Me Gusta cuando Escuchas y Estás tan Presente, Gracias a Gabi Heras

De tots els Colors- Bringing Colour to NursingVivimos en la prisa, la urgencia, las mil y una cosas pasando al mismo tiempo. Vivimos hiperconectados, hacia fuera y en una vorágine de aparente comunicación que no nos exime de la necesidad de ser escuchados.

En este mapa invisiblemente vinculados donde todo es vivido en tiempo real, lo que nos sigue conectando con los demás no tiene que ver ni con el nivel intelectual, ni con  los conocimientos, tampoco con el estatus, o las facilidades tecnológicas. Los seres humanos seguimos conectando de corazón a corazón.

Que alguien nos regale su tiempo se ha convertido en un intangible que muestra cuánto le importamos al otro. Que alguien dedique su tiempo a escuchar lo valoramos casi como un lujo, una rareza del corazón…

Nos hemos olvidado de que cultivar la capacidad y la actitud de escucha es una meditación activa. Parte del contacto con el propio ser, con la propia esencia. Desde ese anclaje, desde ese centro, nos abrimos y conectamos con el otro. Empieza así la danza de la vida sutil y armónica que se da entre el ser humano que habla y el ser humano que escucha, dos almas que comparten, sienten y vibran en sintonía.

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Así pues, cuando practicamos la escucha generosa y atenta además de ser un bálsamo para el otro también es curativo para nosotros. Cuando nos damos a los demás sin juicios ni prejuicios, de manera incondicional, cuando el que habla así lo siente, lo que ocurre es mágico,  trascendente.

Algunos sabéis que me encantan los guioncitos que separan las palabras para re-cor-dar y comprender la vida. Así que no he podido resistirme a hacer lo propio con E-S-C-U-C-H-A-R:

E- Entregarnos, apartarnos de nosotros, de nuestras circunstancias. Centrarnos en el momento presente donde sólo el otro existe.

S- Silencio interior. Acallar las voces, desconectar las alarmas de nuestra mente para captar la verdadera esencia de quien nos habla.

C- Consciencia, presencia, atención plena que sólo se consiguen si creamos espacios de reflexión personal. La conexión con nuestras propias emociones, comprenderlas es imprescindible para poder conectar con los demás. Nos ayuda también a estar centrados. Sólo así conseguiremos que los vientos de los demás no nos arrastren siendo al mismo tiempo, la roca donde puedan sostenerse.

U- Unir, re-unirnos con el ser único, irrepetible y precioso que tenemos delante. Aceptarlo, respetarlo y amarlo como tal.

C- Calma para saber estar. Calma para acompañar los silencios. Respetar los tiempos, saber esperar…

H- Humildad: el ser humano que habla y el ser humano que escucha, dos almas caminando juntas.

A- Autenticidad y honestidad. Escuchar de verdad, a veces sólo eso basta.

R- Recibir. Abrir el corazón para recibir, acoger y cuidar al otro que en su vulnerabilidad se abre, se entrega, confía.

Esta reflexión nace de la conversación mantenida hace pocos días con Gabi Heras en la que me comentaba que dentro de las habilidades de  humanización, aprender a escuchar, entrenar la escucha activa es fundamental, porque escuchar #humaniza.

Desde aquí, esta pequeña aportación para re-cor-dar que practicar la escucha nos ayuda a mantener el “yo” a raya, nos abre, nos libera.  Transcender la necesidad de ser escuchado para empezar a disfrutar del gozo de escuchar es una alegría inmensa que inflama el corazón y nos hace conscientes de esa gran verdad que Gabi Heras reza:

LO QUE NO SE DA, SE PIERDE

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Abrazos,

Elena Lorente Guerrero

* Sinergia, Salud y Vida: Un acercamiento a Edward Bach.

Queridas/os lectoras/es:

Me  apetece estrenar  “Sinergia, Salud y Vida” reflexionando en torno a un capítulo de las Obras Completas de Edward Bach.

En este espacio presentaré diferentes textos, terapias y enfoques de la salud y el cuidado  que promueven el conocimiento interior y el desarrollo de las propias capacidades de equilibrio y curación que todos poseemos.

Espero os resulte interesante y que a través de vuestras reflexiones y comentarios, cada post se vaya enriqueciendo.

¡Muchas gracias!


A continuación, comparto una  carta escrita por Edward Bach en 1933 y que podéis encontrar en sus Obras Completas:


CARTAS Y MISCELÁNEA

(1933-1936)

Marlow, 1933

En lo relativo al principio básico, la falta sobre la tierra es el deseo de cosas mundanales: un gran peligro en el cielo es la codicia y un deseo excesivo por las cosas espirituales.  Y así como en la tierra la codicia puede ser un obstáculo para la elevación del alma, se encontrará el mismo fenómeno en la vida espiritual, donde la completa humildad y el servicio son más necesarios que el deseo de perfección.

El deseo de ser bueno, el deseo de ser Dios, puede ser un gran impedimento en la vida espiritual, así como el deseo de poder o posesiones es una experiencia terrenal. Cuanto más evolucionamos, lo  más elevado debe ser la humildad, la paciencia y el deseo de servir.

En el viejo sendero se combatía la codicia por el oro (el oro es el emblema del poder terrenal); en el nuevo mundo, extraño como parezca, se combate la codicia por el bien.

El obstáculo al avance espiritual es el deseo de progreso.

En este Reino, el <<ser>> es no aspirar: el <<ser>> conlleva su propia recompensa. Esto se refiere no sólo a esta vida, sino más bien a aquellos que buscan el mundo espiritual. No debe haber deseo de ser bueno, ni deseo de rápidos progresos o perfección, sólo es necesaria la humilde satisfacción de esperar a ser llamados a lo más alto.

En este dominio no progresamos por nuestro propio esfuerzo, sino que simplemente esperamos a ser considerados dignos.

Sobre la tierra, esfuerzo: en el cielo, lo inverso.

Esto significa que incluso hacer grandes sacrificios por el deseo de obtener grandeza espiritual es erróneo.

El único camino es el servicio hecho de forma impersonal, ni siquiera para la promoción espiritual, sino sólo por el deseo de servir.

Debemos acostumbrarnos a pensar que nuestros cuerpos no cuentan, que el yo no debe existir; luego debemos comprender que nuestras almas no deben contar. Para ello, muchísimas personas deberán ser capaces de trascender su naturaleza física y realizar su espiritualidad.

Obras completas del Doctor Edward Bach.


REFLEXIÓN PERSONAL:

Las Obras Completas de Bach son una fuente inagotable de conocimiento y sabiduría. Unos textos de gran belleza que, al margen del interés que pueda despertar en cada uno de nosotros el conocimiento de los remedios florales,  hablan de auto-conocimiento, de sentido de vida y de profunda comprensión del ser humano. Hablan también del significado de salud y enfermedad, de “la medicina del futuro”, de auto-cuidado, del “oficio” de ser padres y madres, de Amor, Unidad y Conexión.

Para acercarnos a su obra debemos situarnos en los años 30. Edward Bach (1886-1936) fue un  médico de gran prestigio y reconocimiento por parte de sus colegas de Londres. Pionero en investigación médica, era creyente y masón. En ese contexto personal y profesional, deja una vida acomodada para seguir los dictados de su alma y encontrar unos remedios naturales que favorecieran la capacidad de curación del ser humano.

Este texto, como el resto de su obra, resulta increiblemente actual, responde a preguntas y planteamientos que a día de  hoy, nos seguimos cuestionando. A pesar de un lenguaje en ocasiones algo críptico o simbólico, su mensaje  es claro.

De esta carta en concreto, me llama la atención como habla de lo que actualmente llamaríamos fluir en armonía con nuestro entorno; vivir con humildad y coherencia, ser útiles a los demás respetando sus deseos y necesidades, cultivar el desapego y acoger y aceptar todo aquello que nos ofrece la vida.

Por duro e incomprensible que resulte en ocasiones, todo lo que ocurre tiene una razón de ser, un aprendizaje implícito, forma parte de un gran puzle o  mandala en el que cada pieza  es imprescindible, cada pieza encaja.  Una vez completado,  adquiere significado y sentido.

Cada puzle, cada mandala, cada estructura energética personal en definitiva, está  ligada al puzle de vida de cada ser vivo con el que nos relacionamos creando una sinergia, un resultado que es mucho más que la suma de las partes. En la medida en que cada pieza se coloca adecuadamente, todas las estructuras relacionadas se modifican.

De ahí la importancia de ser conscientes de nuestra responsabilidad, desarrollarla y ejercerla. Todo está en Todo, todo influye en la Unidad.

En ese vivir, fluir y servir…,  nos hacemos merecedores de la sabiduría y la plenitud espiritual, no como búsqueda o respuesta a una necesidad, sino como la consecuencia natural de una forma coherente, armónica y responsable de vivir la vida.

< De tots els Colors>: Elena Lorente Guerrero.