De la cultura del exceso, a la cultura de la quietud

Sal del círculo del tiempo
para entrar en el círculo del amor.

RUMI

 

Vimos sumergidos en la cultura del exceso. Exceso no sólo de estímulos y de consumo; exceso también de vida externalizada y expuesta. Exceso de trabajo, de objetivos, de metas, de prisa. Retroalimentados a golpe de adrenalina.

Vivimos bañados en el exceso del yo, fragmentados por la tensión de la exageración y la exigencia autoimpuesta. Autocontemplación  y ensimismamiento desbordante por el exceso de lo que no somos, de lo que parece ser y no es. Existencia maquillada, exigente, esclava de la mirada de (des)conocidos cotidianos.

Andamos por la vida con los puños cerrados agarrando experiencias, aferrados a la satisfacción inmediata, intensa… Puños cerrados por los que paradójicamente, se escurre la vida; la plenitud que no era…

Caminos divergentes rompen la norma para  llevarnos:

De la cultura del exceso, a la cultura de la quietud.
De la intensidad a la profundidad.
De la insatisfacción al gozo.
De la separación a la Unidad.

La verdad diáfana y clara de lo que somos
se vierte en la quietud,
Escuchando la voz anterior a la palabra:
El silencio.

 

El poeta hindú, Kabir expresa con gran belleza la verdad última:

“¿Qué puedes llevarte de aqui?
llegas al mundo con los puños cerrados
y sales de él con las palmas abiertas”.

Necesitamos abrir las manos para recibir la vida; para agradecer y cultivar los dones que nos han sido dados y para ofrecerlos a los demás; el verdadero camino hacia una experiencia espiritual encarnada, trascendente, luminosa, y auténtica.

Photo by JM Solé

Elena Lorente Guerrero

Lectura recomendada:
PERFECTA BRILLANTE QUIETUD, Más allá del yo individual. David Carse. Editorial GAIA.

 

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