Entrevista a José Miguel Sunyer, Doctor en Psicología, Grupoanalista: “La salud mental depende, en buena medida, de la calidez y la calidad de las relaciones humanas. Las personas nos hacemos las unas a las otras”.

¿Por dónde empezar para presentaros a José Miguel Sunyer? Su amplia experiencia clínica, gestora, docente e investigadora en el ámbito de la psicología es inabarcable en pocas líneas.

Miquel, como le solemos llamar en el ámbito cercano profesional, es Doctor en Psicología por la UAB, especialista en psicología clínica y en psicoterapia grupal. Lleva muchos años dedicado a esta última, concretamente desde el ángulo grupoanalítico. Actualmente su labor se centra en el desarrollo del grupoanálisis en España, favoreciendo la creación de grupos de trabajo, seminarios y programas formativos.

Aunque desconocida para muchos, Miquel nos explica que la perspectiva grupoanalítica ayuda a la comprensión de las relaciones humanas, generalmente complejas. El grupo se enriquece con la aportación de cada miembro, y transforma las experiencias individuales en crecimiento grupal. Un planteamiento muy interesante para todas las profesiones que se basan en el trabajo en equipo.

Partiendo de la premisa de que somos seres sociales, y por tanto en continua relación con los demás y con el entorno, Miquel crea respuesta a respuesta, un testimonio que es una auténtica obra de arte.

  • Cuéntanos Miquel, ¿Qué es la Psicoterapia analítica grupal?

Hola, Elena, ante todo, agradecerte esta oportunidad. No voy a negar que me gustan estas situaciones, por lo que voy a intentar no defraudarte en demasía. Y seguramente por razones de edad, se agradecen mucho este tipo de reconocimientos.

Tengo que admitir, ya de entrada, que muchas de las ideas que aparecerán se corresponden a lo que publiqué en mi texto del 2008: psicoterapia grupoanalítica de grupo. La construcción de un conductor de grupos. Madrid: Biblioteca Nueva. Me gusta escribir y normalmente lo hago en todos mis seminarios formativos creando y recreando, a partir de la experiencia, textos destinados fundamentalmente a los alumnos de esos seminarios. Parte de este trabajo lo puedes ver en mi web: www.grupoanalisis.com

Mira, la pregunta es acertada e interesantísima porque, posiblemente sin darte cuenta, introduces buena parte de la complejidad de esta fórmula psicoterapéutica y, desde mi punto de vista, apuntas a un tema complicado cual es el nombre que damos a las cosas. No tengo por olvidar a una secretaria que tuve durante un corto período que ante mi oferta a que usara los diccionarios que le ponía a su alcance, me dijo: No entiendo, doctor, por qué hacemos tan complicado el lenguaje. Si todos sabemos lo que es una casa, ¿para qué emplear otras como vivienda, apartamento, piso, domicilio…? Como comprenderás, Elena, mi asombro y mi desconcierto fueron enormes ya que, por mucho que todas ellas puedan hacer referencia al lugar en el que uno vive, está claro que no es lo mismo una cosa que otra. Hubo una ministro que incluso llegó a hablar de “solución habitacional”. Todo un poema.

En tu pregunta introduces tres palabras: psicoterapia, analítica y grupal. La palabra psicoterapia tiene más de doscientos años: fue introducida por Reil en 1803, o sea, hace tiempo. Si por psicoterapia consideramos que es aquella intervención profesional que va dirigida a abordar lo que comúnmente se llama “patología mental”, (que es por donde la orientaba el bueno de Reil) vamos por buen camino. Me gusta diferenciar terapia de psicoterapia. La primera abarca más, a mi modo de ver, que la segunda que es más restrictiva por cuanto que el término que proviene del griego therapós, alude al hecho de acompañar, dar apoyo, cuidar a quien lo precisa; en tanto que psicoterapia dirige esa ayuda a los aspectos psíquicos de una persona: sería como el acompañamiento a la psique del otro; y me parece que eso conlleva una cierta conceptualización de eso que llamamos psique.

La palabra analítica tiene su controversia. Si acudes a esa enciclopedia virtual que consultamos buena parte de la población y pones la palabra “psicología analítica”, te dirige, como es lógico, a los desarrollos que realizó Jung. Y si bien es verdad que hay quien con la palabra analítica hace referencia a psicoanalítica, me gusta diferenciar las cosas. Jung realizó importantísimos y particulares avances en la comprensión del ser humano, y de su separación de Freud nos hemos podido beneficiar con una forma de comprender al ser humano diferente a la visión del padre del psicoanálisis. Para mí, pues, psicología psicoanalítica no es lo mismo que psicología analítica. Como tampoco son lo mismo, psicoterapia analítica o psicoterapia psicoanalítica.

Claro, cuando ya introduces la palabra grupal ahí abres un melón complicado de comer. Porque siguiendo mis planteamientos, ¿te refieres a psicoterapia psicoanalítica grupal o a psicoterapia analítica grupal? La primera parte de la pregunta me lleva a pensar en Freud y la teoría psicoanalítica, mientras que la segunda me dirige a Jung… ¡Menudo follón! Sí, porque dentro del terreno de la psicoterapia psicoanalítica grupal deberíamos dirigirnos a autores como Wolf, Schwartz, Slavson o incluso Bion y Ezriel o Anzieu, Kaës… cuando en realidad creo que me preguntas por alguien que bautiza a su forma de trabajar como grupoanálisis. Y que es dónde me ubico en estos momentos de mi vida y desarrollo profesional.

Ciñéndome a la pregunta y centrándome en lo que para mí es el trabajo grupal con tintes psicoterapéuticos, el grupoanálisis, te diré que por psicoterapia grupoanalítica entiendo aquella intervención profesional, aquel proceso psicoterapéutico que se realiza en grupo, considerando que lo que ahí se trabaja es lo que sucede entre todos los integrantes del grupo, incluido el conductor. Como verás he introducido modificando tu pregunta, un término nuevo: grupoanalítico. Claro que ahora nos deberíamos esforzar en definir este término, ¿no?

En cualquier caso, y antes de pasar a otra pregunta, quisiera aclarar que lo que podríamos llamar terapia grupoanalítica es aplicable a una infinidad de situaciones como puede ser la supervisión de un equipo, el trabajo que se puede realizar con el personal de enfermería de cuidados paliativos, o con profesionales que no estén vinculados a la salud mental. Es decir, no deberíamos ceñirla de forma exclusiva a la patología mental, sino a desarrollar grupalmente una forma de entender lo que sucede pudiendo incluir en esta comprensión los aspectos individuales, grupales y sociales del ser humano en cualesquiera de los ámbitos en los que podemos trabajar.

  • Entonces, ¿Qué es el grupoanálisis?

Mira, es una palabrita que está de moda; al menos en España. Ya sabes que aquí tenemos la tendencia a tomar palabras que nos suenan bien y que tienen un cierto glamur, una cierta modernidad. Lo que está bien y… no tan bien porque confunde. En realidad es el análisis de las personas que integran un grupo incluido su conductor y realizado por el mismo grupo. La palabrita de marras tiene dos orígenes bien dispares, siendo difícil precisar si los derechos de autor los tiene una persona u otra. Uno de los lugares de origen se sitúa en América y proviene de un psiquiatra denominado Trigant Burrow.

Poco se conoce de él (ya se encargan los poderes profesionales en apartar a quien es un tanto molesto), pero tras venirse a Europa con toda su familia para formarse en Psicoanálisis y buscar una cercanía con el propio Freud a quien conoció anteriormente en América, regresó ahí y comenzó a ejercer el psicoanálisis siendo una persona de reconocido prestigio por aquel entonces. Fue capaz de llegar a la conclusión de la importancia que tenía la relación materno filial y detectó cómo a través de esa relación, el bebé adquiere un montón de elementos (normogénicos y patogénicos) vinculados con experiencias que tuvieron los padres antes de su nacimiento. Posiblemente estimulado por muchos otros autores, puso mucho interés en profundizar en la relación que se establecía entre el paciente y el psicoanalista hasta que se encontró con un paciente muy inteligente: Clarence Shields. Este buen hombre le cuestionaba acerca de la contradicción existente entre los planteamientos conceptuales del propio Burrow y la posición física que se establecía en la relación psicoanalítica (sabéis que en psicoanálisis el paciente se coloca tumbado en un diván en tanto que el profesional se sienta fuera del alcance de la mirada del paciente, para evitar la contaminación proveniente del cruce de miradas). Esa crítica le llevó (atrevido nuestro Burrow) a cambiar la posición y a sentarse cara a cara. Y de ahí a organizar un grupo y desarrollar lo que en principio denominó grupoanálisis. Posteriormente cambió el término por el de filoanálisis para enfatizar el elemento transmisor generacional.

La otra persona a quien también corresponde la paternidad del término es S. H. Foulkes. Este psiquiatra de origen alemán, huido por el avance de las tropas de Hitler y refugiado en Inglaterra era psicoanalista y llegó a ser responsable del Instituto Psicoanalítico de Frankfort. En tierra inglesa tuvo que reconstruir su vida profesional y, posiblemente por la influencia que obtuvo de N. Elias (un sociólogo muy interesante por sus ideas respecto al ser humano y su vinculación con lo social) inició su trabajo con pacientes a los que reunía en un grupo. Lo que ahí observó fue algo que le sorprendió: que en las conversaciones normales entre estos pacientes y él mismo, aparecía una enorme cantidad de material personal y que, a través de ese material y de poderlo hablar y compartir, se observaban mejorías notables en ellos. A ese método lo denominó group analysis, es decir, grupoanálisis.

Que ¿cómo podríamos definirlo? Pues el análisis que realizan las personas que están en un grupo de lo que le sucede a cada quien incluyéndose en este análisis al propio profesional que se define como conductor del grupo. Y conductor no tanto como el conductor de un autobús o coche que dirige al grupo a un lugar, sino en el sentido de director de una orquesta: es quien trata de que cada componente extraiga lo mejor de sí mismo para conseguir que la orquesta interprete una buena melodía.

  • Ya situados en terreno grupoanalítico, me parece muy interesante tres aspectos: el término “proceso”, que lo que se trabaje sea más que la suma de lo que aporta cada integrante del grupo, y que el conductor no sea un mero observador sino parte activa del grupo y por tanto, vulnerable. ¿Cómo podrías aclararme esto?

Sí, en la primera pregunta introduje la idea de proceso. Un proceso ¿qué es? Podríamos definirlo como el conjunto de elementos y fases que determinan un fenómeno, ¿de acuerdo? Si hablamos de procesos psicoterapéuticos estaríamos haciendo referencia al conjunto de elementos, de fases, de cosas que van sucediendo a lo largo de un tiempo y que determinan la mejoría de uno o varios pacientes. Pero esto no es tan raro, ¿no? Porque cuando hacemos una paella o una simple tortilla de patatas, ese hacerla es un proceso: seleccionamos las patatas, las cortamos, tomamos varios huevos… eso es algo que puede se llamado proceso. Lo que sucede es que cuando hablamos de malestar físico o psíquico, cuando nos situamos en el terreno de la salud, nos olvidamos de la necesidad de los procesos y queremos que nuestra salud se instale casi de forma mágica. Como si el profesional fuese un brujo, un mago que por arte de birlibirloque nos devolviera la salud que habíamos perdido. ¿Suena raro que en pleno siglo XXI esperemos que los profesionales de la salud, personal de enfermería, médicos, psicólogos, terapeutas…, sean brujos o magos, ¿verdad? Es entendible, pero suena a raro. Y se entiende porque no nos gusta encontrarnos mal, tener un dolor cualquiera, sentirnos tristes, impotentes ante el sufrimiento personal o del otro… es cierto. Es raro o al menos no muy frecuente encontrarse con pacientes (personas que padecen) que tengan la paciencia, la esperanza y la sensatez como para coparticipar de un proceso que en muchas ocasiones es largo. Todos, todos toleramos mal la frustración de ver que todos los procesos de curación o de sanación piden su tiempo y que no hay más que eso: aceptar el proceso que ello conlleva.

Mira, Elena, podríamos pensar que el primer elemento “antigrupal” proviene de esa impaciencia, de la frustración que conlleva ver que las cosas no funcionan ni por arte de magia ni son procesos de microondas. Esa impaciencia que la vemos en todo (estamos en un momento social en el que se busca la inmediatez en todo, en internet, en la pastilla mágica, en las gotitas de no sé qué planta, en el propio móvil…) acaba siendo un elemento antigrupal. Pero hay otros. Por ejemplo, ¿a mí qué me importa lo que le suceda al otro? Y es cierto, claro. En realidad, a nadie le importa lo que le sucede al otro. Y por esto no queremos ni oír hablar de un tratamiento grupal. Mira, me viene a la mente una anécdota procedente de la India y Pakistán, creo. Le preguntan a un sabio, ¿qué es el infierno? Y les dice: mirad, imaginaros –les dice a quienes le preguntan –que estamos en un círculo y en medio del mismo se encuentra una fuente con abundante comida. Cada uno de los que están ahí sentados dispone de una cuchara con un mango enormemente largo con el que puede llegar a dicha fuente. Y estando ahí, cada uno de ellos toma la cucharada, pero… no pueden llevársela a la boca ya que la longitud del mango se lo impide. Así se desesperan ya que pudiendo comer, no se llevan bocado a su boca. Esto es el infierno. ¿Y el cielo? -le preguntan. Pues el cielo es casi igual pero la diferencia es que cada uno da de comer al otro, de forma que todos se alimentan de la fuente común.

Pues eso mismo es el grupo: darnos de comer mutuamente para que todos, todos, salgamos beneficiados. Porque en el fondo, más allá de que el sufrimiento lo posee cada uno y cada uno debe hacerse cargo del mismo, cuando podemos salir de nuestro egoísmo y compartimos nuestras historias con los demás, nuestro dolor va desapareciendo. ¿Magia? No, humanidad. Pero algo más: los demás son como mentes auxiliares que ayudan a elaborar eso que a uno le preocupa, aportando desde otros ángulos, aspectos que a uno mismo no se le ocurren. Y por esto es importante el trabajo grupal (independientemente que le llamemos terapia o psicoterapia), ya que nos permite comprender lo que nos pasa a partir de comprender a los demás y ser comprendidos por ellos. Es a través de ese vernos a partir de cómo nos vemos en los demás, como cada uno va aumentando su conocimiento y control de sí mismo. Así de simple, así de complicado: los otros en uno.

  • ¿Qué  hace el conductor del grupo?

Bueno, todo esto precisa de un profesional que, desde la distancia que proviene de su propia formación y experiencia, va conduciendo a quienes forman el grupo con el fin de potenciar sus efectos terapéuticos y psicoterapéuticos. Lo que sucede es que, como su presencia también influye en la dinámica del grupo, debe ser capaz de poder ponerse a la vista de los demás y ponerse, en la medida que ello tiene sentido, a la disposición de los demás para clarificar todo aquello que proviene de su propia influencia y, disminuir, de esta forma, los elementos iatrogénicos de toda intervención grupal. Aquí, además, se introduce un término muy rico en el campo grupoanalítico: mutualidad. Todo lo que nos sucede a los humanos es producto de aspectos fallidos de la mutualidad con los demás. Bien porque uno no sabe jugar a la mutualidad, bien porque los demás no saben ser ni sentirse mutuos. La mutualidad, ese arte que conlleva entender que lo de uno afecta al otro y viceversa, esa mutualidad también incluye al propio conductor.

Recuerdo una anécdota: en uno de los muchos grupos formativos en los que he participado o que he podido coordinar, al conductor le sonaron las tripas. Debió ser estruendoso porque todos le señalaron el hecho. Él se negó, una y otra vez, a que “sus tripas habían sonado”. Ese simple hecho, dañó al grupo.

El conductor es una persona al que también se le remueven los intestinos por cosas que pasan en el grupo. Su reconocimiento supone no sólo “humanizarlo” sino facilitar que los demás miembros del grupo puedan pensar sobre qué pasa cuando al conductor se le mueven las tripas. Y suenan.

  •  ¿Cómo se organiza un grupo de psicoterapia?

Contestar a esta pregunta es fácil, porque la formulas a nivel general. Pero igual no es tan fácil porque, ya que antes hablabas de proceso, tendremos que pensar que tal organización también es un proceso. Si no lo fuera, con decirle a la secretaria del servicio de psiquiatría, o al responsable del departamento de admisión de una unidad de día o de un centro de rehabilitación que a los diez primeros los citara para un grupo, ya habría bastante. No hace falta que os diga que, si fuese así, no os arrendaría las ganancias. Gracias a Dios las cosas no son así y requieren un proceso.

Hay una idea semejante a la de proceso y es la de función. La tomo de Bion quien en un texto breve y delicioso la viene a describir como el conjunto de operaciones mentales conscientes e inconscientes dirigidas a un fin determinado. Imagina, Elena, que quieres festejar algo importante. Por ejemplo, las bodas de plata de un matrimonio, o sea, sus veinticinco años de andar juntos y comprometidos. Quiero pensar que a poco cariño que les tuvieras, buscarías una fecha en la que pudieran estar presentes, te pondrías en contacto con sus familiares y amigos, decidirías si tal celebración se va a hacer al mediodía o de noche, buscarías un restaurante o un local en el que hacer la fiesta, elegirías un menú, organizarías algo y buscarías la forma de plasmar esta efeméride mediante un regalo. Y eso requiere tiempo. Seguramente más de una noche sin dormir. Requerirá negociar tiempos, lugares, momentos… Pues bien, todos los procesos mentales que están implícitos es a lo que llamo, siguiendo a Bion, función.

Ciñéndome a la organización de un grupo, cinco son las funciones que me parecen básicas para tal fin; o dicho de forma más correcta. La función organizativa de un grupo puede descomponerse en cinco aspectos o subfunciones: la función convocante, la higiénica, la verbalizadora, la conductora y la teorizante. Y las he denominado así porque creo que nos resultará fácil comprender las complicaciones que tiene que sortear cualquier organizador de grupo que se considere tal.

  • ¿Podrías explicar la primera?

La función convocante. La primera cosa que tiene que tener claro es por qué y para qué quiere hacer un grupo de psicoterapia. Es decir, tiene que tener en mente los objetivos y las razones por las que plantea tal convocatoria. Es más, este punto no solo lo debería tener claro el profesional que quiere organizarlo, sino que debería poderlo hablar y discutir con su superior jerárquico incluyendo ahí, si fuera posible, al responsable económico del lugar en el que trabaja. Y esto que parece una tontería no lo es: en la medida que tenga el sostén de la estructura se garantiza una mayor estabilidad en la vida del grupo.

Me imagino que hay tantos porqués como convocantes existen en la faz de la tierra. ¿Por qué uno organiza un grupo? Puede ser que se quiera experimentar una nueva forma de abordaje profesional, u ofrecer a los pacientes una experiencia emocional correctora suficientemente potente, o se quiera reforzar las conductas normogénicas de los integrantes del grupo, o favorecer el desarrollo de pautas de conducta que alivien determinados síntomas, o por querer ayudar a que los pacientes adquieran nuevas formas de entender lo que les pasa y el por qué les pasa, o por puro placer personal y profesional. Mira, esta retahíla de porqués, me parece interesante. Podríamos pensar en otros porqués más personales de cada uno; pero ahí no me voy a meter, claro.

Junto a los porqués hay unos para qués. Pero sobre todo hay unos pocos “para qué no” organizamos un grupo. Esos noes vienen encabezados por “no se organizan para ahorrar dinero”, “para hacer más rentable la actividad profesional”, “para atender a más personas en menos tiempo”, “para disminuir las listas de espera”, y cosas semejantes. Ahí habrá que ayudar al gestor económico a entender que la rentabilidad es fundamentalmente social, que el atender a más personas representa no solo un esfuerzo añadido, sino que supone que las consecuencias de tal atención repercuten en mayores grupos familiares pero no disminuye el tiempo de tratamiento (si acaso lo alarga), que la disminución de las listas de espera es un problema de disponer de más recursos y personal y no que éste se convierta en una máquina de hacer churros. Este es un tema muy, pero que muy delicado.

Aclarados los porqués y los para qués, tenemos la cuestión de a quien se convoca. Porque en función de a quien convocamos, de a qué tipo de pacientes ofrecemos un tratamiento grupal, el tipo de grupo deberá ser más terapéutico que psicoterapéutico o no. Y, decidido esto, hay que pasar a la convocatoria en la que deberemos poder trabajar con los convocados algunos de los porqués y para qués que han alimentado la decisión de crear ese grupo y para esta persona.

Es importante que esta parte del proceso, la función convocante, quede bien establecida y suficientemente clara ya que en sus zonas oscuras, en aquellos aspectos que no han quedado suficientemente claros anidarán los elementos antigrupales que pueden llevar al traste nuestro esfuerzo.

  • Veo que es más complejo de lo que me imaginaba, ¿Y las demás funciones?

 La función higiénica. Esta parte del proceso constitutivo de un grupo guarda relación con las normas de funcionamiento, los horarios, el lugar en el que van a tener las sesiones, el ritmo de las mismas y su duración, la confidencialidad de lo que se habla, la restricción de los contactos fuera de las sesiones de los miembros del grupo, la normativa del uso de los móviles y de los mensajes de texto, correos electrónicos y todo el amplio espectro de las comunicaciones entre los pacientes.

Así, deberemos ser claros con la importancia en la asistencia y puntualidad (asistencia y puntualidad obligatorias, así como la duración de las sesiones –entre hora y cuarto y hora y media), la estabilidad del horario y calendario de las sesiones (día fijo, a ser posible, y siempre la misma hora), el ritmo (mejor semanal que quincenal o mensual), el compromiso de no divulgar lo que se dice en las sesiones, el recordar que no es un grupo de amistad sino de trabajo, y establecer una normativa respecto a los teléfonos y el uso de los mensajes que pueden acabar constituyendo un grupo paralelo fuera del control de lo que sucede en el grupo.

Otra es La función verbalizadora. Mira, Elena, sabes bien que a un grupo se viene a hablar. ¿y de qué se habla? En principio de todo, de todo lo que nos atañe como individuos y como grupo. De lo que nos pasa a cada uno fuera y durante las sesiones. De todo. Y esto, en principio es fácil, ¿verdad? Pero la realidad nos dice que no lo es. Porque si bien en un principio hablar de lo que “nos ha pasado o nos está pasando” es relativamente fácil, cuando ya hemos hablado de ello y sigue estando ahí el dolor, la preocupación o la ansiedad… ¿de qué hablamos? Y es justo ahí donde se inicia el proceso de tratamiento; precisamente ahí. Porque es cuando comienzan a aparecer diferencias, situaciones de tensión entre unos y otros, momentos de placer y de dolor compartido. Situaciones que requieren el desarrollo de la empatía y constatar que no siempre suele estar presente. Momentos en los que uno tiene que olvidarse de sí para ponerse en la piel del otro y entenderlo desde esa posición.

La cuarta es La función conductora. Parecerá sencillo pero la conducción requiere, fundamentalmente, mucho arte. Se trata de ayudar y hacer los posibles para que se instale un sistema de relación (muy relacionado con las características y experiencia del conductor y de ahí su nombre: patrón), un patrón relacional que sea terapéutico y psicoterapéutico. Tener la habilidad para sostener los silencios y los momentos emotivos, las tensiones y las situaciones de placer, los tiempos de evasión grupal y los de contacto con aspectos muy íntimos de todos y cada uno de los miembros del grupo. Facilitar la emergencia de consejos e incluso la incorporación de técnicas que ayuden a aliviar la tensión o a evitar la repetición de modelos de comportamiento y de pensamiento patogénicos. Y al tiempo, posibilitar la comprensión de los mecanismos psíquicos que se activan como forma de evitar o aliviar la ansiedad a costa, en muchas ocasiones, de un aumento de la patogenia en vez de caminar hacia la normogenia.

Finalmente, La función teorizante. Eso es crucial. Todo lo que sea incrementar nuestro bagaje conceptual profundizando en los diversos autores que nos ayudan a entender el funcionamiento del denominado “aparato psíquico”, poder articular conceptualmente lo que sucede en el grupo, a las personas tanto individual como colectivamente, con el conjunto de aportaciones conceptuales de los autores de referencia, es crucial si lo que queremos es hacer una tarea profesional que diste de ser solo una experiencia puntual. Esa función debe articularse con la asistencia a seminarios, espacios de supervisión, y el desarrollo de la habilidad de escribir como forma casi elemental de elaboración conceptual básica.

Me ha gustado mucho esta “lección” conceptual. Los lectores interesados en profundizar más al respecto podéis consultar:

Miquel, lo que nos cuentas me hace pensar en los equipos multidisciplinares de servicios como urgencias, cuidados paliativos, cuidados intensivos donde cada vez más los profesionales están demandando formación en habilidades para cuidar la dimensión emocional de los pacientes y al mismo tiempo, estrategias para la gestión de las propias emociones.

  • Según tu experiencia clínica y docente en salud mental ¿Qué programa formativo básico sobre psicoterapia de grupo desde el enfoque grupoanalítico podría ayudar a médicos, enfermeras, trabajadores sociales, terapeutas ocupacionales, …?

Me divierte la idea de “estrategias de gestión de las propias emociones”. Da la sensación de que hay un sujeto que podría ser el Yo que tiene que desarrollar “estrategias de gestión de…” unas cosas llamadas emociones que deben venir de algún otro lugar, que no le pertenecen. Para mí es conceptualmente inimaginable. Entiendo lo que se quiere decir, pero no veo como entenderlo conceptualmente.

Trasladando la idea al segundo párrafo, allá donde formulas la pregunta, parece que volvemos a encontrarnos con lo mismo: unos “profesionales” que tienen que aprender a gestionar unas “emociones” que deben estar situadas en los pacientes. Pero la realidad es otra; o más compleja. El Yo es quien siente y, paralelamente a la metáfora, los profesionales sienten aquello que a los pacientes se les activa y que, de forma inevitable, trasladan al propio profesional. Esto habla de una cosa muy simple pero al tiempo compleja de explicar: hablamos de mecanismos de defensa y, en este caso concreto, de dos. El de la identificación proyectiva y el de la identificación introyectiva. Y voy a tratar de explicarlo, aunque no sé si seré capaz de hacerlo de forma suficientemente pedagógica teniendo tan poco espacio para ello.

Primero decir que se denominan mecanismos de defensa porque son procedimientos que desarrolla el Yo para aliviar la ansiedad que siente. Pero al tiempo son mecanismos de comunicación, ¿de acuerdo?

Imagínate que voy a… Sevilla, y tomo un taxi. El taxista me da conversación (lo que suele ser agradable) y detecta por mi acento que soy catalán, por ejemplo. Y por hacer una gracia me dice, ¡ah!, Ud., es catalán, ¿verdad?, o sea del Barça, ¡un culé! La verdad es que no sabe que no me gusta para nada el futbol y menos el Barça. Entonces, como no tolero que me atribuyan “ser del Barça”, arremeto y le digo, ¡y Ud., un palanganas!, ¡todos Uds., son unos palanganas. Imaginemos que aquí acaba la carrera y el tema. Pero… ¿por qué le dije que era un palanganas? Porque me picó y porque me parece que la palabra palangana es denigrante. ¿Y porqué me picó? Porque al llamarme del Barça y culé me sentí mal, como si todo mi Yo se transformara en eso que rechazo de plano. O sea, que dentro de mí se ha “introducido” una idea (a eso le llamamos introyección) y me he identificado con ella (identificación introyectiva porque me identifico con lo que se ha introyectado). Y herido por esta idea (el buen hombre muy posiblemente no tenía ni idea que a mi, ser culé era lo peor que se me puede llamar), le lanzo otra de dimensiones iguales o mayores si cabe, ¡palangana! Es decir, le atribuyo (proyecto) una cualidad que para mi me parece de categoría tan mala o peor que la de ser culé. Es más, identifico al colectivo como palangana (identificación proyectiva)

Más allá de que te ruego que te fijes en las palabras subrayadas, piensa ahora, Elena, en la situación clínica: trabajando con pacientes es inevitable recibamos comentarios no siempre agradables, o actitudes, miradas… que de forma “mágica” parecen colocarse en nosotros (introyección mía, proyección del otro) y reaccionamos ante ello porque nos parece intolerable (identificación). Es decir, en la relación asistencial siempre o casi siempre están presentes los mecanismos de identificación proyectiva e introyectiva. Y hay que aprender a “no entrar al trapo”, a controlar ese mecanismo y reconvertirlo en algo útil para el paciente (y a la postre, útil para nosotros). Y esto es más duro, más hiriente cuando estamos ante un grupo de pacientes. Y esto enlaza con la pregunta.

La formación supone, como poco, el poder transitar por un período más o menos adaptado a las realidades asistenciales en el que con un profesional formado en el tema grupal (y preferentemente de la orientación grupoanalítica) los miembros del grupo vayan pudiendo vivenciar estos aspectos y constatar cómo reaccionan ante ellos. Este programa de mínimos, requeriría unas cien horas en las que la combinación de aspectos vivenciales, conceptuales y de supervisión permiten acercarnos a una base mínima suficiente.

Agradezco tu respuesta, tomar conciencia de qué dificulta la comunicación y las relaciones humanas es imprescindible. Importa no sólo sentir las emociones sino darles significado, aprender de ellas y como dices, reconvertirlas en algo útil.

  • ¿Qué aprendizaje personal destacarías de tu amplia experiencia como psicólogo? ¿Qué te sigue sorprendiendo del ser humano?

 ¡Buf, qué difícil me lo pones! No sé si he aprendido mucho porque tengo la constante sensación de que hay muchas cosas que aprender y eso no me facilita pensar en lo que “he aprendido”, ¿sabes? Me sigue costando mucho tolerar la estupidez, la falta de rigor en muchas personas, las pocas ganas que tenemos en facilitar la vida a los demás. Me sigue enfadando mucho la palabrería, la constante preocupación por la imagen que da uno, y cómo se venden esas imágenes para aparentar que se es lo que realmente no son cuando están realmente distantes de ello. No puedo con ello, ciertamente. Me dirás, claro, que cómo puedo trabajar con esto que digo. Claro, pero es que en cuanto me pongo en mi despacho y viene alguien para que le ayude en algo, lo que veo es alguien que busca salir de una situación en la que se ha quedado atrapado. Y ahí ya no puedo cabrearme. Entiendo su situación, y busco la manera para que pueda verse no tanto de otra forma, sino que pueda reírse un poco de sí mismo. Aligerar la carga. Quizás sea eso lo que he aprendido. A aligerar la carga que tiene el otro. No es mucho, lo sé; pero aligerar las cargas de quienes vienen con sufrimiento, aligerar las que presentan los profesionales que buscan una formación, todo ello me permite encontrar un cierto sentido al vivir. Y por aligerar no quiero decir banalizar, no. Aligerar es quitar hierro, aprender a compartir eso tan aparentemente ridículo que nos amarga la vida. No he visto patología que no mejore tras un trabajo de aligeramiento de cargas.

Y lo que me sigue sorprendiendo… la capacidad que tenemos todos los humanos para hacernos daño. La tendencia a destruir en vez de construir. Y ver, eso sí me sorprende y admira, que, en medio de ese fragor de peleas, de destructividad, hay quien es capaz de interesarse por los demás, por las cosas… eso me sorprende y no puedo dejar de admirar a esas personas desconocidas pero reales que con un aparentemente no hacer nada, están ahí. Que siempre están ahí. Conocer a alguien que tiene ese don, esa capacidad de pensar en el otro, en procurar su bienestar… eso me sorprende mucho y lo admiro como a lo que más. Y hasta lo envidio porque me gustaría ser capaz de tener esa habilidad. Me gustan mucho los niños y los mayores. Sobre todo, porque veo en ellos eso que es tan genuino, tan lejos de lo competitivo, de la demostración de la apariencia. Eso lo admiro. Tengo en mente alguna persona que tiene ese don, y la verdad es que no puedo más que sentirme agraciado de conocerla.

  •  Qué maravilloso poder aligerar la carga del que sufre, ¿Poco? ¡Eso es mucho! Porque… ¿Qué es lo que cargan las personas? ¿Qué es lo que hace sufrir al ser humano?

La idea es bonita, sí. Otra cosa es que lo consiga realmente, que no sea más una fantasía que me hago para satisfacer o justificar mi propia actividad. Eso, en realidad, sólo lo pueden decir las personas que he atendido a lo largo de los últimos cuarenta años. Quizás lo más doloroso es constatar aquello del refrán, en casa de herrero cuchillo de palo, ¿sabes? A veces a uno le gustaría que eso que me resulta relativamente fácil y cómodo hacer con terceras personas, poderlo hacer con los tuyos. Y eso no siempre es fácil.

Me preguntas sobre lo que carga o lo que nos hace sufrir… Desde el marco conceptual en el que profesionalmente me he formado, diríamos de forma rápida que es la insatisfacción en poder obtener el placer de hacer lo que a uno le gusta, o el malestar y la rabia que derivan de las frustraciones… no voy a decir que no, claro. ¿Pero es eso? No lo tengo tan claro.

Todas las personas estamos interconectadas con los demás. Esto es totalmente evidente en el círculo familiar primario, madre-hijo, hijos-padres-hermanos… Nos hacemos a partir de estos vínculos que nos moldean y al tiempo nos permiten moldear a los demás. Es como si cada célula social (cada individuo) ejerciera un poder sobre los demás y los demás sobre cada una de ellas. Es algo constantemente recíproco. Y en ese moldearnos nos topamos con momentos en los que hay algo que se rompe, o que amenaza con romperse. Hay momentos en los que la amenaza, real o fantaseada, de que el vínculo con la o las personas que son básicas para cada uno, pudiera romperse. Esa amenaza es terrible y genera un miedo, un pánico enorme. De hecho, los desencuentros con el otro no dejan de ser pequeñas o grandes amenazas al vínculo. Un comentario, una desavenencia, una amenaza, un desafecto… y muchas otras cosas más, ponen en peligro, real o de forma fantaseada, algo que es básico para cada uno de nosotros: el vínculo con los seres queridos y con nuestro entorno. En ocasiones esos desencuentros son vividos con una intensidad excesiva y nos lleva a pequeños desarrollos que podríamos llamar “psicopatogénicos” (es decir, potencialmente generadores de sufrimiento). Y cuando estos desencuentros son habituales, el sujeto trata de buscar una salida que no siempre es la más adecuada. De ahí la psicopatología individual y social. Es decir, las amenazas al vínculo con el otro son lo que nos hacen sufrir.

  • Con tantos pacientes como has tratado, con tantas personas a las que ayudaste, si vuelves la vista atrás ¿Qué sientes que ha sido lo más difícil para ti, lo más complejo de abordar, lo más duro de afrontar?

Lo que me ha resultado más duro (y ha pasado varias veces) es cuando un niño o un chaval va mejorando y esas mejoras conllevan cambios en sus relaciones en casa. Entonces los padres deciden interrumpir el tratamiento aduciendo que o “ya es suficiente” o “ya va mejor en el cole”, quebrando el proceso iniciado. Me ha resultado duro (y creo que me seguirá resultando) no solo por tratarse de un menor sino porque conseguir que confíe en el profesional suele ser el resultado de un trabajo importante y, cuando se interrumpe la relación se tira por la borda el trabajo que ese chaval ha realizado para aceptar confiar en alguien: a partir de ahí, le costará volver a confiar en alguien. Recuerdo un chaval que a pesar de la dura problemática que presentaba (los padres pasaban olímpicamente de él), consiguió mejorar en sus estudios e reiniciar el hábito a escribir poesía. Eran poesías que a mi me parecían una maravilla. Y él se sentía escuchado y apoyado. Hasta que un día, sin más el padre me deja un mensaje interrumpiendo el tratamiento. No me pude ni despedir. Casos así, varios en mi vida profesional.

Pasa también en otras situaciones, en parejas, por ejemplo. Comienzas a trabajar y a establecer una buena relación de confianza, de espontaneidad. Consigues que la pareja vaya abordando cosas que no siempre son fáciles de hablar en otros entornos y un día, por lo que sea, interrumpen el trabajo realizado. O situaciones en las que ella le maltrata y te das cuenta de la manipulación, y al final se interrumpe el tratamiento por inasistencia de la pareja. O porque “sus horarios lo hacen difícil”. Nunca he rechazado realizar una psicoterapia por razones económicas, y así me va. Nunca. Este punto suele ser siempre una negociación que respeta la realidad del paciente. Creo que los profesionales de la salud tienen un deber social y ético. Ya sé que me dirán que estoy en el mundo real, sí. Prefiero trabajar una hora más que cobrar lo que alguien no puede pagar.

Todas estas son situaciones de mucha impotencia, y contactar con este sentimiento es duro porque no hay nada más duro que ver que no puedes hacer nada más, que no te dejan hacer nada más. Ver que el miedo a “estar sano o estar mejor” a veces es mayor que el seguir igual como se está. Eso es duro; al menos para mí. Hay muchos casos en mi experiencia, y esto me duele porque veo las capacidades del otro y… sus miedos (o los de su entorno)

¡Durísimo! un trabajo personal de respeto y aceptación incondicional del otro impresionante. Yo que iba a preguntarte qué te han enseñado los pacientes…

  • Tú eres cuidador Miquel, eso está clarísimo. De entre todas las profesiones vinculadas con la salud ¿Por qué psicólogo o para qué psicología? ¿Qué te atrajo de la profesión? A día de hoy ¿Qué te sigue apasionando?

Agradezco tus palabras, pero no me considero tal. Intento cuidar como me imagino que hace la mayoría de la gente o la de los profesionales del ramo. Otra cosa es que lo consigamos, o que siempre tengamos la misma consideración. Tengo la suerte de haberme encontrado con muchos profesionales de la “psi”: enfermeros, auxiliares, psiquiatras, psicólogos, y todos, todos los que he conocido se esfuerzan en cuidar. Cierto es que de todo hay en la viña del Señor, pero la inmensa mayoría son gente que cuida. Y que se gana la vida haciendo esto. Porque, aunque a veces no se nos ve así, esto más allá de los elementos de vocación que pueden estar presentes en algunos casos, esto es una profesión, una forma de ganarnos las alubias, los garbanzos. No somos seres especiales. Y todo nuestro entrenamiento, todos los espacios de supervisión van dirigidos a mejorar la forma de cuidar al otro, a los compañeros y… si podemos a nosotros mismos.

La elección de esta profesión… te reirás. Iba para ingeniero agrónomo y diversas circunstancias que no vienen al caso me llevan a verme trabajando en Bilbao, en el Servicio de Psiquiatría del Hospital de Basurto. Y entonces me dije: si estás aquí, ¿por qué no estudias psicología? Estaba casado y tenía ya mi primera hija. Ella, mi mujer y mis otros dos hijos tuvieron que “soportar” un padre que trabajaba y estudiaba al mismo tiempo. Sé que no ha sido nada fácil para ellos, en espacial para mi mujer. Y siempre se lo he agradecido y estoy en deuda con ella. Al principio podía haberme reintegrado en los estudios de ingeniería, claro. A veces parece que una fuerza que va más allá de uno te conduce hacia unas circunstancias u otras. Y ya puestos… pues habrá que convertir ese trabajo en algo que me llene, ¿no? Y poco a poco fui queriendo eso que hacía, fui reconvirtiendo mi trabajo en mi vocación. Y eso que creo que es lo que todos debiéramos hacer, me ha proporcionado un guión para la inmensa mayoría de cosas que hago. Creo que cualquier persona, si es capaz y encuentra la forma de convertir el trabajo en algo que le aporta cosas, que le estimula, que le posibilita crear, consigue algo más: dejar de ver el trabajo como una carga. A mi me gusta trabajar. Y creo que la vida, toda la vida, no tiene sentido sin el trabajo. Si no tuviéramos un trabajo, ¡habría que inventarlo!

Más que gracia, me produce un profundo respeto. Hay que ser muy sensato, muy sabio para vislumbrar que es lo que la vida espera de ti y no al contrario, confiar en esa fuerza que es más grande que uno mismo, y lanzarte a por ello sin garantías. Me encanta además que tu historia no sea el típico cuento de hadas vocacional, creo que nos regalas un gran aprendizaje, hacer de tu labor una vocación de vida, amar lo que haces.

  • ¿En qué proyectos estás trabajando actualmente? ¿Cuáles son tus ilusiones?

Me haces unas preguntas que no sé por dónde salir. Mira, suena a populachero, sí pero mi principal proyecto es seguir trabajando a pesar de la jubilación. Entiendo que a la gente le guste jubilarse. Y que haya profesiones que incapaciten tanto física como psíquicamente a alguien que la sociedad deba compensarles mediante una buena jubilación. Pero dicho esto, también sé que la jubilación debiera ser algo optativo, elegible a partir de una edad determinadas pero no obligatorio. Entiendo que haya quien argumente que si no nos jubilamos, los jóvenes no pueden entrar en el mercado de trabajo. No lo creo, pero respeto la opinión. Si pienso desde mi, la jubilación de la Universidad la descapitaliza. No por mí, sino porque jubilando a personas en activo y con ganas de seguir peleando por la vida, con experiencias clínicas y organizativas variadas, la universidad (como cualquier otra empresa) se descapitaliza. O sea, quiero seguir trabajando, quiero seguir ganándome las alubias y quiero, sobre todo, seguir siendo útil a quien lo necesite. Pero es que hay algo que suena a “populismo” y te prometo que no lo es: si la sociedad (a través de, entre otras, mi familia, los míos) me ha dado la oportunidad de aprender de este oficio, creo que es deber de uno retornarlo a la sociedad. Por esto me gusta enseñar, supervisar, organizar cursos…

¿Proyectos? Dejando a un lado este que te he dicho, hay algo que acaricio desde hace tiempo. Sabes que me gusta el tema de lo grupal y que he dedicado muchos años a la formación de profesionales en este terreno. Y me gusta pensar desde este ángulo del pensamiento que llamamos grupoanálisis. Pues bien, quiero seguir creando seminarios, programas formativos y, en la medida de lo posible, Institutos que puedan equipararse a otros Institutos europeos. Institutos que no solo formen, sino que sirvan de trampolín para que quienes van viniendo y llegando, puedan despegar, puedan desarrollar sus proyectos grupales desde esta perspectiva. Y que estos institutos puedan ofertar también espacios de tratamiento bien concertando servicios o proponiendo estructuras propias. Y con todo ello, contribuir para que los profesionales de mi país, España (quinientos años tiene ya), puedan sentirse orgullosos de todo lo que somos capaces de hacer. Mira, durante los últimos seis años he ido manteniendo contacto con otros Institutos europeos (somos unos cuarenta), y no veo nada en lo que puedan darnos lecciones. Bueno, una cosa sí: su cariño hacia sus propios conciudadanos, a su propio país. Eso lo admiro. Todavía seguimos arrastrando la decadencia del siglo XVIII-XIX, las guerras civiles y todo el tralará. Este es mi proyecto y mi ilusión. Contribuir a que nos sintamos orgullosos de nuestros desarrollos profesionales y los podamos mostrar sin arrugarnos

  • Pues es fantástico que podamos seguir contando contigo de manera creativa y activa. Necesitamos que los psicólogos estéis presentes no sólo en los servicios de salud mental, sino en los centros de atención primaria, en los hospitales (servicios de urgencias, cuidados intensivos, unidades de larga estancia, etc.). Esto lo tenemos claro muchos profesionales de la salud, también pacientes y familiares. Falta que esta idea cale en los gestores ¿Qué les dirías?  ¿Cuál sería la propuesta?

Mira, Elena, los elementos antigrupales no se sitúan solo en el grupo sino en el contexto social. Estamos en un momento muy delicado ya que los elementos económicos, vistos a corto plazo, invitan a buscar soluciones fáciles, rápidas y eficientes. En estos momentos no hay una conciencia social, grupal, que lleve a los responsables políticos y económicos a apostar por las ventajas de considerar que si se atiende a lo grupal se acortan los problemas. Mi experiencia me indica que, a pesar de que, por ejemplo, no hay una “evidencia científica” que afirme que la supervisión del trabajo de unos profesionales mejora su trabajo, la realidad (posiblemente no científica) es que gracias a esa supervisión, los profesionales pueden atender a sus pacientes de forma más creativa, evitando que las cargas inherentes al propio trabajo contamine la actividad asistencial. Pero esto es ampliable a una gran cantidad de lugares asistenciales: atención a los profesionales de urgencias, de intensivos, etc., se beneficiarían, eso no lo dudes, de las ventajas de poder discutir entre ellos de los casos clínicos, de las ansiedades que diariamente se cuelan en su trabajo, del mantenimiento de una mayor capacidad de pensar y elaborar lo que atienden día a día. No se trata de hacer psicoterapia, sino de limpieza de quirófano.

Si hablásemos de máquinas, su mantenimiento estaría incluido en el costo de la misma. Si una mejor atención a los pacientes y sus familiares, si la mejora de la capacidad de los profesionales de un hospital o de un centro de salud dependiera de una máquina y ésta requiriera de un mantenimiento semanal, ahí estaría un presupuesto para ello. Sé que tras una operación se limpian los quirófanos. ¿Por qué? Por la posible presencia de bacterias que pueden poner en peligro la vida de otros pacientes. Pero curiosamente, cuando se habla de evitar que las cargas derivadas de las ansiedades, temores, dudas y una gran cantidad de elementos que nacen de la relación asistencial con pacientes de todo tipo, no disponemos de dinero para ello. O cuando los profesionales se pagan su propia supervisión y su propia formación continuada. O cuando… no son máquinas, claro. Incluso alguien me “espetó” que lo hacían por vocación.

Tuve una gerente con la que discutía un día acerca del trabajo de los psicólogos. Estaba yo en un Hospital de Día con pacientes graves. Andaba ahí solo, sin apoyo de nadie. Y le comenté la dureza que supone estar durante varias horas con pacientes de patología tan grave por la cantidad de elementos tóxicos que, inevitablemente, vertían sobre mí. Y me dijo. Más duro es trabajar en una mina. No lo olvidaré nunca. Esa persona era incapaz de entender nada del trabajo de una unidad de la que era gerente.

Mira, los psicólogos somos más necesarios de lo que se cree. Claro que dirán que según las estadísticas, corresponde a tantos por población. Pero estos números, siendo orientativos, no alcanzan a valorar toda la función que hace aquel profesional de la salud que ha dedicado muchos años tras los estudios universitarios a formarse en una orientación y a dominar unas técnicas. ¿Por qué no hay más psicólogos trabajando en las unidades de cáncer, de patología renal o en las mismas maternidades? ¿Y en el campo de la justicia, es que ahí los reclusos o incluso los mismos jueces no precisarían de un profesional que les ayudase a realizar su labor con mayor equilibrio psíquico? ¿Y los partidos políticos? No acabaríamos la lista…

  • ¿Qué nos recomendarías para cuidar de nuestra salud mental? 

Pues, a ver cómo te lo explico. La salud mental no es un tema exclusivamente individual; es colectivo. Depende no solo de aspectos genéticos que facilitan o inhiben muchas de las respuestas que los individuos tenemos al entorno y a nosotros mismos, sino de los millones de estímulos que provienen de las personas que nos rodean. Las personas nos hacemos las unas a las otras. Y en este hacer al otro, vamos contribuyendo a que la forma cómo esta persona se enfrenta a las demandas de su entorno y con las de las personas con las que vive y se relaciona, sea una u otra. Buena parte de esta tarea es inconsciente, no organizada ni mantenida desde la razón y la consciencia. Nuestra salud mental, la de las personas y la de los grupos humanos, depende mucho de la calidad y calidez de nuestras relaciones. Ahí está buena parte de la respuesta.

La calidez y la calidad de estas relaciones proviene de la capacidad con la que entendemos a quienes nos rodean y nos entendemos nosotros mismos. Conocernos y conocer a los demás significa saber de ellos, entenderlos y quererlos. Pero esto no es fácil. Aprender a diferenciarnos de los demás y al tiempo ser capaces de estar y sentirnos vinculados a ellos, es complejo. Afecta y atañe a muchísimos aspectos individuales que deben poder entenderse y aceptar.

Si fuésemos capaces de establecer espacios grupales en los que poder entendernos, ganaríamos mucho. Lugares en los que, bajo la conducción de especialistas en el tema, poder hablar, sentir, pensar y comprendernos. Espacios grupales que debieran poder desarrollarse en las escuelas, en los lugares de trabajo, en los espacios políticos… ¡hay tantos lugares en los que los profesionales de la salud podrían contribuir a la salud mental antes de que aparecieran señales de patología!

Lamentablemente nuestros representantes políticos nos usan para otra cosa, pero nunca o muy pocas veces, para mejorar la salud mental de los ciudadanos. En alguna ocasión he tenido la osadía de comentarle a algún líder político que nos necesita (y el bien que conseguiríamos hacer a nivel social); pero la callada por respuesta fue todo. Es más, recuerdo haber enviado a varios dirigentes políticos de nuestro país el libro que desde mi intenta contribuir sobre lo social. Tan solo dos me contestaron agradeciendo el regalo. Creo que ni ellos ni nadie más lo leyó.

Actualmente estamos viviendo la llamada “crisis de los refugiados” o cómo la historia se repite. El libro que publicaste de Vamik Volkan “Psicología de las sociedades en conflicto: diplomacia, relaciones internacionales y psicoanálisis” es una gran ayuda para coprender las relaciones y los conflictos entre los pueblos.

  • ¿Deseas compartir algo más con nosotros?

No me tientes, Elena, no me tientes. Muchas cosas me gustaría poder compartir pero sé que debo limitar mi presencia. Ahora bien, si fuésemos capaces de pensar en el otro más que en uno mismo, si fuésemos capaces de levantar el pie del acelerador y darnos tiempo para estar, para compartir (aunque sean los silencios) con los demás… si fuésemos capaces de estar con nuestros chavales, nuestros peques… creando cosas, desarrollando su creatividad y espontaneidad, si fuésemos capaces de contribuir a su educación no pensando solo en su progreso personal sino también en el colectivo, otro gallo cantaría. Pero… soy un poco pesimista. ¿Cuántos años de existencia de la humanidad nos ha llevado a donde estamos? A penas hemos bajado del árbol. Los elementos destructivos están ahí y es muy difícil contrarrestarlos. En intentarlo estamos muchos.

  • ¿Quién es Miquel en Esencia?

¿No será una pregunta trampa, ¿verdad? No sé. He intentado ser buen marido, padre y abuelo. Quizás también un buen hermano, hijo y nieto. También buen profesor y profesional. No tengo tan claro haberlo conseguido; más bien creo que quedó en el intento. Bueno, eso ya te lo dirán otros, cuando las negociaciones con la Parca (que espero vayan más lentas de lo que pueda querer ella) hayan concluido.

* * *

De tots els Colors- Bringing Colour to NursingQueridos Amigos:

Me siento afortunada por todo lo que me he aprendido con Miquel durante el intercambio de preguntas, respuestas, comentarios, retoques, mejoras y sugerencias. Y por las risas que también me ha regalado. Da gusto aprender de un Maestro tan humano, tan grande y tener la oportunidad de compartirlo con vosotros.

Habréis notado que Miquel ha puesto el alma en la entrevista, se palpa desde el primer párrafo. Ha dedicado tiempo, trabajo, energía y lo ha hecho con la entrega, el compromiso y el entusiasmo que le caracterizan. Sólo puedo añadir:

Querido Miquel, gracias de corazón por regalarnos este material que es un tesoro,  una lección magistral y un ejercicio de “terapia de reflexión”, que buena falta nos hace.  Nos planteas muchas preguntas y las respuestas, la capacidad de mejorar las cosas depende de cada uno de nosotros.

Tus palabras son al mismo tiempo, inspiración y reto. En nuestra mano está relacionarnos de forma más consciente, más respetuosa, más sana, y sabia, y de ese modo nutrir y transformar los grupos sociales y los equipos profesionales de los que todos, sin excepcción, formamos parte.

Miquel, te deseo lo mejor, sigue trabajando como a ti te gusta, compartiendo, enseñando tantas cosas necesarias y buenas. Abrazos, y ¡bienvenido a la familia del blog!

Elena Lorente Guerrero

 

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* Entrevista a CLARA VALVERDE, Enfermera y afectada de Síndrome de Fatiga Crónica: una enfermedad políticamente incorrecta.

Entrevista realizada por <De tots els Colors>: Elena Lorente Guerrero.


CLARA VALVERDE GEFAELL:

Soy una susurradora de rebeldía. Intento ayudar a fomentar un pensamiento crítico y creativo, un profundo cuestionamiento de la sociedad en la que vivimos de la cual, somos todos responsables.


¿Quién es Clara Valverde?

Soy una susurradora de rebeldía. Intento, a través de mis actividades, ayudar a fomentar un pensamiento crítico y creativo, y un profundo cuestionamiento de la sociedad en la que vivimos, sociedad tan injusta, de la cual somos todos responsables.

Mi área principal de enfoque es el de la salud. Comencé como activista en los derechos de la mujer, su salud, su sexualidad y su cuerpo en la sociedad machista, a los 14 años en Canadá. Desde entonces he estado implicada en temas de salud en el Tercer Mundo, en enfermería, en psicología, he trabajado en Atención Primaria, Hospitalaria, Comunitaria y Salud Pública. Mis actividades han variado mucho en forma, pero no tanto en contenido. He trabajado y vivido con los indígenas del sub-Ártico de Canadá en proyectos de salud emocional. He trabajado con VIH/SIDA y con enfermedades crónicas. He sido profesora de enfermería en mi tema principal de enfermería: la Relación Terapéutica, o sea, la comunicación. Y mis intereses, vivencias y trabajo teórico me han llevado a temas de política y filosofía de la salud, a más activismo y a escribir.


  • ¿Por qué un modelo de enfermería basado en la narrativa del paciente? ¿Cómo nace este enfoque del cuidado de la persona?

Los modelos de enfermería existentes están centrados en las necesidades de la enfermera, sus listas de tareas y con el paciente, son conductistas. Están centrados en lo que piensa y dice la enfermera. Cuando en realidad lo qué dice el paciente y cómo lo dice es el centro del trabajo con el paciente.

  • ¿Qué significa cuidar desde los significados del paciente?

Quiere decir cuidar según las necesidades y definiciones del paciente. Si para el paciente, el ser diabético significa conflictos familiares, entonces nos enfocamos en eso, en lo que él vive. Si para un paciente el tener Artritis Reumatoide quiere decir una injusticia, entonces acompañamos su enfado, no intentamos cambiarle. Le acompañamos en su viaje, en sus cambios, en los que él o ella haga. Sin imponer.


Es él único en castellano. Está pensado para escuelas de enfermería (aunque en muchas escuelas de enfermería aún piensan que eso de la comunicación es algo innato) y también para las enfermeras que están trabajando. Es un libro lleno de ejemplos prácticos.

  • Eres enfermera experta en comunicación terapéutica y counselling-relación de ayuda y al mismo tiempo convives con una enfermedad crónica. Estar en ambos lados ha de resultar duro…

Lo único duro es estar enferma.

  • ¿Tú eres enfermera o eres psicóloga?  Es la pregunta que habitualmente reciben algunas Enfermeras…

Si a alguna enfermera le preguntan eso es una buena señal: quiere decir que esa enfermera está pensando y trabajando con todo el ser humano, con la comunicación. Soy enfermera, pero tengo mucha formación en Counselling, y psicología (sistémica, dinámica, etc).

  • Síndrome de fatiga crónica y fibromialgia ¿Son lo mismo?

No son lo mismo pero son dos enfermedades, que  junto con la Sensibilidad Química Múltiple, son los Síndromes de Sensibilidad Central. Son tres enfermedades de la misma familia y la mayoría de las personas que tienen una de estas tres enfermedades, tienen también las otras dos, con más o menos afectación.


  • ¿Qué es El síndrome de sensibilidad química múltiple? ¿Hay muchos afectados?

Las SQM son una enfermedad en la que el cuerpo no tolera los xenobióticos (los componentes químicos que son de fuera del cuerpo). El 0,75% de la población tienen SQM severas y el 15% de la población tienen SQM menos severas. Esta enfermedad es la punta del iceberg. Hay que quitar, lo más posible, los productos químicos de nuestras casas y trabajos, y luchar porque se regulen las industrias tóxicas. Esta es la enfermedad que va a acabar con el mundo desarrollado.

  • ¿Interesa investigar síndromes tan poco ortodoxos?

El 0,5% de la población tiene el Síndrome de la Fatiga Crónica, el 2,4% tiene fibromialgia, y el 0,75% al 15% tiene SQM. ¿Interesa investigar o dejamos que la gente se quede en ese Guantánamo?

  • Me asusta que las farmacéuticas y el gobierno financien una universidad para pacientes…

Tienes toda la razón para estar asustada. Esas “universidades de pacientes” no son ni universidades ni de pacientes. Son manipulaciones del PSOE-PSC y sus gobiernos para intentar hacer lo que están haciendo con el sistema sanitario:

–       mercantilizar la sanidad

–       controlar a los posibles pacientes que cuestionen

–       ganar votos

Más gente debería asustarse e indignarse. Si somos más gente indignada a lo mejor podemos frenar la mercantilización de la sanidad. En Suecia y en Nueva Zelanda los ciudadanos se han organizado contra la privatización de los servicios sanitarios y han conseguido alguna victoria. En España y en Cataluña la privatización de la sanidad pública va a un ritmo galopante. Estamos perdiendo los pocos derechos que teníamos como ciudadanos. Bueno, la gente con SFC, Fibro o SQM no, porque nunca hemos tenido servicios sanitarios públicos. Ni hemos tenido el derecho a perder.

¿Por qué políticamente incorrecta?

Esta enfermedad es, en mi opinión, “políticamente incorrecta”, porque pone en evidencia todo lo que no funciona en esta sociedad:

  1. El pensamiento médico que funciona de una manera lineal: síntoma-diagnóstico-tratamiento. Los médicos no están preparados para trabajar con lo multisistémico que es realmente lo que hay que hacer porque ninguna enfermedad afecta sólo a un órgano o a un sistema del cuerpo.
  2. Los servicios sanitarios: que no están organizados para trabajar con la persona, sino con un órgano del cuerpo (si tienes una infección de la traquea tienes que ver a un pneumólogo, pero si tienes una infección de la garganta tienes que ver a un otorrino. Suena loco pero es la realidad).
  3. Los políticos y las administraciones: que no quieren enfermedades que no sean fáciles y rentables (para la farmaindustria).
  4. Los ciudadanos que no muestran solidaridad con la gente que no tienen un diagnóstico muy conocido. A las que tenemos enfermedades nuevas (bueno, no tan nuevas: los primeros casos de SFC se publicaron antes de nacer yo!), invisibles y que tenemos “buena cara”, se nos ve como cuentistas y no como personas enfermas. Si una persona dice que tiene Lupus (que es una enfermedad muy parecida al SFC), recibe apoyo. Pero si esa misma persona dice que tiene el SFC, la miran como si “tuviera cuento” y se la mira con sospecha (“bueno, no tiene tan mala pinta, no debe ser tan grave…”).
  5. La sociedad del “éxito fácil” porque enfermamos hacia los 30 años de edad, en plena vida. En vez de “Operación Triunfo”, somos los de la “Operación No-Puedo”. Pasamos de ser gente productiva y activa a ser ciudadanos y ciudadanas echadas en la cama o en el sofá sin poder producir ni consumir. Desmontamos la idea del éxito en esta sociedad.
  6. Somos la mayoría mujeres. Hay hombres que tienen el SFC (un tercio) pero se les cree más que a nosotras. ¿Qué es en nuestra sociedad una mujer que no puede cumplir su rol como madre, esposa, cuidadora? Con el SFC, la cuidadora de la sociedad necesita que la cuiden. ¡Eso desmonta a esta sociedad machista!
  • Enfermedades invisibles y el sesgo de género en los profesionales de la salud:

Sí, si estas enfermedades afectaran más a hombres que mujeres, se tomarían más en serio. Los estudios demuestran que los profesionales de la salud no toman en serio la fatiga y menos si es en mujeres.

  • ¿Qué saben los profesionales de atención primaria de la fibromialgia, del SFC, o del síndrome de sensibilidad química múltiple? La importancia de la detección precoz.

Los profesionales de primaria no están formados en estas enfermedades. Y, en Cataluña, la formación que se está haciendo para primaria desde el Departament de Salut (Insititut d’Estudis de la Salut) es denunciable por las siguientes razones:

– la evidencia que utiliza no es evidencia o está muy desfasada

– se intenta “psicologizar” estas enfermedades orgánicas o convertirlas todas en “fibromialgia leve”

– se confunde la “fatiga crónica” con el SFC, algo muy básico

– el tema del diagnóstico se trata a la ligera, de manera poco científica y sin seguir los criterios internacionales

– se evita el tema de la valoración funcional (grados de severidad)

– se recomiendan tratamientos que hacen daño mitocondrial o inmunológico o medicaciones que están prohibidas por la Agencia Europea del Medicamento.

– no se tiene en cuenta la superposición de estas enfermedades con las Sensibilidades Químicas Múltiples

– no está al día de las investigaciones bioquímicas, inmunológicas y otras

– la etiología y los factores perpetuantes están basados en las ideas de los años 1980.

– en este material se humilla a las personas con FM o SFC y se las trata de desequilibradas mentales (“incapacitat per afrontar la ira i l’hostilitat” , “historia psiquiátrica prèvia, neuroticisme i adversitat social” ).

– los docentes no son especialistas en estas enfermedades.

Así, ¿cómo se espera que en Primaria estén formados sobre estas nuevas enfermedades?

Acabamos de publicar un manual sobre estas tres enfermedades para profesionales de primaria. Quien quiera, se lo puede bajar de aquí:

http://www.ligasfc.org/index.php?name=News&file=article&sid=315

Es crucial que se haga un diagnóstico precoz porque se puede tener cierta calidad de vida aún con un SFC Grado II, pero no con uno Grado III-IV. Con listas de espera de más de dos años, ¿cómo se va a hacer un diagnóstico precoz?

Y acaba siendo más caro. El dejar que alguien empeore sin diagnóstico, aparte del sufrimiento humano, acaba siendo un coste enorme a la sociedad porque esa persona irá de médico en médico y luego tendrá que dejar de trabajar. Las administraciones piensan que haciendo como si estas enfermedades no existieran se ahorran problemas. Es como el cambio climático: se va dejando el problema y pronto estamos con el agua al cuello.

Estas enfermedades son multisistémicas (afectan a lo sistemas neurológico, inmunológico, endocrinológico, cardiovascular, etc y a la bioquímica) y tienen que ser diagnosticadas y tratadas por especialistas formados en estas enfermedades. No se puede, como pretende la Consellera Geli, dejarlo en manos de los cabeceras. No son especialistas.


  • La unidades especializadas en fibromialgia o síndrome de fatiga crónica ¿Están trabajando desde un enfoque holístico y multidisciplinar?

No existen prácticamente. Hay dos que hace años que funcionan más o menos. La del Hospital Clinic tiene una lista de espera de 2.5 años y la del Vall Hebrón tiene una lista de espera de 1.5 años. No tienen fondos para hacer ninguna analítica relevante ni tratamientos.

La del Hospital del Mar/Esperanza sólo trata fibromialgia y dicen que todo es fibromialgia y recetan las mediaciones que empeoran estas enfermedades. Claro que el que lleva la unidad está muy bien conectado con la farmaindustria.

Las otras unidades FM-SFC son virtuales. Existen en papel y en la imaginación del Departament de Salut.

Con lo cual, los afectados de estas enfermedades tienen que acudir a la privada y las analíticas y tratamientos mínimos (para no empeorar) cuestan unos 5.000 euros al año. Y eso en gente que muchos ya no trabajan y la mayoría sin pensiones. Si tuvieran Lupus o Esclerosis Múltiple (enfermedades muy parecidas a estas) el sistema sanitario las atendería y les pagaría todo.


  • ¿Quiénes son referentes en este momento en cuanto a conocimiento, reconocimiento de las patologías, investigación y terapéutica?

Investigadores y médicos americanos, canadienses e ingleses. Hay muchos y hacen un trabajo importante. En España se intenta no saber nada de lo que pasa más allá de los Pirineos.

  • ¿Qué labor están desarrollando las Asociaciones de afectadas/os?

Mantener a los afectados vivos. Lo cual no es poco. La gente con estas enfermedades en Cataluña y en España están totalmente abandonados por las administraciones: no tienen acceso a atención sanitaria, ni pensiones en la mayoría de los casos, ni comprensión de la sociedad que les ve como cuentistas, ni apoyo. Nada. Las asociaciones ayudan a que la gente no se suicide aunque hay un alto nivel de suicidio en esta situación tan desesperada.

También hay asociaciones que luchan por los derechos de los enfermos a nivel político. Las asociaciones sólo quieren, para los afectados, lo que tiene cualquier otro enfermo en nuestro país.


  • ¿Qué acciones estáis llevando a cabo para reivindicar el reconocimiento de estas enfermedades  mal llamadas  “nuevas”?

Los que estamos luchando por nuestros derechos nos estamos dejando la vida en esto: la Iniciativa Legislativa Popular que se hizo en Cataluña hace un par de años, la Resolución 203/VIII, publicamos manuales, hacemos documentales, presentaciones, apoyo a los afectados y sus familias, fomentar la investigación, educación a la sociedad y a los profesionales,  webs, blogs, etc, etc. Todo lo que debería hacer el gobierno, lo hacen las asociaciones.

Es el primer documental en castellano sobre el SFC. Lo lanzamos el año pasado.

Son las voces de las personas con el SFC y de dos médicos.

  • ¿Cómo es tu día a día Clara?

Corto. Muy corto. Tengo una hora de energía como mucho. Casi no puedo salir de casa y tengo un trancazo permanente. Esos son mis días “buenos”. En los malos…ni te cuento: desmayos, chock tóxico, músculos paralizados, problemas para respirar, y andar, un estado medio en coma, problemas cognitivos, pulmonías, infecciones crónicas, etc. A veces me despiertan los desmayos. ¡El SFC no es una enfermedad para cobardes!

En mi “hora”, escribo, hago trabajo político por Internet y coordino actividades de formación (como la coordinación del Equipo Aquo de formación de profesionales sanitarios). Mis proyectos están dentro de cuatro líneas: teoría, educación, formación y actividad política. Ya era una persona organizada pero ahora tengo que serlo aún más para no desaprovechar el poco tiempo y energía que tengo. Y para levantarme y hacer algo (o con el portátil en la cama) requiere mucha fuerza mental.

  • ¿Qué destacarías de tantos años conviviendo con la enfermedad?

¡Que sigo aquí! Y dando caña cuando puedo… Que he aprendido a perdonar a las moléculas confundidas y que sigo maravillada por la puesta de sol, por un poema, por una sonrisa. No pierdo mi energía mental en tonterías. Muchas de las cosas que cuentan para la mayoría de la gente, ya no cuentan para mí. Mi vida ahora es otra cosa.

He perdido amigos y familiares quienes no podían aceptar que no yo mejorara, que no siguiera siendo la fuerte, la enfermera. Pero la gente que tengo en mi vida son un gran regalo. Y he conocido a otros supervivientes rebeldes, nómadas y libres mentalmente, aunque no se puedan levantar de la cama, que me inspiran. Estoy muy agradecida por la gente que conozco.

Clara nos facilita material sobre relación de ayuda que se puede descargar gratuitamente  AQUÍ.

  • ¿Por qué nos cuesta tanto creernos el dolor ajeno?

Porque nos recuerda al nuestro que no hemos elaborado.

  • Un mensaje para las personas afectadas:

¡Gracias por seguir ahí! Para ellas y ellos: todo mi respeto y apoyo.

  • Algo más que desees compartir con nosotros.

Uno de los colectivos laborales que más enferma de SFC, Fibromialgia o SQM es Enfermería (por la exposición a virus y a tóxicos). Pero es un colectivo, hasta ahora, y con algunas excepciones, muy poco solidario con los enfermos de SFC, fibro o SQM. Esto es algo sobre lo cual reflexionar.

Ejemplo: un día fui al CAP a que me sacaran sangre para una analítica rutinaria. No me encontraba bien pero como siempre, como un día “bueno” para mí. La enfermera que me iba a sacar sangre me preguntó: “¿No te encuentras bien hoy?” y yo le contesté riendo: “No, no me encuentro bien nunca!”. “¿Por qué?”, me preguntó. “Tengo el Síndrome de la Fatiga Crónica” y ella, que no me conocía de nada, me dio dos palmaditas y me dijo: “Bueno, tú también tienes que poner de tu parte”.

¿Necesito añadir algo más? Sí, que nos queda mucho por hacer.

Y gracias a ti, Elena, por esta oportunidad de compartir mis ideas.

<De tots els Colors>: Muchas gracias Clara por tu mensaje conciso, contundente y por la valiente labor que llevas a cabo.


Entrevista a FRANCISCO TRAVER, Psiquiatra Integrador

Francisco Traver es jefe de servicio del área de salud mental del Hospital Provincial de Castellón de la Plana, el cual dirigió de 1995 a 2001. Fue presidente de la SPCV (2000-2002).

Ha publicado numerosos artículos relacionados con su especialidad así como también, libros de ensayo de carácter autobiográfico, otros teóricos, novela. Su  publicación más reciente   “Mito, narrativa y trastornos alimentarios” es un ensayo sobre los trastornos alimentarios explicados desde el paralelismo con la mitología.

Su búsqueda de las causas y la comprensión del sufrimiento humano le han llevado a investigar  en diversas áreas de la cultura y la ciencia, como la filosofía, la mitología o la antropología.  Autor del blog “Neurociencia-Neurocultura”  www.pacotraver.wordpress.com

Se define como integrador, y defiende la importancia del trabajo en equipo, “el nosotros es más importante que el Yo y el Tú”.

FRANCISCO TRAVER:

“AMA sin medida,  SIMPLIFICA tu vida,  REDUCE los automatismos,  RODÉATE de gente creativa y buena,  NO DISCUTAS por las cosas opinables,  CUMPLE CON LA MISIÓN que tienes que hallar en tu vida.”

  • ¿POR QUÉ ERES PSIQUIATRA?

A los 14 años alguien puso en mis manos “La interpretación de los sueños” de Sigmund Freud y supe que quería ser psiquiatra, antes había barajado la idea de ser químico y también físico. Y también músico, escritor y poeta. Al final he hecho un poco de todo.

  • ¿CUÁL HA SIDO TU TRAYECTORIA PROFESIONAL?

Comencé siendo médico interno de un hospital psiquiátrico, pero antes ya había ejercido la medicina en un pueblo y en una isla como militar, ejercí de médico de urgencias y también hice algo de cirugía y trauma. Al final me especialicé en psiquiatría y coqueteé con múltiples aspectos y visiones del hombre, todas me han servido para algo.

  • ¿TRABAJAS CON UNA ÚNICA LÍNEA DE COMPRENSIÓN DEL SER HUMANO O COMBINAS DIFERENTES ESCUELAS, ENFOQUES?

Soy lo que se llama ahora un integrador que no debe entenderse como eclecticismo. Aunque mi formación psiquiatrica aparte de la convencional ha sido profundamente freudiana.

  •  ¿HA CAMBIADO LA PATOLOGÍA PSIQUIÁTRICA A LO LARGO DE LOS ÚLTIMOS AÑOS?

Sin duda, el consumo de drogas ha enturbiado mucho los cuadros clínicos clásicos y la sociedad se ha remodelado demasiado rápidamente para que las patologías psiquiátricas que son muy patoplásticas no cambien a su vez.

  • ¿SON LAS NEUROCIENCIAS EL ESLABÓN QUE PERMITE COHESIONAR CUERPO, MENTE-EMOCIÓN Y ESPÍRITU?

Las neurociencias son un intento de combinar distintas disciplinas emparentadas entre sí por un objetivo común: comprender mejor el cerebro y su mente pero por desgracia hasta el momento las neurociencias están más interesadas en la biología molecular que en el diseño de tecnologías mentales útiles para las personas comunes.

Decía Freud, refiriéndose a los síntomas de la histeria, que todos los síntomas parecen haberse tejido en el mismo telar. Es decir los síntomas de una determinada serie (obsesivos, histéricos, paranoides, etc) se parecen entre sí, son autosimilares como las fractales.

En ese post lo que hago es aplicar ciertas teorizaciones de la teoría del caos para explicar la indeterminación de lo psiquiátrico y romper la idea de causalidad determinista que es el paradigma oficial de la ciencia en el momento actual.

Un atractor en este sentido sería algo (quizá un meme cultural) que atrae a ciertos síntomas, rasgos, deseos, y creencias pero no a otros. Operaria como un imán de síntomas, y es algo que está en el tejido social y no en el cerebro humano.

  • LOS SÍNTOMAS, EN OCASIONES ¿PUEDEN SER MECANISMOS DE AUTORREGULACIÓN, DE BÚSQUEDA DEL EQUILIBRIO?

Sin ninguna duda, lo que sucede es que a menudo son intentos destinados al fracaso por la distorsión que generan en la percepción de la realidad, estamos acostumbrados a pensar los síntomas como si fueran averías que tenemos que combatir pero hoy existen escuelas que no los contemplan desde ese punto de vista sino como condiciones de lo humano. Algunos proponen que los síntomas no hay que empeñarse en combatirlos sino en propiciar desarrollos de la mente que los hagan inútiles.

Y luego está el tema de las crisis, de los cambios. El sufrimiento mental está a veces en la raíz de un cambio y puede representar un viraje en una trayectoria, una oportunidad de modificar algo.

  • ¿CÓMO INFLUYEN LA EDUCACIÓN Y LA CULTURA EN LA SALUD MENTAL?

Pues siguiendo lo que antes decía influye de un modo indeterminado, es decir no existen relaciones causa-efecto, porque todavía no hemos sido capaces de desenredar los enlaces entre los elementos que configuran la complejidad.

  • INDIVIDUALIDAD, PREPOTENCIA, MÍNIMO ESFUERZO SON VALORES Y ACTITUDES QUE DIFERENTES MEDIOS DE COMUNICACIÓN VENDEN A JÓVENES Y ADULTOS COMO CLAVE DEL ÉXITO ¿QUÉ INFLUENCIA PUEDEN LLEGAR A TENER EN EL DESARROLLO Y EN EL EQUILIBRIO DE UNA PERSONA?

Si te refieres a  los valores que imperan en el mundo de hoy creo que es bastante evidente que tienen una enorme influencia en favorecer los trastornos de base narcisista, nunca habíamos tenido personas tan apegadas a sí mismas como hoy.

Además el narcisismo y la hipertrofia del Yo son malignos en sí mismos porque entorpecen el avance de la conciencia hacia algo superior, forman como un atasco, un cuello de botella.

  • LA ERA DE LA COMUNICACIÓN PERO… ¿MÁS SOLOS QUE NUNCA?

Si, hoy estamos más solos que nunca, pero nos lo hemos currado a base de construir como único referente a nuestro propio Yo.

  • ¿POR QUÉ NOS CAUSAN TANTO TEMOR EL SUFRIMIENTO Y EL DOLOR?

Porque vivimos en un mundo muy hedonista donde nadie nos ha dicho la verdad sobre la existencia humana: que aquí estamos para currar, para sufrir y para transformar lo que nos hemos encontrado.

  • A TODO LE LLAMAMOS DEPRESIÓN…

Si, ese es diagnóstico psiquiátrico con buena prensa, pero no todos los deprimidos padecen una depresión.

  • ¿QUÉ OPINAS DE LA MEDICALIZACIÓN SISTEMÁTICA DE LOS PROCESOS ADAPTATIVOS NATURALES, POR EJEMPLO EL DUELO?

Pues que toda la culpa no es de los psiquiatras sino también de los que van al psiquiatra como si fuera una rutina más. El tratamiento de un duelo lo debe realizar el sujeto mismo acompañado de su red social.

  • EL CATÁLOGO DE PSICOFÁRMACOS ES IMPRESIONANTE ¿SON TODOS NECESARIOS?

Yo sólo me llevaría tres o cuatro si tuviera que ir de psiquiatra a Haití, por ejemplo.

  • ADEMÁS DE TRATAR LOS SÍNTOMAS ¿CÓMO SE PUEDE LLEGAR A TRABAJAR CON LAS CAUSAS DE LA PATOLOGÍA MENTAL?

Bueno no existe patología mental sin síntomas, pero existen varias formas de entender al que tenemos enfrente sin necesidad de escuchar permanentemente sus quejas.

Hablar es una forma, la otra es meditar (las técnicas de mindfulness o de aceptación por ejemplo) y otra sería el movimiento, las terapias corporales por así decir, son una forma de acercarse al sufrimiento sin rozar el síntoma.

  • CADA VEZ APARECEN NUEVAS ETIQUETAS DIAGNÓSTICAS Y PSICOFÁRMACOS VINCULADOS A LA INFANCIA Y LA JUVENTUD ¿QUÉ OPINAS AL RESPECTO? ¿QUÉ CONSECUENCIAS PUEDEN TENER A NIVEL NEUROLÓGICO?

La tendencia a identificar el sufrimiento mental con la patología no puede llevar más que a una escalada de irresponsabilidad, irrealidad y de desastres. Existe un atasco –una plétora- de entidades en el eje I del DSM y de todos los manuales diagnósticos, algunos psiquiatras están levantando la voz contra esa psiquiatrización de la existencia.

  • ¿CUÁLES SON LAS BASES NECESARIAS EN LA INFANCIA PARA FOMENTAR LA SALUD MENTAL Y EMOCIONAL?

Pues una mezcla de disciplina, responsabilidad y amor. La receta de siempre. Hay que tener el valor de educar, tener presencia y resultar lo suficientemente bueno y protector, así como que el aspecto punitivo y el benefactor deben estar en la misma persona, no vale repartirse los papeles de buenos y malos.

  • LAS FRONTERAS ENTRE UN DIAGNÓSTICO PSIQUIÁTRICO U OTRO EN OCASIONES SON DIFUSAS ¿SE ACABARÁN LOS DIAGNÓSTICOS PSIQUIÁTRICOS Y SE EMPEZARÁ A TRABAJAR CON CADA PERSONA COMO SER ÚNICO/INDIVIDUAL SIN NECESIDAD DE ETIQUETARLO?

Me temo que los diagnósticos psiquiátricos existirán siempre , del mismo modo que las enfermedades mentales. Yo me conformaría con que las personas no mimetizaran los trastornos mentales verdaderos cada vez que enfrentan una dificultad y para ello hay que darle a la población instrumentos y herramientas para manejar sus emociones y pensamientos, herramientas, por que no decirlo, espirituales y además de eso bienestar y seguridad en la vida no para gastar o consumir más sino para eliminar ciertas lacras que aun persisten.

  • FAMILIA, AMIGOS, REDES SOCIALES DE APOYO ¿QUÉ IMPORTANCIA TIENEN EN LA MEJORA DE LAS PERSONAS AFECTADAS DE UNA ENFERMEDAD MENTAL?

Fundamental, los pacientes psiquiátricos se las arreglan para destruir sus redes de apoyo y los profesionales nos ocupamos de crearlas o componerlas de nuevo. Sin apoyo social un paciente psiquiátrico está condenado a la cronicidad.

  • EL TRABAJO MULTIDISCIPLINAR EN EL CUIDADO DEL PACIENTE PSIQUIÁTRICO:

Nosotros los sanitarios tenemos una cultura muy potente en ese sentido: sin equipo no se puede trabajar con pacientes mentales graves. Es el equipo el que contiene  y sostiene y no el médico o el psicólogo por sí solos.

En psiquiatría funciona más el nosotros que el Yo y el Tú.

  • ¿HACIA DÓNDE AVANZA NUESTRA SOCIEDAD? ¿Y LA PSIQUIATRÍA?

Hacia una mayor complejidad, es por eso que un buen consejo es siempre aquel que trata de simplificar la vida.

  • LA PATOLOGÍA MENTAL SIGUE SIENDO UN ESTIGMA EN NUESTRA SOCIEDAD ¿EN QUÉ HEMOS AVANZADO? ¿QUÉ NOS QUEDA POR HACER?

Por desgracia en poca cosa. Los enfermos mentales siguen dando miedo y el discurso de la peligrosidad -aunque ya no está entre los profesionales- sigue estando en la sociedad.

  • ¿EN QUÉ PROYECTOS ESTÁS TRABAJANDO?

Dirijo varios proyectos de investigación, organizo y doy seminarios, asisto a mis pacientes afectas de trastornos alimentarios, gestiono un servicio y trato de brindar a mis residentes una visión lo más completa posible de nuestra disciplina y del mundo enredado en que tendrán que vivir y trabajar.

  • ¿QUÉ RELEVANCIA TIENE LA MÚSICA EN TU VIDA?

En estos momentos diría que soy sólo un aficionado nostálgico.

  • ¿QUÉ TE APASIONA?

Mi trabajo y la vida que hago entre bambalinas y que está orientada hacia mi proyecto intelectual.

  • ¿QUÉ NOS RECOMENDARÍAS PARA CUIDAR DE NUESTRA SALUD MENTAL?

Amar sin medida, simplificar tu vida, reducir los automatismos, rodearse de gente creativa y buena, no discutir nunca por las cosas opinables y cumplir con la misión que cada uno tiene que hallar en esta vida.

  • ¿ALGO MÁS QUE QUIERAS COMENTAR?

Pues que nunca me habían hecho una entrevista en un blog y es por eso que ya me considero un psiquiatra 2.0.

Muchas gracias Paco por querer participar en el blog, por tu confianza y tu apoyo.

Abrazos,

Elena Lorente Guerrero

Entrevista a BELÉN PÉREZ, Enfermera. Alma, Corazón y Vida.

De tots els Colors- Bringing Colour to NursingBelén Pérez García  es Enfermera y pionera en la incorporación de las terapias naturales y complementarias en la Unidad de Cuidados Paliativos del Hospital de Mallorca donde trabaja.

Posee amplia experiencia asistencial tanto a pie de cama, como en la consulta de enfermería de cuidados paliativos. También ha desarrollado labores de gestión, fue Coordinadora de Enfermería  de la  U. C. P. durante 4 años.

Profesional comprometida, el estudio y la formación han sido una constante a lo largo de su trayectoria profesional tanto a nivel generalista, como específico: pediatria, cuidados de enfermería sociosanitaria, salud comunitaria,  cuidados paliativos, comunicación terapéutica, relación de ayuda, P.N.L., duelo, enfermería y terapias naturales, …

 

...Para que los lectores te conozcan:

Mi nombre es Belén. Empecé a trabajar como enfermera hace 20 años sin tener muy claro entonces qué abarcaba esta profesión y si realmente me sentiría realizada dedicándome a ella. Hoy puedo decir que sigo trabajando con ilusión y compromiso y que si estos 20 años se borraran de pronto, volvería a ser enfermera. A lo largo de todo este tiempo he trabajado en diferentes servicios: Medicina Interna, U.C.I, Unidad de recuperación post-operatoria, Respiratorio y Cuidados Paliativos.

La Unidad de Cuidados Paliativos me atrapó hace siete años. Tras formarme específicamente en C. Paliativos solicité mi traslado a la unidad porque intuía que era un servicio en el que podría sentirme a gusto y….no me equivoqué. Enseguida comprobé que mis valores como profesional y como persona, mi forma de entender el cuidar, coincidían plenamente con el modelo de atención de los Cuidados Paliativos. Durante cuatro años ocupé el puesto de Coordinadora de Enfermería en la Unidad, después durante tres más estuve en la Consulta Enfermera de C.Paliativos y por último en hospitalización donde continúo en la actualidad.

  • ¿Qué son los Cuidados Paliativos para ti?

Para mi los C. Paliativos consisten en el cuidado integral de la persona en todas sus dimensiones: la física, la emocional la social y la espiritual, recobrando esta última una especial relevancia, porque es ante las situaciones límite de la vida -y la proximidad a la muerte es una de ellas- cuando las personas nos planteamos, quiénes somos, qué hemos conseguido, qué nos queda por hacer, qué y quienes nos importan realmente. Nos planteamos el sentido auténtico de nuestra vida. Pero ¿qué es eso del cuidado integral? Desde mi punto de vista se trata de acompañar a esa persona en su proceso, en la etapa final de vida, de una forma profesional y humanizada y de ofrecer el cuidado que necesita en cada momento, tanto ella como su familia. Unas veces será administrar analgesia, otras será ayudarla a hacer un repaso de vida, otras será acomodarla en la cama para que esté confortable, otras facilitarle pautas para que pueda conservar su autonomía a pesar de las limitaciones físicas, otras conversar sobre sus miedos respecto a la muerte, otras ayudarla a despedirse de sus seres queridos…. Se trata en definitiva de acompañarla desde el “estar presente”, desde el “compartir”, de forma que nuestras intervenciones respondan a sus necesidades y contribuyan a su adaptación al deterioro progresivo y a dar sentido al tiempo que todavía queda, respetando su dignidad.

  • ¿Cómo acoges a las personas que cuidas?

Con un profundo respeto. Lo que se despierta en mí es una gran compasión, que nada tiene que ver con la lástima. Procuro ponerme en su situación (hospital nuevo, personal desconocido, incertidumbre, miedo, cansancio…) y desde la empatía mostrarles que allí estamos para ayudarles y que son ellos los que nos darán las pautas de cómo hacerlo.

  • ¿Qué pueden esperar de ti?

De mí pueden esperar a una enfermera sencilla y afable, profesional y con criterio; dispuesta a escuchar y a establecer una relación terapéutica, a partir de la cual pueda aportar mis conocimientos y experiencia, con el fin de intentar mejorar la calidad de vida o de muerte de la persona a la que  cuido, si es ese el deseo de la misma …(premisa ésta fundamental).

Según tu experiencia, ¿Qué desean las personas cuando se saben cercanas a la muerte?

Lo que ellos transmiten que necesitan cuando son conscientes de que queda poco tiempo es:

Que se atiendan esas pequeñas demandas que para ellos son tan importantes (evitar los portazos, que funcione el mando de la TV, que pueda ver por última vez a su perro…) .

Que se comprenda su rabia y su tristeza por todo lo que día a día van perdiendo y que se les permita sentir lo que sienten. .

-Saber que no los dejaremos solos y que pondremos en marcha todos los recursos necesarios para  aliviar su sufrimiento. .

La garantía de que se respetará su dignidad hasta el final. .

Tener cerca a sus seres queridos y la certeza de que estarán bien cuando ellos ya se hayan ido. .Intimidad para poder comunicarse con ellos.

El permiso de sus seres queridos para poder irse cuando la situación se vuelva insostenible.

  • Cuando hablas del permiso de la familia para poder irse… ¿A qué te refieres?

Desde mi experiencia, lo que yo he podido observar es que cuando existe un apego importante entre la persona enferma y los familiares, la resistencia a aceptar el desenlace final es mayor. Si son éstos quienes retienen a la persona (”aunque esté tan malito, no quiero que se vaya, no quiero que me deje”), el paciente agota al límite su energía, la agonía se prolonga y causa mayor sufrimiento en ambos. La persona suele manifestar: “son ellos lo único que me retiene aquí”. Con mucha frecuencia vemos que cuando la familia asume la situación, se despide y le transmiten que en su ausencia estarán tristes, pero bien, y que puede descansar, la persona fallece tranquila y en paz.

  • La intimidad del cuidado al final de la vida…

¡Es tan fácil caer en la rutina y desvalorizar esos cuidados tan íntimos y que los pacientes y sus familias consideran tan importantes! Es el respeto de su dignidad. Cuando pierden el control de esfínteres y se ha de valorar la colocación de un pañal en una persona joven, cuando realizamos la higiene en cama, cuando movilizamos a un persona con hemiplejia, o trasladamos a una persona que ha fallecido de la cama a la camilla para ser llevado al mortuorio….Debemos manejar con tacto, con mimo, con respeto, con mucha sutileza todos estos aspectos, porque de ello depende que la persona  que recibe  esos cuidados se sienta persona o no.

 

  • Cuidados del alma, espiritualidad.

Cuando alguien enfermo, vulnerable y tremendamente frágil te abre su alma, no te deja impasible. Al hacerte partícipe de su historia, inevitablemente se produce algo que para mí es mágico: deja de ser el paciente 203 y empieza a ser Pedro y tú para él dejas de ser la enfermera rubia de la tarde y pasas a ser Belén. Se establece una relación de persona a persona, de igual a igual, de respeto, de complicidad, de empatía,…de ayuda mutua, y sí! digo mutua porque así lo siento. Cada uno de los pacientes o de los familiares a los que cuido me enseña algo. A través de sus experiencias, de sus decisiones, de sus estrategias de afrontamiento me enseñan cosas que no se aprenden en los libros de fisiopatología ni en los másters, ¡me enseñan lecciones de vida! Por eso cuando se van, cuando fallecen, ellos se llevan un trocito de mí y yo me quedo con una pequeña parte de ellos. Pasa el tiempo y se van difuminando sus caras en mi memoria, olvidando algunos nombres, algunos apellidos, pero la persona no, esa queda indemne en mi recuerdo. ¿Qué se entiende o qué entiendo yo por cuidados del alma en C.Paliativos? Averiguar cuáles son los valores importantes de la persona: la familia, su autonomía, su dignidad…y cuidarlo desde su respeto, promover la expresión de miedos y preocupaciones, el repaso de vida, reforzar los logros conseguidos, ayudar a resolver asuntos pendientes, fomentar el perdón si procede y la gratitud, promover la despedida…

  • Háblanos del cuidado de la familia.

A la familia no se trata sólo de tenerla en cuenta, no. Se trata de implicarla, de hacerla partícipe, de consensuar los objetivos con ellos. Si la familia está bien , el paciente está mejor, eso es así. Y para ello se les ha de escuchar, se les ha de entender, se les ha de explicar,  reconducir si su criterio es errado…. Forma parte de nuestro trabajo porque forman parte de la unidad a cuidar (paciente-familia).

  • ¿Qué aspectos de los  cuidados al final de la vida son los más duros para ti?

No cabe duda que hay aspectos como aspirar las secreciones de una persona traqueostomizada, realizar la cura de una lesión fistulizada o los cuidados de una boca séptica que me resultan duros, a pesar de formar parte de mi práctica habitual. A veces quedan grabados en mi memoria olores o imágenes determinadas, precisamente por lo impactantes que me resultan. He de reconocer que observar la decrepitud de la persona enferma, que de día en día se hace más evidente, es otro aspecto que también me impacta y a la vez obliga a ser consciente de la fragilidad y finitud de nuestro cuerpo.

 

  • ¿Cómo gestionas tus emociones, aquello que te conmueve especialmente?

Esa es una buena pregunta y además resulta clave. En una Unidad de C.Paliativos las emociones están a flor de piel. Cómo explicarlo…Se respira en el ambiente, se siente. Tú me dirás: es así en cualquier unidad de hospitalización, en cualquier espacio habitado por personas; la emoción es inherente al ser humano y…sí es cierto, pero en nuestra cultura hemos recibido una educación, se nos ha enseñado a reprimir las emociones, porque mostrarlas incluso lo interpretamos como políticamente incorrecto. Pues bien en C.Paliativos uno de los objetivos es crear un clima de confianza donde el paciente y su familia se sientan acogidos y acompañados, donde se promueve la expresión de emociones. Con nosotros ya no es preciso disimular ni “aguantar el tipo”.

“Así es que cuando estás cogiendo una toalla del carro para llevársela a María de la 207, Pep, el esposo de Caty, te espera para decirte que está muy preocupado porque hoy la ve peor y que intuye que el final está próximo y no sabe si podrá soportarlo.Después de dedicarle un tiempo y ofrecerle el soporte emocional que en ese momento necesita, te diriges a la habitación de María con su toalla en la mano y te encuentras con que acaba de llegar su hija Marta de ocho años y le está leyendo un cuento y… consciente de que ese es un momento precioso de intimidad, dejas la toalla sigilosamente y le indicas con un gesto, que volverás más tarde para ayudarla a realizar la higiene y piensas que les quedan tan pocos momentos para compartir, ¡qué pena!, Marta es tan pequeña y necesita tanto a su madre… Se te parte el alma! Coges aliento, respiras hondo y sales de la habitación con la mejor de tus sonrisas y te diriges al control, frente al cuál encuentras a Luisa , la hija de Xisca que te abraza mientras te explica entre sollozos que han vuelto a ingresar (se fueron hace quince días de alta) y lo desbordados que se han sentido en casa estos últimos días.” Eso es el día a día de Paliativos. Y mientras observas y te impregnas de todo lo que sienten los demás, tú también sientes, es inevitable por Dios! Los profesionales somos igual de humanos que el que yace en la cama. Esa es la realidad.¿Y que hago yo con todo eso que siento? Pena, rabia, impotencia, enfado….Es sin duda lo más difícil. Gestionar bien las emociones para implicarte sin sobreimplicarte, para poder ayudar como profesional y no convertirte en amigo (no es el rol que toca desempeñar), para que todo el sufrimiento con el que convives cada día, no afecte a tu vida personal. Primero reconocer lo que estoy sintiendo y darme permiso para ello. Si estoy trabajando salgo unos segundos a una terraza que está frente al control , desde donde se divisa un paisaje de montaña y almendros que te invita a hacer una respiración abdominal de esas que te renueva por dentro y por fuera, si necesito llorar, lloro y/o lo comparto con un compañero /a y si no dispongo de esos segundos, bebo un vaso de agua y contengo y…sigo, a sabiendas de que es un tema pendiente que ahora queda pospuesto y que cuando pueda…, habré de retomar. Segundo, intento ver con un poco de distancia esa situación que me remueve tanto y reflexionar sobre ello y tercero, asumo que hay cosas que no están en mi mano y hablo con Dios y le pido que, él que puede, llegue hasta donde yo no llego y para mí  fortaleza y equilibrio para seguir realizando este trabajo que tanto me llena, pero desgasta a la vez.

  • ¿Dónde te vacías?

Mira, hace tiempo adquirí un hábito. Cuando cojo el coche de camino a casa, al salir del trabajo, repaso la jornada. A veces me voy riendo sola (muchas veces, hay momentos muy divertidos también), otras me cae alguna lágrima, otras me reprendo por no haber sabido estar a la altura de las circunstancias. Cuando quito la llave del contacto, frente a la puerta de casa, me digo: Belén, por hoy se acabó. Ahora toca disfrutar de otra parte de tu vida: tu familia, tu casa, tus amigos…. Como primera opción es bastante efectiva. Practico deporte tres días por semana siempre que puedo y para mí resulta un complemento buenísimo para liberar tensión (física y emocional). Cuando estoy saturada busco el contacto con la naturaleza, ver el mar me calma y me ayuda a aquietar mis emociones. Busco momentos de soledad y silencio. Podría decir que meditar me es útil y así es, pero si soy sincera, todavía no he conseguido la disciplina necesaria para ser constante.

 

  • ¿De qué te llenas?

Mi casa es mi refugio. Me aporta paz y armonía Mi hijo de 11 años -mi maestro- y mi marido me brindan muchos momentos de risas (el humor es fundamental) y un cariño incondicional. Mi familia… me siento muy querida. Mis amigos que para mí son importantísimos, los de siempre y los nuevos que pasan a formar parte de mi vida. Las excusiones por la montaña y la oración sencilla y abierta.

¿Qué has aprendido de las personas a quienes has cuidado?

Ufff, tantas cosas….. !

-Que somos muchísimo más fuertes y capaces de lo que creemos.

Que el ser humano tiene una capacidad de cambio y de adaptación brutales.

-Que el amor lo puede todo.

-Que la vivencia de la muerte desde la resignación es una, desde la aceptación es otra muy diferente.

-Que morirse es un hecho natural y su proceso puede ser una tragedia o una etapa llena de vida y plenamente enriquecedora para el que se va y para los que quedan. Depende de nuestra actitud.

  • Alguna experiencia que desees compartir con nosotros…

Hace un tiempo pasó por la Unidad una persona de 49 años afectada de una patología irreversible. Se trataba de alguien con una importante proyección de futuro a nivel profesional y personal y en cuyos planes a corto plazo no encajaba en absoluto la muerte. Fue informado a petición propia de su mal pronóstico y a los pocos días tuvimos una conversación en la que me decía:

Belén, me invade una tristeza inmensa, pero no es sólo por los que dejo -sus seres queridos-, ni tan siquiera por lo que ya no viviré. Me siento inmensamente triste por lo no vivido. Desde entonces vivo mucho más intensamente el aquí y ahora. Esa lección no la olvidaré jamás. Esta persona tuvo una muerte difícil. Durante las últimas semanas a pesar de no haber una descompensación física de ninguno de sus síntomas, tenía en su rostro una expresión de sufrimiento que impactaba. Él no aceptaba su situación ni su destino. Los días previos a su muerte le costaba respirar, nos dijo que ya no podía más, que estaba demasiado cansado y que necesitaba dormir. Nos dijo que le dolía el alma y así se reflejaba en su semblante. Pactamos con él y su familia una sedación con el fin de disminuir su nivel de conciencia y de que estuviera tranquilo. La sedación no resultó fácil, su lucha interna era evidente.  . Todo el equipo trabajamos intensamente e hicimos lo que supimos por mejorar su calidad de muerte, pero a pesar de ello dentro de mi cabeza retumbaba una y otra vez la misma frase: Belén, te faltan herramientas. Seguro que algo más podías haber hecho. A partir de ese momento se hizo en mí más grande la inquietud que ya tenía por aprender. Pero aprender ¿que? Tenía formación en habilidades de comunicación, en relación de ayuda, en gestión de emociones, en técnicas de relajación, en duelo……Decidí entrar en el mundo de las terapias naturales y descubrí que efectivamente había otras herramientas que no sustituyen, pero que sí se complementan perfectamente con todo lo anterior y que son de gran ayuda.

Desde hace un año y tras el beneplácito de la Dirección del hospital donde trabajo, al cual le estoy enormemente agradecida, aplico como un cuidado más la terapia floral del Dr. Bach y el tacto terapéutico en aquellos pacientes y familiares que así lo desean.

Aunque mi experiencia aún es muy poca y  no tengo todavía suficientes datos objetivos para evaluar sus efectos, sí puedo decir que la adherencia es muy alta, que mejora notablemente la relación terapéutica y que las personas manifiestan su gratitud por la contribución de éstas a su bienestar emocional.


  • ¿Qué más te gustaría compartir?

Hay un aspecto que no me gustaría pasar por alto. En Cuidados Paliativos existe una pieza clave que hace que todo el engranaje funcione: es el equipo, el equipo interdisciplinar.. El nuestro está formado por auxiliares de enfermería, celadores, enfermeras, fisioterapeutas, trabajadora social, psicóloga, médicos, capellán y voluntariado. Somos muchos y es necesario que los valores que se comparten sean los mismos y que cada uno de los miembros del equipo  tenga totalmente integrado el modelo de atención. Así como también es fundamental que el plan terapéutico esté consensuado para que cada uno desde su disciplina, desde su rol, pueda trabajar en pro de los objetivos comunes que hayan sido marcados .De lo contrario no funciona y todo esto que desde la teoría suena tan bien, queda muy vacío si no se lleva a la práctica.

Gracias por esta oportunidad que me brindas de poder hablar de corazón a corazón.

Un abrazo,

Belén

* * *

De tots els Colors- Bringing Colour to NursingGracias a ti Belén por tu generosidad, por compartir con el corazón abierto tu pensar, tu sentir y tu hacer diario. 

Belén se ha brindado amablemente a responder a través del blog las reflexiones y los comentarios que os apetezca escribirle  con el fin de que el feed-back nos enriquezca a todos. Del mismo modo, para aquellas/os que deseéis contactar  personalmente, nos facilita su dirección de correo electrónico:  belenpgarcia@telefonica.net

Elena Lorente Guerrero