LA CURACIÓN DESDE LA PERSPECTIVA DE EDWARD BACH. (V)

Obras completas del Doctor Edward Bach.


CÚRESE USTED MISMO

(Publicado por C.W.Daniel Co., 1931)

Una explicación de la causa real y de la curación de la enfermedad.

Capítulo cinco

Debido a que la carencia de individualidad (es decir, el permitir la interferencia con la personalidad que impide cumplir los mandatos del Ser Supremo) es de tanta importancia en la producción de la enfermedad, y dado que ésta suele inciarse muy temprano en la vida, pasemos ahora a considerar la verdadera relación entre padres e hijos, maestros y discípulos.

En lo fundamental, el oficio de la paternidad consiste en ser el medio privilegiado (y, desde luego, el privilegio debe ser considerado divino) que permite al Alma entrar en contacto con este mundo por el bien de su evolución. Apropiadamente entendido, es probable que no haya para la humanidad oportunidad más grande que ésta, ser el agente del nacimiento físico de un alma y tener el cuidado de la joven personalidad durante los primeros años de su existencia en la tierra.

La actitud de los padres debería ser, globalmente, dar al recién llegado todos los consejos espirituales, mentales y físicos de que sean capaces, reconrdando siempre que el pequeño es un alma individual que ha venido al mundo para obtener su propia experiencia y conocimientos, a su manera, según los dictados de su ser superior, y que hay que darle toda la libertad posible par que se desarrolle sin impedimentos.

El oficio de la paternidad es un servicio divino, y debería ser respetado como tal, o incluso más que cualquier otra tarea que tengamos que desempeñar. Siempre tenemos que tener presente que nada deberá ser pedido a cambio al niño, pues sólo consiste en dar, y sólo dar, suavidad, amor, protección y guía hasta que el alma se haga cargo de la joven personalidad.

Deberá enseñársele, desde el principio, independencia, individualidad y libertad, y hay que animar al niño, tan pronto como sea posible, a pensar y obrar por sí mismo. Todo control paterno debe quedar poco a poco reducido conforme se vaya desarrollando la capacidad de valerse por sí mismo y, más adelante, ninguna imposición o idea falsa de deber filial debe obstaculizar los dictados del alma del niño.

La paternidad es un oficio de la vida que pasa de unos a otros, y es en esencia un consejo temporal de guía y protección durante un breve período que, transcurrido un tiempo, debería cesar en sus esfuerzos y dejar al objeto de su atención libre de avanzar solo.

Pero recuérdese que el niño, de quien podemos tener el cuidado temporal, puede ser un alma mucho más grande y anterior que la nuestra, quizá espiritualmente superior a nosotros, por lo que el control y la protección deberán limitarse a las necesidades de la joven personalidad.

La paternidad es un deber sagrado, temporal en su carácter y que pasa de generación en generación. No comprende nada que no sea servicio y no hay obligación de retorno por parte del joven, ya que éste debe ser libre de desarrollarse a su manera, y prepararse todo lo posible para cumplir el mismo oficio unos pocos años más tarde. (…)

Los padres deberían guardarse particularmente contra cualquier deseo de moldear la joven personalidad de acuerdo a sus propias ideas o deseos, y deberían refrenarse de ejercer algún tipo de control indebido o de reclamación de favores a cambio de su deber natural y privilegio divino de ser el medio de ayuda a un alma para que ésta tome contacto con el mundo. Y cualquier deseo de controlar o conformar a la joven vida por motivos personales es una forma terrible de codicia que no deberá ser consentida nunca, porque si arraiga en el joven padre o madre, con los años se convertirán en auténticos vampiros. Si hay el menor deseo de dominio, habrá que comprobarlo desde el principio. Debemos negarnos a ser esclavos de la codicia, que nos impulsa a poseer a los demás. Debemos estimular en nosotros el arte de dar, y desarrollarlo hasta que lave toda huella de acción adversa.

El maestro deberá tener siempre presente que este oficio consiste únicamente en dar al joven una guía y la oportunidad de  aprender las cosas del mundo y de la vida, de forma que el niño pueda absorber el conocimiento a su manera, y si se le da la libertad, instintivamente elegirá lo que sea necesario para el éxito  de su vida. He aquí, de nuevo, porque no debe darse otra cosa que un cariñoso cuidado y guía que permita al estudiante obtener el conocimiento que requiere.

Los niños deberían recordar que el oficio de padre, como emblema del poder creativo, es divino en su misión, pero que no implica restricción en el desarrollo  ni obligaciones que puedan obstaculizar la vida y el trabajo que les dicta su alma. Es imposible estimar en esta presente civilización el sufrimiento callado, la restricción de las naturalezas y el desarrollo de caracteres dominantes que produce el desconocimiento de este hecho. En casi todas las familias, padres e hijos se construyen prisiones por motivos enteramente falsos y una equivocada concepción de la relación entre padres e hijos. Estas prisiones apresan la libertad, coartan la vida, evitan el desarrollo natural y traen infelicidad a todos los implicados, desarrollando desórdenes mentales, nerviosos e incluso físicos que afligen a las personas, provocando un muy amplio promedio de las enfermedades de nuestro tiempo.

Nunca se recalcará los suficiente sobre el hecho de que cada una de las almas encarnadas en este mundo está aquí con el específico propósito de obtener experiencia y comprensión, para perfeccionar su pesonalidad en pos de esos ideales que subyacen en nuestra alma. No importa cuál sea nuestra relación con los demás: marido y mujer, hermano, hermana, padre e hijo, o maestro y hombre, todos atentamos contra nuestros semejantes si obstaculizamos por motivos de deseo personal la evolución de otra alma. Nuestra obligación es obedecer los dictados de nuestra conciencia, y esto nunca nos llevará a ejercer domino sobre otra personalidad. Dejemos que cada uno recuerde que su alma ha dispuesto para él una labor en particular, y que a menos que la realice, aunque no sea consciente de ello, dará lugar a un conflicto inevitable entre su alma y su personalidad, conflicto que necesariamente provocará desórdenes físicos.

Es cierto que un individuo puede dedicar su vida a otro, pero antes de hacerlo debe estar absolutamente seguro de que ésta es una orden de su alma, y de que no ha existido ningún tipo de sugestión de una persona dominante, o falsas ideas de deber mal entendido. Que recuerde también que venimos a este mundo para ganar batallas, para adquirir fuerza contra quienes quieren controlarnos, y para avanzar hasta ese estado en el que pasamos por la vida cumpliendo nuestro deber tranquila y sosegadamente, no impedidos ni influenciados por ningún ser viviente, guiados con serenidad por la voz de nuestro yo superior.

Para muchos, la principal batalla que habrán de librar serán en su hogar, donde antes de lograr la libertad para obtener victorias en el mundo, tendrán que liberarse a sí mismos del dominio y control adversos de algún familiar cercano.
Cualquier individuo, adulto o niño, cuya parte de o bra en esta vida es liberarse del control dominante de otra persona, deberá recordar los siguiente:

primero, que a su pretendido opresor hay que considerarle de la misma manera que se considera a un rival deportivo, como una personalidad con la que estamos jugando al juego de la vida, sin el menor asomo de amargura, y hay que pensar que de no ser por esa clase de rival, no tendríamos oportunidad de desarrollar nuestro propio valor e individualidad.

y en segundo lugar, que las auténticas victorias de la vida vienen del amor y el cariño, y que en tal contexto no hay que usar ninguna fuerza, cualquiera que ésta sea; pues desarrollando firmemente nuestra propia naturaleza, sintiendo compasión, cariño, y a ser posible, afecto – o mejor, amor – hacia el rival, con el tiempo podremos seguir con tranquilidad y seguridad la llamada de la conciencia sin permitir la menor interferencia.

Aquellos que son dominantes requiren mucha ayuda y consejos para poder realizar la gran verdad universal de la unidad y para entender la alegría de la fraternidad. Perderse estas cosas es perderse la auténtica felicidad de la vida, y tenemos que ayudar a eas personas en la medida de nuestras posibilidades. La debilidad por nuestra parte, que permite a éstos extender su influencia, no les ayudará en absoluto; una gentil negativa a someternos a su cntrol y un esfuerzo porque entiendan la alegría de dar, les ayudará a ascender el empinado camino.

La obtención de nuestra libertad, el logro de nuestra individualidad e independencia requerirá en muchos casos una gran dosis de valor y fe. Pero en la horas más oscuras, y cuando el éxito es totalmente inaccesible, recordemos siempre que nuestras almas sólo nos procuran tareas que somos capaces de llevar a cabo, y que con nuestro propio valor y nuestra fe en la divinidad interior, la victoria llegará para todos aquellos que perseveran en su esfuerzo.

* * *

Queridos lectores:

Después de un tiempo de silencio…, reanudo la actividad del blog con este nuevo capítulo de  “Cúrese usted mismo”” de Edward Bach. Probablemente este texto en particular, llega en el momento más oportuno…

Bach continúa haciendo hincapié en la importancia de desarrollar nuestra individualidad. Nos habla, y tengamos presente la fecha del texto…,  de la misión de los padres y madres como maestros y guías que acompañan a los hijos/as en su crecimiento respetando los dictados de su Alma, ayudándoles a dearrollar sus propias cualidades con Amor y sin coacción.

Nos recuerda también que, en muchas ocasiones,  los hijos son verdaderos maestros para sus padres y madres, y prioriza la necesidad de no someternos a las personalidades dominantes,y manipuladoras que lejos de desear nuestro bien, viven centradas en el egoísmo.

La familia, sea cuál sea su estructura, es el nucleo donde los niños aprenden, crecen y se desarrollan como personas, donde adquieren principios y valores que van germinando en su interacción con el resto de la comunidad.

Este texto de Bach y su reflexión, me han conectado con los acontecimientos vividos en las últimas semanas, con la movilización de miles de jóvenes y no tan jóvenes que, a día de hoy, están ejerciendo su individualidad de manera solidaria. Están mostrando sus valores y  reclamando explicaciones y soluciones a aquellos que guiados por el deseo de poder, nos han estado dominando  para mantener un sistema insostenible, que beneficia a unos pocos a expensas del esfuerzo de muchos.

Por fin nos estamos convenciendo de nuestro poder transformador. La sociedad ha madurado, estamos evolucionando…


<Det tots els Colors>: Elena Lorente Guerrero.

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Entrevista a MARTA MERCADÉ mujer, profesora y madre. “La aceptación familiar y el apoyo social son fundamentales para las personas afectadas por una enfermedad mental.”

MARTA MERCADÉ ISANT:

El hecho de tener una enfermedad y convivir con la sensación de que la has de esconder porque la gente no lo puede entender hace que la angustia se duplique porque, además de tener la enfermedad, has de poner energía en evitar que los demás se enteren.

Hemos de ser capaces de aceptar que hay personas afectadas por enfermedades mentales, muchas más de lo que pensamos. Son personas que conviven con nosotros y que probablemente tenemos muy cerca, pero a las que no podremos ayudar mientras nuestra sociedad las siga negando.


Me llamo Marta Mercadé,  soy profesora de inglés y alemán en un instituto de secundaria. Estudié filología inglesa y después me reenganché y estudié filología alemana.  Posteriormente realicé un máster en didáctica de la enseñanza del alemán. Hace dos años aprobé las oposiciones a catedrática, tengo la cátedra de secundaria.

Soy madre de un niño de 12 años, Nil, y de una niña de 8, Elsa. Y soy viuda.

Me quedé viuda hace 5 años, cuando Elsa todavía no tenía 3 años y Nil tenía 7.

Mi marido estaba enfermo, sufría depresiones, y finalmente… se suicidó. El pasado mes de mayo se cumplieron 5 años.

  • ¿DESDE CUÁNDO SUFRÍA TU MARIDO EPISODIOS DE TRISTEZA?

Cuando  nos conocimos él ya estaba enfermo, lo que pasa es que tantos años atrás, yo evidentemente era muy joven, no sabía qué era una depresión ni las consecuencias que podía llegar a tener

Sí que sabía que tenía una depresión, pero con 20 años te imaginas que encontrando un buen médico, con un poco de medicación y con tu amor, será suficiente para tirar adelante.

Es más, una vez siendo novios, Joan me dijo que quería que dejáramos la relación, yo no lo entendía porque estábamos bien como pareja. Joan me dijo que sabía que esto que le pasaba le pasaría siempre y no quería arrastrarme con ese problema, con esa enfermedad.

Yo le contesté que en todo caso, la decisión de si quería continuar a su lado o no sabiendo esto era mía. Y decidí que quería seguir con él.

  • ¿EL DIAGNÓSTICO ERA DEPRESIÓN?

Sufría depresiones pero no sé si estaba bien diagnosticado. Un poco de ansiedad, un poco de estrés, pero el tipo de depresiones que tenía yo creo que ya eran endógenas.

Tan pronto estaba bien como, sin ningún motivo aparente, se empezaba a hundir en si mismo, le invadía aquel sentimiento de inferioridad de “yo no sirvo para nada, esto no lo sé hacer, no tengo amigos”,… todo negativo.

Después poco a poco se iba recuperando, volvía a estar bien. Había más temporadas buenas que malas al principio, luego con los años eso fue cambiando y llegó un momento en que estaba dos meses bien y tres mal, hasta que al final se enlazaban los meses de estar mal.

  • ¿QUÉ CREES QUE PROPICIÓ EL EMPEORAMIENTO?

Yo pienso que el primer motivo fue que él nunca fue plenamente consciente del alcance de su enfermedad, consciente quizás sí, pero no lo aceptaba.

Cuando se encontraba un poco bien anulaba algunas visitas,, renunciaba a la ayuda profesional, dejaba de tomar bien la medicación sin consultarlo con el médico. Nunca hizo del todo bien ningún tratamiento, cuando se encontraba un poco mejor…, lo dejaba.

Creo que este fue uno de los principales problemas que lo llevó a no aceptar lo que pasaba y tomarse en serio que tenía que ponerse en manos de un buen profesional, y finalmente al suicidio.

Otra de las cosas fue evidentemente el tipo de enfermedad que era. Yo creo que si hubiera sido no sé, un cáncer de estómago, cuesta decir la palabra cáncer, pero decir que tienes una depresión y que tienes que ir al médico o al psicólogo,… intentábamos esconderlo tanto como podíamos porque él no quería que lo hablara con nadie, excepto con mis padres.

Más tarde ya entendió que yo tenía necesidad de poder hablar o de compartir mi angustia con la familia o amigos más íntimos. Pero él siempre intentó esconderlo, tenía amigos que no sabían que tenía depresiones.

El hecho de tener una enfermedad y convivir con  la sensación de que la has de esconder porque la gente no lo puede entender hace que la angustia se duplique porque ,además de tener la enfermedad, has de poner energía en evitar que los demás se enteren.

  •  ¿HUBO ALGÚN PUNTO DE INFLEXIÓN A LO LARGO DE SU PROCESO?

Recuerdo que cuando nació la niña, Joan tuvo un periodo de euforia que no le había conocido hasta entonces. Deseaba aprender a volar y comprarse una avioneta. Después de aquel difícil verano vino el bajón en picado, pasó un otoño horroroso. Y me di cuenta de que estaba empeorando. Nunca lo había visto así, pasando de la euforia a la depresión extrema.

Empecé a leer libros sobre depresión, trastorno bipolar, etc. y a plantearle la búsqueda de otra opinión más, ir a otro psiquiatra para descartar un trastorno bipolar,  pero él negaba la fase de euforia.

No paré hasta que los visitó un psiquiatra que nos habían recomendado, el jefe de psiquiatría del Hospital Valle Hebrón en aquel momento. Pienso que quizás es un buen psiquiatra pero con Joan no comenzó bien porque fue demasiado duro en su primera intervención diciéndole “está en tus manos que te quieras curar o no”.

Le hizo análisis y pruebas y le dijo que tenía una descompensación química  además del carácter introspectivo. Le recetó un inyectable diario y en 15 días ¡noté un cambio!  La medicación que le recetó le iba bien, estaba mucho mejor.

Pero Joan anuló la siguiente visita, ponía excusas para no ir…

Fue una pena. Aquel psiquiatra no estableció una relación terapéutica con Joan, le presionó demasiado en la primera visita y él ya no quiso volver.

Lo vi después, porque cuando mi marido murió necesité informes médicos para realizar los trámites legales y aquél psiquiatra no quiso hacerme ningún informe. Yo le dije que no necesitaba una etiqueta diagnóstica concreta, sólo que había visitado a mi marido y que estaba en tratamiento con él. No me lo quiso hacer, no se quiso implicar .

No pongo en duda sus conocimientos como médico psiquiatra, pero como persona me defraudó. Fue una situación muy desagradable.

  • ¿QUÉ OCURRIÓ DESPUÉS DE ESE EPISODIO DE EUFORIA-TRISTEZA EXTREMA?

Joan siempre había trabajado en la empresa familiar de género de punto, pero estaba cansado de eso.

Es cierto que era pesimista de base pero, con visión de futuro, ya vio que China perjudicaría a la industria téxtil como ha pasado y está pasando. Vio que no había futuro.

Estaba cansado de trabajar en la empresa y quería hacer lo que toda la vida había querido hacer: conducir camiones.

Yo fui la primera que me opuse. Entendía que necesitara un cambio de trabajo pero me parecía que trabajar de camionero no era la actividad que más le convenía. Le decía que él estaba acostumbrado a la flexibilidad de horarios, comía en casa, hacia una pequeña siesta, y de eso a pasar a conducir 8 horas diarias, dormir en las cabinas, … No estaba acostumbrado a eso, y con la enfermedad que él tenía y la medicación que tomaba consideraba que no podía hacer ese trabajo. Conduciendo de noche podía ser un peligro para los demás.

Y él no quería ver nada, contra- argumentaba continuamente. Al final, como no podía seguir discutiendo con él todo el día, le apoyé.

  • ¿SIGUIÓ ADELANTE CON SU PROYECTO?

Si y con éxito. Aunque prepararse para aprobar los carnets de camión no es fácil precisamente, los aprobó todos. Estuvo mucho tiempo estudiando y trabajando. Hacía las dos cosas, con la familia en contra, prácticamente a escondidas, se pasaba las noches estudiando y finalmente trabajó como camionero.

Cuando se  suicidó llevaba un año, año y medio aproximadamente trabajando en una empresa y contento.

Yo creo que este fue el último intento que él hizo para superar su depresión. En teoría ya tenía lo que todo el mundo considera necesario para ser feliz: “tengo una familia, tengo unos hijos preciosos, no tengo problemas económicos, tengo un trabajo que hasta ahora me ha gustado, lo tengo todo, pero aun así, no estoy bien”.

Supongo que al ver que  contra todo pronóstico lo había conseguido pero aún así, le volvía a pasar lo mismo,… al llegar la primavera debió pensar, ¡pues a la porra, no puedo más!

Aunque él no me lo contó jamás, yo  imagino que debió ser así.

  • ¿DEJÓ ALGÚN MENSAJE PARA VOSOTROS?

Me dejó una carta, si. Yo evidentemente no noté nada. A veces piensas, ¿pero cómo puede ser que no notara nada?

Lo preparó con días de antelación. Dejó una única carta de despedida. A  mí me dedicó la mayor parte de la carta, hablaba de los niños también, era una de las mejores cosas que le habían pasado pero que aún así no le habían dado suficiente fuerza. Decía que estaba cansado de la inseguridad que llevaba arrastrando durante tantos años y de siempre tener que disimular delante de la gente. Veía que no era como los demás, era luchar una vez y otra y no acabar de superarlo. Ya estaba  cansado de luchar contra lo mismo…

  •  QUÉ DURO…

Si, es cierto. Leías la carta y veías un sentimiento de inferioridad y una autoestima bajísima que impactaba. Me decía que sobretodo no me sintiera culpable, que yo había hecho todo lo que podía y más! y que sencillamente nadie podía hacer nada más, que se había acabado.

Yo pienso que tuvo mucho coraje, cuando la gente me decía: “¡qué egoísta, con todo lo que te ha hecho pasar!”

¡¿Qué egoísta?! para mí no era egoismo sinó una última salida. Estaba enfermo. Además la carta  no era una nota improvisada sinó una revisión cronológica de vida, empezaba por sus padres, después por mí, los niños y acababa conmigo diciéndome que sabía que yo pasaría una temporada muy difícil pero que él sabía que era fuerte y que saldría adelante y que sólo esperaba que algún día encontrara a alguien que pudiera hacer de padre a nuestros hijos.

El mensaje era este. La carta era muy dura porque reflejaba una decisión pensada, meditada.

Yo de hecho Elena, al encontrar la carta ya lo pensé, sabiendo lo perfeccionista y meticuloso que era, y que cuando quería hacer algo lo conseguía… pensé, no habrá sido un intento,  no. Lo ha hecho y así fue.

  • ¿HUBO ALGÚN INTENTO CON ANTERIORIDAD?

No, nunca. Él se suicidó en mayo, pero el noviembre anterior un amigo nuestro tuvo un infarto y estuvo muchos días enfermo. Y un día estábamos cenando, como si lo viera ahora, una tortilla con bacon y una ensalada, y yo le comentaba:

“Ostras, que mala suerte ha tenido Albert” y él contestó:

“si que es mala suerte, si, porque tantas ganas de vivir que tiene Alberto y que le pase a él esto. Esto me tendría que pasar a  mí, y así acabar de una vez con todo”. Joan continuó cenando como si nada, yo creo que no fue ni consciente de lo que dijo.

Yo no me pude ni acabar la dichosa tortilla, que me quedé atónita “¿Pero que me está diciendo? ¿Qué ojalá se muriera?”

Aquella noche cuando nos fuimos a la cama yo no podía dormir, en cuanto noté que él respiraba profundamente, me levanté, subí a la buhardilla y lloré toda la noche de angustia porque capté la profundidad de lo que había dicho, él quería morirse.

  • ¿CÓMO AFECTÓ A TUS HIJOS?

Elsa ni se dio cuenta, todavía no tenía 3 años. Hasta al cabo de 15 días no se lo dijimos porque estaba acostumbrada a los horarios de su padre con el camión,  a veces pasaba una semana sin ver a los niños.

Nil pobrecito estaba desesperado, con 7 años se enteró perfectamente de todo. Yo enseguida hablé con la psicóloga de la escuela, le expliqué lo que había pasado y le pedí consejo sobre qué debía hacer con los niños.

Me dijo  que con 7 años Nil no entendería nada, y finalmente decidimos decirle que había sido un accidente, sin entrar en detalles,  sin decir nada más.

Ha sido un accidente, no especificando con el camión, sólo un accidente. Intenté no engrosar demasiado la mentira pensando en el día que tuviera que deconstruirla.

A pesar de lo que le dijimos y de tener sólo 7 años él veía que algo no cuadraba, y me preguntaba:

“¿Cómo es que papá ha tenido un accidente si él no bebe nunca? ¿Le ha deslumbrado algún coche? Además papá siempre conduce despacio. Hacía comentarios y preguntaba ¿Cómo ha ocurrido? Y le contestaba que no lo sabía.

Nil le decía a mi madre  que cuando fuera mayor sería mosso d’esquadra para que le explicasen que le había ocurrido a su padre, “porque como vosotros no me lo queréis contar …”

  • TU DESEO ERA LLEGAR A EXPLICARLE LO OCURRIDO ¿VERDAD?

Si,  siempre.

Yo pensaba que a lo mejor Nil  intuía lo que había pasado, pero no. Y el verano de 2009 se lo expliqué, me armé de valor y se lo expliqué.

Ya hacía tiempo que tenía esta preocupación: “que no se lo digan, que nadie se lo explique antes que yo. Que le pueda explicar yo la verdad. Soy yo quien se lo tiene que decir, no la gente de la calle.”

Fue  a raíz de un incidente con otro niño durante un recreo en el que discutieron: < ha sido gol, no ha sido gol> cosas de niños, y el compañero le dijo: “Pues tú te mereces que se te haya muerto tu padre”. Y esto ocurrió en dos ocasiones, y piensas: “pues este niño, lo mismo que le ha dicho esto, le puede decir, que se merece que su padre se haya suicidado. Y me lo destrozarán.”

No sabía cuál sería el mejor momento, pero me asesoré con amigos psicólogos y con mi psicóloga y me aconsejaron que fuera antes de que llegara a la adolescencia porque no sabemos cómo será su adolescencia, si será de esas turbulentas o la pasará tranquila.

Entonces pensé que si lo tenía que hacer antes, mejor hacerlo entre quinto y sexto porque el niño aún está en una escuela pequeña, tiene a sus amigos de toda la vida, está en un entorno conocido y seguro.

  •  ¿CÓMO LO AFRONTÓ NIL?

En verano de 2009 se lo expliqué y ni lo sabía ni lo intuía. Se quedó perplejo, no se lo podía creer, empezó a llorar, a llorar, él ya sabía lo que significa la palabra suicidio.

Empecé explicándole que su padre estaba enfermo. Nil me preguntaba si tenía dolor de barriga, o en una pierna, y yo le contestaba que tenía una enfermedad mental, esas que están en la cabeza y no se ven.

“¿Entonces si no se ven como se sabe?” Y se lo fui explicando, quería que él mismo llegara a la conclusión de que se mató, pero no fue así, tuve que decírselo yo.  Él me preguntaba cómo había sucedido pensando en que hubiera sido un accidente, que quizá se  había quedado dormido conduciendo…

Pero tuve que decirle que no, que lo hizo expresamente, se quitó la vida.

Entonces quiso saber detalles de dónde y cómo lo  había hecho y su primera reacción fue buscar un culpable:

“¿Y cómo es que aquella mañana tú no lo oíste?” “¿Qué no te pusiste el despertador”?” Y seguía insistiendo como diciéndome “tú tendrías que haberlo oído, tú tendrías que haberlo visto”.

Supongo que es normal, necesitaba encontrar un motivo, una respuesta del tipo: se habría podido evitar…

Después  me preguntó  si algún miembro más de la  familia había tenido depresión alguna vez y mi actitud fue tranquilizarlo, sin faltar a la verdad.

“¿Y a ti, también te podría pasar?” “A mi no me ha pasado nunca, pero si podría ser que mamá tuviera una depresión pero bueno, se va al médico, etc..” intenté calmarlo un poco.

Estuvo un día o dos mal, haciendo preguntas…, no las típicas preguntas que  yo me esperaba sino cosas.. que yo pensaba “¿y esto que tiene que ver?”  preguntaba cosas respecto a su padre que no se relacionaban ni con la muerte, ni con la enfermedad. Por ejemplo, un día me preguntó que si yo hubiera sabido que su padre se mataría, si me hubiera casado igual! Me lo dijo este verano, no tenía ni doce años. Le dije que yo quería a su padre, y que cuando me casé sabía que estaba enfermo, y lo hice a pesar de todo. Pero pensé: “¡vaya pregunta!”

  • QUÉ TAREA TAN DÍFICIL PARA UNA MADRE…

Si, seguía preguntándome si a mí me pasaría, y yo aprovechaba esas ocasiones para transmitirle el mensaje que considero primordial: que cuando algo nos angustia es bueno hablarlo con los padres, con los hermanos, los amigos, las personas que nos quieren. Hay que saber pedir ayuda, guardarlo dentro nos perjudica.

Intenté que el camino quedara abierto, que siempre que quisiera hablar, me preguntase y yo le contestaría, siempre podremos hablar. Le dije, “sabes que voy a una psicóloga cuando lo necesito y como también es psicóloga infantil, nos ha ofrecido su ayuda si la necesitas, no porque te pase nada en especial, sino para poder desahogarte, si quieres…

Después de dos o tres días de pasarlo mal no quiso hablar nunca más. Un día en una salida con las bicicletas le dije tranquilamente que si quería saber algo más de su padre me lo podía preguntar abiertamente. Y me contestó algo sobre la rueda trasera de mi bicicleta, como diciendo, no quiero hablar del tema.

  • ¿CÓMO LO LLEVA AHORA?

Ahora por lo menos lo sabe, no lo ha procesado, lo tiene aparcado en un lugar donde no le hace daño, en espera. Saldrá cuando tenga que salir.

A pesar de la angustia que suponía para mí pensar que no se enterara por otra persona, que no se lo explicaran mal. No se lo conté para liberarme de ese peso, sino porque creo que tiene derecho a saber como murió su padre, poderlo hablar y compartir. Cuando llegue el momento oportuno también se lo explicaré a Elsa y tal vez Nil podrá ayudarme a hacerlo. Estoy segura de que será un gran apoyo para su hermana.

  •  NACER Y VIVIR EN UN PUEBLO PEQUEÑO ¿CONDICIONÓ LA VIDA DE JOAN, INFLUYÓ EN EL CURSO DE SU ENFERMEDAD?

Joan  me lo decía: “Hasta que no he sido adulto no me he dado cuenta de lo que me pasaba, ahora lo veo, mirando hacia atrás.Cuando tenía doce años ya tenía depresiones, porque estaba en casa y estaba deseando irme al internado, estaba en el internado y estaba deseando volver a casa, esta especie de ansiedad de no sentirme bien en ninguna parte, una continua angustia interior.En aquél momento no sabía lo que era, era un niño de 12 años, pero ahora sé que yo ya no estaba bien.Pero en aquel momento no se le daba la importancia que tenía, se pensaba que eran problemas con los estudios, …”

Joan y su familia eran de un pueblo pequeño. Estas enfermedades no se aceptan bien en ningún lugar, pero en un pueblo pequeño, todavía menos. La ignorancia, la negación, los tabúes y el estigma social pesan más.

 

  • ¿ES POR ESTE MOTIVO QUE DESEAS COMPARTIR TU VIVENCIA, PARA ROMPER CON LA ESTIGMATIZACIÓN SOCIAL DE LA ENFERMEDAD MENTAL?

Si, así es. Cuando vi el anuncio del programa que realizó Tv3 en diciembre de 2008 sobre las enfermedades mentales sentí un impulso, un instinto, llamé y ofrecí mi testimonio. Tomaron los datos y al cabo de 1 semana me llamó Mónica Huguet para entrevistarme. Estaba interesada en mi testimonio sobre suicidio, me invitó a escoger un lugar en el que yo me sintiera cómoda para realizar la entrevista y escogí  la playa donde Joan y yo íbamos siempre; es un lugar que me conecta con él.

Le expliqué a Nil mi colaboración en el programa para que supiera que aunque no es fácil hablar de lo que ocurrió, mi testimonio podía ayudar a otras personas. A pesar de que cada vez que hablas de lo sucedido todo se remueve,  pienso que hacerlo ayuda a llamar a las cosas por su nombre y a aceptarlo.

Por eso también aprovecho la oportunidad de participar en tu blog,  donde he podido explicar ampliamente mi experiencia con la esperanza de que ayude a otras personas.

 

  • ADMIRO TU CORAJE, NO TENGO PALABRAS…

Mira Elena, el pasado mes de mayo hizo 5 años, antes yo no hubiera podía hablar de todo esto, sólo recordarlo ya me ponía a llorar. Y ahora hay momentos en que todavía lloro, pienso en él, veo alguna foto o escucho alguna canción que me lo recuerda y lloro pensando “¿cómo no pediste ayuda?”

Hay momentos especialmente difíciles por ejemplo en los cumpleaños de mis hijos,  ellos están muy contentos, pero yo me paso el día llorando recordando cuando estábamos en el hospital, con la alegría inmensa de sentir que empieza una nueva vida, tenemos un hijo sano. En esos momentos sí que pienso….también a final de curso en los festivales de la escuela, pienso lo orgulloso que estaría Joan de sus hijos.

O cuando hay algún problema, claro que tengo a mis padres, mucho apoyo de amigos que me quieren, pero pienso que siempre me toca a mí, estoy sola, la que está delante recibiendo los golpes soy yo, y piensas, ¡Joan! …. A veces hablo con él: “no sé dónde estás pero estoy segura de que me ves, de que me oyes, de que ves a los niños y sabes que están bien”.

Joan  me decía en la carta que sabía que soy fuerte y que saldría adelante con los niños, y a veces le dijo: “mira chico, hago lo que puedo, estoy sola y hago lo que puedo” y le hablo como si lo tuviera delante.

Ahora te reirás, un día me levanté y al abrir el grifo no había agua. Joan me había enseñado mil veces como solucionarlo si me pasaba, un cambio de grifos complicadísimo que me había enseñado mil veces, y no me había fijado nunca, y aquél día por la mañana estaba enfadadísima porque no recordaba cómo hacerlo! Es una tontería, pero me acuerdo también en momentos así.

Lo peor es cuando pienso lo que se ha perdido con los niños, porque creo que podríamos haber encontrado una solución, podríamos haber seguido luchando juntos.

  •  ¿QUIÉN FUE TU APOYO DURANTE LOS AÑOS DE CONVIVENCIA CON JOAN?

Mis padres, siempre.

Algunas veces también nos discutíamos con Joan: cuando dejaba de acudir a las visitas, o tomaba mal la medicación, o dejaba la psicoterapia. No llegó a  hacer nunca una terapia psicológica continuada que le ayudara a llegar al fondo del problema. Yo ya no podía luchar más, le decía que no podía ir todo el día detrás vigilando si se había tomado o no la medicación. Tengo dos hijos pequeños a quienes también tengo que cuidar.

Entonces iba a ver a mis padres llorando, necesitaba desahogarme y mi madre siempre me decía que tuviera paciencia, es una buena persona, el padre de tus hijos y yo le decía: “ si  mama, la historia de siempre, buena persona,  buen marido, padre de mis hijos, ¡pero es que ya no puedo más!”

Y sé que cuando yo acababa las fuerzas y la paciencia mi madre y mi padre siempre me recordaban que Joan estaba enfermo, y lo mucho que nos quería. Joan a veces se sinceraba con mis padres y les hablaba de su enfermedad, con ellos se sentía cómodo y comprendido.

Siempre me han ayudado mis padres y los amigos, tengo la suerte de tener buenos amigos.

  •  ¿CÓMO FUE TU PROCESO DE DUELO?

El primer medio año no tenía ni tiempo ni ganas de ir a la psicóloga porque sólo pensaba en sacar a mis hijos adelante y en continuar con mi vida y pensaba, ya me saldrá el disgusto más adelante.

Además fue un tiempo en el que la gente no entendía lo que había pasado. Recuerdo que vino un amigo a casa y recriminaba, ¡cómo te ha podido hacer esto! Y yo le dije: “ a mí no me ha hecho nada, estaba enfermo, se lo ha hecho a él”. Su amigo no lo entendía…

Tuve que luchar además contra la incomprensión de algunas personas. Una de las cosas que a mí me tranquilizaba era saber que él ya no sufría más y esto me ayudaba a mí a seguir adelante. Y llegó un momento  en que me dije: ” lo mismo que él ya ha dejado de sufrir,  también ha llegado el momento de que los que estamos aquí dejemos de llorar y sufrir, y nos pongamos las pilas para salir adelante. No sólo por mi hija y por mi hijo, que son la prioridad evidentemente, también por mí.

Pasé el primer medio año mal, evidentemente, pero el bajón fuerte no llegó hasta  los ocho-nueve meses después de su muerte aproximadamente. Entonces fui a la psicóloga 2 años seguidos, después lo dejé una temporada. Y ahora hace 1 año que vuelvo a ir, no por el proceso de duelo que ya está superado afortunadamente, sino porque me ayuda en algunos aspectos respecto a mis hijos, como por ejemplo cuando tuve que prepararme para explicárselo a Nil.

  • Y ACTUALMENTE ¿CÓMO ES TU DÍA A DÍA?

Yo diría que no tengo grandes planes de futuro, cuando ocurrió esto pensé que todo aquello de: “el día de mañana, el rinconcito que hay que guardar para el día de mañana”…

A mí el día de mañana me ha cambiado tan drásticamente, que no quiero hacer grandes planes a largo plazo. Vivo y disfruto el presente con las mismas responsabilidades y compromiso de siempre, concentrada en sacar a mis hijos adelante e intentar educarlos lo mejor que pueda a pesar de estar sola. Ver que mis hijos están bien es lo que más me ayuda.

En cuanto a mi trabajo, disfruto con lo que hago. Hace un par de cursos por ejemplo, tuve un grupo de 9 niños, sólo 9, pero era un grupo durísimo. Creía que podría llevar a un grupo de sólo 9 niños pero cuando acabó el curso pensé: “admítelo, no has podido!”. Conseguí muy poco, pero yo ya tenía clarísimo que no haría clase de inglés con aquellos niños. ¿Inglés? Ni inglés, ni catalán ni castellano! A esos niños sencillamente había que escucharlos porque cuando te contaban lo que habían hecho el fin de semana o algo que pasaba en su casa,…eran historias durísimas.

Me gusta mi trabajo. Estar todo el día con niños y gente joven te mantiene en la dinámica de estar activa y al día.

  •  ¿QUÉ MENSAJE TE GUSTARÍA TRANSMITIR A LA SOCIEDAD?

Que hemos de ser capaces de aceptar que hay personas afectadas por enfermedades,  muchas más de lo que pensamos. Son personas que conviven con nosotros y que probablemente tenemos muy cerca, pero a las que no podremos ayudar mientras nuestra sociedad las siga negando.

Si las personas pudieran hablarlo abiertamente les ayudaría mucho. Es imprescindible  poder compartirlo y que no continúe siendo un tabú ni un estigma social.

Las personas que necesitan ayuda de un psiquiatra  no están locas, están enfermas.

  • MÁS ALLÁ DE LA ENFERMEDAD… ¿QUIÉN ERA JOAN EN ESENCIA?

Era una persona extraordinaria, una persona muy honesta, muy cariñoso. Él me aportó muchísimo, su generosidad. Era una persona afable, que no tenía nunca un no para nadie. Creo que en esencia, Joan era una muy buena persona.

De tots els Colors-  Bringing Colour to NursingLa sonrisa de Marta  refleja a la mujer que yo conozco: fuerte, abierta, franca, y acogedora. Contagia energía, vitalidad y su presencia transmite la solidez y  entereza que se vislumbra a través de sus palabras.

Querida Marta,  agradezco de corazón tu valentía, coraje y generosidad; tu testimonio toca el alma . Espero que tu deseo sincero y comprometido de  hacer visible la realidad de la enfermedad mental y de ayudar a los demás, se vea cumplido.

Elena Lorente Guerrero