por nuestra programacion biológica hacia la salud, recupere la armonía. Como el instrumento  que de tanto usarlo se desafina de vez encuando, a veces sutilmente, pero que está diseñado para interpretar música de la forma más afinada, bella y perfecta posible.

¿De qué se trata entonces? Pues de que todas las miradas confluyan en la persona y en su bienestar de forma inclusiva y no excluyente. Partir de la humildad de que cada enfoque conoce una parte del “todo”, pero no el “todo”. Que cada parte, cada mirada es importante, necesaria, y que trabajando juntos, con el deseo real de aprender y ayudar, podemos complementarnos unos a otros y como resultado, ofrecer esos cuidados integrales y holísticos que intuimos como la evolución natural del paradigma de las profesiones dedicadas a la salud, y que además, nuestros pacientes piden.

Cuando te abres a otras formas de entender la salud, la enfermedad y te sumerges en la apasionante aventura de conocer la naturaleza del ser humano, te das cuenta de que las gafas con las que mirabas el mundo ya no sirven, eran reduccionistas , te mostraban una sóla cara de la realidad, un rectángulo, por ejemplo. Las diferentes gafas nos muestran más caras, y va y resulta que no era un rectángulo, ¡era un cilindro! Por cierto, un cilindro es una figura geométrica formada por la revolución de un rectángulo…

En los próximos post se ampliarán las ideas que introduce Bach sobre “ser el hermano mayor” que aconseja y el desapego de la enfemedad y del síntoma.

Hasta entonces, os deseo todo lo mejor.

De Tots els Colors – Poolewe

Un abrazo,

Elena Lorente Guerrero

El Hospital del Futuro. Edward Bach, febrero de 1931.

Disertación efectuada en Southport por el Dr. Edward Bach,

febrero de 1931

“Venir esta tarde a dar esta disertación no ha sido para mí nada fácil. Ustedes son miembros de una sociedad médica, y yo he venido como médico. Sin embargo la medicina de la que quiero hablar está tan lejos del parecer ortodoxo de hoy, que  hace que haya poco en esta hoja de papel que tenga que ver con el olor del consultorio privado o el hospital, tales como los conocemos en el presente. (…) Demos una ojeada, por el momento, al hospital del futuro.

Será un santuario de paz, esperanza y alegría. Sin prisas ni ruidos, enteramente libre de todos los terribles aparatos y artefactos de hoy, del olor a los antisépticos y anestesias, libre de toda cosa que sugiera enfermedad y sufrimiento. No se molestará el reposo del paciente para efectuar frecuentes tomas de temperatura, que se vera libre de los diarios exámenes con el estetoscopio y de punciones que le imprimen sobre la mente la naturaleza de su enfermedad. No se le tomará constantemente el pulso para sugerir que su corazón late con demasiada aceleración. Pues todas estas cosas evitan la misma atmófera de paz y calma que es tan necesaria para que el paciente tenga una rápida recuperación. Tampoco habrá necesidad de laboratorios, pues el análisis microscópico de los detalles ya no tendrá ninguna importancia, cuando se comprenda por entero que es el paciente el que debe ser tratado y no la enfermedad.

El objetivo de todas estas instituciones es tener una atmósfera de paz, de esperanza, de alegría y de confianza. Todo lo que haga será para estimular al paciente a olvidar su enfermedad, a esforzarse por mejorar; y al mismo tiempo a corregir cualquier falta de su naturaleza, a comprender la lección que debe aprender.

Todo será estimulante y maravilloso en el hospital del futuro, de modo que el paciente buscará ese refugio, no sólo para aliviar su enfermedad, sino también para desarrollar el deseo de vivir mucho más en armonía con los dictados de su alma de lo que ha hecho hasta ahora.

El hospital será la madre del enfermo; lo cogerá en sus brazos, lo tranquillizará y confortará, le dará esperanza, fe y valor para superar sus dificultades.

El médico del mañana sabrá que él, por si mismo, no tiene el poder de curar, pero que si dedica su vida al servicio de sus semejantes, a estudiar la naturaleza humana para poder, en parte, comprender su sentido; si desea, con todo su corazón, aliviar el sufrimiento, y renuncia a todo para ayudar al enfermo, luego puede utilizar su conocimiento para guiarlo, y el poder de curación para aliviar sus dolores. E incluso entonces, su poder y habilidad para ayudarlo crecerá en proporción a la intensidad de su deseo y de su disponibilidad para servir. Debe comprender que la salud, como la vida, es de Dios, y sólo de Dios, que él y sus remedios (florales) son simples instrumentos y agentes del plan divino para ayudar al sufriente a volver a la senda de la ley divina.

No tendrá interés en la patología o en la anatomía mórbida, pues su estudio será de la salud. No tendrá imortancia para el médico que, por ejemplo, la insuficiencia respiratoria sea causada por el bacilo de la tuberculosis, el estreptococo o cualquier otro organismo: pero será muy importante saber por qué el paciente sufre de dificultades respiratorias. Tendrá poca importancia saber qué válvula del corazón está dañada, pero será vital descubrir de qué manera el paciente ha desarrollado equivocadamente aspectos de su amor. Los rayos X ya no serán utilizados para examinar la articulación artrítica, sino que más bien se investigará en la mentalidad del paciente para descubrir la rigidez en su mente.

La prognosis de la enfermedad ya no dependerá de los signos y síntomas físicos, sino de la habilidad del paciente para corregir esa falta y armonizarse con su vida espiritual.

La formación del médico englobará un profundo estudio de la naturaleza humana, una gran percepción de lo puro y lo perfecto,  y una comprensión del estado divino del hombre, y el conocimiento de cómo asistir a quienes sufren, de manera que su relación con su yo espiritual vuelva a ser armónica y pueda llevar nuevamente concordia y salud a su personalidad.

Deberá ser capaz, a partir de la vida e historia del paciente, de comprender el conflicto causante de la enfermedad o desarmonía entre el cuerpo y el alma, y así dar el consejo y el tratamiento necesarios para el alivio del sufrimiento.

También tendrá que estudiar la naturaleza y sus leyes: dialogando con sus poderes curativos podrá utilizarlos en beneficio y provecho del paciente.

El tratamiento del mañana despertará esencialmente cuatro cualidades del paciente:

Primero, PAZ; segundo, ESPERANZA; tercero, ALEGRÍA; y cuarto, CONFIANZA.

Todo el ambiente que le rodea, así como la atención que se preste al paciente, conducirán a este fin. Al rodear al paciente en una atmósfera de salud y luz, se apoyará su recuperación. Al mismo tiempo, los errores del paciente, después de ser diagnosticados, le serán señalados, y ahora puede darle asistencia y apoyo para que pueda superarlos.

Además de esto, estos maravillosos remedios (florales) serán administrados para abrir esos canales que más limitan la luz del alma, de manera que el paciente pueda ser sacado a flote con la virtud curativa”. (…). EDWARD BACH.

* * *

¡Qué conferencia tan preciosa! ¿verdad? y qué precioso también ser testigos de tantos profesionales de la salud que en su realidad más inmediata, en su quehacer diario, están construyendo, hoy, ese hospital que visualizaba Bach, centrado en las personas,  en los cuidados holísticos y humanistas.

Las entrevistas de la categoría “Brillan con Luz Propia” os darán a conocer a algunos de los protagonistas que están construyendo esta nueva realidad y que forman parte de la querida familia del blog.

Dejo para la reflexión personal el hospital que dibuja Bach y la función del médico del futuro para resaltar una idea de la conferencia:

El hospital será la madre del enfermo; lo cogerá en sus brazos, lo tranquillizará y confortará, le dará esperanza, fe y valor para superar sus dificultades”.

E. Bach está sugieriendo que el hospital del futuro está también en nuestro interior. Es el espacio personal donde nos permitimos ser nosotros  mismos, un templo de recogimiento, de silencio y escucha atenta.

Cuando la personalidad contacta con el Alma, todo el conocimiento nos es revelado; está en nosotros, siempre lo ha estado. Sólo hay que saber mirar adentro para re-cor-dar quiénes somos y que el médico interior emerja.

Curarse es un proceso parcial e incompleto de afuera hacia adentro.

Sanar es un proceso global y completo de adentro hacia afuera.

Hay muchos temas que podrían ser desarrollados a partir de esta conferencia, pero creo que sería demasiada información y reflexión contenida en una única publicación. Atendiendo al principio de sencillez de Bach, voy a ir trabajándolos poco a poco en una serie de post que estoy preparando.

En un próxima publicación presentaré al paciente del futuro que visualizó Bach. Y posteriormente, voy a iniciar una serie titulada “El Sistema Floral de Bach: La Luz que nunca se Apaga” para desarrollar en profundidad qué son los Remedios Florales, cómo y dónde actúan. Cómo entendía Bach la salud y la enfermedad, e interpretaba los síntomas físicos.

Abordaré también la gran diferencia que hay entre “dar flores” y hacer Terapia Floral. Cómo se llega a un Diagnóstico Floral y a la Prescripción de los Remedios, etc.. Todo ello desde mi aprendizaje y experiencia como Bach Practitioner y Enfermera, con la máxima humildad y rigor posibles.

Ya sabéis que soy una enamorada de Edward Bach. Ahondar en su trabajo y su filosofía es una historia de amor interminable. Con cada lectura en profundidad un nuevo velo se descorre, un nuevo aspecto sutil nos es revelado.

El conocimiento llega cuando estamos preparados para comprenderlo, integrarlo y recrearlo. Así que tengo paciencia y confianza en todo lo que me queda por aprender de la grandeza de E. Bach.

Espero de corazón que disfrutéis de todo lo que compartiremos.

De tots els Colors – The Highlands of Scotland

Un abrazo,

Elena Lorente Guerrero

LA CURACIÓN DESDE LA PERSPECTIVA DE EDWARD BACH. (VIII), último capítulo.

Obras completas del Doctor Edward Bach.

 

CÚRESE USTED MISMO

(Publicado por C.W.Daniel Co., 1931)

Una explicación de la causa real y de la curación de la enfermedad.

Capítulo ocho

“De este modo, vemos que nuestra victoria sobre la enfermedad depende principalmente de lo siguiente:

  • Primero, tener conciencia de la divinidad que hay en nuestra naturaleza y de nuestro consiguiente poder para sobreponernos a todo lo que es erróneo.
  • Segundo, saber que la causa básica de la enfermedad obedece a la desarmonía entre la personalidad y el alma.
  • Tercero, hay que tener la voluntad y la capacidad para descubrir el defecto que causa semejante conflicto.
  • En cuarto lugar: hay que suprimir ese defecto desarrollando la virtud opuesta.

El deber del arte de la curación consistirá en ayudarnos a alcanzar el conocimiento necesario y en proporcionarnos los medios para superar nuestras enfermedades, y además, en administrarnos los remedios que fortalecerán nuestros cuerpos físicos y mentales, y nos den mayores probabilidades de éxito. Entonces sí estaremos en disposición de tratar la enfermedad en su base con esperanza de éxito.

La escuela médica del futuro no se interesará particularmente por los resultados finales y consecuencias de la enfermedad, ni les dará tanta importancia a las actuales lecciones físicas, ni se administrará drogas y productos químicos para paliar simplemente los síntomas, sino que , conocedora de la verdadera causa de la enfermedad y consciente de que los resultados físicos obvios son meramente secundarios, concentrará sus esfuerzos en aportar esa armonía entre cuerpo, mente y alma que conlleva el alivio y la curación de la enfermedad. Y en los casos en que se emprenda lo bastante pronto la corrección de la mente, se evitará la enfermedad inminente.

Entre los tipos de remedios que se utilizarán, estarán los que se obtienen de las plantas, y las plantas más hermosas que se encuentran en la botica de la naturaleza, plantas enriquecidas divinamente con cualidades curativas para el cuerpo y la mente del hombre.

Por nuestra parte, debemos practicar la paz, la armonía, la individualidad y la firmeza del propósito y desarrollar progresivamente el conocimiento de que en esencia somos de origen divino, y por tanto tenemos en nuestro interior, esperando a que los desarrollemos, como haremos con toda seguridad en tiempos venideros, el poder de alcanzar la perfección.

Y esta realidad crecerá en nosotros hasta que se convierta en el rasgo más destacado de nuestra existencia. Debemos practicar firmemente la paz, imaginando que nuestras mentes son como lagos que siempre hay que mantener mansos, sin olas, ni siquiera ondas que perturben su tranquilidad, y gradualmente desarrollar ese estado  de paz hasta que ningún avatar de la vida, ninguna circunstancia, ninguna otra personalidad pueda bajo ningún pretexto estremecer la superficie del lago o fomentar en nosotros sentimientos de irritabilidad, tristeza o duda.

Nos ayudará materialmente el aislarnos unos momentos todos los días para pensar tranquilamente en la belleza de la paz y en los beneficios de la calma, y darnos cuenta de que no será con prisa ni preocupaciones como mejor lo realizaremos, sino con calma, tranquilidad y sosiego en la acción: así seremos más eficientes en todo cuanto emprendamos.

Armonizar nuestra conducta en esta vida de acuerdo con los deseos de nuestra propia alma, y permanecer en un estado de paz tal que las tribulaciones y preocupaciones del mundo nos dejen impasibles es algo muy importante, y lograrlo nos da esa paz que trasciende la comprensión; y aunque al principio nos parezca un sueño fuera de nuestro alcance, con paciencia y perseverancia estará al alcance de todos nosotros.

No se nos pide en absoluto que seamos santos o mártires, o personas de renombre; a casi todos nosotros se nos reservan trabajos menos vistosos; pero se espera de nosotros que entendamos las alegrías y las aventuras de la vida, cumpliendo con agrado la parcela de trabajo particular que nuestra divinidad nos ha reservado.

Para todos los enfermos, la paz mental y la armonía con el alma son las mayores ayudas para la curación. La medicina y la enfermería del futuro prestarán mayor atención al desarrollo de esto en el paciente de lo que lo hace hoy cuando, incapaces de juzgar los progresos de un caso más que por medios científicos materialistas, piensan más en tomar la temperatura con frecuencia y en prestar otras atenciones que interrumpen, más que promueven, el descanso tranquilo y la relajación del cuerpo y la mente, que tan esenciales son para la curación.

No cabe duda de que al parecer los menores síntomas del mal, en cualquier caso, si logramos estar unas horas completamente relajados y en armonía con nuestro yo superior, se abortará la enfermedad. (…)

Nuestra visión de la vida depende de lo cerca que se entre la personalidad del alma. Cuanto más íntima sea la unión, mayor será la armonía y la paz, y más claramente brillará la luz de la verdad y la radiante felicidad que pertenece a los más elevados dominios; ambas nos mantendrán firmes y sin desmayos ante las dificultades y temores del mundo, pues tienen su fundamento en la verdad eterna de Dios.

El conocimiento de la verdad también nos da la certeza de que, por trágicos que parezcan los acontecimientos del mundo, forman una mera etapa temporal en la evolución del hombre, y que incluso la enfermedad es en sí beneficiosa y obra bajo el imperio de ciertas leyes destinadas a producir un bien final con la presión que ejercen sobre nosotros impulsándonos hacia la perfección.

Aquellos  que saben esto no pueden verse afectados, ni deprimidos, ni desconsolados por aquellos hechos que tanto pesan sobre los demás, y toda incertidumbre, miedo y desesperanza desaparecen para siempre. Con sólo que podamos estar en comunión constante con nuestra alma, el mundo será un lugar de alegría y nadie podrá ejercer sobre nosotros una influencia adversa.

No se nos permite ver la magnitud de nuestra divinidad, ni darnos cuenta del alcance de nuestro destino, ni del glorioso futuro que se abre ante nosotros; pues si así fuera, la vida no sería una prueba y no comportaría esfuerzo ni mérito. Nuestra virutd consiste en que nos olvidemos en gran medida de todas esas cosas hermosas y, sin embargo, tengamos fe y ánimo para vivir bien y enfrentarnos a las dificultades terrenales. Sin embargo, por comunión con nuestro yo superior, podemos mantener esa armonía que nos permite superar todas las oposiciones mundanales y caminar por el recto camino de nuestro destino, sin que nos desvíen de él malas influencias.

Luego debemos desarrollar la individualidad y liberarnos de todas las influencias del mundo, para que, obedeciendo únicamente los dictados de nuestra alma y sin dejarnos conmover por las circunstancias o por otras personas, nos convirtamos en nuestros propios amos gobernando el timón de nuestra barca por los encrespados mares de la vida sin abandonar la barra de la rectitud y sin dejar el timón del barco en manos ajenas. Tenemos que conquistar nuestra libertad absoluta y completamente, de forma que cuanto hagamos, todas y cada una de nuestras acciones – incluso todos y cada uno de nuestros pensamientos -, tenga su origen en nosotros mismos, permitiéndonos de ese modo vivir y darnos libremente por decisión nuestra, y sólo nuestra.

Nuestra mayor dificultad en este sentido estriba en nuestros allegados en esta época en la que el miedo a los convencionalismos y a los falsos modelos de vida y de deber se nos presentan de modo tan atractivo. Pero debemos enaltecer nuestro ánimo, que a muchos puede bastarnos para enfrentarnos con las cosas aparentemente más importantes de la vida, pero que nos fallará con las pruebas más íntimas.

Tenemos que poder determinar impersonalmente lo bueno y lo malo, y actuar sin miedo en presencia de un familiar o un amigo. ¡Cuántos de nosotros son héroes en el mundo externo y cobardes en casa! Por sutiles que sean los medios que tratan de apartarnos de cumplir nuestro destino, el pretexto del amor y el afecto, o un equivocado sentido del deber, métodos que nos esclavizan  y nos mantienen prisioneros de los deseos y exigencias de los demás, debemos rechazarlos suavemente.

La voz de nuestra alma y sólo esa voz,  habrá de indicarnos cuál es nuestro deber, sin que nos absorban los que nos rodean. Hay que desarrollar al máximo la individualidad, y tenemos que aprender a andar por la vida sin fiarnos más que de nuestra alma como consejera y auxiliadora, aprender a aferrarnos a nuestra libertad con ambas manos y sumergirnos en el mundo para adquirir todas las particularidades posibles de conocimiento y experiencia.

Al mismo tiempo, tenemos que estar en guardia para permitir que cada uno ejerza su libertad sin esperar nada de los demás sino, al contrario, estando siempre dispuestos a tender una mano para ayudarles en los momentos de necesidad y dificultad. Así, toda personalidad con la que nos encontremos en esta vida, ya sea madre, marido, hijo, desconocido o amigo, se convierte en compañero de viaje, y cualquiera de ellos puede ser más grande o más pequeño que nosotros en cuanto a desarrollo espiritual; pero todos somos miembros de una fraternidad común y parte de una gran comunidad de embarcados en el mismo viaje y con la misma meta gloriosa final. (…)

Ningún pensamiento sobre errores pasados debe deprimirnos; ya han pasado y terminron, y el conocimiento así adquirido nos ayudará a no repetirlos. (…)

Hay que desechar el miedo; no debería existir nunca en la mente humana, y sólo es posible cuando perdemos de vista nuestra divinidad. (…) El desarrollo del amor nos lleva a darnos cuenta de la unidad, de la verdad de que todos y cada uno de nosotros pertenecemos a una gran creación.

La causa de todas nuestras tribulaciones es el egoísmo y el aislamiento, y éstos desaparecen cuando el amor y el conocimiento de la gran unidad pasan a formar parte de nuestra naturaleza. El universo  es Dios hecho objeto; al nacer el universo, renace Dios; cuando perece, Dios evoluciona aún más. Así ocurre con el ser humano; su cuerpo es él mismo externalizado, es una manifestación objetiva de su naturaleza interna; es la expresión de í mismo, la materialización de las cualidades de su conciencia. (…)

No hay atajo para la humanidad. Hay que conocer la verdad, y el ser humano debe unirse con el esquema de amor infinito de su creador. Y así llegaremos, hermanos y hermanas, al glorioso resplandor del conocimiento de nuestra divinidad y empezaremos a trabajar firme y resueltamente para cumplir el gran designio de ser felices y comunicar la felicidad. (…)”

* * *

Queridos Lectores:

Si algo caracteriza la obra de Bach es su insitencia en la sencillez; todo en la naturaleza es sencillo y por tanto, también los caminos hacia la curación deben serlo. Sin embargo,  no debemos confundir sencillez con simplicidad, o con comodidad. Sus propuestas implican un deseo sincero de crecimiento personal y espiritual.

Bach habla de hermanos mayores y hermanos menores refiriéndose a que todos somos al mismo tiempo alumnos y maestros en el gran aprendizaje del amor incondicional. Es primordial aportar luz donde hay sombra, conocimiento donde hay ignorancia, sabiduría donde hay error. El concepto de separación que impera en el mundo y que es la base del egoismo en todas sus manifestaciones, y semilla del temor, nos lleva a actuar inconscientemente.

Edward Bach educa a través de sus palabras y a través de la luz que aportan los remedios florales. Cada vez que una pesona toma el remedio o remedios florales  que en ese momento precisa, experimenta en su interior una transformación sutil, suave y poderosa, siente que algo ha cambiado para siempre. Los remedios florales aportan luz, conocimiento, son un impulso para conectar con nuestro tejido trascendente y por tanto, nos ayudan a despertar la capacidad de mejorar nuestra propia vida y en consecuencia, la de los demás.

Gracias por seguir esta serie de capítulos que he ido compartiendo con vosotros con la intención de profundizar en Edward Bach y mantener vivo su legado. En un próximo post me adentraré en la idea que tenía Bach sobre la medicina y la enfermería del futuro, sobre su concepto de “hospital” y los tratamientos que lejos de anular la enfermedad, favorecen el restablecimiento de la salud.

“Sencillez, comprensión, compasión”

 

<De tots els Colors>: Elena Lorente Guerrero

LA CURACIÓN DESDE LA PERSPECTIVA DE EDWARD BACH. (VII)

Obras completas del Doctor Edward Bach.


CÚRESE USTED MISMO

(Publicado por C.W.Daniel Co., 1931)

Una explicación de la causa real y de la curación de la enfermedad.

Capítulo siete

Y ahora llegamos al problema crucial: ¿Cómo podemos auxiliarnos?, ¿Cómo mantener a nuestra mente y nuestro cuerpo en ese estado de armonía que dificulte o imposibilite el ataque de la enfermedad?, pues es seguro que la personalidad sin conflictos es inmune a la enfermedad.

En primer lugar, consideremos la mente. Ya hemos discutido extensamente la necesidad de buscar en nuestro interior los defectos que poseemos y que nos hacen actuar contra la unidad y en desarmonía con los dictados del alma, y de eliminar esos defectos desarrollando las virtudes opuestas. Esto puede hacerse siguiendo las directrices antes indicadas, y un honesto autoexamen que nos descubrirá la naturaleza de nuestros errores. Nuestros consejeros espirituales, médicos de verdad e íntimos amigos podrán ayudarnos a conseguir un fiel retrato de nosotros mismos, pero el método perfecto de aprender es el pensamiento sereno y la meditación, y ubicarnos en un ambiente de paz y sosiego en el que las almas puedan hablarnos a través de la conciencia y la intuición, y guiarnos según sus deseos.

Sólo con que podamos un rato todos los días, perfectamente solos y en un lugar tranquilo,  si es posible libre de interrupciones y simplemente sentarnos o tumbarnos tranquilamente, con la mente en blanco o bien pensando sosegadamente en  nuestra obra en la vida, veremos después de un tiempo que esos momentos nos ayudan mucho y que en ellos se nos suministran destellos de conocimiento y consejo. Vemos que se responde infaliblemente a los difíciles problemas de la vida, y somos capaces de elegir confiadamente la senda correcta. En esos momentos tenemos que alimentar en nuestro corazón un sincero deseo de servir a la humanidad y trabajar de acuerdo a los dictados de nuestra alma.

Recordemos que cuando se descubre el defecto, el remedio no consiste en combatir con grandes dosis de voluntad y energía para suprimirlo, sino en desarrollar firmemente la virtud contraria, y así, automáticamente, se borrará de nuestra naturaleza todo rastro de lo indeseable. Éste es el verdadero método natural de progresar y de conquistar al mal, mucho más fácil y efectivo que la lucha contra un defecto en particular. Combatir un defecto hace aumentar el poder de éste al mantener la atención centrada en su presencia, y desencadena una verdadera batalla; el mayor éxito que cabe esperar en este caso es vencerlo y suprimirlo, lo cual es poco satisfactorio, ya que el enemigo permanece dentro de nosotros mismos y en un momento de debilidad puede resurgir con renovados bríos. Olvidar el error y luchar  para desarrollar la virtud que haga imposible al anterior, ésa es la verdadera victoria.

Por ejemplo, si existe crueldad en nuestra naturaleza, podemos repetirnos continuamente: <no seré cruel>, y así evitar un error en esa dirección; pero el éxito de este caso depende de la fortaleza de la mente, y si ésta se debilita por un momento, podemos olvidar nuestra resolución.  Pero deberíamos por otra parte, desarrollar una verdadera compasión por nuestros semejantes, cualidad ésta que hará a la crueldad imposible de una vez por todas, pues evitaríamos el acto cruel  con horror  gracias al compañerismo. En este caso no hay supresión, ni enemigo oculto que aparezca en cuanto bajamos la guardia, pues nuestra compasión  habrá erradicado por completo de nuestra naturaleza la posibilidad de cualquier acto que pudiera dañar a los demás.

Como hemos visto antes, la naturaleza de nuestras enfermedades físicas nos ayudará materialmente al señalar qué desarmonía mental es la causa básica de su origen; y otro gran factor de éxito es que sintamos un gusto por la vida, y consideremos a la existencia no meramente un deber que hay que cumplir con la mayor paciencia posible, sino que desarrollemos un verdadero gozo por la aventura que significa nuestro paso por este mundo.

Quizá una de las mayores tragedias del materialismo es el desarrollo del aburrimiento y la pérdida de la auténtica felicidad interior; enseña a la gente a buscar el contento y la compensación a los padecimientos en las alegrías y placeres terrenales, y éstos sólo pueden proporcionar un olvido temporal de nuestras dificultades. Una vez que empezamos a buscar compensación a  nuestras tribulaciones en las bromas de un bufón a sueldo, entramos en un círculo vicioso. La diversión, los entretenimientos, y las frivolidades son buenos para todos, pero no cuando dependemos de ellos persistentemente para olvidar nuestros problemas. Las diversiones mundanales de cualquier clase tienen que ir aumentando de intensidad  para ser eficaces,  y lo que ayer nos atraía mañana nos aburrirá. Así seguimos buscando otras y mayores excitaciones hasta que nos saciamos y ya no obtenemos alivio en esa dirección. De una forma u otra, la dependencia de las diversiones mundanales nos convierte a todos en faustos, y aunque no lo advirtamos plenamente en nuestro yo consciente, la vida se convierte en poco más que un deber paciente, y todo su auténtico gusto y alegría, que debería ser la herencia de todo niño y mantenerse a lo largo de la vida hasta la hora postrera, se nos escapa. Hoy en día se alcanza el estado extremo en los esfuerzos científicos por obtener el rejuvenecimiento, por prolongar la vida natural, (…).

El estado de aburrimiento es el responsable de que admitamos en nuestro ser una incidencia de la  enfermedad mucho mayor de la normal,  y como éste suele surgir muy pronto en la vida, las enfermedades asociadas a él tienden a aparecer a una edad cada vez más temprana. Esta circunstancia no se dará si conocemos la verdad de nuestra divinidad, nuestra misión en el mundo, y por tanto si contamos con la alegría de obtener experiencia y de ayudar a los demás.

El antídoto contra el aburrimiento es interesarse activa y vivamente por todo cuanto nos rodea, estudiar la vida durante todo el día, aprender de nuestros semejantes y de los avatares de la vida, y ver la verdad que subyace en todas las cosas, perdernos en el arte de adquirir conocimientos y experiencia, y aprovechar las oportunidades de utilizar esta experiencia a favor de un compañero de ruta.  Así cada  momento de nuestro trabajo y de nuestro ocio nos traerá el celo por aprender, un deseo de experimentar cosas reales, con aventuras reales y hechos que valgan la pena, y conforme desarrollemos esa facultad, veremos que recuperamos el poder de obtener alegría de los más pequeños incidentes, y circunstancias que hasta entonces nos parecían mediocres y de aburrida monotonía serán motivo de investigación y aventura. Son las cosas más sencillas de la vida – las cosas sencillas porque están más cerca de la gran verdad – las que nos proporcionarán un placer más real.

La renuncia, la resignación, que nos convierte simplemente en un pasajero distraído del viaje por la vida, abre la puerta a indecibles influencias adversas que nunca habrían tenido oportunidad de lograr ingresar si la existencia cotidiana se viviera con alegría y espíritu de aventura. Cualquiera que sea nuestra estación, trabajador en la ciudad, o solitario pastor en las colinas, tratemos de convertir la monotonía en interés, el aburrido deber en alegre oportunidad para experimentar, y la vida cotidiana en un intenso estudio de la humanidad y de las grandes leyes fundamentales del universo. En todo lugar hay amplias oportunidades de observar las leyes de la creación, tanto en las montañas como en los valles o entre nuestros hermanos los hombres. Primero de todo, convirtamos la vida en una aventura de absorbente interés en la que el aburrimiento ya no sea posible, y con el conocimiento así logrado busquemos armonizar nuestras alma y mente con la gran unidad de la creación de Dios.

Otra ayuda fundamental puede ser para nosotros desechar el miedo. El miedo en realidad no tiene lugar en el reino humano, puesto que nuestra divinidad interior, que es nosotros, es inconquistable e inmortal, y si sólo nos diéramos cuenta de ello, nosotros, como hijos de Dios, no tendríamos nada que temer.

En las épocas materialistas el miedo aumenta naturalmente con las posiciones terrenales (ya sea del cuerpo mismo o riquezas externas), puesto que si tales cosas son nuestro mundo, al ser pasajeras, tan difíciles de obtener y tan imposibles de conservar, excepto lo que dura un suspiro, provocan en nosotros la más absoluta ansiedad, no sea que perdamos la oportunidad de conseguirlas mientras podamos, y necesariamente hemos de vivir en un estado constante de miedo, consciente o subconsciente, puesto que en nuestro fuero interno sabemos que en cualquier momento nos pueden arrebatar esas posesiones y que sólo podemos conservarlas un breve momento en la vida.

En esta era, el miedo a la enfermedad ha aumentado hasta convertirse en un gran poder dañino, puesto que abre las puertas alas codas que tememos, y asi éstas llegan más fácilmente. Ese miedo es en realidad un interés egoísta, pues cuando estamos seriamente absortos en el bienestar de los demás, no tenemos tiempo de sentir aprensión por nuestras enfermedades personales.

El miedo desempeña hoy una importante labor en la intensificación de la enfermedad, y la ciencia moderna ha aumentado el reinado del terror al dar a conocer al público sus descubrimientos que no son más que verdades a medias. El conocimiento de las bacterias y de los distintos gérmenes asociados con la enfermedad ha causado estragos en las mentes de decenas de miles de personas y, debido al pánico que les ha provocado, les hace más susceptibles al ataque. Mientras las formas de vida inferiores, como las bacterias, pueden desempeñar un papel, o estar asociadas a la enfermedad física, no constituyen en absoluto todo el problema como se puede demostrar científicamente o con ejemplos de la vida cotidiana. Hay un factor que la ciencia es incapaz de explicar en el terreno físico, y es por que algunas personas se ven afectadas por la enfermedad mientras otras no, aunque ambas estén expuestas a la misma posibilidad de infección.

El materialismo se olvida de que  hay un factor por encima del plano físico que en el transcurso de la vida protege o expone a cualquier individuo ante la enfermedad, de cualquier naturaleza que sea. El miedo, con su efecto deprimente sobre nuestra mentalidad, que causa desarmonía en nuestros cuerpos físicos y energéticos, prepara el camino a la invasión, y si las bacterias y las causas físicas fueran las que única e indudablemente provocaran la enfermedad,  entonces, desde luego, el miedo estaría justificado.

Pero cuando nos damos cuenta de que en las peores epidemias sólo se ven atacados algunos de los que están expuestos a la infección y de que, como hemos visto, la causa real de la enfermedad se encuentra en nuestra personalidad y cae dentro de nuestro control, entonces tenemos razones para desechar el miedo, sabiendo que el remedio está en nosotros mismos,  podremos decir que el miedo a los agentes físicos como únicos causantes de la enfermedad debe desaparecer de nuestras mentes, ya que esa ansiedad nos vuelve vulnerables, y si tratamos de llevar la armonía a nuestra personalidad, no tenemos que anticipar la enfermedad lo mismo que no debemos temer que nos caiga un rayo o que nos aplaste el fragmento de un meteorito.

Ahora consideremos el cuerpo físico. No debemos olvidar en ningún momento que es la morada terrenal del alma, en la que habitamos una breve temporada para poder entrar en contacto con el mundo y así adquirir experiencia y conocimiento. Sin llegar a identificarnos demasiado con nuestro cuerpo, debemos tratarlo con respeto y cuidado para que se mantenga sano y dure más tiempo, a fin de que podamos realizar nuestra labor. En ningún momento debemos sentir excesiva preocupación o ansiedad por él, sino que tenemos que aprender a tener la menor conciencia posible de su existencia, utilizándolo como vehículo de nuestra alma y mente y como servidor de nuestra voluntad.

La limpieza interna y externa es de gran importancia. Para la limpieza externa, nosotros los occidentales utilizamos agua excesivamente caliente; ésta abre los poros y permite la admisión de suciedad. Además, la excesiva utilización del jabón vuelve pegajosa la piel. El agua fresca o tibia, en forma de ducha o baño renovado, es el método más natural y mantiene el cuerpo más sano; sólo se requiere la cantidad de jabón necesaria para quitar la suciedad evidente, y luego enjuagarlo con agua fresca.

La limpieza interna depende de la alimentación, y deberíamos elegir alimentos limpios y completos, lo más frescos posible, principalmente frutas naturales, vegetales y frutos secos.

Desde luego habría que evitar la carne animal; primero porque provoca en el cuerpo veneno  físico; segundo, porque estimula un apetito excesivo; y tercero, porque implica crueldad con el mundo animal.

Debe tomarse mucho líquido para limpiar el cuerpo, como agua y vinos naturales y productos derivados directamente del almacén de la naturaleza, evitando las bebidas destiladas, más artificiales.

El sueño no debe ser excesivo, (…). El viejo dicho inglés <Cuando llega la hora de darse la vuelta, llega la hora de levantarse>.

Las ropas deberán ser ligeras, tan ligeras como permita el calor que den; deben permitir que el aire llegue hasta el cuerpo, y siempre que sea posible hay que exponer la piel a la luz del sol y el aire fresco. Los baños de agua y sol son grandes dadores de salud y vitalidad.

En todo hay que estimular la alegría, y no debemos permitir que nos opriman la duda y la depresión, sino que debemos recordar que eso no es propio de nosotros, pues nuestras alma sólo conocen la dicha y la felicidad.

         * * *

Queridos Lectores:

Después de varios meses, retomo Las Obras completas de  Bach en este penúltimo capítulo de “Cúrese usted mismo”.

Esta vez, Bach centra el texto en cómo cuidar nuestra mente y nuestro cuerpo para acercarnos a la armonía esencial que tanto anhelamos. Lejos de plantearnos grandes cambios  o acciones complejas, nos invita a tomar la responsabilidad de nuestra salud desde los principios más básicos del autocuidado. Nos remite de nuevo a la sencillez; el pilar de su obra.

En el libro “El arte de la felicidad” el Dalai Lama nos invita a meditar sobre la naturaleza de la mente y dice al respecto de la meditación:

         “Nos ayuda a detener deliberadamente los pensamientos y a permanecer gradualmente en ese estado durante un   tiempo cada vez más prolongado. Cuando se domina este ejercicio se llega a tener la sensación de que no hay nada, sólo vacío. Pero si se profundiza más, se empieza a reconocer la  naturaleza fundamental de la mente, sus cualidades de <claridad> y de <conocimiento>. Es como un vaso de cristal puro lleno de agua. Si el agua también es pura, se puede ver el fondo del vaso, aun sabiendo que el agua está ahí”.

Dedicar  una parte de nuestro tiempo, con constancia,  a estar en soledad,  quietud y silencio interior fomenta una actitud de vida consciente, conectada. 

Respecto al cuidado del cuerpo, Bach nos habla de los pilares básicos de la salud que contemplan la medicina y la enfermería naturista clásica: alimentación vegetariana,  hidroterapia, helioterapia,  actividad  física, descanso reparador, contacto con la naturaleza, relaciones personales que generen  plenitud y una actitud de vida despierta, consciente, comprometida y respetuosa.

Cuerpo y mente son Uno. De la  higiene del cuerpo depende la higiene de la mente, y viceversa;  se nutren mutuamente. El equilibrio cuerpo mente nos acerca a una vida respetuosa con nosotros mismos, coherente y en armonía con nuestro yo superior.

<Det tots els Colors>: Elena Lorente Guerrero.


LA CURACIÓN DESDE LA PERSPECTIVA DE EDWARD BACH. (VI)

Obras completas del Doctor Edward Bach.


CÚRESE USTED MISMO

(Publicado por C.W.Daniel Co., 1931)

Una explicación de la causa real y de la curación de la enfermedad.

Capítulo seis

(…) “No tiene sentido ocuparse de los fracasos de la moderna ciencia médica, salvo dos excepciones; la destrucción es inútil si no levanta un edificio mejor, y como en medicina ya se han establecido las bases de un edificio más nuevo, concentrémonos en agregar una o dos piedras a ese templo. Tampoco sirve hoy una crítica adversa sobre el valor actual de la profesión; es el sistema lo que está profundamente equivocado, no los hombres, pues es un sistema donde el médico, tan sólo por razones económicas, no tiene tiempo para administrar un tratamiento tranquilo y pacífico, ni dispone del tiempo necesario para meditar y pensar cómo desarrollar la herencia de quienes dedican sus vidas a atender a los enfermos. (…)

Amanece sobre nosotros un nuevo y mejor arte de la curación. Hace cien años la homeopatía de Hahnemann fue el primer resplandor de la luz matutina después de una larga noche de tieneblas, y puede que desempeñe un gran papel en la medicina del futuro.

Además, la atención que se dedica actualmente a mejorar las condiciones de vida y establecer una dieta más pura y depurada es un avance hacia la prevención de la enfermerdad; y aquellos movimientos orientados a dar a conocer a la gente tanto la conexión entre los fracasos espirituales y la enfermedad como la curación que puede obtenerse por medio del perfeccionamiento de la mente, están abriendo el camino hacia la llegada de ese brillante amanecer cuya radiante luz hará desaparecer las oscuridades de la enfermedad.

Recordemos que la enfermedad es un enemigo común, y que cada uno de nosotros que conquiste un fragmento de ella está ayudándose no sólo a sí mismo sino también a toda la humanidad. Habrá que emplear una determinada, pero definitiva cantidad de energía antes de que su derrota sea completa; todos y cada uno de nosotros debemos esforzarnos para lograr este resultado, y aquellos que sean más grandes y fuertes tendrán no sólo que realizar su tarea, sino también ayudar a sus hermanos más débiles.

Como es natural, la primera forma de evitar que se extienda y aumente la enfermedad es dejar de cometer esas acciones que le dan más poder; la segunda, eliminar de nuestra naturaleza nuestros propios defectos. Una vez liberados, seremos libres para ayudar a los demás. Y no es tan difícil como pudiera parecer a primera vista; se espera que hagamos lo posible, y sabemos que esto es posible si cada uno de nosotros escucha los dictados de su alma. La vida no nos exige grandes sacrificios impensables: nos pide que efectuemos su recorrido con alegría en el corazón, y seamos una bendición para aquellos que nos rodean, de forma que si dejamos el mundo sólo una pizca mejor de lo que era antes de nuestra visita, hayamos cumplido nuestra misión.

(…) Las tareas de la vida, en todas sus ramas, desde la más baja hasta la más exaltada, deben ser realizadas, y el divino guía de nuestros destinos sabe en qué lugar colocarnos para realizarlas mejor; todo cuanto se espera que hagamos es cumplir bien y jubilosamente con ese cometido. Hay santos en las mesas de trabajo de la fábrica. (…) A nadie en esta tierra se le pide que haga más de lo que está a su alcance hacer, y si nos esforzamos por sacar lo mejor de nuestro interior, guiados siempre por el yo superior, se nos ofrecerá la posibilidad de lograr la salud y la felicidad.

Durante la mayor parte de los dos últimos milenios la civilización occidental ha pasado por una era de intenso materialismo, y se ha perdido en gran parte la conciencia de lado espiritual de nuetra naturaleza y la existencia, en una actitud mental que ha colocado a las posesiones mundanales, a las ambiciones, deseos y placeres por encima de las cosas reales de la vida. La verdadera razón de la existencia del ser humano en la tierra ha quedado ensombrecida por su ansiedad de obtener de su encarnación sólo bienes terrenales. (…)

La verdadera naturaleza de nuestro yo superior, el conocimiento de una vida previa y otra  posterior, aparte de la actual, ha significado muy poco, en lugar de ser la guía y el estímulo de cada una de nuestras acciones. Hemos tendido a rehuir las grandes cosas e intentado hacer la vida lo más cómoda posible, retirando lo suprafísico de nuestras mentes y dependiendo de los placeres terrenales para compensar nuestros esfuerzos. Así, la posición, el rango, la riqueza y las posesiones mundanales se han convertido en la meta de estos siglos; y como todas esas cosas son transitorias y sólo pueden obtenerse y conservarse a base de ansiedad y concentración sobre las cosas materiales, la verdadera paz interna y la felicidad de las generaciones pasadas han estado infinitamente por debajo de lo que corresponde al deber de la humanidad.

La verdadera paz de la mente y el alma está con nosotros cuando progresamos espiritualmente, y eso no puede obtenerse solamente con la acumulación de riquezas, por grandes que éstas sean.

Pero los tiempos están cambiando y hay muchas indicaciones de que la civilización ha comenzado a pasar de la era del puro materialismo al deseo de las realidades y verdades del universo.

El interés general y el rápido aumento que hoy se demuestra por el conocimiento de las verdades suprafísicas, el creciente número de quienes desean información sobre la existencia antes y después de la vida, el hallazgo de métodos para vencer la enfermedad por intermedio de la fe y técnicas espirituales, y la búsqueda de las antiguas enseñanzas y la sabiduría de Oriente, son signos de que la gente de hoy hay empezado a vislumbrar la realidad de las cosas.

Así, cuando llega el tema de la curación, se comprende que también éste tenga que ponerse a la altura de los tiempos y cambiar sus métodos apartándose del materialismo grosero y tendiendo hacia una ciencia fundada en las realidades de la verdad, y gobernada por las mismas leyes divinas que rigen nuestras naturalezas.

La curación pasará del dominio de los métodos físicos de tratamiento del cuerpo físico a la curación mental y espiritual que, al restablecer la armonía entre la mente y el alma, erradicará la auténtica causa de la enfermedad, y permitirá luego la utilización de medios físicos, si éstos fueran necesarios, para completar la curación del cuerpo.

Parece totalmente posible que, a menos que la profesión médica se dé cuenta de estos hechos y avance con el crecimiento espiritual del pueblo, el arte de la curación pasará a manos de las órdenes religiosas o a manos de los legítimos sanadores que existen en toda generación, pero que hasta ahora han vivido más o menos ignorados, impidiéndoseles seguir la llamada de su naturaleza ante la actitud de los ortodoxos.

Así pues, el médico del futuro tendrá dos finalidades principales en las que orientarse:

  • La primera será ayudar al paciente a alcanzar un conocimiento de sí mismo y señalarle los errores fundamentales que puede estar cometiendo, los defectos de su caracter que tenga que remediar, los defectos de su naturaleza que tenga que erradicar y sustituir por las virtudes correspondientes.

Semejante médico tendrá que haber estudiado profundamente las leyes que rigen a la humanidad y a la propia naturaleza humana, de forma que pueda reconocer en todos los que a el acuden, los elementos que causan el conflicto entre alma y personalidad. Tiene que poder aconsejar al paciente cómo restablecer la armonía requerida, qué acciones contra la unidad tiene que suspender y qué virtudes tiene que desarrollar necesariamente para limpiar sus defectos.

Cada caso requerirá un cuidadoso estudio, y sólo quienes hayan dedicado gran parte de su vida al conocimiento de la humanidad, y en cuyos corazones arda el deseo de ayudar, podrán emprender con éxito esta gloriosa y divina labor en pro de la humanidad: abrir los ojos al que padece e iluminarle sobre la razón de su existencia, inspirarle esperanza, consuelo y confianza que le permitan conquistar su enfermedad.

  • El segundo deber del médico será administrar los remedios que ayuden al cuerpo físico a recobrar fuerzas y permitan a la mente serenarse, ampliar su punto de vista y esforzarse en pos de la perfección, trayendo paz y armonía a toda la personalidad. Tales remedios se encuentran en la naturaleza, (…) algunos de éstos son conocidos y otros muchos son buscados actualmente por los médicos en diferentes partes del mundo, especialmente en nuestra madre la India, y no hay duda de que, cuando estas investigaciones se desarrollen más, recuperaremos gran parte de los conocimientos que se tenían hace dos mil años, y el sanador del futuro tendrá a su disposición los maravillosos remedios naturales, que fueron divinamente colocados para que el ser humano aliviara sus dolencias.

De este modo, la abolición de la enfermedad dependerá de que la humanidad descubra la verdad de las leyes inalterables de nuestro universo y de que se adapte con humildad y obediencia a estas leyes, trayendo así la paz entre su alma y su ser, y recobrando la verdadera alegría y felicidad de la vida.

Y la parte correspondiente al médico consistirá en ayudar al que sufre aconocer esa verdad, en indicarle los medios por los que podrá obtener la armonía, inspirarle con la fe en su divinidad que todo lo puede, y administrar remedios físicos que le ayuden a armonizar su personalidad y curar su cuerpo.”

***

Queridos Lectores:

Poco tengo que comentar de este capítulo de “Cúrese usted mismo”. Sigue  maravillándome la gran sensibilidad y clarividencia de Edward Bach…

El texto merece una lectura detenida para apreciar  los matices de algunos conceptos aparentemente simples… pero llenos de significado…

Los mejores deseos de salud y armonía para vuestras vidas,


<Det tots els Colors>: Elena Lorente Guerrero.

LA CURACIÓN DESDE LA PERSPECTIVA DE EDWARD BACH. (V)

Obras completas del Doctor Edward Bach.


CÚRESE USTED MISMO

(Publicado por C.W.Daniel Co., 1931)

Una explicación de la causa real y de la curación de la enfermedad.

Capítulo cinco

Debido a que la carencia de individualidad (es decir, el permitir la interferencia con la personalidad que impide cumplir los mandatos del Ser Supremo) es de tanta importancia en la producción de la enfermedad, y dado que ésta suele inciarse muy temprano en la vida, pasemos ahora a considerar la verdadera relación entre padres e hijos, maestros y discípulos.

En lo fundamental, el oficio de la paternidad consiste en ser el medio privilegiado (y, desde luego, el privilegio debe ser considerado divino) que permite al Alma entrar en contacto con este mundo por el bien de su evolución. Apropiadamente entendido, es probable que no haya para la humanidad oportunidad más grande que ésta, ser el agente del nacimiento físico de un alma y tener el cuidado de la joven personalidad durante los primeros años de su existencia en la tierra.

La actitud de los padres debería ser, globalmente, dar al recién llegado todos los consejos espirituales, mentales y físicos de que sean capaces, reconrdando siempre que el pequeño es un alma individual que ha venido al mundo para obtener su propia experiencia y conocimientos, a su manera, según los dictados de su ser superior, y que hay que darle toda la libertad posible par que se desarrolle sin impedimentos.

El oficio de la paternidad es un servicio divino, y debería ser respetado como tal, o incluso más que cualquier otra tarea que tengamos que desempeñar. Siempre tenemos que tener presente que nada deberá ser pedido a cambio al niño, pues sólo consiste en dar, y sólo dar, suavidad, amor, protección y guía hasta que el alma se haga cargo de la joven personalidad.

Deberá enseñársele, desde el principio, independencia, individualidad y libertad, y hay que animar al niño, tan pronto como sea posible, a pensar y obrar por sí mismo. Todo control paterno debe quedar poco a poco reducido conforme se vaya desarrollando la capacidad de valerse por sí mismo y, más adelante, ninguna imposición o idea falsa de deber filial debe obstaculizar los dictados del alma del niño.

La paternidad es un oficio de la vida que pasa de unos a otros, y es en esencia un consejo temporal de guía y protección durante un breve período que, transcurrido un tiempo, debería cesar en sus esfuerzos y dejar al objeto de su atención libre de avanzar solo.

Pero recuérdese que el niño, de quien podemos tener el cuidado temporal, puede ser un alma mucho más grande y anterior que la nuestra, quizá espiritualmente superior a nosotros, por lo que el control y la protección deberán limitarse a las necesidades de la joven personalidad.

La paternidad es un deber sagrado, temporal en su carácter y que pasa de generación en generación. No comprende nada que no sea servicio y no hay obligación de retorno por parte del joven, ya que éste debe ser libre de desarrollarse a su manera, y prepararse todo lo posible para cumplir el mismo oficio unos pocos años más tarde. (…)

Los padres deberían guardarse particularmente contra cualquier deseo de moldear la joven personalidad de acuerdo a sus propias ideas o deseos, y deberían refrenarse de ejercer algún tipo de control indebido o de reclamación de favores a cambio de su deber natural y privilegio divino de ser el medio de ayuda a un alma para que ésta tome contacto con el mundo. Y cualquier deseo de controlar o conformar a la joven vida por motivos personales es una forma terrible de codicia que no deberá ser consentida nunca, porque si arraiga en el joven padre o madre, con los años se convertirán en auténticos vampiros. Si hay el menor deseo de dominio, habrá que comprobarlo desde el principio. Debemos negarnos a ser esclavos de la codicia, que nos impulsa a poseer a los demás. Debemos estimular en nosotros el arte de dar, y desarrollarlo hasta que lave toda huella de acción adversa.

El maestro deberá tener siempre presente que este oficio consiste únicamente en dar al joven una guía y la oportunidad de  aprender las cosas del mundo y de la vida, de forma que el niño pueda absorber el conocimiento a su manera, y si se le da la libertad, instintivamente elegirá lo que sea necesario para el éxito  de su vida. He aquí, de nuevo, porque no debe darse otra cosa que un cariñoso cuidado y guía que permita al estudiante obtener el conocimiento que requiere.

Los niños deberían recordar que el oficio de padre, como emblema del poder creativo, es divino en su misión, pero que no implica restricción en el desarrollo  ni obligaciones que puedan obstaculizar la vida y el trabajo que les dicta su alma. Es imposible estimar en esta presente civilización el sufrimiento callado, la restricción de las naturalezas y el desarrollo de caracteres dominantes que produce el desconocimiento de este hecho. En casi todas las familias, padres e hijos se construyen prisiones por motivos enteramente falsos y una equivocada concepción de la relación entre padres e hijos. Estas prisiones apresan la libertad, coartan la vida, evitan el desarrollo natural y traen infelicidad a todos los implicados, desarrollando desórdenes mentales, nerviosos e incluso físicos que afligen a las personas, provocando un muy amplio promedio de las enfermedades de nuestro tiempo.

Nunca se recalcará los suficiente sobre el hecho de que cada una de las almas encarnadas en este mundo está aquí con el específico propósito de obtener experiencia y comprensión, para perfeccionar su pesonalidad en pos de esos ideales que subyacen en nuestra alma. No importa cuál sea nuestra relación con los demás: marido y mujer, hermano, hermana, padre e hijo, o maestro y hombre, todos atentamos contra nuestros semejantes si obstaculizamos por motivos de deseo personal la evolución de otra alma. Nuestra obligación es obedecer los dictados de nuestra conciencia, y esto nunca nos llevará a ejercer domino sobre otra personalidad. Dejemos que cada uno recuerde que su alma ha dispuesto para él una labor en particular, y que a menos que la realice, aunque no sea consciente de ello, dará lugar a un conflicto inevitable entre su alma y su personalidad, conflicto que necesariamente provocará desórdenes físicos.

Es cierto que un individuo puede dedicar su vida a otro, pero antes de hacerlo debe estar absolutamente seguro de que ésta es una orden de su alma, y de que no ha existido ningún tipo de sugestión de una persona dominante, o falsas ideas de deber mal entendido. Que recuerde también que venimos a este mundo para ganar batallas, para adquirir fuerza contra quienes quieren controlarnos, y para avanzar hasta ese estado en el que pasamos por la vida cumpliendo nuestro deber tranquila y sosegadamente, no impedidos ni influenciados por ningún ser viviente, guiados con serenidad por la voz de nuestro yo superior.

Para muchos, la principal batalla que habrán de librar serán en su hogar, donde antes de lograr la libertad para obtener victorias en el mundo, tendrán que liberarse a sí mismos del dominio y control adversos de algún familiar cercano.
Cualquier individuo, adulto o niño, cuya parte de o bra en esta vida es liberarse del control dominante de otra persona, deberá recordar los siguiente:

primero, que a su pretendido opresor hay que considerarle de la misma manera que se considera a un rival deportivo, como una personalidad con la que estamos jugando al juego de la vida, sin el menor asomo de amargura, y hay que pensar que de no ser por esa clase de rival, no tendríamos oportunidad de desarrollar nuestro propio valor e individualidad.

y en segundo lugar, que las auténticas victorias de la vida vienen del amor y el cariño, y que en tal contexto no hay que usar ninguna fuerza, cualquiera que ésta sea; pues desarrollando firmemente nuestra propia naturaleza, sintiendo compasión, cariño, y a ser posible, afecto – o mejor, amor – hacia el rival, con el tiempo podremos seguir con tranquilidad y seguridad la llamada de la conciencia sin permitir la menor interferencia.

Aquellos que son dominantes requiren mucha ayuda y consejos para poder realizar la gran verdad universal de la unidad y para entender la alegría de la fraternidad. Perderse estas cosas es perderse la auténtica felicidad de la vida, y tenemos que ayudar a eas personas en la medida de nuestras posibilidades. La debilidad por nuestra parte, que permite a éstos extender su influencia, no les ayudará en absoluto; una gentil negativa a someternos a su cntrol y un esfuerzo porque entiendan la alegría de dar, les ayudará a ascender el empinado camino.

La obtención de nuestra libertad, el logro de nuestra individualidad e independencia requerirá en muchos casos una gran dosis de valor y fe. Pero en la horas más oscuras, y cuando el éxito es totalmente inaccesible, recordemos siempre que nuestras almas sólo nos procuran tareas que somos capaces de llevar a cabo, y que con nuestro propio valor y nuestra fe en la divinidad interior, la victoria llegará para todos aquellos que perseveran en su esfuerzo.

* * *

Queridos lectores:

Después de un tiempo de silencio…, reanudo la actividad del blog con este nuevo capítulo de  “Cúrese usted mismo”” de Edward Bach. Probablemente este texto en particular, llega en el momento más oportuno…

Bach continúa haciendo hincapié en la importancia de desarrollar nuestra individualidad. Nos habla, y tengamos presente la fecha del texto…,  de la misión de los padres y madres como maestros y guías que acompañan a los hijos/as en su crecimiento respetando los dictados de su Alma, ayudándoles a dearrollar sus propias cualidades con Amor y sin coacción.

Nos recuerda también que, en muchas ocasiones,  los hijos son verdaderos maestros para sus padres y madres, y prioriza la necesidad de no someternos a las personalidades dominantes,y manipuladoras que lejos de desear nuestro bien, viven centradas en el egoísmo.

La familia, sea cuál sea su estructura, es el nucleo donde los niños aprenden, crecen y se desarrollan como personas, donde adquieren principios y valores que van germinando en su interacción con el resto de la comunidad.

Este texto de Bach y su reflexión, me han conectado con los acontecimientos vividos en las últimas semanas, con la movilización de miles de jóvenes y no tan jóvenes que, a día de hoy, están ejerciendo su individualidad de manera solidaria. Están mostrando sus valores y  reclamando explicaciones y soluciones a aquellos que guiados por el deseo de poder, nos han estado dominando  para mantener un sistema insostenible, que beneficia a unos pocos a expensas del esfuerzo de muchos.

Por fin nos estamos convenciendo de nuestro poder transformador. La sociedad ha madurado, estamos evolucionando…


<Det tots els Colors>: Elena Lorente Guerrero.

LA CURACIÓN DESDE LA PERSPECTIVA DE EDWARD BACH. (IV)

Obras completas del Doctor Edward Bach.


CÚRESE USTED MISMO

(Publicado por C.W.Daniel Co., 1931)

Una explicación de la causa real y de la curación de la enfermedad

Capítulo cuatro:

“De este modo vemos que no hay nada accidental en la enfermedad, ni en su tipo ni en la parte del cuerpo que es afectada; tal como otros resultados de la energía siguen la ley de causa y efecto. Algunas enfermedades pueden ser causadas por medios físicos directos, como aquéllas asociadas con ciertos venenos, accidentes y heridas, y grandes excesos; pero la enfermedad, en general, es debida a algunos errores básicos en nuestra constitución, como en los ejemplos ya citados.

Y así, una curación final y completa exige, no sólo el empleo de medios físicos, eligiendo siempre los mejores métodos que se conozcan en el arte de la curación, sino también el esfuerzo de eliminar cualquier defecto de nuestra naturaleza; porque en definitiva la curación viene del interior, del alma en sí, que con su benevolencia irradia armonía a través de la personalidad, cuando se le permite hacerlo.

Dado que hay una raíz principal en toda enfermedad, a saber egoísmo, también hay un método seguro y principal de aliviar todo sufrimiento: la conversión del egoísmo en dedicación a los demás. Con sólo desarrollar suficientemente la cualidad de olvidarnos de nosotros mismos en el amor y cuidado de los que nos rodean, disfrutando de la gloriosa aventura de adquirir conocimiento y ayudar a los demás, nuestros males y dolencias personales pronto llegará a su fin. Es la gran aspiración final: la pérdida de nuestros propios intereses en servicio  de la humanidad. No importa en qué estación de la vida nos haya colocado  nuestra divinidad. Ya tengamos un negocio o una profesión, ricos o pobres, monarcas o mendigos, a todos nos es posible llevar a cabo la tarea  en nuestras respectivas vocaciones y,  no obstante, llegar a ser verdaderas bendiciones para aquellos que nos rodean, comunicándoles el divino amor fraternal.

Pero la gran mayoría de nosotros tenemos mucho camino por recorrer antes de alcanzar este estado de perfección, aunque sorprende cuán rápidamente puede avanzar cualquier individuo si se esfuerza seriamente, probando así que no se confía de su pobre personalidad, sino que tiene fe implícita, que por el ejemplo y las enseñanzas de los grandes maestros del mundo es capaz de unirse con su propia alma, con la divinidad interior, y así todas las cosas son posibles. En muchos de nosotros hay uno o más defectos adversos que impiden particularmente nuestro avance, y es ese defecto, o defectos, los que debemos especialmente descubrir en nosotros, y mientras, trabajamos por desarrollar y extender el lado amoroso de nuestra naturaleza hacia el mundo, esforzándonos al mismo tiempo por borrar cualquier defecto en particular, llenando nuestra propia naturaleza con la virtud opuesta.

Al principio esto puede resultar un poco difícil, pero sólo al principio, pues es sorprendente lo rápido que crece una virtud auténticamente buscada, junto con el conocimiento de que con la ayuda de la divinidad interior, si perseveramos, el fracaso es imposible.

En el desarrollo del amor universal interior debemos aprender a darnos cuenta cada vez más que cada ser humano es hijo del Creador, que tiene en su interior la chispa divina,y que un día, y a su debido tiempo, alcanzará la perfección que todos anhelamos.

Por otra parte, la cuestión de la verdad o el error, del bien y el mal, es puramente relativa. Lo que está bien en la evolución natural del aborigen, estaría mal para el ser más ilustrado de nuestra civilización, y lo que para nosotros puede ser incluso un virtud, puede estar fuera de lugar, y ser incluso malo, en quien ha alcanzado la estapa del discipulado. Lo que nosotros denominamos erróneo o malo es en realidad bueno en otro lugar,  y por tanto algo puramente relativo. Recordemos también que el mismo patrón de idealismo es también relativo.

Por ello  hemos de tener compasión y caridad por los demás porque nos queda por recorrer aún un largo camino para alcanzar el nivel de nuestros hermanos mayores cuya luz brilla a través del mundo en todas las épocas. (…) Cuán infinitamente más deberíamos reconocer nuestra propia fragilidad, humildemente, ante el gran Arquitecto del universo!

Si la crueldad o el odio cierran paso a nuestro progreso, recordemos que el amor es el fundamento de la creación, que en cada alma viviente hay algo bueno,  y que en los mejores de nosotros hay algo malo. Buscando lo bueno en los demás,  incluso en quienes primero nos ofendieron, aprenderemos a desarrrollar, aunque sólo sea un poco de compasión, y la esperanza de que puedan vislumbrar mejor camino; luego aparecerá el deseo de ayudarles a elevarse. La conquista final de todos se hará por medio del amor y la bondad, y cuando hayamos desarrollado suficientemente estas dos cualidades nada será capaz de asaltarnos, ya que estaremos llenos de compasión y no ofreceremos resistencia; pues, una vez más, por la misma ley de causa y efecto, la resistencia es la que nos perjudica.

Nuestro objetivo en la vida es seguir los dictados de nuestro yo superior sin dejarnos desviar por la influencia de los otros y esto sólo puede conseguirse siguiendo amablemente nuestra propia senda, pero al mismo tiempo sin interferir con la personalidad de otro o causar el menor perjuicio por cualquier método de odio o crueldad.

Debemos esforzarnos en aprender el amor por los demás, comenzando quizá con un individuo o incluso un animal, y dejar que este amor se desarrolle y extienda cada vez más, hasta que sus defectos opuestos desaparezcan automáticamente. El amor engendra amor, así como el odio engendra odio.

- La cura del egoísmo se efectúa dirigiendo a los demás el cuidado y la atención que dedicamos a nosotros mismos, aumentando así su bienestar hasta olvidarnos de nosotros mismos en el empeño. (…) no hay forma más segura de curar el egoísmo y los subsiguientes desórdenes que ese método.

- La inestabilidad puede ser erradicada desarrollando la autodeterminación, tomando decisiones y actuando con decisión en lugar de vacilar y dudar. Aunque en principio cometamos errores,  es mejor actuar que dejar perder las oportunidades por falta de decisión. La determinación no tardará en desarrollarse, el miedo a zambullirse en la vida desaparecerá, y las experiencias guiarán nuestra mente a efectuar juicios mejores.

- Para erradicar la ignorancia no debemos temer las experiencias, sino actuar con la mente despierta y los ojos y los oídos bien abiertos para captar toda partícula de conocimiento que se pueda obtener. Al mismo tiempo, debemos mantenernos flexibles de pensamiento para evitar que las ideas preconcebidas y los prejuicios formados nos priven de la oportunidad de obtener un conocimiento más amplio y más fresco. Debemos estar siempre dispuestos a expandir la mente y rechazar cualquier idea, por firmemente arraigada que esté, si una amplia experiencia nos muestra una verdad mejor.

- Al igual que el orgullo, la codicia es un gran obstáculo al progreso, y éstos deben ser eliminados sin contemplaciones. Los resultados de la codicia son bastante graves, porque conducen a interferir en el desarrollo anímico de nuestros semejantes. Debemos darnos cuenta de que cada ser está aquí para desarrollar su propia evolución de acuerdo a los dictados de su  alma, y sólo de su alma, y de que ninguno de nosotros debe hacer nada, salvo alentar a nuestro hermano en ese desarrollo. Debemos ayudarle a tener esperanza y, si está a nuestro alcance, aumentar su conocimiento y sus oportunidades de progreso en este mundo.

Así también nos gustaría que los otros nos ayudaran a ascender por el dificultuso y empinado sendero de montaña que es la vida,  así del mismo modo debemos estar siempre listos para tender una mano solidaria y brindar la experiencia de nuestros amplios conocimientos a un hermano más débil o más joven. Deberá ser una actitud similar a la del padre con el hijo, al maestro con el hombre, o del camarada al camarada, dando cuidados, amor y protección en la medida que se necesiten y sean beneficiosos, sin interferir nunca con la evolución natural de la personalidad, que sólo debe ser dictada por el alma.

Muchos de nosotros cuando éramos niños y en las primeras etapas de la vida, estábamos mucho más cerca de nuestra alma de lo que estamos años después, y tenemos entonces ideas más claras de nuestra función en la vida, de los esfuerzos que se esperan que hagamos y del carácter que debemos desarrollar. La razón para esto es que el materialismo y las circunstancias de nuestra época, y las personalidades con las que nos asociemos, nos alejan de la voz de nuestro ser superior y nos atan firmemente a los lugares comunes con su falta de ideales, todo lo cuál es evidente en esta civilización. Dejemos que los padres, el maestro, y los camaradas se afanen siempre por alentar el crecimiento del ser superior en aquellos sobre los cuales recaen el maravilloso privilegio y la oportunidad de ejercer su influencia, pero exijámosles que dejen en libertad a los demás, igual que ellos esperan recibir también esa libertad.

Así, de forma similar, busquemos los defectos de nuestra propia constitución y eliminémoslos desarrollando la virtud opuesta, suprimiendo así de nuestra naturaleza la causa del conflicto entre el alma y la personalidad, que es la primera causa básica  de la enfermedad. Esta acción, por si misma, si el paciente tiene confianza y fortaleza, brindará alivio, salud y alegría.

Tenemos que aprender a desarrollar nuestra individualidad de acuerdo a los dictados de nuestra alma sin temer a ningún ser humano y sin que nadie interfiera o nos disuada de desarrollar nuestra evolución, ni del cumplimiento de nuestras obligaciones y de suministrar ayuda a nuestros semejantes. Cuanto más avancemos, más grandes serán las bendiciones para todos aquellos que nos rodeen.

Tenemos que cuidarnos especialmente en nuestra ayuda a los demás, quienes quiera que éstos sean, de esar seguros de que el deseo de ayudarles procede de los dictados de nuestro ser interior y no de un falso sentido del deber impuesto por sugestión o por la influencia de una personalidad dominante.

Una de las tragedias que resultan de los convencionalismos modernos es de este tipo, y es imposible calcular las miles de vidas obstruidas, las muchas oportunidades  perdidas, la penas y el sufrimiento causados (…).  Pensemos en tantos hombres y mujeres a los que se ha impedido quizá hacer una gran obra en pro de la humanidad porque su personalidad fue atrapada por la influencia de un individuo del que no tuvieron valor de desapegarse; los niños que, desde edad muy temprana, sienten la llamada de una vocación y, sin embargo, por dificultades de las circunstancias, disuasión  de otros y debilidad de propósitos, se adentran en otra rama de la vida, en la que ni se sienten felices ni capaces de desarrollar su evolución como de otro modo podían haber hecho. Son sólo los dictados de nuestra cociencia los que pueden decirnos dónde está nuestro deber, con quién o con quiénes hemos de  servir; pero, en cualquier caso, hemos de obedecer sus mandatos hasta el máximo de nuestras capacidades.

Por último, no tengamos miedo de zambullirnos en la vida; estamos aquí para obtener experiencia y conocimiento, y poco aprenderemos si no enfrentamos las realidades y ponemos nuestro empeño. Esta experiencia puede obtenerse a la vuelta de cada esquina, y las verdades de la naturaleza y la humanidad pueden alcanzar la misma efectividad, o más quizá, en una casa de campo que entre el ruido y las prisas de una ciudad.”

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Queridos Lectores:

Actualmente podemos encontrar flores de Bach fácilmente y en diferentes presentaciones. El hecho de que esté al alcance de todos de manera tan sencilla y accesible  favorece que  lleguen a todo el mundo, lo cual es muy positivo. Del mismo modo, es fácil caer en el error de banalizar unos remedios tan útiles y facilitadores de crecimiento interior,  y de salud.

Deseo que este acercamiento al pensamiento de Edward Bach amplie el horizonte de conocimiento más allá de los frascos y las flores…, y os acerque a la gran riqueza interior que podemos llegar a alcanzar.

Los tan mencionados ” aquí y ahora”, y el “conócete a ti mismo”, tienen sentido cuando están en relación con los demás, cuando nos ayudan a poner conciencia de nuestra libertad para decidir y por tanto, de nuestra huella y responsabilidad en el mundo, nuestro mundo más cercano, cotidiano e inmediato…


<Det tots els Colors>: Elena Lorente Guerrero.