LA CURACIÓN DESDE LA PERSPECTIVA DE EDWARD BACH. (III)

10 01 2011

 Obras completas del Doctor Edward Bach.


CÚRESE USTED MISMO

(Publicado por C.W.Daniel Co., 1931)

Una explicación de la causa real y de la curación de la enfermedad


Capítulo tres:

“Lo que conocemos como enfermedad es la etapa terminal de un desorden mucho más profundo, y para asegurarse de un éxito completo en el tratamiento, es evidente que tratando sólo el resultado final éste no será completamente efectivo hasta que la causa básica sea eliminada. Hay un error primario que puede cometer el hombre, y es actuar contra la unidad; esto se origina en el egoísmo. Por eso también podemos decir que no hay más que una aflicción primaria: el malestar o la enfermedad.

Y como una acción contra la unidad puede ser dividida en varios tipos, también puede la enfermedad -el resultado de estas acciones- ser separada en varios grupos principales que corresponden a sus causas. La naturaleza misma de la enfermedad será una guía útil para asistir al descubrimiento del tipo de acción que debe emprenderse contra la divina ley del amor y la unidad.

Si tenemos en  nuestra naturaleza suficiente amor para todas las cosas, sólo podemos no hacer el mal; porque ese amor detendrá nuestra mano en cualquier acción, nuestra mente ante algún pensamiento que pueda herir a los demás. Pero aún no hemos alcanzado ese estado de perfección; si lo hubiéramos hecho, nuestra existencia aquí no tendría sentido. Pero todos nosotros buscamos ese estado y avanzamos hacia él, y aquellos de nosotros que sufren en la mente o el cuerpo están, por estos mismos sufrimientos, siendo conducidos hacia ese estado ideal; y con sólo aprender esta lección, no sólo aceleraríamos nuestro paso hacia esa meta, sino que también nos libraremos de la enfermedad y la angustia.

En cuanto entendemos la lección y el error es eliminado, ya no hay necesidad de la corrección, porque debemos recordar que ese sufrimiento en sí mismo es beneficioso, hasta el punto que nos informa cuando hemos tomado el camino equivocado y acelera nuestra evolución hacia su gloriosa perfección.

Las primeras enfermedades reales del hombre son defectos tales como el orgullo, la crueldad, el odio, el egoísmo, la ignorancia, la inestabilidad y la codicia; y cada uno de éstos, si los consideramos por separado, se verá que son adversos a la unidad. Tales defectos, ya que éstos son la enfermedad real (utilizando la palabra en su sentido moderno), y es la continuidad y la persistencia en esos defectos después de que hayamos alcanzado este estado de desarrollo en la que nos damos cuenta de que son inadecuados, lo que precipita en el cuerpo los resultados perjudiciales que conocemos como enfermedad.

El orgullo se debe, primeramente, a la carencia de reconocimiento de la pequeñez de la personalidad y a su total dependencia del alma, y en no advertir que todos los éxitos que pueda tener no son sino bendiciones otorgadas por la divinidad interior; en segundo lugar, la pérdida de sentido de la proporción, de la insignificancia de uno frente al esquema de la creación. Como el orgulloso rehúsa invariablemente a inclinarse con humildad y resignación ante la voluntad del gran Creador, comete acciones contrarias a esa voluntad.

La crueldad es la negación de la unidad del todo y una equivocación en comprender que cualquier acción adversa a otra es una oposición al todo, y por tanto una acción contra la unidad. Ningún hombre pondría en práctica sus efectos injuriosos contra sus seres cercanos o queridos, y por la ley de la unidad tenemos que crecer hasta que podamos comprender que todos, como parte de una totalidad, han de sernos queridos y cercanos, hasta que incluso quienes nos persiguen hagan surgir en nosotros sentimientos de amor y compasión.

El odio es lo contrario del amor, el reverso de la ley de la creación. Es contrario al esquema divino en su totalidad y una negación del Creador, pues sólo conduce a desarrollar acciones y pensamientos adversos a la unidad y opuestos a los dictados del amor.

 El egoísmo es también la negación de la unidad y de las obligaciones que debemos a nuestros hermanos los  hombres, anteponiendo sus intereses al bien de la humanidad y al cuidado y protección de quienes nos son más cercanos.

La ignorancia es el fracaso del aprendizaje, rehusar a ver la verdad cuando se nos ofrece la oportunidad, y conduce a muchos actos erróneos, como sólo pueden existir en la oscuridad y no son posibles cuando la luz de la verdad y el conocimiento nos rodea.

La inestabilidad, la indecisión y la debilidad aparecen cuando la personalidad rehúsa a dejarse regir por el ser superior, y nos lleva a traicionar a los demás por culpa de nuestra debilidad. Estas condiciones no serían posibles si tueviéramos en nosotros el conocimiento de la divinidad inconquistable e invencible que es nuestra realidad última.

La codicia lleva al deseo del poder. Es una negación de la libertad y la individualidad de cada alma. En lugar de reconocer que cada uno de nosotros está aquí para desarrollarse libremente en su propia línea, de acuerdo sólo a los dictados de su alma, para incrementar su individualidad, y para trabajar libremente y sin trabas, la personalidad codiciosa desea dictar, moldear y mandar, usurpando los poderes del Creador.

Estos son los ejemplos de la enfermedad real, el origen y las bases de todos nuestros sufrimientos y angustias. Cada uno de estos defectos, si persiste en ellos, contrariando la voz del yo superior, producirá un conflicto que necesariamente se reflejará en el cuerpo físico, produciendo sus propios y específicos tipos de enfermedad.

Ahora podemos ver cómo cualquier tipo de enfermedad que podamos sufrir nos llevará a descubrir el defecto que yace bajo nuestra aflicción

- Por ejemplo, el orgullo, que es arrogancia y rigidez de mente, dará lugar a esas enfermedades que producen la rigidez y el endurecimiento del cuerpo.  

- El dolor es el resultado de la crueldad, ya que el paciente aprende por medio de su sufrimiento personal a no infligirlo en los demás, desde un punto de vista físico y mental.

- Las penalidades del odio son la soledad, las cóleras violentas e incontrolables, los tormentos nerviosos y las condiciones de la histeria.

- Las enfermedades de la introspección -neurosis, y condiciones similares-, que privan a nuestra vida de tantas alegrías, están provocadas por un excesivo egoísmo.

- La ignorancia y la falta de sabiduría traen sus dificultades propias a la vida cotidiana, y además, si se produce una persistencia a negarse a ver la verdad cuando se nos brinda la oportunidad, la consecuencia es la miopía y el desgaste de la vista y el oído.  

- La inestabilidad de la mente conduce al cuerpo a la misma cualidad, con todos los distintos desórdenes que afectan al movimiento y la coordinación.

- El resultado de la codicia y el dominio de los demás son esas enfermedades que harán de quien las padece un esclavo de su propio cuerpo, con deseos y ambiciones frenados por la enfermedad.

Por otra parte, la propia parte del cuerpo afectada no es acciental, sino que concuerda con la ley de causa y efecto, y una vez más será una guía que nos ayudará:

Por ejemplo, el corazón, la fuente de la vida y por tanto de amor, se ve atacado cuando especialmente el lado amoroso de la naturaleza frente a la humanidad no se ha desarrollado o se ha utilizado erróneamente; una mano afectada denota una acción fallida o errónea; si está afectado el cerebro, que es el centro de control, esto indica falta de control personal. En cuanto se establece la ley, todo se acomoda a ésta.

Todos estamos dispuestos a admitir los muchos resultados que siguen a un estallido de violencia, al shock producido por una súbita mala noticia. Si asuntos tan triviales pueden afectar así al cuerpo, cuánto más graves y profundamente arraigados más prolongado será el conflicto entre el alma y el cuerpo,

¿cómo asombrarnos cuando el resultado produce padecimientos tan graves como las enfermedades que hoy nos afligen?


Sin embargo, no hay motivos para deprimirse. La prevención y cura de la enfermedad surge del descubrimiento de nuestros fallos interiores, y erradicando este defecto con el recto desarrollo de la virtud que tendrá que destruir; no combatiendo el mal, sino aportando un flujo tal de la virtud opuesta que quedará barrida de nuestras naturalezas.”


* * *


Queridos Lectores:

Dentro de las causas multifactoriales de la enfermedad, las emociones suelen estar relegadas a un segundo plano o incluso ni siquiera llegan a contemplarse como un factor determinante y/o detonante de la enfermedad o desequilibrio físico.

La psiconeuroendocrinoinmunología  es la ciencia que estudia la interconexión y la comunicación del sistema nervioso, el sistema endocrino y el sistema inmunológico. Cada emoción  tiene su propia  bioquímica, y la toxicidad de algunas emociones como el miedo, la rabia, la tristeza pueden favorecer el desequilibrio y finalmente, la enfermedad.

Del mismo modo, prestar atención a la simbología y al sentido de la enfermedad es imprescindible para avanzar en el proceso de curación. Lejos de vivirlo como un castigo o como una realidad limitante, comprender el “por qué” y el “para qué” de la enfermedad aporta luz, conocimiento y por tanto libertad.

Bach nos invita a prestar atención, a tomar conciencia de  la responsabilidad personal hacia nosotros mismos y hacia los demás.

Nos invita también a desarrollar las cualidades opuestas  a las manifestaciones del egoísmo para favorecer el bienestar, el equilibrio interior y poner en marcha los mecanismos propios de autocuración.

Deseo subrayar especialmente el último párrafo del capítulo ya que conecta con un enfoque de  la enfermedad  no basado en “luchar y combatir” sino en aportar las ayudas necesarias para que el organismo ponga en marcha mecanismos de depuración, desintoxicación y regeneración.  Cooperar vs combatir…

Un abrazo y los mejores deseos de Salud para vosotros,


<De tots els Colors>: Elena Lorente Guerrero.


Os recomiendo: http://www.lavanguardia.es/lacontra/20101229/54095622430/las-plantas-tienen-neuronas-son-seres-inteligentes.html







* Entrevista a MARTA MERCADÉ mujer, profesora y madre. “La aceptación familiar y el apoyo social son fundamentales para las personas afectadas por una enfermedad mental.”

15 10 2010

Entrevista realizada por <De tots els Colors>: Elena Lorente Guerrero.

MARTA MERCADÉ ISANT:

El hecho de tener una enfermedad y convivir con la sensación de que la has de esconder porque la gente no lo puede entender hace que la angustia se duplique porque, además de tener la enfermedad, has de poner energía en evitar que los demás se enteren.

Hemos de ser capaces de aceptar que hay personas afectadas por enfermedades mentales, muchas más de lo que pensamos. Son personas que conviven con nosotros y que probablemente tenemos muy cerca, pero a las que no podremos ayudar mientras nuestra sociedad las siga negando.


Me llamo Marta Mercadé,  soy profesora de inglés y alemán en un instituto de secundaria. Estudié filología inglesa y después me reenganché y estudié filología alemana.  Posteriormente realicé un máster en didáctica de la enseñanza del alemán. Hace dos años aprobé las oposiciones a catedrática, tengo la cátedra de secundaria.

Soy madre de un niño de 12 años, Nil, y de una niña de 8, Elsa. Y soy viuda.

Me quedé viuda hace 5 años, cuando Elsa todavía no tenía 3 años y Nil tenía 7.

Mi marido estaba enfermo, sufría depresiones, y finalmente… se suicidó. El pasado mes de mayo se cumplieron 5 años.


  • ¿DESDE CUÁNDO SUFRÍA TU MARIDO EPISODIOS DE TRISTEZA?

Cuando  nos conocimos él ya estaba enfermo, lo que pasa es que tantos años atrás, yo evidentemente era muy joven, no sabía qué era una depresión ni las consecuencias que podía llegar a tener

Sí que sabía que tenía una depresión, pero con 20 años te imaginas que encontrando un buen médico, con un poco de medicación y con tu amor, será suficiente para tirar adelante.

Es más, una vez siendo novios, Joan me dijo que quería que dejáramos la relación, yo no lo entendía porque estábamos bien como pareja. Joan me dijo que sabía que esto que le pasaba le pasaría siempre y no quería arrastrarme con ese problema, con esa enfermedad.

Yo le contesté que en todo caso, la decisión de si quería continuar a su lado o no sabiendo esto era mía. Y decidí que quería seguir con él.

  • ¿EL DIAGNÓSTICO ERA DEPRESIÓN?

Sufría depresiones pero no sé si estaba bien diagnosticado. Un poco de ansiedad, un poco de estrés, pero el tipo de depresiones que tenía yo creo que ya eran endógenas.

Tan pronto estaba bien como, sin ningún motivo aparente, se empezaba a hundir en si mismo, le invadía aquel sentimiento de inferioridad de “yo no sirvo para nada, esto no lo sé hacer, no tengo amigos”,… todo negativo.

Después poco a poco se iba recuperando, volvía a estar bien. Había más temporadas buenas que malas al principio, luego con los años eso fue cambiando y llegó un momento en que estaba dos meses bien y tres mal, hasta que al final se enlazaban los meses de estar mal.

  • ¿QUÉ CREES QUE PROPICIÓ EL EMPEORAMIENTO?

Yo pienso que el primer motivo fue que él nunca fue plenamente consciente del alcance de su enfermedad, consciente quizás sí, pero no lo aceptaba.

Cuando se encontraba un poco bien anulaba algunas visitas,, renunciaba a la ayuda profesional, dejaba de tomar bien la medicación sin consultarlo con el médico. Nunca hizo del todo bien ningún tratamiento, cuando se encontraba un poco mejor…, lo dejaba.

Creo que este fue uno de los principales problemas que lo llevó a no aceptar lo que pasaba y tomarse en serio que tenía que ponerse en manos de un buen profesional, y finalmente al suicidio.

Otra de las cosas fue evidentemente el tipo de enfermedad que era. Yo creo que si hubiera sido no sé, un cáncer de estómago, cuesta decir la palabra cáncer, pero decir que tienes una depresión y que tienes que ir al médico o al psicólogo,… intentábamos esconderlo tanto como podíamos porque él no quería que lo hablara con nadie, excepto con mis padres.

Más tarde ya entendió que yo tenía necesidad de poder hablar o de compartir mi angustia con la familia o amigos más íntimos. Pero él siempre intentó esconderlo, tenía amigos que no sabían que tenía depresiones.

El hecho de tener una enfermedad y convivir con  la sensación de que la has de esconder porque la gente no lo puede entender hace que la angustia se duplique porque ,además de tener la enfermedad, has de poner energía en evitar que los demás se enteren.

  • ¿HUBO ALGÚN PUNTO DE INFLEXIÓN A LO LARGO DE SU PROCESO?

Recuerdo que cuando nació la niña, Joan tuvo un periodo de euforia que no le había conocido hasta entonces. Deseaba aprender a volar y comprarse una avioneta. Después de aquel difícil verano vino el bajón en picado, pasó un otoño horroroso. Y me di cuenta de que estaba empeorando. Nunca lo había visto así, pasando de la euforia a la depresión extrema.

Empecé a leer libros sobre depresión, trastorno bipolar, etc. y a plantearle la búsqueda de otra opinión más, ir a otro psiquiatra para descartar un trastorno bipolar,  pero él negaba la fase de euforia.

No paré hasta que los visitó un psiquiatra que nos habían recomendado, el jefe de psiquiatría del Hospital Valle Hebrón en aquel momento. Pienso que quizás es un buen psiquiatra pero con Joan no comenzó bien porque fue demasiado duro en su primera intervención diciéndole “está en tus manos que te quieras curar o no”.

Le hizo análisis y pruebas y le dijo que tenía una descompensación química  además del carácter introspectivo. Le recetó un inyectable diario y en 15 días ¡noté un cambio!  La medicación que le recetó le iba bien, estaba mucho mejor.

Pero Joan anuló la siguiente visita, ponía excusas para no ir…

Fue una pena. Aquel psiquiatra no estableció una relación terapéutica con Joan, le presionó demasiado en la primera visita y él ya no quiso volver.

Lo vi después, porque cuando mi marido murió necesité informes médicos para realizar los trámites legales y aquél psiquiatra no quiso hacerme ningún informe. Yo le dije que no necesitaba una etiqueta diagnóstica concreta, sólo que había visitado a mi marido y que estaba en tratamiento con él. No me lo quiso hacer, no se quiso implicar .

No pongo en duda sus conocimientos como médico psiquiatra, pero como persona me defraudó. Fue una situación muy desagradable.

  • ¿QUÉ OCURRIÓ DESPUÉS DE ESE EPISODIO DE EUFORIA-TRISTEZA EXTREMA?

Joan siempre había trabajado en la empresa familiar de género de punto, pero estaba cansado de eso.

Es cierto que era pesimista de base pero, con visión de futuro, ya vio que China perjudicaría a la industria téxtil como ha pasado y está pasando. Vio que no había futuro.

Estaba cansado de trabajar en la empresa y quería hacer lo que toda la vida había querido hacer: conducir camiones.

Yo fui la primera que me opuse. Entendía que necesitara un cambio de trabajo pero me parecía que trabajar de camionero no era la actividad que más le convenía. Le decía que él estaba acostumbrado a la flexibilidad de horarios, comía en casa, hacia una pequeña siesta, y de eso a pasar a conducir 8 horas diarias, dormir en las cabinas, … No estaba acostumbrado a eso, y con la enfermedad que él tenía y la medicación que tomaba consideraba que no podía hacer ese trabajo. Conduciendo de noche podía ser un peligro para los demás.

Y él no quería ver nada, contra- argumentaba continuamente. Al final, como no podía seguir discutiendo con él todo el día, le apoyé.

  • ¿SIGUIÓ ADELANTE CON SU PROYECTO?

Si y con éxito. Aunque prepararse para aprobar los carnets de camión no es fácil precisamente, los aprobó todos. Estuvo mucho tiempo estudiando y trabajando. Hacía las dos cosas, con la familia en contra, prácticamente a escondidas, se pasaba las noches estudiando y finalmente trabajó como camionero.

Cuando se  suicidó llevaba un año, año y medio aproximadamente trabajando en una empresa y contento.

Yo creo que este fue el último intento que él hizo para superar su depresión. En teoría ya tenía lo que todo el mundo considera necesario para ser feliz: “tengo una familia, tengo unos hijos preciosos, no tengo problemas económicos, tengo un trabajo que hasta ahora me ha gustado, lo tengo todo, pero aun así, no estoy bien”.

Supongo que al ver que  contra todo pronóstico lo había conseguido pero aún así, le volvía a pasar lo mismo,… al llegar la primavera debió pensar, ¡pues a la porra, no puedo más!

Aunque él no me lo contó jamás, yo  imagino que debió ser así.

  • ¿DEJÓ ALGÚN MENSAJE PARA VOSOTROS?

Me dejó una carta, si. Yo evidentemente no noté nada. A veces piensas, ¿pero cómo puede ser que no notara nada?

Lo preparó con días de antelación. Dejó una única carta de despedida. A  mí me dedicó la mayor parte de la carta, hablaba de los niños también, era una de las mejores cosas que le habían pasado pero que aún así no le habían dado suficiente fuerza. Decía que estaba cansado de la inseguridad que llevaba arrastrando durante tantos años y de siempre tener que disimular delante de la gente. Veía que no era como los demás, era luchar una vez y otra y no acabar de superarlo. Ya estaba  cansado de luchar contra lo mismo…

  • QUÉ DURO…

Si, es cierto. Leías la carta y veías un sentimiento de inferioridad y una autoestima bajísima que impactaba. Me decía que sobretodo no me sintiera culpable, que yo había hecho todo lo que podía y más! y que sencillamente nadie podía hacer nada más, que se había acabado.

Yo pienso que tuvo mucho coraje, cuando la gente me decía: “¡qué egoísta, con todo lo que te ha hecho pasar!”

¡¿Qué egoísta?! para mí no era egoismo sinó una última salida. Estaba enfermo. Además la carta  no era una nota improvisada sinó una revisión cronológica de vida, empezaba por sus padres, después por mí, los niños y acababa conmigo diciéndome que sabía que yo pasaría una temporada muy difícil pero que él sabía que era fuerte y que saldría adelante y que sólo esperaba que algún día encontrara a alguien que pudiera hacer de padre a nuestros hijos.

El mensaje era este. La carta era muy dura porque reflejaba una decisión pensada, meditada.

Yo de hecho Elena, al encontrar la carta ya lo pensé, sabiendo lo perfeccionista y meticuloso que era, y que cuando quería hacer algo lo conseguía… pensé, no habrá sido un intento,  no. Lo ha hecho y así fue.

  • ¿HUBO ALGÚN INTENTO CON ANTERIORIDAD?

No, nunca. Él se suicidó en mayo, pero el noviembre anterior un amigo nuestro tuvo un infarto y estuvo muchos días enfermo. Y un día estábamos cenando, como si lo viera ahora, una tortilla con bacon y una ensalada, y yo le comentaba:

“Ostras, que mala suerte ha tenido Albert” y él contestó:

“si que es mala suerte, si, porque tantas ganas de vivir que tiene Alberto y que le pase a él esto. Esto me tendría que pasar a  mí, y así acabar de una vez con todo”. Joan continuó cenando como si nada, yo creo que no fue ni consciente de lo que dijo.

Yo no me pude ni acabar la dichosa tortilla, que me quedé atónita “¿Pero que me está diciendo? ¿Qué ojalá se muriera?”

Aquella noche cuando nos fuimos a la cama yo no podía dormir, en cuanto noté que él respiraba profundamente, me levanté, subí a la buhardilla y lloré toda la noche de angustia porque capté la profundidad de lo que había dicho, él quería morirse.

  • ¿CÓMO AFECTÓ A TUS HIJOS?

Elsa ni se dio cuenta, todavía no tenía 3 años. Hasta al cabo de 15 días no se lo dijimos porque estaba acostumbrada a los horarios de su padre con el camión,  a veces pasaba una semana sin ver a los niños.

Nil pobrecito estaba desesperado, con 7 años se enteró perfectamente de todo. Yo enseguida hablé con la psicóloga de la escuela, le expliqué lo que había pasado y le pedí consejo sobre qué debía hacer con los niños.

Me dijo  que con 7 años Nil no entendería nada, y finalmente decidimos decirle que había sido un accidente, sin entrar en detalles,  sin decir nada más.

Ha sido un accidente, no especificando con el camión, sólo un accidente. Intenté no engrosar demasiado la mentira pensando en el día que tuviera que deconstruirla.

A pesar de lo que le dijimos y de tener sólo 7 años él veía que algo no cuadraba, y me preguntaba:

“¿Cómo es que papá ha tenido un accidente si él no bebe nunca? ¿Le ha deslumbrado algún coche? Además papá siempre conduce despacio. Hacía comentarios y preguntaba ¿Cómo ha ocurrido? Y le contestaba que no lo sabía.

Nil le decía a mi madre  que cuando fuera mayor sería mosso d’esquadra para que le explicasen que le había ocurrido a su padre, “porque como vosotros no me lo queréis contar …”

  • TU DESEO ERA LLEGAR A EXPLICARLE LO OCURRIDO ¿VERDAD?

Si,  siempre.

Yo pensaba que a lo mejor Nil  intuía lo que había pasado, pero no. Y el verano de 2009 se lo expliqué, me armé de valor y se lo expliqué.

Ya hacía tiempo que tenía esta preocupación: “que no se lo digan, que nadie se lo explique antes que yo. Que le pueda explicar yo la verdad. Soy yo quien se lo tiene que decir, no la gente de la calle.”

Fue  a raíz de un incidente con otro niño durante un recreo en el que discutieron: < ha sido gol, no ha sido gol> cosas de niños, y el compañero le dijo: “Pues tú te mereces que se te haya muerto tu padre”. Y esto ocurrió en dos ocasiones, y piensas: “pues este niño, lo mismo que le ha dicho esto, le puede decir, que se merece que su padre se haya suicidado. Y me lo destrozarán.”

No sabía cuál sería el mejor momento, pero me asesoré con amigos psicólogos y con mi psicóloga y me aconsejaron que fuera antes de que llegara a la adolescencia porque no sabemos cómo será su adolescencia, si será de esas turbulentas o la pasará tranquila.

Entonces pensé que si lo tenía que hacer antes, mejor hacerlo entre quinto y sexto porque el niño aún está en una escuela pequeña, tiene a sus amigos de toda la vida, está en un entorno conocido y seguro.

  • ¿CÓMO LO AFRONTÓ NIL?

En verano de 2009 se lo expliqué y ni lo sabía ni lo intuía. Se quedó perplejo, no se lo podía creer, empezó a llorar, a llorar, él ya sabía lo que significa la palabra suicidio.

Empecé explicándole que su padre estaba enfermo. Nil me preguntaba si tenía dolor de barriga, o en una pierna, y yo le contestaba que tenía una enfermedad mental, esas que están en la cabeza y no se ven.

“¿Entonces si no se ven como se sabe?” Y se lo fui explicando, quería que él mismo llegara a la conclusión de que se mató, pero no fue así, tuve que decírselo yo.  Él me preguntaba cómo había sucedido pensando en que hubiera sido un accidente, que quizá se  había quedado dormido conduciendo…

Pero tuve que decirle que no, que lo hizo expresamente, se quitó la vida.

Entonces quiso saber detalles de dónde y cómo lo  había hecho y su primera reacción fue buscar un culpable:

“¿Y cómo es que aquella mañana tú no lo oíste?” “¿Qué no te pusiste el despertador”?” Y seguía insistiendo como diciéndome “tú tendrías que haberlo oído, tú tendrías que haberlo visto”.

Supongo que es normal, necesitaba encontrar un motivo, una respuesta del tipo: se habría podido evitar…

Después  me preguntó  si algún miembro más de la  familia había tenido depresión alguna vez y mi actitud fue tranquilizarlo, sin faltar a la verdad.

“¿Y a ti, también te podría pasar?” “A mi no me ha pasado nunca, pero si podría ser que mamá tuviera una depresión pero bueno, se va al médico, etc..” intenté calmarlo un poco.

Estuvo un día o dos mal, haciendo preguntas…, no las típicas preguntas que  yo me esperaba sino cosas.. que yo pensaba “¿y esto que tiene que ver?”  preguntaba cosas respecto a su padre que no se relacionaban ni con la muerte, ni con la enfermedad. Por ejemplo, un día me preguntó que si yo hubiera sabido que su padre se mataría, si me hubiera casado igual! Me lo dijo este verano, no tenía ni doce años. Le dije que yo quería a su padre, y que cuando me casé sabía que estaba enfermo, y lo hice a pesar de todo. Pero pensé: “¡vaya pregunta!”

  • ¡QUÉ TAREA TAN DÍFICIL PARA UNA MADRE…!

Si, seguía preguntándome si a mí me pasaría, y yo aprovechaba esas ocasiones para transmitirle el mensaje que considero primordial: que cuando algo nos angustia es bueno hablarlo con los padres, con los hermanos, los amigos, las personas que nos quieren. Hay que saber pedir ayuda, guardarlo dentro nos perjudica.

Intenté que el camino quedara abierto, que siempre que quisiera hablar, me preguntase y yo le contestaría, siempre podremos hablar. Le dije, “sabes que voy a una psicóloga cuando lo necesito y como también es psicóloga infantil, nos ha ofrecido su ayuda si la necesitas, no porque te pase nada en especial, sino para poder desahogarte, si quieres…

Después de dos o tres días de pasarlo mal no quiso hablar nunca más. Un día en una salida con las bicicletas le dije tranquilamente que si quería saber algo más de su padre me lo podía preguntar abiertamente. Y me contestó algo sobre la rueda trasera de mi bicicleta, como diciendo, no quiero hablar del tema.

  • ¿CÓMO LO LLEVA AHORA?

Ahora por lo menos lo sabe, no lo ha procesado, lo tiene aparcado en un lugar donde no le hace daño, en espera. Saldrá cuando tenga que salir.

A pesar de la angustia que suponía para mí pensar que no se enterara por otra persona, que no se lo explicaran mal. No se lo conté para liberarme de ese peso, sino porque creo que tiene derecho a saber como murió su padre, poderlo hablar y compartir. Cuando llegue el momento oportuno también se lo explicaré a Elsa y tal vez Nil podrá ayudarme a hacerlo. Estoy segura de que será un gran apoyo para su hermana.

  • NACER Y VIVIR EN UN PUEBLO PEQUEÑO ¿CONDICIONÓ LA VIDA DE JOAN, INFLUYÓ EN EL CURSO DE SU ENFERMEDAD?

Joan  me lo decía: “Hasta que no he sido adulto no me he dado cuenta de lo que me pasaba, ahora lo veo, mirando hacia atrás.Cuando tenía doce años ya tenía depresiones, porque estaba en casa y estaba deseando irme al internado, estaba en el internado y estaba deseando volver a casa, esta especie de ansiedad de no sentirme bien en ninguna parte, una continua angustia interior.En aquél momento no sabía lo que era, era un niño de 12 años, pero ahora sé que yo ya no estaba bien.Pero en aquel momento no se le daba la importancia que tenía, se pensaba que eran problemas con los estudios, …”

Joan y su familia eran de un pueblo pequeño. Estas enfermedades no se aceptan bien en ningún lugar, pero en un pueblo pequeño, todavía menos. La ignorancia, la negación, los tabúes y el estigma social pesan más.

  • ¿ES POR ESTE MOTIVO QUE DESEAS COMPARTIR TU VIVENCIA, PARA ROMPER CON LA ESTIGMATIZACIÓN SOCIAL DE LA ENFERMEDAD MENTAL?

Si, así es. Cuando vi el anuncio del programa que realizó Tv3 en diciembre de 2008 sobre las enfermedades mentales sentí un impulso, un instinto, llamé y ofrecí mi testimonio. Tomaron los datos y al cabo de 1 semana me llamó Mónica Huguet para entrevistarme. Estaba interesada en mi testimonio sobre suicidio, me invitó a escoger un lugar en el que yo me sintiera cómoda para realizar la entrevista y escogí  la playa donde Joan y yo íbamos siempre; es un lugar que me conecta con él.

Le expliqué a Nil mi colaboración en el programa para que supiera que aunque no es fácil hablar de lo que ocurrió, mi testimonio podía ayudar a otras personas. A pesar de que cada vez que hablas de lo sucedido todo se remueve,  pienso que hacerlo ayuda a llamar a las cosas por su nombre y a aceptarlo.

Por eso también aprovecho la oportunidad de participar en tu blog,  donde he podido explicar ampliamente mi experiencia con la esperanza de que ayude a otras personas.

  • ADMIRO TU CORAJE, NO TENGO PALABRAS…

Mira Elena, el pasado mes de mayo hizo 5 años, antes yo no hubiera podía hablar de todo esto, sólo recordarlo ya me ponía a llorar. Y ahora hay momentos en que todavía lloro, pienso en él, veo alguna foto o escucho alguna canción que me lo recuerda y lloro pensando “¿cómo no pediste ayuda?”

Hay momentos especialmente difíciles por ejemplo en los cumpleaños de mis hijos,  ellos están muy contentos, pero yo me paso el día llorando recordando cuando estábamos en el hospital, con la alegría inmensa de sentir que empieza una nueva vida, tenemos un hijo sano. En esos momentos sí que pienso….también a final de curso en los festivales de la escuela, pienso lo orgulloso que estaría Joan de sus hijos.

O cuando hay algún problema, claro que tengo a mis padres, mucho apoyo de amigos que me quieren, pero pienso que siempre me toca a mí, estoy sola, la que está delante recibiendo los golpes soy yo, y piensas, ¡Joan! …. A veces hablo con él: “no sé dónde estás pero estoy segura de que me ves, de que me oyes, de que ves a los niños y sabes que están bien”.

Joan  me decía en la carta que sabía que soy fuerte y que saldría adelante con los niños, y a veces le dijo: “mira chico, hago lo que puedo, estoy sola y hago lo que puedo” y le hablo como si lo tuviera delante.

Ahora te reirás, un día me levanté y al abrir el grifo no había agua. Joan me había enseñado mil veces como solucionarlo si me pasaba, un cambio de grifos complicadísimo que me había enseñado mil veces, y no me había fijado nunca, y aquél día por la mañana estaba enfadadísima porque no recordaba cómo hacerlo! Es una tontería, pero me acuerdo también en momentos así.

Lo peor es cuando pienso lo que se ha perdido con los niños, porque creo que podríamos haber encontrado una solución, podríamos haber seguido luchando juntos.

  • ¿QUIÉN FUE TU APOYO DURANTE LOS AÑOS DE CONVIVENCIA CON JOAN?

Mis padres, siempre.

Algunas veces también nos discutíamos con Joan: cuando dejaba de acudir a las visitas, o tomaba mal la medicación, o dejaba la psicoterapia. No llegó a  hacer nunca una terapia psicológica continuada que le ayudara a llegar al fondo del problema. Yo ya no podía luchar más, le decía que no podía ir todo el día detrás vigilando si se había tomado o no la medicación. Tengo dos hijos pequeños a quienes también tengo que cuidar.

Entonces iba a ver a mis padres llorando, necesitaba desahogarme y mi madre siempre me decía que tuviera paciencia, es una buena persona, el padre de tus hijos y yo le decía: “ si  mama, la historia de siempre, buena persona,  buen marido, padre de mis hijos, ¡pero es que ya no puedo más!”

Y sé que cuando yo acababa las fuerzas y la paciencia mi madre y mi padre siempre me recordaban que Joan estaba enfermo, y lo mucho que nos quería. Joan a veces se sinceraba con mis padres y les hablaba de su enfermedad, con ellos se sentía cómodo y comprendido.

Siempre me han ayudado mis padres y los amigos, tengo la suerte de tener buenos amigos.

  • ¿CÓMO FUE TU PROCESO DE DUELO?

El primer medio año no tenía ni tiempo ni ganas de ir a la psicóloga porque sólo pensaba en sacar a mis hijos adelante y en continuar con mi vida y pensaba, ya me saldrá el disgusto más adelante.

Además fue un tiempo en el que la gente no entendía lo que había pasado. Recuerdo que vino un amigo a casa y recriminaba, ¡cómo te ha podido hacer esto! Y yo le dije: “ a mí no me ha hecho nada, estaba enfermo, se lo ha hecho a él”. Su amigo no lo entendía…

Tuve que luchar además contra la incomprensión de algunas personas. Una de las cosas que a mí me tranquilizaba era saber que él ya no sufría más y esto me ayudaba a mí a seguir adelante. Y llegó un momento  en que me dije: ” lo mismo que él ya ha dejado de sufrir,  también ha llegado el momento de que los que estamos aquí dejemos de llorar y sufrir, y nos pongamos las pilas para salir adelante. No sólo por mi hija y por mi hijo, que son la prioridad evidentemente, también por mí.

Pasé el primer medio año mal, evidentemente, pero el bajón fuerte no llegó hasta  los ocho-nueve meses después de su muerte aproximadamente. Entonces fui a la psicóloga 2 años seguidos, después lo dejé una temporada. Y ahora hace 1 año que vuelvo a ir, no por el proceso de duelo que ya está superado afortunadamente, sino porque me ayuda en algunos aspectos respecto a mis hijos, como por ejemplo cuando tuve que prepararme para explicárselo a Nil.

  • Y ACTUALMENTE ¿CÓMO ES TU DÍA A DÍA?

Yo diría que no tengo grandes planes de futuro, cuando ocurrió esto pensé que todo aquello de: “el día de mañana, el rinconcito que hay que guardar para el día de mañana”…

A mí el día de mañana me ha cambiado tan drásticamente, que no quiero hacer grandes planes a largo plazo. Vivo y disfruto el presente con las mismas responsabilidades y compromiso de siempre, concentrada en sacar a mis hijos adelante e intentar educarlos lo mejor que pueda a pesar de estar sola. Ver que mis hijos están bien es lo que más me ayuda.

En cuanto a mi trabajo, disfruto con lo que hago. Hace un par de cursos por ejemplo, tuve un grupo de 9 niños, sólo 9, pero era un grupo durísimo. Creía que podría llevar a un grupo de sólo 9 niños pero cuando acabó el curso pensé: “admítelo, no has podido!”. Conseguí muy poco, pero yo ya tenía clarísimo que no haría clase de inglés con aquellos niños. ¿Inglés? Ni inglés, ni catalán ni castellano! A esos niños sencillamente había que escucharlos porque cuando te contaban lo que habían hecho el fin de semana o algo que pasaba en su casa,…eran historias durísimas.

Me gusta mi trabajo. Estar todo el día con niños y gente joven te mantiene en la dinámica de estar activa y al día.

  • ¿QUÉ MENSAJE TE GUSTARÍA TRANSMITIR A LA SOCIEDAD?

Que hemos de ser capaces de aceptar que hay personas afectadas por enfermedades,  muchas más de lo que pensamos. Son personas que conviven con nosotros y que probablemente tenemos muy cerca, pero a las que no podremos ayudar mientras nuestra sociedad las siga negando.

Si las personas pudieran hablarlo abiertamente les ayudaría mucho. Es imprescindible  poder compartirlo y que no continúe siendo un tabú ni un estigma social.

Las personas que necesitan ayuda de un psiquiatra  no están locas, están enfermas.

  • MÁS ALLÁ DE LA ENFERMEDAD… ¿QUIÉN ERA JOAN EN ESENCIA?

Era una persona extraordinaria, una persona muy honesta, muy cariñoso. Él me aportó muchísimo, su generosidad. Era una persona afable, que no tenía nunca un no para nadie. Creo que en esencia, Joan era una muy buena persona.

<De tots els Colors>: La sonrisa de Marta  refleja a la mujer que yo conozco: fuerte, abierta, franca, y acogedora. Contagia energía, vitalidad y su presencia transmite la solidez y  entereza que se vislumbra a través de sus palabras.

Querida Marta,  agradezco de corazón tu valentía, coraje y generosidad; tu testimonio toca el alma . Espero que tu deseo sincero y comprometido de  hacer visible la realidad de la enfermedad mental y de ayudar a los demás, se vea cumplido.





* Entrevista a ASSUMPCIÓ SUBIRATS: Mujer, Madre, Maestra y afectada de Miastenia gravis.

3 05 2010

Entrevista realizada por <De tots els Colors>: Elena Lorente Guerrero.


ASSUMPCIÓ SUBIRATS:

- He aprendido a tener paciencia conmigo misma y a saber posponer las cosas; a escuchar mi cuerpo.

- Intento absorber todo lo bueno y agradable que  hay a mi alrededor. Me considero afortunada.


¿Hay un antes y un  después en tu vida Assumpció?

Por supuesto.

Antes de la enfermedad mi vitalidad sólo se veía limitada por el reloj. No es que nunca sintiera cansancio pero podía desarrollar sin mayor problema mi vida atendiendo a mi familia, a mi trabajo y a mi casa..

En el año 1998 empecé a notar los síntomas de la miastenia, pero no podía imaginar que era lo que me pasaba. Me diagnosticaron en 1999.

Durante la primera fase de la enfermedad- unos dos años- mis objetivos cambiaron radicalmente. En las peores épocas me sentía satisfecha si lograba atender mi cuidado personal: ducharme y vestirme sola y tomarme la medicación sin atragantarme. Más adelante, me acostumbré a preparar cada uno de mis movimientos de antemano. Pensaba lo que quería hacer y procuraba no realizar ningún movimiento de más. Por ejemplo, si me tenía que agachar para ponerme un calcetín aprovechaba este mismo movimiento para ponerme el zapato. Parece una tontería pero con unas fuerzas tan limitadas no era cuestión de desperdiciar ni una pizca de energía. Esto se ha convertido en un hábito y la verdad es que así me cunde mucho el tiempo en que estoy en activo. Aprovecho el tiempo de reposo para pensar en como haré lo que tengo que hacer, con el mínimo esfuerzo.

Ahora ya ni me acuerdo de lo que es sentirme totalmente bien, así que voy siguiendo mi línea de vida pero procuro no enfadarme si no llego hasta donde me había propuesto. (No siempre lo consigo).


  • ¿Qué es la Miastenia gravis?

La miastenia gravis es una enfermedad autoinmune. El propio cuerpo produce unos anticuerpos “antiacetil-colina” que bloquean la función de los neurotransmisores. Afecta a la musculatura , pero no, a la de los órganos vitales. Se manifiesta como una gran debilidad muscular que dificulta pudiendo llegar a imposibilitar actos como hablar, deglutir, fijar la vista, respirar(afecta a la musculatura intercostal y al diafragma), utilizar bien las piernas, brazos y manos, erguir la

  • ¿Existen tratamientos efectivos para esta enfermedad?

En mi caso el tratamiento ha sido a base de fármacos : Mestinón, Imurel y corticoides.

De vez en cuando, he hecho tratamientos de inmunoglobulinas.

También necesito reposo.

Al cabo de los años, he sentido efectos secundarios como el “síndrome de la cara de luna llena” (una hinchazón anormal especialmente de la cara ) provocado por los corticoides, diabetes, rampas en las piernas, dolores articulares, gastritis, etc.

Para aliviar los efectos secundarios también tomo la medicación oportuna. Procuro hacer ejercicio suave y he asistido a sesiones de rehabilitación para las articulaciones.


  • ¿Es una enfermedad conocida, reconocida?

No es una enfermedad demasiado conocida. Las personas que no son del ámbito de la medicina no han oído hablar de miastenia gravis a menos que tengan un conocido que esté afectado.

La mayoría de profesionales de la medicina con los que he tratado durante estos años (un montón), si que conocían la enfermedad, sus síntomas y tratamiento. Aún así, siempre he preguntado si los fármacos que me prescribían eran compatibles con la miastenia gravis, por si acaso…

  • <De tots els Colors>:¿CÓMO ERA TU VIDA ANTES DE ENFERMAR?

Cuando me levantaba (a partir de las cinco de la mañana, podía ser a cualquier hora) enchufaba la cafetera, la plancha y el ordenador. Antes de salir hacia la escuela, sobre las ocho y media, dejaba la casa arreglada, la comida preparada y el trabajo de la escuela revisado. Tenía tiempo para cuidar el jardín, para leer, hacer labores y atender a mis hijas por las tardes. Eso sí, durante el fin de semana hacía una siesta extra casi siempre.

Empecé a ejercer de maestra en el año 1979 y cada vez me gustaba más mi trabajo. El trato con los niños te absorbe por completo y me resultaba muy gratificante.


  • ¿Cómo es en la actualidad?

Ahora divido mi tiempo de cada día en actividad y descanso.

También madrugo mucho pero ahora me preparo un té bien calentito y me instalo en el sofá (mi segundo hogar!). Enciendo la tele, veo las noticias y/o algún otro programa (bricolaje, cocina, música, documentales o series policíacas) y sigo descansando. Depende de cómo me siento, hago punto de media.

Si estoy animada, paso así media hora o una hora, sino, unas dos horas.

Sobre las ocho, recojo un poco la casa, organizo la comida y la ropa, me ducho y me visto. Almuerzo y tomo la medicación.

Durante la mañana, dependiendo del día, hago alguna cosa como salir a hacer recados, ocuparme de la casa, costura, ordenador, estar en el patio,…  Siempre alternando la actividad con el descanso.

Antes me programaba al minuto. Al tiempo, no paraba de programarme y desprogramarme . Ahora tengo unos objetivos muy generales pero no me pongo límite de tiempo. Nunca sé si tendré un día bueno o no, es más, no puedo prever ni como me encontraré al cabo de una hora o menos. Esto es una parte muy fastidiosa de la miastenia, no solo te influye el cansancio, también el tiempo meteorológico, el calor y el estrés.

Como prontito, a la una y otra vez al sofá!

Duermo un rato y sigo descansando: cosiendo, haciendo punto, etc. hasta las seis aproximadamente. A esa hora me tomo la pastilla de Mestinón y salgo a pasear un ratito con el perro. Cuando vuelvo, suelo sentirme activa hasta las ocho, más o menos. Descanso un poquito más, ceno y vuelvo al sofá.

Aunque parezca imposible, me duermo enseguida y aunque a las doce intentan despertarme para que me tome la última pastilla y me vaya a la cama, la mayoría de las noches me cuesta horrores, el cuerpo no me responde y me quedo en el sofá hasta las tantas.

Desde luego que estoy muchísimo mejor que al comienzo de mi enfermedad.

Puedo valerme perfectamente dentro de mis limitaciones.

Puedo decir que los tratamientos que he seguido han sido efectivos. Lástima de los efectos secundarios.

  • ¿Cuentas con algún tipo de apoyo emocional?

Sí, tengo mucho apoyo en mi marido y mis hijas. También tengo el apoyo de mis amigos, que siempre están ahí.

De todas maneras, cuando realmente fui consciente de que no podía seguir yendo a la escuela, para mí fue la parte peor, emocionalmente.

Después de la primera fase de mi enfermedad, luché mucho para recuperar algo de movilidad, haciendo gimnasia en la piscina, y procurando no perder reflejos. Me esforcé mucho en volver a tener una vida “normal” (en apariencia). Luché con la administración para volver a mi vida laboral (cuando oía la palabra “jubilación”, daba un respingo) en tareas de gestión. Empecé a organizar la biblioteca del centro. Al tiempo, pude volver a ser tutora , sin dejar la biblioteca.

Pero el precio fueron los efectos secundarios de la medicación. Mi neurólogo me empezó a bajar la medicación y enseguida me di cuenta de que no podía seguir el ritmo: volvía a tener problemas para articular las palabras y sentía un cansancio muy grande del que tardaba mucho en recuperarme.

Entonces me hundí. Ya no tenía energías. Los médicos me recomendaron psicoterapia. Me fue muy bien. Pude tomar distancias y aceptar mi enfermedad-aunque creo que nunca se acepta del todo-.


  • ¿Qué personas han sido determinantes para tí?

Todas las que me rodean. Siempre hay alguien y de vez en cuando, aparece alguien que no te esperas. Por ejemplo, en pleno proceso de jubilación definitiva volví a contactar con algunos de mis ex – alumnos , personas de las que no sabía nada desde hacía más de veinte años. Me dio muchísima alegría y me di cuenta de que para algo había servido.


¿Qué has aprendido a partir de la enfermedad?

Deseo haber aprendido a tener paciencia conmigo misma y a saber posponer las cosas, a escuchar mi cuerpo.

Cuando volví a la escuela, y empecé a catalogar libros con un programa informático no tenía fuerza para manejar el “ratón” usaba las teclas cogiéndome una mano con la otra. Había días que catalogaba diez u once libros. Pero no me desanimaba. Cuando dejé la biblioteca había catalogado más de seis mil ejemplares.  Aprendí que se llega más lejos pasito a pasito que no haciendo nada.

Mis objetivos nunca son a largo plazo ni mis proyectos muy grandes, pero procuro buscar objetivos y proyectos pequeñitos y llevarlos adelante.


  • ¿Qué temas te preocupan?

Respecto a mi misma pocos. No me gustaría ser una carga para nadie.

Respecto a las personas que me rodean, especialmente mis hijas, me preocupa su futuro pero no como resultado de mi enfermedad, a todas las madres nos pasa lo mismo.

  • ¿Dónde te vacías?

Procuro mantenerme a raya, controlar el nivel. Para eso me va de maravilla mi té de primera hora de la mañana y mi paseo de la tarde.

Cuando me veo superada, procuro distraerme. La música me descarga muchísimo. También algunos juegos como el “tetris” en la game-boy o los sudokus. De todas maneras procuro no perder el control: hubo un momento crítico en que resolvía docenas de sudokus cada día hasta que dije “basta”. Ahora resuelvo los tres que hay en la “La vanguardia”, como máximo. Está bien evadirse, pero controlando nuestros propios límites.

  • ¿De qué te llenas?

De todo lo que puedo. Intento absorber todo lo bueno y agradable que hay a mi alrededor.


  • ¿Qué te apasiona?

Muchísimas cosas. Soy capaz de entusiasmarme con las cosas más simples y, desde luego, disfruto con la la cocina: http://culleresiforquilles.blogspot.com/, la lectura, la música, mis proyectos de costura: http://lamaquinadecosir.blogspot.com/, reportajes de viajes, los paseos, las plantas, las sensaciones de la naturaleza.

Me considero afortunada.


  • ¿Qué aspectos del Sistema Sanitario urge cambiar según tu experiencia?

He tenido la suerte de topar con unas instituciones y un personal sanitario, tanto médicos, como enfermeras, como auxiliares estupendos.

Mi experiencia ha sido buena, de todas las maneras, hay un tema que no sé si tiene arreglo: se trata de las esperas. Cuando te encuentras medio bien y vas al médico te puedes llevar un libro y esperar tranquilamente pero, cuando te encuentras mal, la espera se convierte en una agonía y cuando te llaman, ya no sabes ni quien eres.


  • ¿Te gustaría transmitir algún mensaje a la sociedad?

Que cada persona disfrute de lo más esencial de su vida, que intente “separar el grano de la paja” y dar valor a lo que realmente lo tiene sin perder tiempo en estar molesto o enfadado por tonterías.

En la vida hay dos tipos de problemas: los que tienen solución y los que no. Luchar por los primeros y sobrellevar los segundos.

Vivir cada momento como si fuera una oportunidad única y aprovecharlo.


  • ¿Deseas compartir algo más con nosotros?

¡Ánimo! Y aquí estoy si me necesitan.

<De tots els Colors>: Muchas gracias Assumpció por compartir con nosotros tus vivencias,   y ayudarnos a tomar conciencia de la importancia de vivir plenamente el Presente.





* Entrevista a MANUELA GUERRERO: Una historia personal de superación de cáncer desde el autoconocimiento y la autonomía.

25 03 2010

Entrevista realizada por <De tots els Colors>: Elena Lorente Guerrero.


MANUELA GUERRERO GARCÍA:

-Para mi la salud es muy importante porque no me gusta depender de nadie. Busco información sobre temas relacionados con la salud para ayudarme, para estar preparada y para poder decidir. Quiero vivir bien, con tranquilidad y no pasivamente.

- Es importante tener una autonomía propia, no sólo a  nivel económico, sino ser tú misma. Trabajar el autoconocimiento.


Me llamo Manuela Guerrero y tengo 65 años. Mi vida ha sido una vida sencilla: ocuparme de casa, cuidar de mi hija, pero… siempre con inquietudes. No me he conformado con ser la clásica mujer de casa, siempre he tenido inquietud por aprender, por el conocimiento del cuerpo, de la persona. Para mí la salud es muy importante porque no me gusta depender de nadie. Busco información sobre  temas relacionados con la salud para ayudarme, para estar preparada, y para poder decidir. Es muy importante porque quiero vivir bien, con tranquilidad y no pasivamente. Me gusta disfrutar, voy buscando soluciones. La salud es muy importante porque reflejas también un optimismo, unas ganas de vivir. Si siempre estás enferma siempre tienes una apatía, una tristeza, y el que está a tu lado… aburres, ¿eh? Te lo digo de verdad.  No me gusta ser una carga para nadie.

  • Fuiste una adelantada a tu tiempo iniciándote en temas relacionados con el cuidado integral.

Si, empecé a hacer yoga antes de los 30 años. Tengo una buena amiga, Montse, pensamos parecido, hablamos mucho, compartimos opiniones… Ella encontró un libro sobre  yoga, lo leímos y estuvimos comentándolo. Ella es una chica tímida y  yo también pero me dijo: “¿por qué no nos apuntamos a un sitio que hagan yoga? así sabremos más lo que es porque estamos leyendo pero la gente cuando hablas de yoga te mira raro”. Y empezamos a hacer yoga con una chica que hacía las clases en  su casa . Enseñaba lo que aprendía pero no era profesora y llegó un momento en que aquello nos pareció poco. Entonces fuiamos a un centro que había en la calle Entenza. Hacíamos yoga, íbamos a conferencias, nos explicaban lo que servía para el cuerpo, para la mente, la importancia de la respiración para que la sangre circule bien… y sentimos como nos iba beneficiando físicamente. Tengo una buena elasticidad y  reflejos después de tantos años practicando; más que cuando era joven!  y los huesos los tenía muy bien hasta el tratamiento con quimioterapia… Yo sólo decía que hacía ejercicio, no decía qué tipo porque era joven y no me atrevía, pero luego de mayor perdí la vergüenza y me he atrevido a decirlo.

Y ahora es algo normal, todo el mundo hace yoga pero igualmente a veces hay que especificar: es un yoga de ejercicio físico, de respiración, no es un yoga espiritual. Si les hablas de yoga espiritual se asustan, como si fueras a una secta y eso no es así, el yoga te ayuda a potenciar la capacidad de relajación.

  • ¿Cómo lo llevaba tu marido?

Bueno,  como yo le explicaba lo que hacía y me veía que estaba bien, pues a Paco no le importaba, pero nunca le había hablado de la parte espiritual porque sabía que no lo iba a entender mucho y pensaba que ya llegaría  el momento en que se lo puediera decir, y llegó. Ha visto el resultado  y lo ha aceptado. Él no hace yoga, pero me escucha y apoya.

  • Además de la práctica de yoga ¿Fuiste incorporando en tu vida las terapias naturales y/o complementarias?

Siempre me ha interesado el mundo de las plantas, las hierbas. Ya desde pequeñita estuvieron presentes en casa, mi padre y parte de su familia utilizaban las plantas. Mi abuela hacía cataplasmas de hierbas para los dolores. Recuerdo que mi padre le pedía a mi madre infusiones de tomillo para depurarse porque tenía los ojos  rojizos y  no se le curaban y cuando hacía tomas continuas de tomillo y lavados tópicos mejoraba. Se lavaba con agua y sal para despejar la nariz y respirar mejor. Todas esas cosas las he vivido en casa. Y más tarde, con mi amiga Montse, descubrimos un herbolario en Barcelona en el que pedía consejo cuando necesitaba algún remedio.

Conforme fue pasando el tiempo fui conociendo la homeopatía. Yo soy  mujer de radio más que de televisión, a nuestra edad somos hijas de radio, para mí es más inmediata que la tv en muchas cosas, y escuchaba programas que hablaban de terapias naturales y me gustaban.

Soy una mujer muy autodidacta porque no tengo estudios, tengo lo básico, he aprendido mucho escuchando a médicos, a gente que no creía y que contrastaba en las tertulias y a partir de lo que escuchaba y de lo que había experimentado en mi misma y comprobado que funcionaba, fui construyendo mi opinión y mi criterio.

Empecé a utilizar homeopatía ya con 50 años coincidiendo con el climaterio y la menopausia. No quería tomar hormonas ni nada parecido porque creo que te benefician momentáneamente pero te traen otros problemas, y junto con Montse nos informamos, nos movimos y encontramos a una médico que nos habló ya entonces de la soja y de la homeopatía y me fue muy bien. El padre de esta médico había sido un terapeuta autodidacta, sus hijas  estudiaron y siguieron su camino y decidimos que nos trataran ellas porque eran médicos y nos convencían más.

  • Este camino de crecimiento con Montse, tu compañera de viaje… ¿Te ayudó cuando llegó el diagnóstico de cáncer de colon?

Si, me ayudó mucho. Y creo que me he puesto bien por la confianza que he tenido en muchas cosas: en que iba a salir adelante, y que estos tratamientos complementarios en los que mucha gente no cree pero yo sí, me iban a solucionar muchas cosas.


  • ¿Cuándo empezaste a notar que algo no iba bien?

Llevaba un par de años que no me encontraba bien, tenía malestar, diarreas, la doctora decía que tenía gastritis. Al cabo de 1 año estuve una semana muy enferma, no podía ni andar hasta el CAP y volvieron a diagnosticarme gastritis. Me tomé el tratamiento que me recetó, me fue bien, pero yo me levantaba por la mañana y no me encontraba bien, estaba como extraña, tenía malestar, decaimiento… y un día fui a ver a mi médico, la Dra. González Moreno, que por cierto le tengo que dar las gracias porque estoy aquí gracias a ella, por su insistencia en querer hacerme pruebas. Ella también creía que era una gastritis pero quería que me hiciera pruebas para asegurarse y ajustar el tratamiento pero yo no quería porque pensaba que no me sedarían. Me explicó que sí y me hicieron una fibrogastroscopia. Confirmaron gastritis y me trató. Mejoré pero al cabo de un tiempo seguía sin encontrarme bien, siempre tenía pequeñas infecciones de orina, y me propuso hacer una colonoscopia y salió bien. Pero seguía igual, y al cabo de medio año, como  no mejoraba volví a su consulta y recomendó una segunda colonoscopia y también salió bien. Me hizo una analítica al año de empezar con molestias y salieron los resultados alterados, y solicitó una tercera colonoscopia. Seguía cansada, malhumorada. Ahí me encontraron el tumor, noviembre de 2006.

Yo le dije al médico que me hizo la colonoscopia: “oiga: ¿en un año me puede salir esto? “Y él se puso un poco rojo y me dijo que no me podía responder muy claramente. Le dije que me habían hecho dos el año anterior! y él fue sincero y me dijo que “era tan pequeño que igual el año pasado no lo ví y este año ha crecido un poco y lo he visto, pero es que he tenido que estar buscando, buscando, porque la doctora ha insistido tanto!” Y le agradecí la sinceridad. Él me vio muy convencida.

  • ¿Cuál fue tu reacción cuando te confirmaron que era cáncer?

Cuando me dijeron que era cáncer me quedé impactada, no supe qué decir. He tenido suerte porque los médicos han sido delicados a la hora de informarme, desenfadados, y eso me ha ayudado mucho. Cuando me operaron por laparoscopia, me dijeron que había ido todo muy bien, pero cuando me dieron el alta  el cirujano Dr. Díez Caballero, me dijo que tenía que ir al oncólogo y me lo tomé muy mal, ¿Por qué si todo había quedado limpio? Era por prevención. El cirujano  estaba convencido de que yo me curaría. Me dijo así mismo: los oncólogos quieren asegurarse y te voy a decir una cosa, nosotros enviamos a los enfermos bien y ellos nos los mandan mal, claro la quimio perjudica mucho.

Yo confié mucho en él porque lo vi tan convencido de que me curaría y eso te da fuerza.

Cuando me visitó el oncólogo y me dijo que necesitaba quimioterapia se me juntó el cielo con la tierra, no entendía nada:  ¿estoy bien pero he de hacer quimioterapia?, y me explicó sobre las células, la prevención, has tenido 2 ganglios afectados sinó no habría hecho falta.

  • ¿Cómo afrontaste el tratamiento con quimioterapia?

En aquel momento no era muy consciente de lo que estaba pasando,  hice una especie de muro, de negación, dije: yo tengo que salir adelante, voy a buscar mis soluciones y me voy a curar. Me crecí y me sentí con una fuerza que yo no conocía,  lo había escuchado en otras mujeres y me costaba creerlo, pero eso a mí me pasó y ahora me lo creo.

Yo luché para estar bien, pensé en mi interior: he tenido estos ganglios pero no voy a tener más. Voy a buscar mis remedios, yo me voy a curar. Entre lo que me dijo el cirujano el Dr. Díez Caballero y lo que yo quería que fuese, creo que me ayudó.

A veces los médicos me preguntan, porque les he dado muchos problemas: “¿Y usted cómo se lo tomó?”

Pues yo creo que no era demasiado consciente de lo que me estaba pasando, me cerré en una idea propia e hice lo que yo quería. Ellos me daban medicación para el estómago, para hacer bien la digestión, para el hígado,¡ yo que sé cuántas pastillas! Y en unas horas concretas, parecía un sonajero con tanta pastilla y yo pensaba: “cuando llegue a casa dejaré tantas pastillas” y efectivamente cuando llegué a casa fui eliminando pastillas y mi hija Mireia me decía: “¡Mamá no hagas eso!” Y le contestaba: “tú déjame”… Las que veía importantes no ¿pero la medicación para que me siente bien la comida? ya me haré una infusión!

El Dr. Carles, el oncólogo,  me dijo que era la primera enferma que a él, no para su equipo, había tenido problemas con la quimio, que la rechazase y me parecía que a él esto en el fondo le sabía mal. Pero también le fue bien porque conmigo pudo ver que tipos de quimio iban mejor. Se reunían oncólogos, el digestólogo, mejoraron la quimioterapia pero seguía sentándome mal, con muchas secuelas. Un día en casa me encontraba fatal, vio mi amiga Montse y me vio tan mal que esperó que llegara mi marido y mi hija y llamaron a la oncóloga y me llevó a la Deixeus. Sólo mirarme me dijo que me iba a ingresar. Me tuvieron una semana sin quimio con sueros para recuperarme. Al cabo de 15 días volvieron con la quimioterapia. Me ingresaban de martes a viernes para que me pusieran la quimio super controlada, pero ya las últimas veces me sentía fatal, toda la comida me sentaba mal,  ni siquiera mejoró escogiéndola con el dietista.

Una de los días me sentía super hinchada y al cabo de dos días me dijeron que iban a interrumpir la quimioterapia definitivamente “porque tu cuerpo la está rechazando y no lo podemos forzar más, tenía el hígado muy mal”. No acabé el tratamiento completo que ellos habían propuesto.

  • ¿Antes de ese momento te planteaste dejar la quimioterapia en algún momento?

Siii, si, veía que sentaba tan mal, a mi me habían dicho que estaba curada y que me ponían aquello por si acaso, le decía a Mireia “lo voy a dejar”,  ella me decía ” no la dejes. ¿Quieres que busque una alternativa?”  No puedo decir que la quimio no me haya ayudado porque no lo sé. Lo que sé es que me ponía malísima, yo veía que estaba controlada, pero otras personas  a pesar de algunas molestias podían irse a su casa y hacer una vida un poquito normal, pero yo no. Continuamente me planteaba “¿me vabien, me va mal?” y los médicos me decían que se tenía que poner. Yo más que nada tenía miedo de que  hubiera alguna célula por ahí perdida. Por eso admití ponérmela. Si yo hubiera tenido más conocimientos de tratamientos nuevos como ahora sé lo hubiera dejado, pero como no era así me quedé con la quimioterapia. Luego si me he enterado de muchas mas cosas…

  • ¿Además de los médicos  recuerdas algún otro profesional de la salud que te haya ayudado especialmente?

Las enfermeras, a mi me trataban muy bien. Estuve ingresada en diferentes plantas, nunca estaba en la misma, las recorrí todas, ya me conocían todas. Yo he sido una buena enferma, no he molestado…

  • ¡¿Buena enferma?! cuando una persona se siente mal hace lo que puede…

Yo creo que las enfermeras te agradecen que tú también sepas cuidarte un poquito. Yo nunca estaba en la cama, estaba sentada o paseando, es una cosa que tengo en mente. Cuando estoy enferma no quiero estar en la cama, la cama me da la sensación de que estoy mucho más enferma de lo que estoy. Atenciones recibí muchas, se preocupaban de que la dieta fuera la mejor para mi, que tuviera compota de manzana natural, no podía tomar ningún lácteo. Todas me han tratado siempre  muy bien, con mucho cariño y siempre gente joven.

  • ¿Algún profesional de la salud se ocupó de acompañarte a nivel emocional?

No. Posiblemente si que hubiese necesitado un poco ese tipo de cuidado, pero no. Hay un aspecto de mi que es positivo y negativo al mismo tiempo. Doy  la imagen de ser muy fuerte, yo creo… y la gente no se preocupa tanto de ti, al contrario, posiblemente como me veían habladora… me veían bien. Luego cuando se iban y me quedaba sola…


  • ¿Qué tratamientos naturales compaginaste con la quimioterapia?

Cuando me operaron yo me encontraba bien, es después que te ponen enferma los oncólogos con la quimio. Yo sabía lo que era una quimio pero de saberlo a vivirlo cambia, no tiene nada que ver! Los conocimientos no vividos son distintos. Cuando el oncólogo me explicó los efectos secundarios de la quimioterapia yo pensé: “yo me quiero ayudar, no tengo bastante con lo que me vas a dar con la quimio” y busqué soluciones complementarias.

Como no tengo ordenador, se lo dije a mi hija Mireia y me ayudó. Dio la casualidad que una compañera suya cuyo padre había pasado un cáncer de colon  tomó litros de aloe vera y eso le fue de maravilla para aliviar las molestias gástricas. Mireia lo comentó  con la persona de confianza a la que suelo consultar en la tienda donde acostumbro a comprar, y lo ratificó, y le recomendó también unas pastillas de hongos Reishi, también leche de almendras. ¡Llegó Mireia cargada de cosas!

He bebido litros y litros de aloe vera y lo dejé por iniciativa propia cuando consideré que ya había tomado suficiente y no quería que el cuerpo se acostumbrara. Tengo varios lugares de confianza donde compro, en cada sitio hay personas más preparadas en unos temas u otros.

Me recomendaron unas pastillas para la toxididad hepática porque notaba que mi hígado se intoxicaba con tanta quimio, y siempre me controlaban la función hepática en las analíticas. Se lo expliqué directamente a la oncóloga para prevenir interferencias en los tratamientos y me preguntó qué estaba tomando. Le expliqué que tomaba aloe vera y me preguntó qué era, se lo expliqué, también la dosis, y me dijo que de acuerdo y que me aconsejaba que de momento no tomase un hongo que no recordaba como se llamaba porque habían comprobado que con la quimio no es muy compatible. Eso me asustó un poco y decidí no tomar de momento el hongo Reishi. Supe de este hongo a a través de Discovery Dsalud, una revista completa en la que hay información alternativa sobre cáncer. No están bien mirados los oncólogos que proponen otro tipo de tratamientos, les cuesta entrar, pero son un grupo, han hecho congresos en  Valencia…

Cuando se acabó la quimio inicié el tratamiento con el hongo Reishi y la persona de la tienda dietética me dijo: ” La Dra. X del Hospital Clínico de Barcelona la Dra. X ha venido aquí, se ha informado y se lo está recetando a los pacientes y les va bien”. Y yo lo comprobé en mi misma: las analíticas ya no salían tan mal, los marcadores tumorales bajaron. Hay que saber la dosis terapéutica, etc.. y se lo dije a la oncóloga y me preguntó como me notaba, le dije que mejor y ella corroboró que las analíticas salían mejor y le dije :

“Mire yo creo en estas cosas y me van bien, si no me funcionara no me lo tomaría. Lo que yo no quiero es engañarme ni engañar”. Me dijo, ¿tu te conoces tu cuerpo? Y le contesté: “Pues bastante”. Bueno, Manuela  pues tú misma….

Creo que la gente a veces se enferma porque no conoce su cuerpo, hay que saber lo que te sienta bien cuando comes, como reaccionas  ante según que medicación, …si le prestas atención a tu cuerpo, te ayudas más. Si es un dolor intenso y puedes decir con esta pastilla tengo suficiente, pero si es un pequeño dolor y lo puedo aguntar, para qué voy a tomarlas, vivo con ello, no me medico enseguida para no tener moletias ni dolor.


  • Cuando has explicado a los oncólogos, a los médicos que han intervenido en tu proceso que estabas utilizando paralelamente tratamientos naturales ¿Han tenido interés en conocerlos, en investigar, o se ha quedado el tema encima de la mesa?

Se ha quedado encima de la mesa. Ellos me miraban, me escuchaban, no me decían que no lo tomara, lo respetaban… sobretodo los médicos jóvenes. Los médicos más mayores no me decían nada porque me veían segura, convencida. Me miraban  un poquito así como diciendo “bueno, haz lo que quieras”.

  • ¿Tampoco les preocupaba que puedieran interferir o potenciar la quimioterapia?

No, no, no me preguntaban. Les decía que me habían funcionado, que me iba bien. Me visitaban, me veían mejor, la analítica estaba mejor, pues se callaban.

Al digestólogo le dije que me estaba tomando aloe vera y me preguntó qué era eso y se lo expliqué. Se me quedó mirando y le dije:

“mire doctor, ya sé que ponen aloe vera al jabón, a los limpiadores del hogar, pero no tiene nada que ver una cosa con la otra. Una cosa es el márketing y otra cosa es el aloe vera medicinal, aunque el primero desprestigie al uso medicinal”. Me hizo un gesto: bueno, vale.

Pero como vió que estaba bien a nivel digestivo y hepático la segunda vez me preguntó qué dosis tomaba -3 tomas al día antes de las comidas-, si era líquido. Le  expliqué dónde lo vendían, las diferentes calidades, “ya sé que en el supermercado también lo venden como tantas otras cosas naturales”…

No sé si en lo sucesivo lo probará o recomendará a sus pacientes. Muchas personas lo pasan muy mal. Yo había tomado muchas pastillas para facilitar la digestión, para el hígado, para proteger la mucosa, he tomado tantas medicaciones! El jarabe para proteger la mucosa me iba bien al principio pero un rato después de tomarlo me encontraba mal.

Fue el único que mostró interés por el aloe vera, no es muy mayor, debe tener unos 49 años.

  • ¿Quién fue tu apoyo a lo largo de todo el proceso?

Mi hija Mireia, es a quien tengo que agradecerle mucho, pero mucho! Mireia, aunque sea hija única, es muy independiente, es suya sin embargo la encuentras cuando la necesitas. Ella con respecto a la familia sabe que la tiene y la quiere pero no forma parte de su vida. Sin embargo ante un problema grave yo me la he encontrado al cien por cien, turnándose con su padre, hablando con los médicos, incluso llamándole yo la atención a veces cuando ella manifestaba su desacuerdo con algunas decisiones.

Tenía detalles que me ayudaban, por ejemplo me traía un bocadillito de jamón que luego me sentaba fatal pero me apetecía en aquel momento, se quedaba muchas noches haciéndome compañía, me explicaba cosas, nos reíamos, me distraía. El Dr. Carles, el oncólogo, me dijo una vez:“es usted una enferma muy pesada que siempre se queja” y me hizo un gesto señalándome a Mireia. “Pega caña su hija”… y ella le contestó: “no, yo no pego caña, es que yo quiero saber el por qué de las cosas”. Mireia  no paraba de preguntar.

Con Paco, mi marido también, pero era distinto. Mi hija me ayudó a nivel emocional, nunca le pedía nada, con su apoyo moral tenía bastante. Mi marido me ayudó en casa.


  • ¿Tener criterio es ser pesada?

Igual si. A veces solucionaba muchas cosas con las enfermeras especialistas en oncología, otras veces con el médico. Igualmente veía que trataban a mi hija con mucho cariño y agrado. Las enfermeras reconocieron que: “la mayoría de las personas vienen aquí, aceptan lo que se les dice, lo que hay, es por falta de conocimientos” Pero Mireia no, ella  se informaba, preguntaba, rebatía.

Actualmente me encuentro bien, superando las pequeñas secuelas que aún quedan. La Dra. Marta Suárez es quien está realizando el seguimiento, los controles y me siento arropada por ella. Agradezco su buena disposición yla alegría que me transmite cuando una prueba sale bien, se alegra conmigo, no por mí.

  • ¿Has cambiado a partir de la experiencia de cáncer?

A ver,  el 100% no cambias yo por lo menos. Hay gente que dice que si, igual tiene fuerzas para eso,  yo tanto no, y menos cuando eres mayor. Pero si que cambias en la forma de vivir, me ha ayudado a hacer las cosas más en consonancia con lo que yo soy. A  mi la vida cotidiana, la monotonía me ha agobiado siempre, había pasado etapas de tristeza por ese motivo, las superaba ,pero las he tenido. Una vida tan lineal no va conmigo, yo elegí una vida así, luego de mayor me di cuenta, y fui buscando soluciones. Antes del cáncer estaba más aburrida, más triste, y ahora me encuentro más contenta, por la mañana estoy más optimista, si tengo que hacer cosas que no me gustan las hago de otra manera, he asumido cosas que antes me costaban. Hay pequeñas cosas que antes no me distraían y ahora me distraen, le estoy sacando más partido a la vida.

Solucioné además un tema pendiente. Una de mis hermanas y yo estábamos distanciadas, mis padres hacía años que habían fallecido, yo quería mucho a mis padres, y cuando enfermé pensé mucho en ellos y más en mi madre, la encontraba a faltar. En aquel momento necesitaba a mi madre, la necesitas porque es la que realmente te da todo por nada y pensé que esta situación  no les gustaría nada ni a mi madre ni a mi padre. Además no sabía si iba a vivir o   no… ¡pues ahora es el momento! llamé a mi hermana y me limpié el sentimiento de que lo tenía que haber hecho  antes, no quería seguir así. Puse en orden temas que estaban pendientes.


  • ¿Deseas compartir algo más con nosotros?

No sólo me dirijo a las personas que tienen o han tenido cáncer,  sino a cualquier persona que vea que puede solucionarse sus pequeñas cosas:  que lo haga!, se sentirá bien.

Que luchen, que no tiren la toalla, que tienes épocas buenas y épocas malas. Creo que siempre hay que buscar alternativas para todas las cosas  y más en medicina que hay muchas. Hay que tomar ejemplo de Alemania y Suiza hace muchos años que han incorporado en la sanidad pública la homeopatía y terapias naturales.

Es importante tener una autonomía propia, no sólo a nivel económico, sino ser tú misma y trabajar el propio conocimiento del cuerpo y de la persona.

Quiero agradecer también los cuidados recibidos por los médicos, enfermeras y profesionales sanitarios que me han atendido durante el proceso de enfermedad. Me he sentido cuidada y acompañada.

<De tots els Colors>: Muchas gracias Manuela por compartir tu experiencia. Admiro tu confianza, tu determinación y coraje en momentos de tanta fragilidad. Tu testimonio es una luz para todos.

Al mismo tiempo, tus vivencias invitan a reflexionar sobre quién o qué es el centro de atención de nuestro sistema sanitario y sobre cómo estamos cuidando.








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