Apego, desapego, sentido

foto reduida_60. jpegLa Tierra es un exilio para el Alma. Estar vivos, encarnados supone un desajuste entre la personalidad y el Alma. Una búsqueda del equilibrio entre apego y desapego.

Para poder desapegarnos, y soltar es necesario apegarnos primero, abrazarnos a lo que ocurre en nuestra vida, sentirlo para poder sanarlo.

Apego, desapego y sentido de vida están contenidos en la filosofía de Edward Bach y se expresan en los dos grandes grupos en los que se dividen los 38 remedios florales, existiendo entre ellos una polaridad complementaria.

Los primeros 19 remedios (12 curadores + 7 ayudantes) trabajan el apego. Nos ayudan a sentir lo que no sentimos y necesitamos sentir para integrar las lecciones que hemos venido a aprender y para desarrollar las cualidades del Alma. Nos ayudan por tanto a abrazar, a encarnar.

Los segundos 19 remedios florales trabajan el desapego. Facilitan la incorporación del  aprendizaje contenido en las experiencias vitales, ayudan a trascender el sufrimiento, a soltar, a crecer.

Estos dos grupos contemplados y estudiados de forma complementaria y paralela expresan el ciclo vital desde un punto de vista de aprendizaje emocional y espiritual. Debemos orientar nuestra energía hacia el sentir, centrarnos en los sentimientos. Cuanto más variado es el abanico de sentimientos, cuantos más matices encontramos en ellos, más equilibrados estamos.

El corazón es un maestro. La escucha consciente, atenta y serena del corazón nos pone en contacto con el latido de nuestra Alma. Cuando personalidad y Alma vibran y resuenan en armonía, este exilio temporal del Alma en la Tierra se ilumina viendo su sentido y su propósito. Conscientes de que el sentido es hacia fuera, y en relación con los demás, que todo lo que hagamos en nuestro paso por el mundo, sea con Amor.

Wallingford

Abrazos,

Elena Lorente Guerrero

 

 

 

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El Hospital del Futuro. Edward Bach, febrero de 1931.

Disertación efectuada en Southport por el Dr. Edward Bach,

febrero de 1931

“Venir esta tarde a dar esta disertación no ha sido para mí nada fácil. Ustedes son miembros de una sociedad médica, y yo he venido como médico. Sin embargo la medicina de la que quiero hablar está tan lejos del parecer ortodoxo de hoy, que  hace que haya poco en esta hoja de papel que tenga que ver con el olor del consultorio privado o el hospital, tales como los conocemos en el presente. (…) Demos una ojeada, por el momento, al hospital del futuro.

Será un santuario de paz, esperanza y alegría. Sin prisas ni ruidos, enteramente libre de todos los terribles aparatos y artefactos de hoy, del olor a los antisépticos y anestesias, libre de toda cosa que sugiera enfermedad y sufrimiento. No se molestará el reposo del paciente para efectuar frecuentes tomas de temperatura, que se vera libre de los diarios exámenes con el estetoscopio y de punciones que le imprimen sobre la mente la naturaleza de su enfermedad. No se le tomará constantemente el pulso para sugerir que su corazón late con demasiada aceleración. Pues todas estas cosas evitan la misma atmófera de paz y calma que es tan necesaria para que el paciente tenga una rápida recuperación. Tampoco habrá necesidad de laboratorios, pues el análisis microscópico de los detalles ya no tendrá ninguna importancia, cuando se comprenda por entero que es el paciente el que debe ser tratado y no la enfermedad.

El objetivo de todas estas instituciones es tener una atmósfera de paz, de esperanza, de alegría y de confianza. Todo lo que haga será para estimular al paciente a olvidar su enfermedad, a esforzarse por mejorar; y al mismo tiempo a corregir cualquier falta de su naturaleza, a comprender la lección que debe aprender.

Todo será estimulante y maravilloso en el hospital del futuro, de modo que el paciente buscará ese refugio, no sólo para aliviar su enfermedad, sino también para desarrollar el deseo de vivir mucho más en armonía con los dictados de su alma de lo que ha hecho hasta ahora.

El hospital será la madre del enfermo; lo cogerá en sus brazos, lo tranquillizará y confortará, le dará esperanza, fe y valor para superar sus dificultades.

El médico del mañana sabrá que él, por si mismo, no tiene el poder de curar, pero que si dedica su vida al servicio de sus semejantes, a estudiar la naturaleza humana para poder, en parte, comprender su sentido; si desea, con todo su corazón, aliviar el sufrimiento, y renuncia a todo para ayudar al enfermo, luego puede utilizar su conocimiento para guiarlo, y el poder de curación para aliviar sus dolores. E incluso entonces, su poder y habilidad para ayudarlo crecerá en proporción a la intensidad de su deseo y de su disponibilidad para servir. Debe comprender que la salud, como la vida, es de Dios, y sólo de Dios, que él y sus remedios (florales) son simples instrumentos y agentes del plan divino para ayudar al sufriente a volver a la senda de la ley divina.

No tendrá interés en la patología o en la anatomía mórbida, pues su estudio será de la salud. No tendrá imortancia para el médico que, por ejemplo, la insuficiencia respiratoria sea causada por el bacilo de la tuberculosis, el estreptococo o cualquier otro organismo: pero será muy importante saber por qué el paciente sufre de dificultades respiratorias. Tendrá poca importancia saber qué válvula del corazón está dañada, pero será vital descubrir de qué manera el paciente ha desarrollado equivocadamente aspectos de su amor. Los rayos X ya no serán utilizados para examinar la articulación artrítica, sino que más bien se investigará en la mentalidad del paciente para descubrir la rigidez en su mente.

La prognosis de la enfermedad ya no dependerá de los signos y síntomas físicos, sino de la habilidad del paciente para corregir esa falta y armonizarse con su vida espiritual.

La formación del médico englobará un profundo estudio de la naturaleza humana, una gran percepción de lo puro y lo perfecto,  y una comprensión del estado divino del hombre, y el conocimiento de cómo asistir a quienes sufren, de manera que su relación con su yo espiritual vuelva a ser armónica y pueda llevar nuevamente concordia y salud a su personalidad.

Deberá ser capaz, a partir de la vida e historia del paciente, de comprender el conflicto causante de la enfermedad o desarmonía entre el cuerpo y el alma, y así dar el consejo y el tratamiento necesarios para el alivio del sufrimiento.

También tendrá que estudiar la naturaleza y sus leyes: dialogando con sus poderes curativos podrá utilizarlos en beneficio y provecho del paciente.

El tratamiento del mañana despertará esencialmente cuatro cualidades del paciente:

Primero, PAZ; segundo, ESPERANZA; tercero, ALEGRÍA; y cuarto, CONFIANZA.

Todo el ambiente que le rodea, así como la atención que se preste al paciente, conducirán a este fin. Al rodear al paciente en una atmósfera de salud y luz, se apoyará su recuperación. Al mismo tiempo, los errores del paciente, después de ser diagnosticados, le serán señalados, y ahora puede darle asistencia y apoyo para que pueda superarlos.

Además de esto, estos maravillosos remedios (florales) serán administrados para abrir esos canales que más limitan la luz del alma, de manera que el paciente pueda ser sacado a flote con la virtud curativa”. (…). EDWARD BACH.

* * *

¡Qué conferencia tan preciosa! ¿verdad? y qué precioso también ser testigos de tantos profesionales de la salud que en su realidad más inmediata, en su quehacer diario, están construyendo, hoy, ese hospital que visualizaba Bach, centrado en las personas,  en los cuidados holísticos y humanistas.

Las entrevistas de la categoría “Brillan con Luz Propia” os darán a conocer a algunos de los protagonistas que están construyendo esta nueva realidad y que forman parte de la querida familia del blog.

Dejo para la reflexión personal el hospital que dibuja Bach y la función del médico del futuro para resaltar una idea de la conferencia:

El hospital será la madre del enfermo; lo cogerá en sus brazos, lo tranquillizará y confortará, le dará esperanza, fe y valor para superar sus dificultades”.

E. Bach está sugieriendo que el hospital del futuro está también en nuestro interior. Es el espacio personal donde nos permitimos ser nosotros  mismos, un templo de recogimiento, de silencio y escucha atenta.

Cuando la personalidad contacta con el Alma, todo el conocimiento nos es revelado; está en nosotros, siempre lo ha estado. Sólo hay que saber mirar adentro para re-cor-dar quiénes somos y que el médico interior emerja.

Curarse es un proceso parcial e incompleto de afuera hacia adentro.

Sanar es un proceso global y completo de adentro hacia afuera.

Hay muchos temas que podrían ser desarrollados a partir de esta conferencia, pero creo que sería demasiada información y reflexión contenida en una única publicación. Atendiendo al principio de sencillez de Bach, voy a ir trabajándolos poco a poco en una serie de post que estoy preparando.

En un próxima publicación presentaré al paciente del futuro que visualizó Bach. Y posteriormente, voy a iniciar una serie titulada “El Sistema Floral de Bach: La Luz que nunca se Apaga” para desarrollar en profundidad qué son los Remedios Florales, cómo y dónde actúan. Cómo entendía Bach la salud y la enfermedad, e interpretaba los síntomas físicos.

Abordaré también la gran diferencia que hay entre “dar flores” y hacer Terapia Floral. Cómo se llega a un Diagnóstico Floral y a la Prescripción de los Remedios, etc.. Todo ello desde mi aprendizaje y experiencia como Bach Practitioner y Enfermera, con la máxima humildad y rigor posibles.

Ya sabéis que soy una enamorada de Edward Bach. Ahondar en su trabajo y su filosofía es una historia de amor interminable. Con cada lectura en profundidad un nuevo velo se descorre, un nuevo aspecto sutil nos es revelado.

El conocimiento llega cuando estamos preparados para comprenderlo, integrarlo y recrearlo. Así que tengo paciencia y confianza en todo lo que me queda por aprender de la grandeza de E. Bach.

Espero de corazón que disfrutéis de todo lo que compartiremos.

De tots els Colors – The Highlands of Scotland

Un abrazo,

Elena Lorente Guerrero

LA CURACIÓN DESDE LA PERSPECTIVA DE EDWARD BACH. (VIII), último capítulo.

Obras completas del Doctor Edward Bach.

 

CÚRESE USTED MISMO

(Publicado por C.W.Daniel Co., 1931)

Una explicación de la causa real y de la curación de la enfermedad.

Capítulo ocho

“De este modo, vemos que nuestra victoria sobre la enfermedad depende principalmente de lo siguiente:

  • Primero, tener conciencia de la divinidad que hay en nuestra naturaleza y de nuestro consiguiente poder para sobreponernos a todo lo que es erróneo.
  • Segundo, saber que la causa básica de la enfermedad obedece a la desarmonía entre la personalidad y el alma.
  • Tercero, hay que tener la voluntad y la capacidad para descubrir el defecto que causa semejante conflicto.
  • En cuarto lugar: hay que suprimir ese defecto desarrollando la virtud opuesta.

El deber del arte de la curación consistirá en ayudarnos a alcanzar el conocimiento necesario y en proporcionarnos los medios para superar nuestras enfermedades, y además, en administrarnos los remedios que fortalecerán nuestros cuerpos físicos y mentales, y nos den mayores probabilidades de éxito. Entonces sí estaremos en disposición de tratar la enfermedad en su base con esperanza de éxito.

La escuela médica del futuro no se interesará particularmente por los resultados finales y consecuencias de la enfermedad, ni les dará tanta importancia a las actuales lecciones físicas, ni se administrará drogas y productos químicos para paliar simplemente los síntomas, sino que , conocedora de la verdadera causa de la enfermedad y consciente de que los resultados físicos obvios son meramente secundarios, concentrará sus esfuerzos en aportar esa armonía entre cuerpo, mente y alma que conlleva el alivio y la curación de la enfermedad. Y en los casos en que se emprenda lo bastante pronto la corrección de la mente, se evitará la enfermedad inminente.

Entre los tipos de remedios que se utilizarán, estarán los que se obtienen de las plantas, y las plantas más hermosas que se encuentran en la botica de la naturaleza, plantas enriquecidas divinamente con cualidades curativas para el cuerpo y la mente del hombre.

Por nuestra parte, debemos practicar la paz, la armonía, la individualidad y la firmeza del propósito y desarrollar progresivamente el conocimiento de que en esencia somos de origen divino, y por tanto tenemos en nuestro interior, esperando a que los desarrollemos, como haremos con toda seguridad en tiempos venideros, el poder de alcanzar la perfección.

Y esta realidad crecerá en nosotros hasta que se convierta en el rasgo más destacado de nuestra existencia. Debemos practicar firmemente la paz, imaginando que nuestras mentes son como lagos que siempre hay que mantener mansos, sin olas, ni siquiera ondas que perturben su tranquilidad, y gradualmente desarrollar ese estado  de paz hasta que ningún avatar de la vida, ninguna circunstancia, ninguna otra personalidad pueda bajo ningún pretexto estremecer la superficie del lago o fomentar en nosotros sentimientos de irritabilidad, tristeza o duda.

Nos ayudará materialmente el aislarnos unos momentos todos los días para pensar tranquilamente en la belleza de la paz y en los beneficios de la calma, y darnos cuenta de que no será con prisa ni preocupaciones como mejor lo realizaremos, sino con calma, tranquilidad y sosiego en la acción: así seremos más eficientes en todo cuanto emprendamos.

Armonizar nuestra conducta en esta vida de acuerdo con los deseos de nuestra propia alma, y permanecer en un estado de paz tal que las tribulaciones y preocupaciones del mundo nos dejen impasibles es algo muy importante, y lograrlo nos da esa paz que trasciende la comprensión; y aunque al principio nos parezca un sueño fuera de nuestro alcance, con paciencia y perseverancia estará al alcance de todos nosotros.

No se nos pide en absoluto que seamos santos o mártires, o personas de renombre; a casi todos nosotros se nos reservan trabajos menos vistosos; pero se espera de nosotros que entendamos las alegrías y las aventuras de la vida, cumpliendo con agrado la parcela de trabajo particular que nuestra divinidad nos ha reservado.

Para todos los enfermos, la paz mental y la armonía con el alma son las mayores ayudas para la curación. La medicina y la enfermería del futuro prestarán mayor atención al desarrollo de esto en el paciente de lo que lo hacen hoy, cuando, incapaces de juzgar los progresos de un caso más que por medios científicos materialistas, piensan más en tomar la temperatura con frecuencia y en prestar otras atenciones que interrumpen, más que promueven, el descanso tranquilo y la relajación del cuerpo y la mente, que tan esenciales son para la curación.

No cabe duda de que al parecer los menores síntomas del mal, en cualquier caso, si logramos estar unas horas completamente relajados y en armonía con nuestro yo superior, se abortará la enfermedad. (…)

Nuestra visión de la vida depende de lo cerca que se entre la personalidad del alma. Cuanto más íntima sea la unión, mayor será la armonía y la paz, y más claramente brillará la luz de la verdad y la radiante felicidad que pertenece a los más elevados dominios; ambas nos mantendrán firmes y sin desmayos ante las dificultades y temores del mundo, pues tienen su fundamento en la verdad eterna de Dios.

El conocimiento de la verdad también nos da la certeza de que, por trágicos que parezcan los acontecimientos del mundo, forman una mera etapa temporal en la evolución del hombre, y que incluso la enfermedad es en sí beneficiosa y obra bajo el imperio de ciertas leyes destinadas a producir un bien final con la presión que ejercen sobre nosotros impulsándonos hacia la perfección.

Aquellos  que saben esto no pueden verse afectados, ni deprimidos, ni desconsolados por aquellos hechos que tanto pesan sobre los demás, y toda incertidumbre, miedo y desesperanza desaparecen para siempre. Con sólo que podamos estar en comunión constante con nuestra alma, el mundo será un lugar de alegría y nadie podrá ejercer sobre nosotros una influencia adversa.

No se nos permite ver la magnitud de nuestra divinidad, ni darnos cuenta del alcance de nuestro destino, ni del glorioso futuro que se abre ante nosotros; pues si así fuera, la vida no sería una prueba y no comportaría esfuerzo ni mérito. Nuestra virutd consiste en que nos olvidemos en gran medida de todas esas cosas hermosas y, sin embargo, tengamos fe y ánimo para vivir bien y enfrentarnos a las dificultades terrenales. Sin embargo, por comunión con nuestro yo superior, podemos mantener esa armonía que nos permite superar todas las oposiciones mundanales y caminar por el recto camino de nuestro destino, sin que nos desvíen de él malas influencias.

Luego debemos desarrollar la individualidad y liberarnos de todas las influencias del mundo, para que, obedeciendo únicamente los dictados de nuestra alma y sin dejarnos conmover por las circunstancias o por otras personas, nos convirtamos en nuestros propios amos gobernando el timón de nuestra barca por los encrespados mares de la vida sin abandonar la barra de la rectitud y sin dejar el timón del barco en manos ajenas. Tenemos que conquistar nuestra libertad absoluta y completamente, de forma que cuanto hagamos, todas y cada una de nuestras acciones – incluso todos y cada uno de nuestros pensamientos -, tenga su origen en nosotros mismos, permitiéndonos de ese modo vivir y darnos libremente por decisión nuestra, y sólo nuestra.

Nuestra mayor dificultad en este sentido estriba en nuestros allegados en esta época en la que el miedo a los convencionalismos y a los falsos modelos de vida y de deber se nos presentan de modo tan atractivo. Pero debemos enaltecer nuestro ánimo, que a muchos puede bastarnos para enfrentarnos con las cosas aparentemente más importantes de la vida, pero que nos fallará con las pruebas más íntimas.

Tenemos que poder determinar impersonalmente lo bueno y lo malo, y actuar sin miedo en presencia de un familiar o un amigo. ¡Cuántos de nosotros son héroes en el mundo externo y cobardes en casa! Por sutiles que sean los medios que tratan de apartarnos de cumplir nuestro destino, el pretexto del amor y el afecto, o un equivocado sentido del deber, métodos que nos esclavizan  y nos mantienen prisioneros de los deseos y exigencias de los demás, debemos rechazarlos suavemente.

La voz de nuestra alma y sólo esa voz,  habrá de indicarnos cuál es nuestro deber, sin que nos absorban los que nos rodean. Hay que desarrollar al máximo la individualidad, y tenemos que aprender a andar por la vida sin fiarnos más que de nuestra alma como consejera y auxiliadora, aprender a aferrarnos a nuestra libertad con ambas manos y sumergirnos en el mundo para adquirir todas las particularidades posibles de conocimiento y experiencia.

Al mismo tiempo, tenemos que estar en guardia para permitir que cada uno ejerza su libertad sin esperar nada de los demás sino, al contrario, estando siempre dispuestos a tender una mano para ayudarles en los momentos de necesidad y dificultad. Así, toda personalidad con la que nos encontremos en esta vida, ya sea madre, marido, hijo, desconocido o amigo, se convierte en compañero de viaje, y cualquiera de ellos puede ser más grande o más pequeño que nosotros en cuanto a desarrollo espiritual; pero todos somos miembros de una fraternidad común y parte de una gran comunidad de embarcados en el mismo viaje y con la misma meta gloriosa final. (…)

Ningún pensamiento sobre errores pasados debe deprimirnos; ya han pasado y terminaron, y el conocimiento así adquirido nos ayudará a no repetirlos. (…)

Hay que desechar el miedo; no debería existir nunca en la mente humana, y sólo es posible cuando perdemos de vista nuestra divinidad. (…) El desarrollo del amor nos lleva a darnos cuenta de la unidad, de la verdad de que todos y cada uno de nosotros pertenecemos a una gran creación.

La causa de todas nuestras tribulaciones es el egoísmo y el aislamiento, y éstos desaparecen cuando el amor y el conocimiento de la gran unidad pasan a formar parte de nuestra naturaleza. El universo  es Dios hecho objeto; al nacer el universo, renace Dios; cuando perece, Dios evoluciona aún más. Así ocurre con el ser humano; su cuerpo es él mismo externalizado, es una manifestación objetiva de su naturaleza interna; es la expresión de í mismo, la materialización de las cualidades de su conciencia. (…)

No hay atajo para la humanidad. Hay que conocer la verdad, y el ser humano debe unirse con el esquema de amor infinito de su creador. Y así llegaremos, hermanos y hermanas, al glorioso resplandor del conocimiento de nuestra divinidad y empezaremos a trabajar firme y resueltamente para cumplir el gran designio de ser felices y comunicar la felicidad. (…)”

* * *

Queridos Lectores:

Si algo caracteriza la obra de Bach es su insistencia en la sencillez; todo en la naturaleza es sencillo y por tanto, también los caminos hacia la curación deben serlo. Sin embargo,  no debemos confundir sencillez con simplicidad, o con comodidad. Sus propuestas implican un deseo sincero de crecimiento personal y espiritual.

Bach habla de hermanos mayores y hermanos menores refiriéndose a que todos somos al mismo tiempo alumnos y maestros en el gran aprendizaje del amor incondicional. Es primordial aportar luz donde hay sombra, conocimiento donde hay ignorancia, sabiduría donde hay error. El concepto de separación que impera en el mundo y que es la base del egoísmo en todas sus manifestaciones, y semilla del temor, nos lleva a actuar inconscientemente.

Edward Bach educa a través de sus palabras y a través de la luz que aportan los remedios florales. Cada vez que una persona toma el remedio o remedios florales  que en ese momento precisa, experimenta en su interior una transformación sutil, suave y poderosa, siente que algo ha cambiado para siempre. Los remedios florales aportan luz, conocimiento, son un impulso para conectar con nuestro tejido trascendente y por tanto, nos ayudan a despertar la capacidad de mejorar nuestra propia vida y en consecuencia, la de los demás.

Gracias por seguir esta serie de capítulos que he ido compartiendo con vosotros con la intención de profundizar en Edward Bach y mantener vivo su legado. En un próximo post me adentraré en la idea que tenía Bach sobre la medicina y la enfermería del futuro, sobre su concepto de “hospital” y los tratamientos que lejos de anular la enfermedad, favorecen el restablecimiento de la salud.

“Sencillez, comprensión, compasión”

 

<De tots els Colors>: Elena Lorente Guerrero

LA CURACIÓN DESDE LA PERSPECTIVA DE EDWARD BACH. (II)

Obras completas del Doctor Edward Bach.


CÚRESE USTED MISMO

(Publicado por C.W.Daniel Co., 1931)

Una explicación de la causa real y de la curación de la enfermedad

 

Capítulo dos:

Para conocer la naturaleza de la enfermedad hay que conocer ciertas verdades fundamentales.

La primera de ellas es que el hombre tiene un alma que es su ser real; un ser divino y todopoderoso, del cual el cuerpo, aunque templo terrenal del alma, no es sino un minúsculo reflejo: que nuestra alma, nuestro divino ser que reside en y alrededor de nosotros, fundamentó nuestras vidas tal como deseaba que se ordenasen, y siempre y cuando lo permitamos, incluso nos guía, protege y anima, vigilante y benéfico nos conduce siempre en la mejor dirección, pues él, nuestro yo superior, es una chispa del Todopoderoso, y por tanto invencible e inmortal.


El segundo principio es que nosotros, tal y como nos conocemos en este mundo, somos personalidades colocadas aquí con el propósito de obtener todo el conomimiento y la experiencia que pueda obtenerse a través de la existencia terrenal, para desarrollar las virtudes de que carecemos y borrar todo lo erróneo de nuestro interior, avanzando así hacia la perfección de nuestra naturaleza. El alma sabe qué ambiente y qué circunstancias son las mejores para realizar esto, y por tanto nos ha colocado en esa rama de la vida más adecuada a ese propósito.

 

Tercero, debemos advertir que el corto pasaje por esta vida, que conocemos como vida, pero que es un momento en el curso de nuestra evolución, como un día escolar es a una vida, y aunque podemos hoy ver y comprender ese día, nuestra intuición nos dice que ese nacimiento estaba infinitamente lejos de nuestro principio y nuestra muerte infinitamente lejos de nuestro final. Nuestras almas, lo que en realidad somos, son inmortales, y los cuerpos de los que somos conscientes son temporales, algo así como caballos que cabalgamos en una jornada, o como instrumentos que utilizamos para hacer un trabajo determinado.

 

Luego viene todavía un cuarto principio, que en cuanto nuestra alma y personalidad estén en armonía, todo será paz y alegría, felicidad y salud. El conflicto surge cuando nuestras personalidades se apartan del sendero trazado por el alma, o bien por nuestros deseos mundanales o la persuasión de alguien. El conflicto es la raíz de la enfermedad y la infelicidad. No importa cuál es nuestro trabajo en el mundo -limpiabotas o monarca, terrateniente o campesino, rico o pobre-, todo irá bien mientras lo realicemos de acuerdo a los dictados de nuestra alma; y podemos además descansar en la seguridad de que cualquiera que sea la estación de la vida en la que estemos colocados, principesca o inferior, ésta contiene las lecciones y experiencias necesarias para ese momento de nuestra evolución, y nos proporciona las mejores ventajas para el desarrollo de nosotros mismos.

 

El siguiente gran principio es la comprensión de la unidad de todas las cosas: el Creador de todas las cosas es el Amor, y todo aquello de lo que tenemos conciencia es en su infinito número de formas una manifestación de ese Amor, ya sea un planeta o un guijarro, una estrella o una gota de rocío, un hombre o o la forma de vida más inferior. Es posible obtener un destello de esta concepción visualizando a nuestro Creador como un gran sol deslumbrante lleno de benevolencia y amor, de cuyo centro irradian un infinito número de rayos en toda dirección, y que nosotros y todos los que somos conscientes, somos partículas al final de estos rayos, enviadas para obtener experiencia y conocimiento, pero que ulteriormente retornarán al gran centro. Y aunque cada rayo nos pueda parecer separado y distinto, es en realidad parte del gran sol central. La separación es imposible, pues tan pronto como un rayo de luz se escinde de su fuente deja de existir. Así podemos comprender un poco de la imposibilidad de separación, ya que aunque cada rayo puede tener su individualidad, es no obstante parte del gran poder creativo central. Así, cualquier acción contra nosotros mismos o contra otro afecta a la totalidad, pues al causar una imperfección en una parte, ésta se refleja en el todo, y cada partícula deberá ulteriormente hacerse perfecta.

 

Así pues, vemos aquí dos grandes errores fundamentales posibles: la disociación entre nuestra alma y nuestra personalidad, y la crueldad o el error de los otros, pues éste es un pecado contra la unidad. Cualquiera de estas dos cosas producen un conflicto que conduce a la enfermedad. El comprender dónde estamos cometiendo el error – que con frecuencia no sabemos ver – y una decidida voluntad de corregir la falta nos conducirá, no sólo a una vida de paz y alegría, sino también a la salud.

 

La enfermedad es en sí misma benéfica, y tiene por objeto devolver la personalidad a la voluntad divina del alma, y así vemos que se puede prevenir y evitar, ya que si podemos advertir por nosotros mismos los errores que cometemos, y corregirlos por medios espirituales y mentales, no habría necesidad de las dolorosas lecciones del sufrimiento. El divino poder nos brinda todas las oportunidades de enmendar nuestras sendas antes de que, como último recurso, se apliquen el dolor y el sufrimiento. Puede que no sean los errores de esta vida, de este día escolar, los que estamos combatiendo; y aunque en nuestras mentes físicas no tengamos conciencia de la razón de nuestro sufrimiento, que nos puede parecer cruel y sin razón, sin embargo nuestras almas – que somos nosotros – conocen todo el propósito y nos guiarán hacia lo que sea mejor para nosotros. Sin embargo, la comprensión y corrección de nuestros errores acortará nuestra enfermedad y nos devolverá hacia la salud.

El conocimiento del propósito de nuestra alma y la aceptación de ese conocimiento significa el alivio de nuestras penas  y dolencias terrenales, y nos deja en libertad para desarrollar nuestra evolución en la alegría y en la felicidad.

 

Hay dos grandes errores: primero, dejar de  honrar y obedecer los dictados de nuestra alma y, segundo, actuar contra la unidad.

Respecto al primero, hay que dejar de juzgar a los demás, pues lo que es bueno para uno es malo para otro. El comerciante que trabaja para montar un gran negocio no sólo hace para beneficio suyo sino de todos aquellos a los que emplea, obteniendo así conocimiento de la eficiencia, control y desarrollo de las virtudes asociadas con cada uno, necesariamente tendrá que utilizar cualidades y virtudes diferentes de las de una enfermera, que sacrifica su vida en el cuidado del enfermo y, sin embargo ambos, obedeciendo los dictados de sus almas, aprenden adecuadamente las cualidades necesarias para su evolución. Lo que importa es obedecer los dictados de nuestra alma, de nuestro ser superior, que conocemos a través de la conciencia, el instinto y la intuición.

 

Así pues, vemos que, por sus mismos principios y en su misma esencia, la enfermedad puede ser prevenida y curada, y es labor de los sanadores espirituales y los médicos dar, además de los remedios materiales, el conocimiento de los sufrimientos provocados por los errores de sus vidas, decir a sus enfermos cómo pueden erradicarse esos errores, conduciendo así al enfermo de retorno a la salud y la alegría.”

 

Queridos Lectores:

Gracias por leer con atención el segundo capítulo de “Cúrese a usted mismo”.  Es un texto que me acompaña, que leo con frecuencia y cada vez invariablemente, me emociona y despierta el mismo sentimiento de certeza y conexión.

Mucho de lo que Bach plantea no es nuevo; no lo es actualmente y no lo es para las personas que nos sentimos afines a esta línea de pensamiento y  conocimiento. Pero no olvidemos que lo que resulta obvio para muchos de nosotros, suena extraño e imposible para otros…

Los planteamientos que propone:  <el Amor, el respeto a la Unidad y el Autoconocimiento son imprescindibles para Sanar> son un idioma desconocido para algunas personas y puede despertar diferentes sentimientos y respuestas: curiosidad e interés, negación, resistencia o indiferencia, …

Es necesario respetar todas las opiniones y posicionamientos, mostrarnos convencidos en lugar de intentar convencer…, aportar evidencias y respetar la libertad de elección del otro. En cada uno de nosotros resuenan los códigos afines a nuestro momento  y circunstancia vital. Respetar, acompañar y Amar por encima de las diferencias,  ayuda a hacer visibles las similitudes,  a convivir con respeto y armonía.

En breve, contaremos con el testimonio de Vicent Guillem, Doctor en Ciencias Químicas por la Universidad de Valencia. Vicent trabaja actualmente en el Servicio de Hematología y Oncología del Hospital Clínico Universitario de Valencia como investigador en la determinación de la predisposición genética al cáncer y en su tiempo libre se dedica a la práctica del reiki con fines terapéuticos, de forma gratuita y totalmente desinteresada. Es autor también del libro “Las leyes Espirituales”.

En su entrevista  nos hablará de la conexión entre emociones y enfermedad, sobre el Amor y la importancia de trascender el egoismo para poder avanzar como seres humanos, como seres espirituales, para vivir con Felicidad y Salud.

Muchas gracias por vuestra atención, y hasta pronto!

Los mejores deseos de Salud para vosotros,

<De tots els Colors>: Elena Lorente Guerrero.

Os recomiendo: http://www.lavanguardia.es/lacontra/20101229/54095622430/las-plantas-tienen-neuronas-son-seres-inteligentes.html

 

LA CURACIÓN DESDE LA PERSPECTIVA DE EDWARD BACH. (I)

Estimados Lectores:

Comparto con vosotros parte del primer capítulo de “Cúrese usted mismo”  recogido en las “Obras Completas” del Dr. Edward Bach deseando que su lectura sea de vuestro interés  y que os anime a realizar un pequeño viaje a vuestro interior…

Los mejores deseos de Salud para vosotros,


<De tots els Colors>: Elena Lorente Guerrero.


Obras completas del Doctor Edward Bach.


CÚRESE USTED MISMO

(Publicado por C.W.Daniel Co., 1931)

Una explicación de la causa real y de la curación de la enfermedad

 

Este libro está dedicado a

todos aquellos que sufren

o están desesperados


Capítulo uno:

“No es propósito de este libro sugerir que el arte de curar es innecesario, lejos de nuestra intención; pero sí esperamos humildemente poder guiar a quienes sufren buscando dentro de sí mismos el origen real de sus enfermedades, de modo que así puedan intervenir en su propia curación. (…)

La principal razón del fracaso es que se trata los resultados pero no las causas. (…) Los métodos materialistas actuales nunca podrán erradicar o curar la enfermedad, por la simple razón de que su origen no es material.

Lo que nosotros conocemos como enfermedad es el último resultado producido en el cuerpo, el producto final de fuerzas profundas y duraderas, e incluso cuando el tratamiento material sólo parezca eficaz, no es nada más que un alivio temporal si no se suprime la causa real.

La tendencia moderna de la ciencia médica, interpretando de forma equivocada la verdadera naturaleza de la enfermedad, y al concetrarla en términos materialistas en el cuerpo físico, ha aumentado enormemente su poder; primero, apartando los pensamientos de la gente a su verdadero origen, y por lo tanto, del método de ataque efectivo, y segundo, al localizarla en el cuerpo, echando sombras sobre la verdadera esperanza de recuperación y desarrollando un poderoso complejo de miedo a la enfermedad, un miedo que nunca debió haber existido.

La enfermedad es en esencia el resultado de un conflicto entre el alma y la mente, y nunca podrá ser erradicada sin un esfuerzo espiritual y mental.

Estos esfuerzos, si se llevan a cabo apropiadamente, como veremos más tarde, pueden curar y prevenir la enfermedad eliminando aquellos factores básicos que son su causa primaria.

Ningún esfuerzo dirigido sólo al cuerpo puede hacer más que una reparación superficial, y no hay curación en ello, ya que la causa es aún operativa y en cualquier momento puede volver a demostrar su presencia de otra forma.

De hecho, en muchos casos una aparente mejoría es perjudicial, ya que oculta al paciente la verdadera causa de sus dolencias, y con la satisfacción de una salud absolutamente renovada al verdadero factor, no descubierto, puede recobrar de nuevo sus fuerzas. (…)

Una de las excepciones a los métodos materialistas de la moderna ciencia médica ha sido la del gran Hahnemann, el fundador de la homeopatía, que con su gran comprensión del benéfico amor del Creador y de la divinidad que reside en el interior del hombre, estudiando las actitudes mentales de sus pacientes hacia la vida, el ambiente y sus respectivas enfermedades, pensó en buscar en las plantas del campo y en el dominio de la naturaleza el remedio que no sólo curaba sus cuerpos sino que al mismo tiempo elevara sus perspectivas mentales. Ojalá esta ciencia pueda ser extendida y desarrollada  por aquellos verdaderos médicos que aman a la humanidad.

Quinientos años antes de Cristo, algunos médicos de la antigua India, trabajando bajo la influencia de Buda, llevaron el arte de curar a un estado tan perfecto que fueron capaces de abolir la cirugía, aunque la cirugía de su tiempo era eficiente, por lo menos tanto, sino más, que la del presente día. Hombres como Hipócrates con sus enormes ideales de curación; Paracelso, con su certeza de la divinidad del hombre; y Hahnemann quien se dio cuenta de que la enfermedad se originaba en un plano por encima del físico… todos ellos tenían grandes conocimientos de la verdadera naturaleza y remedio de los sufrimientos.

(…) como en otras ocasiones, el materialismo ha influido tan grandemente en el mundo occidental, y durante tanto tiempo,  que las voces de los obstaculizadores prácticos se elevaron por encima de los consejos de quienes conocían la verdad.

Digamos brevemente que la enfermedad, aunque en apariencia tan cruel, es en si misma benéfica y existe por nuestro bien, y si se interpreta correctamente, nos guiará hacia nuestros errores esenciales. Apropiadamente tratada, será la causa de la eliminación de estos errores y nos conducirá más y mejor que antes. El sufrimiento es un correctivo para señalar una lección que de otro modo nos habría pasado desapercibida, y nunca será erradicada a menos que dicha lección sea aprendida.

Digamos también que aquellos que comprenden y son capaces de leer el significado de los síntomas premonitorios pueden evitar la enfermedad antes de que se manifieste o abortarla en sus primeras etapas, si se emprenden los esfuerzos espirituales y mentales apropiados.

Ninguna necesidad debe ser causa de desesperación, por grave que ésta sea, ya que el hecho de que al individuo se le conceda aún la vida física indica que el alma que lo rige no ha perdido las esperanzas.”

* * *

“Edward Bach (1886-1936) fue un pionero de la investigación médica. Estudió en el Hospital Escuela de la Universidad de Londres. En 1912 obtuvo el diploma conjunto de Miembro del Real Colegio de Cirujanos y Licenciado en el Real Colegio de Médicos. En 1913 obtuvo los títulos de Licenciado en Medicina y Licenciado en Cirugía y en 1914 el Diploma de Salud Pública.

Durante 1913 trabajó en el Hopital del University College como funcionario médico para accidentes. Tiempo después en el Hospital nacional de Templanza, como Cirujano residente para accidentes. Trabajó como bacteriólogo asistente durate la primera guerra mundial. Sus descubrimientos en relación con las bacterias intestinales fueron una contribución muy importante a la medicina contemporánea. Trabajó con F. H. Teale y sus descubrimientos en este campo fueron registrados en el Proceedings of the Royal Society of Medicine en 1920. Sin embargo, no fue hasta que se unió al Hospital Homeopático de Londres, en marzo de 1919, que comenzó a desarrollar su labor que le haría más famoso. Los primeros escritos de Bach aparecieron en revistas de la época como Homeopathic World.

Fue un gran observador, aprendió que la personalidad del individuo era más imporante que su cuerpo para el tratamiento de la enfermedad.  La actitud frente a la vida, sus emociones y sentimientos, eran elementos de vital importancia en el tratamiento de las dolencias físicas. Pasaba largas horas en las salas de los hospitales observando pacientes, tratando de encontrar la curación definitiva para sus enfermedades, en lugar de un alivio temporal.

Frecuentemente observaba que el tratamiento prescrito era más doloroso que los síntomas de la enfermedad. Esto aumentó su convicción de que la verdadera curación debía ser suave, indolora, no invasiva. El principio de los descubrimientos que realizaría veinte años después, los Remedios Florales.”

Más información sobre la vida de Edward Bach en:

“Los Descubrimientos del Doctor Edward Bach”. Las Flores y su poder curativo. Nora Weeks, Ed. Índigo.

 

 

 

 

 

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