La ruta de la Luz

“Creo que el Universo es una Evolución.
Creo que la Evolución se dirige hacia el Espíritu.
Creo que el Espíritu desemboca en lo Personal.
Creo que lo Personal supremo es el Cristo-Universal”.

– Pierre Teilhard de Chardin –

 

Queridos Amigos:

Hemos dejado atrás el día más corto y más oscuro del año con su noche más larga para, una vez más, re-nacer en la Luz. 

Pero la Luz no es un destino.  Vivir en la Luz es una elección, un punto de partida, y un camino. Una senda de consciencia y responsabilidad para desarrollar nuestro máximo potencial;  para crecer y evolucionar en sabiduría, bondad y amor.

Ser generosos, ser agradecidos y ponernos al servicio de los demás son los instrumentos que mejor nos guiarán para permanecer serenos, centrados, orientados y atentos en la ruta de la Luz.

Vivir en la luz es aprender a dar con el corazón entregado y sin condiciones. Dando sin que deje rastro en nuestra memoria, sin esperar reconocimiento, recompensa ni premio.

Vivir en la Luz es también aprender a recibir con el corazón humilde y abierto. Presto a esculpir los dones que nos son dados para así tener siempre la oportunidad de RE-COR-DAR con gratitud.

Cierto es que avanzando en la ruta de la Luz también nos asaltan las sombras, las dudas, los temores, las incertidumbres que sutil e insidiosamente llegan a sofocar y a ensordecer la comunicación con nuestra Alma.

Todo en la naturaleza tiene su forma, su geometría, su estructura y su función. Un patrón armónico que hace que todo encaje y fluya de manera precisa y perfecta.

Las Esencias florales de Bach nos aportan luz cuando nos asaltan las sombras. Son amplificadores de consciencia; actúan por resonancia empática facilitándonos el proceso de re-cor-dar lo que somos, en Esencia. De este modo, nuestra personalidad, nuestro Espíritu y nuestra Alma vuelven a vibrar en sintonía, en armonía, en la Luz…

Os dejo esta magnífica conferencia de Julian Barnard sobre la geometría oculta de las flores. Disponible AQUÍ.

Tal como afirma J.Barnard, para poder ver necesitamos desarrollar una nueva forma de mirar…

* * * 

Que viváis un 2018 luminoso y pleno,

Elena Lorente Guerrero

 

Anuncios

Besos que curan

De tots els Colors- Bringing Colour to NursingQueridos Amigos:

El turno de ayer fue de esos en los que nada más empezar todo se va complicando y sabes por experiencia que será una mañana agotadora. Así que ya de entrada nos organizamos para poder multiplicarnos y nos pusimos en marcha.

Antes de media mañana la vida me sorprendió con un precioso milagro, de esos que por auténticos ocurren en la máxima privacidad y discreción y te abrasan el Alma.

¿Os acordáis de Elisabeth? Estupenda e inteligente mujer a la que una forma poco habitual de demencia cerró con llave la capacidad de expresarse. Desde aquella vez que os hablé de ella las cosas han cambiado, su proceso ha avanzado mucho y la fragilidad a todos los niveles es más que palpable. Estamos en una recta final que empezó hace varios meses y en la que todavía no se ve con claridad la línea del horizonte.

Me encanta cuidarla, es un tú a tú que transcurre entre su silencio y mis palabras, y en sus cada vez más excepcionales momentos en los que en medio del laberinto de la demencia, su cuerpo, su mente y su espíritu se encuentran, se ensamblan, y sabes con certeza que Elisabeth está presente, aquí y ahora.

No me canso de repetir que en las personas con alguna forma de demencia la mente puede estar muy lejos, pero el espíritu está siempre presente. Así que además de cuidar esa realidad, tenemos que estar muy atentos porque los milagros ocurren de repente, sin previo aviso.

Ayer cuando entré a darle los buenos días Elisabeth estaba ya despierta, había un brillo diferente en su mirada y algo muy parecido a un intento de sonrisa después de tantos meses, que ya no recuerdo ni cuándo fue la última vez.

Le di el desayuno, la disfagia sólo le permite beber batidos o líquidos con un espesante tan útil como poco apetecible. Tomó su café y el batido de plátano mientras le decía con una sonrisa que ya estaba bien de tanta cama! que íbamos a escoger una ropa bien cómoda para pasar el resto de la mañana en la sala de estar, acompañada.

Como a Elisabeth le encanta la música clásica y a mí también me hacía mucha falta… pusimos música y la habitación se llenó de una vibración agradable, suave y alegre. En ese momento Elisabeth ya estaba sentada en la cama, a punto para ser movilizada con la grúa para ayudarla con la higiene personal. Estando frente a ella empezó a acariciarme el brazo derecho, pero no como lo hace habitualmente en un gesto nada preciso y repetitivo, esta vez estaba acariciando mi antebrazo de arriba abajo con dulzura y precisión. La miré a los ojos, me devolvió la mirada y supe que Elisabeth estaba allí, presente, toda entera. Le di las gracias en inglés repetidas veces, y le dije un ¡GUAPA! en castellano que entiende perfectamente,  me la comí a besos. Al retirarme y volver a mirarla noté que había algo más.

-¿Quieres decirme algo? Le pregunté

Ninguna respuesta, sin embargo había urgencia en su mirada

¿Quieres darme un beso?

Yes

Un SI suave, muy flojito, perfecto. Un monosílabo que es una apuesta por el amor, por la gratitud y por la vida después de meses de silencio, al menos conmigo. Acerqué mi mejilla a sus labios y sentí su beso suave, preciso, perfecto.

Sólo puede sentarme a su lado y abrazarla contra mi pecho, me puse a llorar de pura felicidad y gratitud, Elisabeth sonreía.

Le di las gracias entre lágrimas y le dije: sabes que te quiero ¿verdad?

Nuestra profesión tiene estos momentos únicos, preciosos en los que sencillamente dos seres humanos nos encontramos, nos reconocemos como iguales, y conectamos corazón con corazón.

Ayer Elisabeth cuidó de mi haciendo brillar el sol en una mañana de tormenta. ¡GRACIAS!

Abrazos y feliz día,

Elena Lorente Guerrero

LA CURACIÓN DESDE LA PERSPECTIVA DE EDWARD BACH. (VIII), último capítulo.

Obras completas del Doctor Edward Bach.

 

CÚRESE USTED MISMO

(Publicado por C.W.Daniel Co., 1931)

Una explicación de la causa real y de la curación de la enfermedad.

Capítulo ocho

“De este modo, vemos que nuestra victoria sobre la enfermedad depende principalmente de lo siguiente:

  • Primero, tener conciencia de la divinidad que hay en nuestra naturaleza y de nuestro consiguiente poder para sobreponernos a todo lo que es erróneo.
  • Segundo, saber que la causa básica de la enfermedad obedece a la desarmonía entre la personalidad y el alma.
  • Tercero, hay que tener la voluntad y la capacidad para descubrir el defecto que causa semejante conflicto.
  • En cuarto lugar: hay que suprimir ese defecto desarrollando la virtud opuesta.

El deber del arte de la curación consistirá en ayudarnos a alcanzar el conocimiento necesario y en proporcionarnos los medios para superar nuestras enfermedades, y además, en administrarnos los remedios que fortalecerán nuestros cuerpos físicos y mentales, y nos den mayores probabilidades de éxito. Entonces sí estaremos en disposición de tratar la enfermedad en su base con esperanza de éxito.

La escuela médica del futuro no se interesará particularmente por los resultados finales y consecuencias de la enfermedad, ni les dará tanta importancia a las actuales lecciones físicas, ni se administrará drogas y productos químicos para paliar simplemente los síntomas, sino que , conocedora de la verdadera causa de la enfermedad y consciente de que los resultados físicos obvios son meramente secundarios, concentrará sus esfuerzos en aportar esa armonía entre cuerpo, mente y alma que conlleva el alivio y la curación de la enfermedad. Y en los casos en que se emprenda lo bastante pronto la corrección de la mente, se evitará la enfermedad inminente.

Entre los tipos de remedios que se utilizarán, estarán los que se obtienen de las plantas, y las plantas más hermosas que se encuentran en la botica de la naturaleza, plantas enriquecidas divinamente con cualidades curativas para el cuerpo y la mente del hombre.

Por nuestra parte, debemos practicar la paz, la armonía, la individualidad y la firmeza del propósito y desarrollar progresivamente el conocimiento de que en esencia somos de origen divino, y por tanto tenemos en nuestro interior, esperando a que los desarrollemos, como haremos con toda seguridad en tiempos venideros, el poder de alcanzar la perfección.

Y esta realidad crecerá en nosotros hasta que se convierta en el rasgo más destacado de nuestra existencia. Debemos practicar firmemente la paz, imaginando que nuestras mentes son como lagos que siempre hay que mantener mansos, sin olas, ni siquiera ondas que perturben su tranquilidad, y gradualmente desarrollar ese estado  de paz hasta que ningún avatar de la vida, ninguna circunstancia, ninguna otra personalidad pueda bajo ningún pretexto estremecer la superficie del lago o fomentar en nosotros sentimientos de irritabilidad, tristeza o duda.

Nos ayudará materialmente el aislarnos unos momentos todos los días para pensar tranquilamente en la belleza de la paz y en los beneficios de la calma, y darnos cuenta de que no será con prisa ni preocupaciones como mejor lo realizaremos, sino con calma, tranquilidad y sosiego en la acción: así seremos más eficientes en todo cuanto emprendamos.

Armonizar nuestra conducta en esta vida de acuerdo con los deseos de nuestra propia alma, y permanecer en un estado de paz tal que las tribulaciones y preocupaciones del mundo nos dejen impasibles es algo muy importante, y lograrlo nos da esa paz que trasciende la comprensión; y aunque al principio nos parezca un sueño fuera de nuestro alcance, con paciencia y perseverancia estará al alcance de todos nosotros.

No se nos pide en absoluto que seamos santos o mártires, o personas de renombre; a casi todos nosotros se nos reservan trabajos menos vistosos; pero se espera de nosotros que entendamos las alegrías y las aventuras de la vida, cumpliendo con agrado la parcela de trabajo particular que nuestra divinidad nos ha reservado.

Para todos los enfermos, la paz mental y la armonía con el alma son las mayores ayudas para la curación. La medicina y la enfermería del futuro prestarán mayor atención al desarrollo de esto en el paciente de lo que lo hacen hoy, cuando, incapaces de juzgar los progresos de un caso más que por medios científicos materialistas, piensan más en tomar la temperatura con frecuencia y en prestar otras atenciones que interrumpen, más que promueven, el descanso tranquilo y la relajación del cuerpo y la mente, que tan esenciales son para la curación.

No cabe duda de que al parecer los menores síntomas del mal, en cualquier caso, si logramos estar unas horas completamente relajados y en armonía con nuestro yo superior, se abortará la enfermedad. (…)

Nuestra visión de la vida depende de lo cerca que se entre la personalidad del alma. Cuanto más íntima sea la unión, mayor será la armonía y la paz, y más claramente brillará la luz de la verdad y la radiante felicidad que pertenece a los más elevados dominios; ambas nos mantendrán firmes y sin desmayos ante las dificultades y temores del mundo, pues tienen su fundamento en la verdad eterna de Dios.

El conocimiento de la verdad también nos da la certeza de que, por trágicos que parezcan los acontecimientos del mundo, forman una mera etapa temporal en la evolución del hombre, y que incluso la enfermedad es en sí beneficiosa y obra bajo el imperio de ciertas leyes destinadas a producir un bien final con la presión que ejercen sobre nosotros impulsándonos hacia la perfección.

Aquellos  que saben esto no pueden verse afectados, ni deprimidos, ni desconsolados por aquellos hechos que tanto pesan sobre los demás, y toda incertidumbre, miedo y desesperanza desaparecen para siempre. Con sólo que podamos estar en comunión constante con nuestra alma, el mundo será un lugar de alegría y nadie podrá ejercer sobre nosotros una influencia adversa.

No se nos permite ver la magnitud de nuestra divinidad, ni darnos cuenta del alcance de nuestro destino, ni del glorioso futuro que se abre ante nosotros; pues si así fuera, la vida no sería una prueba y no comportaría esfuerzo ni mérito. Nuestra virutd consiste en que nos olvidemos en gran medida de todas esas cosas hermosas y, sin embargo, tengamos fe y ánimo para vivir bien y enfrentarnos a las dificultades terrenales. Sin embargo, por comunión con nuestro yo superior, podemos mantener esa armonía que nos permite superar todas las oposiciones mundanales y caminar por el recto camino de nuestro destino, sin que nos desvíen de él malas influencias.

Luego debemos desarrollar la individualidad y liberarnos de todas las influencias del mundo, para que, obedeciendo únicamente los dictados de nuestra alma y sin dejarnos conmover por las circunstancias o por otras personas, nos convirtamos en nuestros propios amos gobernando el timón de nuestra barca por los encrespados mares de la vida sin abandonar la barra de la rectitud y sin dejar el timón del barco en manos ajenas. Tenemos que conquistar nuestra libertad absoluta y completamente, de forma que cuanto hagamos, todas y cada una de nuestras acciones – incluso todos y cada uno de nuestros pensamientos -, tenga su origen en nosotros mismos, permitiéndonos de ese modo vivir y darnos libremente por decisión nuestra, y sólo nuestra.

Nuestra mayor dificultad en este sentido estriba en nuestros allegados en esta época en la que el miedo a los convencionalismos y a los falsos modelos de vida y de deber se nos presentan de modo tan atractivo. Pero debemos enaltecer nuestro ánimo, que a muchos puede bastarnos para enfrentarnos con las cosas aparentemente más importantes de la vida, pero que nos fallará con las pruebas más íntimas.

Tenemos que poder determinar impersonalmente lo bueno y lo malo, y actuar sin miedo en presencia de un familiar o un amigo. ¡Cuántos de nosotros son héroes en el mundo externo y cobardes en casa! Por sutiles que sean los medios que tratan de apartarnos de cumplir nuestro destino, el pretexto del amor y el afecto, o un equivocado sentido del deber, métodos que nos esclavizan  y nos mantienen prisioneros de los deseos y exigencias de los demás, debemos rechazarlos suavemente.

La voz de nuestra alma y sólo esa voz,  habrá de indicarnos cuál es nuestro deber, sin que nos absorban los que nos rodean. Hay que desarrollar al máximo la individualidad, y tenemos que aprender a andar por la vida sin fiarnos más que de nuestra alma como consejera y auxiliadora, aprender a aferrarnos a nuestra libertad con ambas manos y sumergirnos en el mundo para adquirir todas las particularidades posibles de conocimiento y experiencia.

Al mismo tiempo, tenemos que estar en guardia para permitir que cada uno ejerza su libertad sin esperar nada de los demás sino, al contrario, estando siempre dispuestos a tender una mano para ayudarles en los momentos de necesidad y dificultad. Así, toda personalidad con la que nos encontremos en esta vida, ya sea madre, marido, hijo, desconocido o amigo, se convierte en compañero de viaje, y cualquiera de ellos puede ser más grande o más pequeño que nosotros en cuanto a desarrollo espiritual; pero todos somos miembros de una fraternidad común y parte de una gran comunidad de embarcados en el mismo viaje y con la misma meta gloriosa final. (…)

Ningún pensamiento sobre errores pasados debe deprimirnos; ya han pasado y terminaron, y el conocimiento así adquirido nos ayudará a no repetirlos. (…)

Hay que desechar el miedo; no debería existir nunca en la mente humana, y sólo es posible cuando perdemos de vista nuestra divinidad. (…) El desarrollo del amor nos lleva a darnos cuenta de la unidad, de la verdad de que todos y cada uno de nosotros pertenecemos a una gran creación.

La causa de todas nuestras tribulaciones es el egoísmo y el aislamiento, y éstos desaparecen cuando el amor y el conocimiento de la gran unidad pasan a formar parte de nuestra naturaleza. El universo  es Dios hecho objeto; al nacer el universo, renace Dios; cuando perece, Dios evoluciona aún más. Así ocurre con el ser humano; su cuerpo es él mismo externalizado, es una manifestación objetiva de su naturaleza interna; es la expresión de í mismo, la materialización de las cualidades de su conciencia. (…)

No hay atajo para la humanidad. Hay que conocer la verdad, y el ser humano debe unirse con el esquema de amor infinito de su creador. Y así llegaremos, hermanos y hermanas, al glorioso resplandor del conocimiento de nuestra divinidad y empezaremos a trabajar firme y resueltamente para cumplir el gran designio de ser felices y comunicar la felicidad. (…)”

* * *

Queridos Lectores:

Si algo caracteriza la obra de Bach es su insistencia en la sencillez; todo en la naturaleza es sencillo y por tanto, también los caminos hacia la curación deben serlo. Sin embargo,  no debemos confundir sencillez con simplicidad, o con comodidad. Sus propuestas implican un deseo sincero de crecimiento personal y espiritual.

Bach habla de hermanos mayores y hermanos menores refiriéndose a que todos somos al mismo tiempo alumnos y maestros en el gran aprendizaje del amor incondicional. Es primordial aportar luz donde hay sombra, conocimiento donde hay ignorancia, sabiduría donde hay error. El concepto de separación que impera en el mundo y que es la base del egoísmo en todas sus manifestaciones, y semilla del temor, nos lleva a actuar inconscientemente.

Edward Bach educa a través de sus palabras y a través de la luz que aportan los remedios florales. Cada vez que una persona toma el remedio o remedios florales  que en ese momento precisa, experimenta en su interior una transformación sutil, suave y poderosa, siente que algo ha cambiado para siempre. Los remedios florales aportan luz, conocimiento, son un impulso para conectar con nuestro tejido trascendente y por tanto, nos ayudan a despertar la capacidad de mejorar nuestra propia vida y en consecuencia, la de los demás.

Gracias por seguir esta serie de capítulos que he ido compartiendo con vosotros con la intención de profundizar en Edward Bach y mantener vivo su legado. En un próximo post me adentraré en la idea que tenía Bach sobre la medicina y la enfermería del futuro, sobre su concepto de “hospital” y los tratamientos que lejos de anular la enfermedad, favorecen el restablecimiento de la salud.

“Sencillez, comprensión, compasión”

 

<De tots els Colors>: Elena Lorente Guerrero

LA CURACIÓN DESDE LA PERSPECTIVA DE EDWARD BACH. (IV)

Obras completas del Doctor Edward Bach.


CÚRESE USTED MISMO

(Publicado por C.W.Daniel Co., 1931)

Una explicación de la causa real y de la curación de la enfermedad

Capítulo cuatro:

“De este modo vemos que no hay nada accidental en la enfermedad, ni en su tipo ni en la parte del cuerpo que es afectada; tal como otros resultados de la energía siguen la ley de causa y efecto. Algunas enfermedades pueden ser causadas por medios físicos directos, como aquéllas asociadas con ciertos venenos, accidentes y heridas, y grandes excesos; pero la enfermedad, en general, es debida a algunos errores básicos en nuestra constitución, como en los ejemplos ya citados.

Y así, una curación final y completa exige, no sólo el empleo de medios físicos, eligiendo siempre los mejores métodos que se conozcan en el arte de la curación, sino también el esfuerzo de eliminar cualquier defecto de nuestra naturaleza; porque en definitiva la curación viene del interior, del alma en sí, que con su benevolencia irradia armonía a través de la personalidad, cuando se le permite hacerlo.

Dado que hay una raíz principal en toda enfermedad, a saber egoísmo, también hay un método seguro y principal de aliviar todo sufrimiento: la conversión del egoísmo en dedicación a los demás. Con sólo desarrollar suficientemente la cualidad de olvidarnos de nosotros mismos en el amor y cuidado de los que nos rodean, disfrutando de la gloriosa aventura de adquirir conocimiento y ayudar a los demás, nuestros males y dolencias personales pronto llegará a su fin. Es la gran aspiración final: la pérdida de nuestros propios intereses en servicio  de la humanidad. No importa en qué estación de la vida nos haya colocado  nuestra divinidad. Ya tengamos un negocio o una profesión, ricos o pobres, monarcas o mendigos, a todos nos es posible llevar a cabo la tarea  en nuestras respectivas vocaciones y,  no obstante, llegar a ser verdaderas bendiciones para aquellos que nos rodean, comunicándoles el divino amor fraternal.

Pero la gran mayoría de nosotros tenemos mucho camino por recorrer antes de alcanzar este estado de perfección, aunque sorprende cuán rápidamente puede avanzar cualquier individuo si se esfuerza seriamente, probando así que no se confía de su pobre personalidad, sino que tiene fe implícita, que por el ejemplo y las enseñanzas de los grandes maestros del mundo es capaz de unirse con su propia alma, con la divinidad interior, y así todas las cosas son posibles. En muchos de nosotros hay uno o más defectos adversos que impiden particularmente nuestro avance, y es ese defecto, o defectos, los que debemos especialmente descubrir en nosotros, y mientras, trabajamos por desarrollar y extender el lado amoroso de nuestra naturaleza hacia el mundo, esforzándonos al mismo tiempo por borrar cualquier defecto en particular, llenando nuestra propia naturaleza con la virtud opuesta.

Al principio esto puede resultar un poco difícil, pero sólo al principio, pues es sorprendente lo rápido que crece una virtud auténticamente buscada, junto con el conocimiento de que con la ayuda de la divinidad interior, si perseveramos, el fracaso es imposible.

En el desarrollo del amor universal interior debemos aprender a darnos cuenta cada vez más que cada ser humano es hijo del Creador, que tiene en su interior la chispa divina,y que un día, y a su debido tiempo, alcanzará la perfección que todos anhelamos.

Por otra parte, la cuestión de la verdad o el error, del bien y el mal, es puramente relativa. Lo que está bien en la evolución natural del aborigen, estaría mal para el ser más ilustrado de nuestra civilización, y lo que para nosotros puede ser incluso un virtud, puede estar fuera de lugar, y ser incluso malo, en quien ha alcanzado la estapa del discipulado. Lo que nosotros denominamos erróneo o malo es en realidad bueno en otro lugar,  y por tanto algo puramente relativo. Recordemos también que el mismo patrón de idealismo es también relativo.

Por ello  hemos de tener compasión y caridad por los demás porque nos queda por recorrer aún un largo camino para alcanzar el nivel de nuestros hermanos mayores cuya luz brilla a través del mundo en todas las épocas. (…) Cuán infinitamente más deberíamos reconocer nuestra propia fragilidad, humildemente, ante el gran Arquitecto del universo!

Si la crueldad o el odio cierran paso a nuestro progreso, recordemos que el amor es el fundamento de la creación, que en cada alma viviente hay algo bueno,  y que en los mejores de nosotros hay algo malo. Buscando lo bueno en los demás,  incluso en quienes primero nos ofendieron, aprenderemos a desarrrollar, aunque sólo sea un poco de compasión, y la esperanza de que puedan vislumbrar mejor camino; luego aparecerá el deseo de ayudarles a elevarse. La conquista final de todos se hará por medio del amor y la bondad, y cuando hayamos desarrollado suficientemente estas dos cualidades nada será capaz de asaltarnos, ya que estaremos llenos de compasión y no ofreceremos resistencia; pues, una vez más, por la misma ley de causa y efecto, la resistencia es la que nos perjudica.

Nuestro objetivo en la vida es seguir los dictados de nuestro yo superior sin dejarnos desviar por la influencia de los otros y esto sólo puede conseguirse siguiendo amablemente nuestra propia senda, pero al mismo tiempo sin interferir con la personalidad de otro o causar el menor perjuicio por cualquier método de odio o crueldad.

Debemos esforzarnos en aprender el amor por los demás, comenzando quizá con un individuo o incluso un animal, y dejar que este amor se desarrolle y extienda cada vez más, hasta que sus defectos opuestos desaparezcan automáticamente. El amor engendra amor, así como el odio engendra odio.

– La cura del egoísmo se efectúa dirigiendo a los demás el cuidado y la atención que dedicamos a nosotros mismos, aumentando así su bienestar hasta olvidarnos de nosotros mismos en el empeño. (…) no hay forma más segura de curar el egoísmo y los subsiguientes desórdenes que ese método.

– La inestabilidad puede ser erradicada desarrollando la autodeterminación, tomando decisiones y actuando con decisión en lugar de vacilar y dudar. Aunque en principio cometamos errores,  es mejor actuar que dejar perder las oportunidades por falta de decisión. La determinación no tardará en desarrollarse, el miedo a zambullirse en la vida desaparecerá, y las experiencias guiarán nuestra mente a efectuar juicios mejores.

– Para erradicar la ignorancia no debemos temer las experiencias, sino actuar con la mente despierta y los ojos y los oídos bien abiertos para captar toda partícula de conocimiento que se pueda obtener. Al mismo tiempo, debemos mantenernos flexibles de pensamiento para evitar que las ideas preconcebidas y los prejuicios formados nos priven de la oportunidad de obtener un conocimiento más amplio y más fresco. Debemos estar siempre dispuestos a expandir la mente y rechazar cualquier idea, por firmemente arraigada que esté, si una amplia experiencia nos muestra una verdad mejor.

– Al igual que el orgullo, la codicia es un gran obstáculo al progreso, y éstos deben ser eliminados sin contemplaciones. Los resultados de la codicia son bastante graves, porque conducen a interferir en el desarrollo anímico de nuestros semejantes. Debemos darnos cuenta de que cada ser está aquí para desarrollar su propia evolución de acuerdo a los dictados de su  alma, y sólo de su alma, y de que ninguno de nosotros debe hacer nada, salvo alentar a nuestro hermano en ese desarrollo. Debemos ayudarle a tener esperanza y, si está a nuestro alcance, aumentar su conocimiento y sus oportunidades de progreso en este mundo.

Así también nos gustaría que los otros nos ayudaran a ascender por el dificultuso y empinado sendero de montaña que es la vida,  así del mismo modo debemos estar siempre listos para tender una mano solidaria y brindar la experiencia de nuestros amplios conocimientos a un hermano más débil o más joven. Deberá ser una actitud similar a la del padre con el hijo, al maestro con el hombre, o del camarada al camarada, dando cuidados, amor y protección en la medida que se necesiten y sean beneficiosos, sin interferir nunca con la evolución natural de la personalidad, que sólo debe ser dictada por el alma.

Muchos de nosotros cuando éramos niños y en las primeras etapas de la vida, estábamos mucho más cerca de nuestra alma de lo que estamos años después, y tenemos entonces ideas más claras de nuestra función en la vida, de los esfuerzos que se esperan que hagamos y del carácter que debemos desarrollar. La razón para esto es que el materialismo y las circunstancias de nuestra época, y las personalidades con las que nos asociemos, nos alejan de la voz de nuestro ser superior y nos atan firmemente a los lugares comunes con su falta de ideales, todo lo cuál es evidente en esta civilización. Dejemos que los padres, el maestro, y los camaradas se afanen siempre por alentar el crecimiento del ser superior en aquellos sobre los cuales recaen el maravilloso privilegio y la oportunidad de ejercer su influencia, pero exijámosles que dejen en libertad a los demás, igual que ellos esperan recibir también esa libertad.

Así, de forma similar, busquemos los defectos de nuestra propia constitución y eliminémoslos desarrollando la virtud opuesta, suprimiendo así de nuestra naturaleza la causa del conflicto entre el alma y la personalidad, que es la primera causa básica  de la enfermedad. Esta acción, por si misma, si el paciente tiene confianza y fortaleza, brindará alivio, salud y alegría.

Tenemos que aprender a desarrollar nuestra individualidad de acuerdo a los dictados de nuestra alma sin temer a ningún ser humano y sin que nadie interfiera o nos disuada de desarrollar nuestra evolución, ni del cumplimiento de nuestras obligaciones y de suministrar ayuda a nuestros semejantes. Cuanto más avancemos, más grandes serán las bendiciones para todos aquellos que nos rodeen.

Tenemos que cuidarnos especialmente en nuestra ayuda a los demás, quienes quiera que éstos sean, de esar seguros de que el deseo de ayudarles procede de los dictados de nuestro ser interior y no de un falso sentido del deber impuesto por sugestión o por la influencia de una personalidad dominante.

Una de las tragedias que resultan de los convencionalismos modernos es de este tipo, y es imposible calcular las miles de vidas obstruidas, las muchas oportunidades  perdidas, la penas y el sufrimiento causados (…).  Pensemos en tantos hombres y mujeres a los que se ha impedido quizá hacer una gran obra en pro de la humanidad porque su personalidad fue atrapada por la influencia de un individuo del que no tuvieron valor de desapegarse; los niños que, desde edad muy temprana, sienten la llamada de una vocación y, sin embargo, por dificultades de las circunstancias, disuasión  de otros y debilidad de propósitos, se adentran en otra rama de la vida, en la que ni se sienten felices ni capaces de desarrollar su evolución como de otro modo podían haber hecho. Son sólo los dictados de nuestra cociencia los que pueden decirnos dónde está nuestro deber, con quién o con quiénes hemos de  servir; pero, en cualquier caso, hemos de obedecer sus mandatos hasta el máximo de nuestras capacidades.

Por último, no tengamos miedo de zambullirnos en la vida; estamos aquí para obtener experiencia y conocimiento, y poco aprenderemos si no enfrentamos las realidades y ponemos nuestro empeño. Esta experiencia puede obtenerse a la vuelta de cada esquina, y las verdades de la naturaleza y la humanidad pueden alcanzar la misma efectividad, o más quizá, en una casa de campo que entre el ruido y las prisas de una ciudad.”

* * *

Queridos Lectores:

Actualmente podemos encontrar flores de Bach fácilmente y en diferentes presentaciones. El hecho de que esté al alcance de todos de manera tan sencilla y accesible  favorece que  lleguen a todo el mundo, lo cual es muy positivo. Del mismo modo, es fácil caer en el error de banalizar unos remedios tan útiles y facilitadores de crecimiento interior,  y de salud.

Deseo que este acercamiento al pensamiento de Edward Bach amplie el horizonte de conocimiento más allá de los frascos y las flores…, y os acerque a la gran riqueza interior que podemos llegar a alcanzar.

Los tan mencionados ” aquí y ahora”, y el “conócete a ti mismo”, tienen sentido cuando están en relación con los demás, cuando nos ayudan a poner conciencia de nuestra libertad para decidir y por tanto, de nuestra huella y responsabilidad en el mundo, nuestro mundo más cercano, cotidiano e inmediato…


<Det tots els Colors>: Elena Lorente Guerrero.

LA CURACIÓN DESDE LA PERSPECTIVA DE EDWARD BACH. (II)

Obras completas del Doctor Edward Bach.


CÚRESE USTED MISMO

(Publicado por C.W.Daniel Co., 1931)

Una explicación de la causa real y de la curación de la enfermedad

 

Capítulo dos:

Para conocer la naturaleza de la enfermedad hay que conocer ciertas verdades fundamentales.

La primera de ellas es que el hombre tiene un alma que es su ser real; un ser divino y todopoderoso, del cual el cuerpo, aunque templo terrenal del alma, no es sino un minúsculo reflejo: que nuestra alma, nuestro divino ser que reside en y alrededor de nosotros, fundamentó nuestras vidas tal como deseaba que se ordenasen, y siempre y cuando lo permitamos, incluso nos guía, protege y anima, vigilante y benéfico nos conduce siempre en la mejor dirección, pues él, nuestro yo superior, es una chispa del Todopoderoso, y por tanto invencible e inmortal.


El segundo principio es que nosotros, tal y como nos conocemos en este mundo, somos personalidades colocadas aquí con el propósito de obtener todo el conomimiento y la experiencia que pueda obtenerse a través de la existencia terrenal, para desarrollar las virtudes de que carecemos y borrar todo lo erróneo de nuestro interior, avanzando así hacia la perfección de nuestra naturaleza. El alma sabe qué ambiente y qué circunstancias son las mejores para realizar esto, y por tanto nos ha colocado en esa rama de la vida más adecuada a ese propósito.

 

Tercero, debemos advertir que el corto pasaje por esta vida, que conocemos como vida, pero que es un momento en el curso de nuestra evolución, como un día escolar es a una vida, y aunque podemos hoy ver y comprender ese día, nuestra intuición nos dice que ese nacimiento estaba infinitamente lejos de nuestro principio y nuestra muerte infinitamente lejos de nuestro final. Nuestras almas, lo que en realidad somos, son inmortales, y los cuerpos de los que somos conscientes son temporales, algo así como caballos que cabalgamos en una jornada, o como instrumentos que utilizamos para hacer un trabajo determinado.

 

Luego viene todavía un cuarto principio, que en cuanto nuestra alma y personalidad estén en armonía, todo será paz y alegría, felicidad y salud. El conflicto surge cuando nuestras personalidades se apartan del sendero trazado por el alma, o bien por nuestros deseos mundanales o la persuasión de alguien. El conflicto es la raíz de la enfermedad y la infelicidad. No importa cuál es nuestro trabajo en el mundo -limpiabotas o monarca, terrateniente o campesino, rico o pobre-, todo irá bien mientras lo realicemos de acuerdo a los dictados de nuestra alma; y podemos además descansar en la seguridad de que cualquiera que sea la estación de la vida en la que estemos colocados, principesca o inferior, ésta contiene las lecciones y experiencias necesarias para ese momento de nuestra evolución, y nos proporciona las mejores ventajas para el desarrollo de nosotros mismos.

 

El siguiente gran principio es la comprensión de la unidad de todas las cosas: el Creador de todas las cosas es el Amor, y todo aquello de lo que tenemos conciencia es en su infinito número de formas una manifestación de ese Amor, ya sea un planeta o un guijarro, una estrella o una gota de rocío, un hombre o o la forma de vida más inferior. Es posible obtener un destello de esta concepción visualizando a nuestro Creador como un gran sol deslumbrante lleno de benevolencia y amor, de cuyo centro irradian un infinito número de rayos en toda dirección, y que nosotros y todos los que somos conscientes, somos partículas al final de estos rayos, enviadas para obtener experiencia y conocimiento, pero que ulteriormente retornarán al gran centro. Y aunque cada rayo nos pueda parecer separado y distinto, es en realidad parte del gran sol central. La separación es imposible, pues tan pronto como un rayo de luz se escinde de su fuente deja de existir. Así podemos comprender un poco de la imposibilidad de separación, ya que aunque cada rayo puede tener su individualidad, es no obstante parte del gran poder creativo central. Así, cualquier acción contra nosotros mismos o contra otro afecta a la totalidad, pues al causar una imperfección en una parte, ésta se refleja en el todo, y cada partícula deberá ulteriormente hacerse perfecta.

 

Así pues, vemos aquí dos grandes errores fundamentales posibles: la disociación entre nuestra alma y nuestra personalidad, y la crueldad o el error de los otros, pues éste es un pecado contra la unidad. Cualquiera de estas dos cosas producen un conflicto que conduce a la enfermedad. El comprender dónde estamos cometiendo el error – que con frecuencia no sabemos ver – y una decidida voluntad de corregir la falta nos conducirá, no sólo a una vida de paz y alegría, sino también a la salud.

 

La enfermedad es en sí misma benéfica, y tiene por objeto devolver la personalidad a la voluntad divina del alma, y así vemos que se puede prevenir y evitar, ya que si podemos advertir por nosotros mismos los errores que cometemos, y corregirlos por medios espirituales y mentales, no habría necesidad de las dolorosas lecciones del sufrimiento. El divino poder nos brinda todas las oportunidades de enmendar nuestras sendas antes de que, como último recurso, se apliquen el dolor y el sufrimiento. Puede que no sean los errores de esta vida, de este día escolar, los que estamos combatiendo; y aunque en nuestras mentes físicas no tengamos conciencia de la razón de nuestro sufrimiento, que nos puede parecer cruel y sin razón, sin embargo nuestras almas – que somos nosotros – conocen todo el propósito y nos guiarán hacia lo que sea mejor para nosotros. Sin embargo, la comprensión y corrección de nuestros errores acortará nuestra enfermedad y nos devolverá hacia la salud.

El conocimiento del propósito de nuestra alma y la aceptación de ese conocimiento significa el alivio de nuestras penas  y dolencias terrenales, y nos deja en libertad para desarrollar nuestra evolución en la alegría y en la felicidad.

 

Hay dos grandes errores: primero, dejar de  honrar y obedecer los dictados de nuestra alma y, segundo, actuar contra la unidad.

Respecto al primero, hay que dejar de juzgar a los demás, pues lo que es bueno para uno es malo para otro. El comerciante que trabaja para montar un gran negocio no sólo hace para beneficio suyo sino de todos aquellos a los que emplea, obteniendo así conocimiento de la eficiencia, control y desarrollo de las virtudes asociadas con cada uno, necesariamente tendrá que utilizar cualidades y virtudes diferentes de las de una enfermera, que sacrifica su vida en el cuidado del enfermo y, sin embargo ambos, obedeciendo los dictados de sus almas, aprenden adecuadamente las cualidades necesarias para su evolución. Lo que importa es obedecer los dictados de nuestra alma, de nuestro ser superior, que conocemos a través de la conciencia, el instinto y la intuición.

 

Así pues, vemos que, por sus mismos principios y en su misma esencia, la enfermedad puede ser prevenida y curada, y es labor de los sanadores espirituales y los médicos dar, además de los remedios materiales, el conocimiento de los sufrimientos provocados por los errores de sus vidas, decir a sus enfermos cómo pueden erradicarse esos errores, conduciendo así al enfermo de retorno a la salud y la alegría.”

 

Queridos Lectores:

Gracias por leer con atención el segundo capítulo de “Cúrese a usted mismo”.  Es un texto que me acompaña, que leo con frecuencia y cada vez invariablemente, me emociona y despierta el mismo sentimiento de certeza y conexión.

Mucho de lo que Bach plantea no es nuevo; no lo es actualmente y no lo es para las personas que nos sentimos afines a esta línea de pensamiento y  conocimiento. Pero no olvidemos que lo que resulta obvio para muchos de nosotros, suena extraño e imposible para otros…

Los planteamientos que propone:  <el Amor, el respeto a la Unidad y el Autoconocimiento son imprescindibles para Sanar> son un idioma desconocido para algunas personas y puede despertar diferentes sentimientos y respuestas: curiosidad e interés, negación, resistencia o indiferencia, …

Es necesario respetar todas las opiniones y posicionamientos, mostrarnos convencidos en lugar de intentar convencer…, aportar evidencias y respetar la libertad de elección del otro. En cada uno de nosotros resuenan los códigos afines a nuestro momento  y circunstancia vital. Respetar, acompañar y Amar por encima de las diferencias,  ayuda a hacer visibles las similitudes,  a convivir con respeto y armonía.

En breve, contaremos con el testimonio de Vicent Guillem, Doctor en Ciencias Químicas por la Universidad de Valencia. Vicent trabaja actualmente en el Servicio de Hematología y Oncología del Hospital Clínico Universitario de Valencia como investigador en la determinación de la predisposición genética al cáncer y en su tiempo libre se dedica a la práctica del reiki con fines terapéuticos, de forma gratuita y totalmente desinteresada. Es autor también del libro “Las leyes Espirituales”.

En su entrevista  nos hablará de la conexión entre emociones y enfermedad, sobre el Amor y la importancia de trascender el egoismo para poder avanzar como seres humanos, como seres espirituales, para vivir con Felicidad y Salud.

Muchas gracias por vuestra atención, y hasta pronto!

Los mejores deseos de Salud para vosotros,

<De tots els Colors>: Elena Lorente Guerrero.

Os recomiendo: http://www.lavanguardia.es/lacontra/20101229/54095622430/las-plantas-tienen-neuronas-son-seres-inteligentes.html